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lunes, 2 de octubre de 2017

El atleta que soñó en ser un tirano.

Hay muchas maneras de acceder a un cargo político. En la sociedad actual nadie se extraña de que personas que proceden del mundo del espectáculo o del cine engrosen las listas electorales. En los Estados Unidos hay estrellas de Hollywood que han sido alcaldes, gobernadores e incluso presidentes del gobierno, -es el caso de Ronald Reagan, que dirigió los designios de su nación entre 1981 y 1989-. Es natural que alguien famoso, por la razón que sea, aproveche la situación para presentarse a unas elecciones y consiga así más votos. Es evidente, y no se puede negar, que los votantes eligen a sus representantes por algo más que el programa de gobierno que proponen.

El rol de los actores que se buscan otro empleo como políticos, si hablamos de la antigua Grecia, lo cumplían los atletas vencedores en los Juegos Olímpicos. El caso del ateniense Alcibíades (450-404 a.C.) es bastante notorio: un joven agraciado y de buena familia que ganaba las carreras de carros en las Olimpiadas, convirtiéndose, en su madurez, en uno de los políticos más influyentes en la política de Grecia en las últimas fases de la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.).



La Acrópolis de Atenas fue escenario del intento de Cilón por implantar una tiranía en Atenas.



Pero hoy no voy a tratar el tema, por otra parte muy interesante, del maquiavélico Alcibíades, si no de otro gran atleta de la Antigüedad, que no es otro que Cilón, ateniense y perteneciente a una familia aristocrática. Este joven fue vencedor en la prueba de díaulos en los juegos olímpicos del 640 a.C.: la prueba de velocidad que constaba de una carrera de doble estadio (un estadio suponían 192,27 metros).

En una época en la que la democracia no había surgido en Atenas, los aristócratas dominaban los órganos de gobierno de las ciudades-estado que salpicaban la Hélade. En el siglo VII a.C., un sistema de gobierno se implantó en un buen número de polis griegas: la tiranía, lo que suponía poner el control del gobierno en manos de un tirano. Cilón buscó el apoyo de un buen número de seguidores, y contó con el respaldo de su suegro, el tirano de Mégara, ciudad cercana y rival de Atenas, para alzarse con el poder, y, así, implantar una nueva tiranía.

El año 632 Cilón, acompañado de sus partidarios, asaltó la Acrópolis en una clase de golpe de estado. Las cosas no salieron como ellos esperaban y se encontraron con la oposición firme de los arcontes y del pueblo ateniense, que consiguieron acorralar a los conspiradores. Tras una negociación, y la promesa de que se les iba a respetar la vida, se procedió a la rendición del grupo de Cilón, aunque este escapara y se perdiera su pista en las páginas de la historia. Sin un juicio previo, se procedió a la ejecución sumaria de los rebeldes, acción que parece indicar el temor real de los atenienses a que lo de implantar una tiranía en su ciudad iba en serio.

Para terminar querría añadir un par de cosas. Lo primero es que antes de que naciera la primera democracia de la Humanidad, un tal Pisístrato (c.607-527) tuvo ocasión de convertirse en tirano de la ciudad de la Acrópolis.



Fotografía de los restos de los posibles seguidores de Cilón tras su ejecución (Imagen de National Geographic).





Y lo segundo es que en el año 2016 los arqueólogos sorprendieron al mundo con un hallazgo excepcional: se desenterraron los esqueletos de 80 jóvenes en la bahía de Fáliro, al sur de Atenas, maniatados y pertenecientes al siglo VII a. C., que bien podrían pertenecer a los desdichados seguidores del arrogante y temerario Cilón.


Fuentes:

-Historia Universal, de Raquel López Melero y otros.
-Siracusa, el desastre ateniense, de Nic Fields.
-Historia de la Grecia Antigua, de Juan José Sayas.
-Wikipedia.
-Imágenes: Wikipedia y National Geographic.

sábado, 4 de julio de 2015

¿Dónde se encuentra el barco más antiguo de España?

En el año 1988 se produjo un gran descubrimiento arqueológico a tan sólo 50 metros de la costa española. En la playa de la Isla, en el puerto de Mazarrón (Murcia), se hallaron los restos de un navío antiguo: la quilla, restos de cuadernas, miles de restos cerámicos fenicios, un escarabeo de plata... Los análisis de carbono-14 hechos en laboratorio confirmaban que la embarcación podían pertenecer al siglo VII a. C., la época en que los fenicios comerciaban por todo el Mediterráneo, incluso en las costas de la Península Ibérica, donde tenían algunas colonias o factorías.

Poco después, en 1994, a escasos metros de donde se produjera el hallazgo anterior, apareció un nuevo barco, con un excelente grado de conservación:





Con 8,15 metros de eslora (el largo), y 2,20 de manga (el ancho), se hundió en el siglo VII a.C., como el barco anterior, con una carga de 2800 kg de litargirio en lingotes, mineral que resulta del proceso de la fabricación de la valiosa plata. Muy cerca del lugar, los arqueólogos hallaron el ancla de la nave, fabricada en madera y hierro, que presume de ser la más antigua del mundo:




El barco sigue en el fondo del mar a la espera de que algún día sea rescatado y llevado al Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena, donde se encuentran todos los hallazgos en relación con los pecios descritos, además de los restos del primer barco. Mientras, los especialistas lo llevan protegiendo para que pueda resistir mientras tanto.

La carga de litargirio del buque denominado Mazarrón II, según los análisis científicos realizados al efecto, procedía de las minas de la zona Mazarrón-Cartagena, por lo que se deduce que el punto de partida sería la misma Mazarrón. El punto final solo se puede especular, pudiendo ser cualquier zona del ámbito comercial fenicio como Ibiza, La Fonteta, o algún punto de la costa andaluza. Lo que parece cierto es que las pequeñas dimensiones del navío, y las escasas provisiones que pudieran llevar, según se deduce de las interpretaciones posteriores de los hallazgos arqueológico-navales, permiten deducir que el viaje previsto no le hubiera permitido llegar a un sitio mucho más alejado.

Aunque no se ha podido recuperar algún tipo de vela, o el resto de algún remo, se piensa que contaría con ambos sistemas de propulsión. Aunque algunos expertos piensan que el barco es fenicio, hay otros que opinan que fue fabricado por los peninsulares de la época, los íberos en cualquier caso, que conocían las técnicas de fabricación de los primeros.

Parece ser que son los barcos hallados en un pecio más antiguos del mundo, aunque no sean los navíos más antiguos rescatados del mundo antiguo. Por ejemplo, a los pies de la famosa pirámide de Keops, se encontró en 1954 un barco funerario que pertenecería al famoso faraón. Su antigüedad se remonta al 2500 a.C., es decir, le supera en casi 2000 años de existencia a los barcos de Mazarrón:


 


Fuentes:


-www.um.es/cepoat/estudiosorientales/.../Estudios_Orientales_n5_32.pdf

-www.mecd.gob.es/fragatamercedes/.../mazarron/Barco-Mazarron-2.pdf

sábado, 9 de mayo de 2015

¿Existió Ben Hur? ¿Y Mesala?

Los actores Charlton Heston y Stephen Boyd protagonizaron en 1959 el conocido film Ben Hur, repetido de manera incansable por la televisión, sobre todo en fechas tan cristianas como la Semana Santa y la Navidad. No puedo disimular mi admiración por la historia que narra, que es una versión adaptada de la novela del escritor norteamericano Lewis Wallace, y publicada en 1880. Wallace es más conocido por haber escrito este libro, que por su carrera de militar, que le llevó a ser general del Ejército de la Unión durante la Guerra Civil Norteamericana; no es mala cosa ser famoso por haber usado la pluma, cuando también se ha usado la espada.

Escena de la película, con Charlton Heston  (Ben Hur) y Stephen Boyd (Mesala) cuando eran todavía amigos.



Una película de 1925, en blanco y negro, ya había adaptado la novela del escritor norteamericano previamente. La historia puede resumirse como el enfrentamiento del judío Ben Hur con el general romano Mesala, amigos de juventud, y encarnizados enemigos tras la venganza producida por este último sobre la familia del anterior, tras la negativa a ayudarle a ocupar Palestina a la causa imperial romana; el fondo de la cuestión es que el odio (el del protagonista) le ayudó a sobrevivir, pero no a vencer a su enemigo, lo que conseguiría, a la postre el amor y el perdón. En definitiva, es una historia muy cristiana.

Ben Hur no es una novela histórica al uso, sino que es una historia que aprovecha un periodo histórico pasado en concreto, la época de Jesucristo, que aparece, por cierto, en la película varias veces y que marca los tiempos de la trama principal (le da agua al protagonista cuando más desesperado estaba, que es testigo, además, de su crucifixión), y que describe un relato de lo más original. Por lo tanto, se puede afirmar que el personaje de Ben Hur no está basado en un modelo real.

¿Y que podemos decir del malvado Mesala?

En el año 2012 se produjo en un la isla de Elba, bastante conocida por Napoleón por haber estado allí durante meses de "vacaciones forzosas" antes de volver a su amada Francia para acabar su obra de guerra y muerte, un hallazgo arqueológico sorprendente: se excavó la mansión de un rico romano que había vivido antes del siglo I d.C., fecha en la que la casa se incendió. La conocida como Villa le Grotte, albergaba un conjunto de esculturas que representaba el mito griego de Níobe, que aparecía en la Metamorfosis de Ovidio. Esto no es baladí, como aclararé un poco después.

Restos de la Villa de Mesala.


Gracias a las inscripciones impresas en unas tinajas de vino, que habían sido halladas en las excavaciones arqueológicas, los investigadores pueden afirmar que la mansión pertenecía a Marco Valerio Mesala Corvino (64 a.C.-8 d.C.). Como Wallace, el escritor de Ben Hur, Mesala fue general y escritor, además de político. Unas veces luchando con los republicanos, y otras siendo amigo del que llegaría a ser el emperador Octavio Augusto, Mesala escaló distintos puestos y llegó a sobrevivir, que no es poco, en un periodo tan convulso de la Historia de Roma, lleno de intrigas y de guerras civiles, que llevaron a la República a convertirse en el Imperio más longevo de la Historia de la Humanidad.

Durante la batalla de Filipos (42 a.C.) estuvo con los republicanos. Después se unió a Marco Antonio, pero al darse cuenta de que Cleopatra le llevaba a la ruina, se pasó al bando de Augusto. En la batalla de Actium, mandaba el centro de la flota, donde se distinguió por su habilidad. Tras la guerra, fue prefecto en Asia Menor, en Roma también; la República ya había dejado de existir, eran los tiempos del Imperio. Parece que se retiró de la vida pública hastiado de la política.

En el plano cultural, restauró algún camino, se construyeron hermosos edificios gracias a su iniciativa, fue amigo de escritores como Ovidio (es momento de recordar lo que dije anteriormente de las estatuas que se habían hallado en su mansión, ya que según algunos eruditos modernos afirman que Ovidio fue el que incitaría a su amigo a decorar su jardín con las esculturas de Níobe), y se rodeó de otros literatos, en lo que es conocido como el "Círculo de Mesala". Así mismo, fue autor de varias obras, aunque la mayoría se hallan perdidas en la actualidad.


Esta parte de la  escultura llamada "Apoteosis de Claudio", es muy probable que hubiera pertenecido al ara funeraria de Mesala. La podéis ver en el Museo del Prado de Madrid. Una razón más para visitar esta gran ciudad de España.


Aunque tuvo una vida bastante plena en lo profesional, no he encontrado nada que lo relacione con el personaje de la novela, si exceptuamos el nombre... Ni siquiera estuvo destinado en Palestina luchando contra la insurgencia de los judíos, aunque si estuvo cerca, en Siria, pero fue combatiendo contra los restos del ejército de Marco Antonio. Cuando Mesala murió (hacia el año 8 d.C.), Jesucristo era apenas un niño. Aún así espero que os haya gustado el post, ya que considero que la historia era interesante de contar.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Los "trasatlánticos" de la Antigüedad.

Aunque sea una frase muy sobada esa que dice: "está ya todo inventado por los antiguos", hoy hablaré sobre un tema que la corrobora una vez más, la de los barcos de lujo de la Edad Antigua.

Cuando vemos por la tele los enormes y magníficos buques de pasajeros, con un poco de envidia eso es cierto, plagados de grandes lujos como restaurantes, tiendas de ropa, piscinas, y un largo etcétera que hacen las delicias de los que los disfrutan, la mayoría de la gente no hubiese adivinado nunca que hace más de 2.000 años existía algo enormemente parecido.

Habían ciertos barcos de carga, ya sabéis aquellos llenos de ánforas de aceite y vino, entre otras muchas cosas, que tenían espacio para llevar pasajeros y equipaje. Es de suponer que los precios del derecho a pasaje serían más baratos.

Además de esos, había naves que servían exclusivamente para transportar personas:

-Los phaseli eran bajeles para viajes largos en primavera y verano.

-Los barcos trirremes victoriae eran más ostentosos que los anteriores.

-Los más lujosos eran los "yates privados", entre los que destaca el Syracousia. Fue realizado por encargo de Hierón II de Siracusa (307-212 a.C.) al célebre inventor Arquímedes, que lo diseñó. El barco, una vez construido, medía 55 metros de largo y 14 de ancho. La magnífica construcción constaba de tres plantas. La inferior estaba destinada al equipaje y a la carga. La del centro constaba de 150 cabinas acomodadas para otros tantos pasajeros. La parte superior estaba dotada de torres con catapultas y balistas, además de 400 soldados que hacían la función de marineros, todo ello para dotar al navío de una excelente seguridad. Para el disfrute de los pasajeros, las instalaciones constaban de un gimnasio, una biblioteca y anexa una sala de lectura con forma de reloj de sol, unas termas, un comedor y un santuario dedicado a Afrodita Pontia. Todo ello estaba adornado con estatuas, pinturas, artesonados en techos y ricas molduras en puertas y paredes. Agua fresca en abundancia, contenedores de agua salada que albergaban peces vivos, jardines con árboles plantados..., en fin todas las comodidades que pudiera desear alguien adinerado dispuesto a pagar el viaje.


Ciudadanos italianos disfrutando de los restos del lago Nemi.


-Las naves suntuosas construidas por los emperadores Calígula, Domiciano o Agripa, fueron realizadas para el disfrute exclusivo de esos tales personajes tan poderosos. Dentro de este grupo, destacan los barcos del lago Nemi. Según el historiador romano Suetonio, el emperador Calígula (37-41 d.C.) mandó construir dos enormes embarcaciones para su disfrute, que serían botadas en el pequeño lago, a 24 km de la ciudad de Roma. En este caso, es fascinante comprobar como la Historia y la Arqueología van de la mano, ya que, de manera casi milagrosa, los barcos se preservaron casi intactos durante casi dos milenios en el fondo de aquellas aguas. Tras siglos de expolios, y es que se puede decir que los habitantes del lugar conocieron de siempre los pecios allí depositados, y algunos vanos intentos de recuperar las magníficas naves, en la época de Mussolini se hicieron los trabajos faraónicos de desecar el lago y extraer del fondo las estructuras de los barcos. Puede decirse que fue una de las pocas cosas buenas que hizo aquel fascista italiano, ya que todos los trabajos de transporte y restauración permitieron que los ciudadanos pudieran contemplar aquellas maravillas de la Antigüedad. De más de 70 metros de largo, de dimensiones colosales para aquella época, decorados con columnas, esculturas, mármol...; sistemas de calefacción, baños...; unas técnicas de construcción increíbles..., en fin hubiera sido uno de los grandes descubrimientos de arqueológicos de todos los tiempos, pero una bomba alemana en plena Segunda Guerra Mundial los destruyó para siempre...


Foto de uno de las barcos del lago Nemi.


Fuentes:
-Mediterráneo, de Pilar Pardo Mata.
-El blog Arquehistoria.
-El blog Arcana Mundi.

viernes, 28 de noviembre de 2014

¿Existió el rey Arturo? (IV). La piedra de Arturo y la espada en la roca.

Una vez más vuelvo a uno de los misterios históricos que más me han fascinado desde hace muchos años. Aunque no hay pruebas que autentifiquen la existencia del más célebre de todos los reyes medievales, y puede que nunca las haya, no hay que perder la esperanza de que algún arqueólogo encuentre alguna vez alguna moneda con la imagen y el nombre de Arturo, o alguna inscripción epigráfica, o algún pequeño objeto que lo relacione....

En el año 1998 se realizó una excavación cerca de las ruinas de un castillo medieval situado en un lugar llamado Tintagel, en la península de Cornualles, en el sur de Inglaterra. Según el escritor Godofredo de Monmouth, que fue el responsable de que el mito se expandiera de forma exponencial, el rey Arturo nació allí. Los arqueólogos encontraron restos de unas edificaciones de los siglos V y VI, exactamente en la época que supuestamente vivió el afamado monarca britano. Había restos de un palacio, un monasterio y de un puerto, que indicaban que era un centro comercial importante de la llamada "Edad Oscura" (era así conocida por no haber muchas fuentes históricas). Y además encontraron una piedra con una inscripción en latín del siglo V o VI. Entre aquellas palabras apareció un nombre "Artognou", muy parecido al del mítico héroe. Aunque no constituye una prueba suficiente para poder determinar la posible existencia de Arturo, al menos abre una puerta a la esperanza de que un futuro ocurra un hallazgo fortuito de estas características que si pueda desvelar el misterio.

La piedra de Arturo.


En un lugar alejado de Tintagel, en el norte de Italia para ser mas concreto, en Chiusdino, existe una reliquia histórica que recuerda el mito del rey Arturo. En una gran piedra hay una espada clavada. El arma perteneció a San Galgano (1148-1181), un caballero medieval que sufrió una metamorfosis interna para convertirse en un hombre santo. El acto de clavar la espada fue un acto simbólico  de que dejaba atrás las armas y las matanzas, y de que adoptaba la "cruz", es decir, la forma que adquiere el pomo de una espada (en forma de crucero) cuando se contempla hacia arriba.

Es fácil asociar la historia de un joven arrancando una espada en la roca para convertirse en rey de Inglaterra, con el mito de la espada llamada Excalibur, la que permitió al rey Arturo ganar tantos combates. Pero la realidad es que la espada de San Galgano es anterior al relato inglés; Robert de Boron (a caballo entre los siglos XII y XIII), en su obra Merlín, fue el primer escritor que hablaba de que Arturo sacó la espada de una roca, como prueba de su legitimidad como descendiente de Uther Pendragón. Anteriormente, Godofredo de Monmouth describía que el arma estaba clavada en un yunque, antes de ser extraída por el afamado héroe. Es muy posible de que la historia de San Galgano influyera de algún modo en el ciclo artúrico para enriquecerlo y transformarlo, llegando de esa forma hasta nuestros días.

La espada de San Galgano.


viernes, 29 de agosto de 2014

El peor arqueólogo de la historia, Giuseppe Ferlini.

Giuseppe Ferlini (1747-1870) era un médico italiano que se convirtió en arqueólogo. Huyó del hogar a los 18 años de edad, y partir de entonces su vida fue una completa aventura. Como médico se enroló en el ejército albanés, y, posteriormente, en el griego, donde participaría en la guerra de la independencia contra los turcos.

En 1829 llegó a Egipto, donde ejercería de sanitario en las fuerzas armadas de Mehmet Alí, el fundador del Egipto moderno. Cuatro años después, fue trasladado a Jartum, donde se ganó la simpatía del gobernador de Sudán, Curshid. Desde entonces comenzaría a participar en expediciones, empezando en Nubia superior. El pensamiento de encontrar tesoros egipcios le llegaría a rondar en su cabeza.

Se asoció con un comerciante albanés, Antonio Stefani. Por fin, en agosto de 1834 se inició un viaje que le llevaría a la ciudad de Meroe, cerca de la sexta catarata del Nilo, la capital del antiguo reino de Kush, que había gobernado el país del Alto Nilo desde el 400 a.C. hasta el 300 d.C. En ese lugar, Fréderíc Caillaurd había descubierto docenas de pirámides, y Ferlini "estaba dispuesto a todo" para intentar conseguir los secretos que albergaban en su interior.


Pirámides de Meroe. Las pirámides destrozadas contrastan con la silueta de la que parece no haber sido dañada por los hombres de Ferlini.


No perdió el tiempo, y una vez que llegó al lugar empezó a desenterrar un templo cubierto con jeroglíficos en las paredes, pero enseguida perdió el interés por el edificio. Entonces, centró su atención en las pequeñas pirámides que se erigían en la antigua urbe. Quiso acceder al interior de las más pequeñas, pero estaban sólidamente "selladas" y era muy difícil hacerlo. Así que el italiano no tuvo ningún escrúpulo en usar dinamita para solventar el problema. Una a una fueron demolidas, aunque no halló tesoro alguno en ninguna de ellos. Me refiero a oro, que es lo que buscaba el codicioso de Ferlini, no a la riqueza artística que albergaban los edificios, y que se perdería de manera irreversible por la locura del sujeto que lideraba la expedición.

Después, se dirigió a la más grande de todas. Destrozó la parte superior de la misma, y accedió a ella. Encontró un rico sarcófago vacío, objetos preciosos..., las pertenencias de una dama de alto rango. Cuando los nativos del lugar se enteraron de lo que estaba ocurriendo, se acercaron a miles al lugar. Toda la expedición tuvo que huir a toda prisa con sus más preciadas pertenencias; el tesoro fue sacado del país para no volver nunca más.

Hoy día se puede ver en los museos de Mónaco y Berlín. También, se pueden visitar los restos destrozados que dejó el equipo de arqueólogos dirigido por el "impresentable" italiano. Aunque no era una época en la que la Arqueología moderna se hubiera establecido, no hay razón ninguna para destrozar un patrimonio artístico con el fin de conseguir otros objetos igualmente artísticos, aunque sean de oro.


Fuente consultada: Wikipedia.



domingo, 26 de enero de 2014

¿Quién descubrió Troya?, ¿y la ciudad de Angkor?

Heinrich Schliemann (1822-1890) tuvo un sueño en su niñez: quería descubrir la ciudad de Troya tras quedar fascinado por la historia narrada en la Ilíada de Homero. Para ganar el suficiente dinero para costear los gastos de la expedición arqueológica, marchó a California, donde se estaba gestando la llamada "fiebre del oro" (hacia el 1849). A partir de entonces, y sin haberse manchado las manos en excavar tierra, el alemán pudo acumular una gran fortuna que le iba a permitir cumplir sus viejos sueños. Tras desenterrar en la colina de Hisarlik lo que son consideradas por todos los expertos, las ruinas de la antigua ciudad de Troya (o ciudades mejor dicho, porque hay hasta nueve niveles), alcanzó la fama universal. Además, con posterioridad, tuvo la fortuna de excavar la ciudad griega de Micenas, es decir, la ciudad (que da nombre a la civilización micénica) rival de Troya en la famosa guerra relatada por Homero.

Lo cierto es que el verdadero descubridor de Troya fue un funcionario consular inglés llamado Frank Calvert (1828-1908).


Frank Calvert.


Su familia vivía en la Tróade desde los tiempos de Lord Byron, y conocía aquella comarca mejor que nadie. Para encontrar Troya dirigió su atención a la colina de Hisarlik, a diferencia de otros investigadores que no la tuvieron en cuenta. Así, en 1865, realizó cuatro excavaciones de prueba durante las cuales dejó al descubierto partes del templo griego de Atenea y, tal vez también, fragmentos de un muro de Troya VI (o sexto nivel de los nueve que componían los restos urbanos de los casi 3000 años de historia de Troya). Bajo el templo de Atenea, Calvert debió de tropezar con estratos de la Edad de Bronce.

La mala suerte hizo que sus excavaciones no prosperasen. Charles Newton hizo una petición a Londres de 100 libras para que Calvert excavase el lugar. Como los fondos no le llegaron nunca, el que se llevó la gloria del gran descubrimiento arqueológico (uno de los más grandes de toda la historia de la arqueología, sino el que más), fue Schliemann, que no hizo nada por rescatar la figura de Calvert que, a la postre, caería en el olvido.

De forma paralela, algo muy similar ocurrió con la ciudad de Angkor Vat. Henri Mouhot era un explorador y naturalista francés (1826-1861), al que se le atribuía el descubrimiento de la antigua ciudad camboyana, que había alcanzado su máximo esplendor en el siglo XII, pero que fue abandonada en el siglo XV, siendo absorbida por la vegetación selvática. El caso es que los habitantes del lugar siempre habían sido conscientes de la existencia de la ciudad, por lo que no se podría decir que se hallara perdida. Además, el dominico español fray Gabriel de San Antonio, en su obra Breve y verdadera relación de los sucesos del Reyno de Camboxa, nos hace una descripción de la ciudad abandonada a principios del siglo XVII, muchos años antes de que el francés naciera.


Angkor.


Fray Gabriel, hablando de Angkor: "...en el año de mil y quinientos y setenta, se descubrió en este reino, una ciudad nunca antes vista ni conocida de los naturales". Sobre su decoración nos cuenta: "Tiene muchos escudos y letreros que no se conocen ni entienden; las casas son de piedra muy hermosas, repartidas en calles con mucho orden, y la labor de sus patios, salas y cámaras, parece romana."

Parece obvio que la fama rara vez es justa con los osados y valientes, con los primeros que se enfrentan a los retos. La fama es caprichosa y le concede sus dones a los que más suerte tienen en encontrarla.

Bibliografía:
-"Troya", de Michael Siebler.
-"Martínez se va a la guerra", de Francisco A. Marín.
-Wikipedia.

sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Quién fue el primer caníbal?

Gracias a la disciplina arqueológica sabemos que en la Prehistoria ya se daban casos de canibalismo. Aunque algunos eruditos piensan que fueron acciones de tipo ritual, lo más lógico es pensar que, ante la falta de alimentos, los seres humanos prehistóricos se consumían entre sí como método de supervivencia. No podemos saber si los restos hallados en el yacimiento de Atapuerca (en la provincia de Burgos, España), que presentan cortes producidos de manera inequívoca por una herramienta fabricada por un animal inteligente, fueron consumidos por seres de su mismo clan o familia, o por individuos procedentes de uno ajeno.


Marcas producidas por una herramienta sobre el hueso de un Homo Antecessor, antepasado del actual Homo Sapiens, es decir, nosotros mismos.
 


Aunque para nosotros, hoy en día, pueda resultar una acción terrible, para los habitantes de aquella época, que vivían en un entorno hostil, cruel y de carestía, comer seres humanos no debería ser una experiencia demasiado traumática (es un suponer mío).

El rico yacimiento arqueológico de Atapuerca (uno de los más importantes del mundo), se empezó a excavar en el último cuarto del siglo pasado. Aún se siguen produciendo hallazgos importantes. El conjunto arqueológico consta de distintas zonas, conocidas como Sima del Elefante, Galería, Sima de los Huesos... Pero es en la llamada Gran Dolina, donde se produjo un hallazgo de una trascendencia sobresaliente: se encontraron los restos de unos seres humanos de unos 800.000 años de antigüedad (lo más antiguos en la época en que se encontraron en Europa). Aquellos individuos que se encontraron, que eran muy jóvenes, y tenían diferencias morfológicas con el Homo heidelbergensis, que era el ser humano europeo hallado más antiguo hasta la época (unos 500.000 años). Por ello, se pensó que era una especie nueva, a la que se le bautizó como Homo antecessor.




Los restos de Homo antecessor hallados presentaban unos cortes producidos por unas herramientas afiladas que, además, eran muy similares a los presentados en los huesos de animales que habían sido consumidos por algún ser humano. Ello indicaba que, muy posiblemente, aquellos individuos, la mayoría niños, habían sido cortados en pedazos y consumidos por algún miembro de su clan o de algún otro grupo vecino o recién llegado.




Hasta la fecha, es el caso de canibalismo más antiguo del que se tiene conocimiento.

martes, 29 de octubre de 2013

El código de Hammurabi. ¿Fué el primero?


La estela del código de Hammurabi fue descubierta en 1901 por el arqueólogo francés Jacques de Morgan. Después, fue llevada al museo del Louvre y, desde entonces, permanece expuesta allí. El código consta de un prólogo, el cuerpo legal y un epílogo; tiene 282 artículos, aunque algunos se han perdido. Las leyes están inspiradas por los dioses. Así, según el relieve de la parte superior de la estela, el dios Shamash (de la justicia) hace entrega al rey de Babilonia de dicho código. Las leyes incluidas en él tratan de distintos tópicos jurídicos: derecho penal (ley del Talión), matrimonio, divorcio, ventas y depósitos, esclavitud y robo…; distingue tres categorías de ciudadanos: awilum (ciudadano de pleno derecho), muskenum y wardum (esclavo). Probablemente la estela con el código grabado, estuvo expuesta públicamente en el templo para que el litigante que iba en busca de justicia pudiera leer, o hacer que le leyeran, la regulación real del derecho que le asistía. Los fines que perseguía eran el de la unificación del derecho en el reino y la regulación de los precios.
 
 

Pero realmente, ¿ha sido el primer código de leyes escrito por el hombre que ha sido descubierto? ¿Es el código de Hammurabi el más antiguo de los que se ha conservado?

En contra de la creencia generalizada, no es el de Hammurabi el corpus de leyes más veterano. Hay tres que le superan en antigüedad.

El código de Lipitistar, rey de la ciudad-estado de Isin, ha sido fechado hacia el año 1860, es decir, es casi 100 años más antiguo que el de Hammurabi. De él, se conservan casi 37 artículos completos. Los temas de que tratan son derecho mercantil, de familia, herencias, delitos de sangre, y delitos contra la propiedad.

El códice de Eshnunna es también más antiguo que el de Hammurabi, pero el primero de la historia universal es el de Urnammu, rey de Ur (hacia el 2050 a.C.). Las pocas leyes que se conservan de él, son de derecho penal y, caso curioso, ya se admite la compensación económica en los delitos de sangre.

Seguramente, hay muchos más códigos de leyes tan antiguos, o más, que los descritos que se han perdido para siempre o que los arqueólogos no han podido todavía hallar.
 

 
 
Fuente principal: Historia Universal, Edad Antigua de R. López Melero y otros.

sábado, 5 de octubre de 2013

¿Existió el rey Arturo? (II). Lucius Artorius Castus.

La búsqueda de un personaje real, tras la figura legendaria del personaje literario del rey Arturo, ha dado lugar a que surjan varios personajes candidatos a tal "honor", que, de otra forma, hubieran quedado, un tanto, en el olvido. Uno de esos individuos es un tal Artorius Castus, que aparece en una inscripción funeraria hallada en la actual Croacia (aparece en otra inscripción hallada, pero que no aporta información adicional). Por lo tanto, en realidad, el origen del rey Arturo se hallaría en la vida de un militar romano, hacia el 180 d.C., que estuvo destinada en la provincia de Britania, según esta teoría.


Lápida funeraria donde aparece escrita la carrera militar de Lucius Artorius Castus, el que para algunos es el rey Arturo histórico.
 

El medievalista norteamericano, Kemp Malone, fue la primera persona que asoció el nombre que aparece en la lápida, al del héroe legendario, en 1924. Pensó que el nombre en latín de Artorius pudo derivar en el medieval de Arthur o Arturo. Según dicha lápida, dicho romano empezó siendo centurión en la III legión Gallica, y continuó una carrera militar, con sus ascensos merecidos, hasta que llegó a las islas británicas como prefecto de la VI legión Vitrix. Este cargo nos indica que Artorius procedía del orden equestre (la sociedad romana estaba dividida en órdenes u ordos; para pertenecer a ella, un ciudadano romano debía poseer una fortuna de centenares de miles de sestercios).

Hay algunos autores, como Linda Malcor, que relacionan a este Artorius con las tropas de caballería sármatas que se encontraban estacionadas en Britania en aquella época. Estos jinetes, acorazados, serían los caballeros del rey Arturo. En realidad, no hay pruebas sólidas que afirmen esta teoría que, sin duda, ha influido en una de las película más recientes sobre este personaje legendario, que se titula  "El rey Arturo" (2004).



El actor Clive Owen, que interpreta al mítico rey Arturo, aunque con orígenes de militar romano. En dicho film, Arturo añoraba un glorioso pasado romano, que daba estabilidad a todos los rincones del imperio, aunque éste estaba en pleno proceso de desintegración, por culpa de las invasiones germánicas.


En cualquier caso, el personaje de Lucius Arotorius Castus, es un buen candidato para ser el auténtico rey Arturo, ya que es, de momento, el único que tiene un nombre que deriva de el mítico héroe. Hay muchos expertos que afirman que Arthur o Arturo, procede del latino Artorius. Aún así, el enigma sigue abierto. Hay muchos más candidatos para ser el auténtico rey Arturo. En otras entradas de este blog hablaré de ellos.

viernes, 26 de julio de 2013

¿Llevaban los vikingos cuernos en los cascos?

          Parece ser que no. La imagen de un vikingo con un casco con cuernos es realmente falsa. No hay nada más que ver las muestras que nos ha dado la arqueología de como se veían a sí mismo los vikingos.



 
 
 
          Esta estatuilla de bronce que representa al dios Thor fue hallada en Islandia, y es del año 1000 aproximadamente (época vikinga). El casco que corona a la pieza es de tipo cónico sin ninguna clase de adorno o protuberancia. La siguiente imagen se encontró en el monasterio de Lindisfarne, y se cree que la hicieron los monjes, mientras estaban sitiados por los vikingos, antes de de ser asaltados y pasados a cuchillo. En la estela no se aprecia que llevaran casco los asaltantes, aunque si se aprecia con nitidez las armas de ataque.
 
 
 
 
 
 
          El vikingo de la siguiente imagen es de una talla en alce procedente de Sigruna (Suecia). El casco es de tipo cónico con protección nasal.
 
           

 
 
          Hasta ahora, la arqueología ha hallado un único casco vikingo que está datado en el siglo IX. Que se haya encontrado un único ejemplar, puede indicar que la mayoría de los vikingos no contaban con esa protección, y que los cascos estaban reservados para los jefes y reyes.
 
 
 
Casco de Gjermundbu, el único ejemplar de casco vikingo hallado hasta la fecha