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viernes, 29 de julio de 2016

El rey que perdió el trono por ir al médico.

Idris I (nació en 1889) ha sido el mejor monarca de Libia en toda su historia, de eso no hay ninguna duda, y lo es por que ha sido el único. Cuando la Segunda Guerra Mundial concluyó, y la descolonización del mundo árabe también se hizo efectiva, diversos países como Egipto, Irak o Libia buscaron en la monarquía un sistema político que garantizase la estabilidad. Tras diversos golpes de estado, los dictadores sustituyeron a los reyes, salvo en países como Jordania y Marruecos, que siguen conservando sus linajes reales.


Idris I de Libia.


Idris aceptó el encargo de ser rey en 1951. El ser nieto del fundador de la cofradía islámica sanusí, con el prestigio que conllevaba, posiblemente influiría en tal decisión. Habiendo nacido en una región dominada por el imperio turco, tuvo que luchar posteriormente contra los italianos que, finalmente, conquistaría Libia. Durante dos décadas vivió exiliado en Egipto, y observó en la distancia como su país sería escenario de batallas entre los ejércitos del Eje y de los Aliados, en lo que sería la Segunda Guerra Mundial.

Fue simpatizante de las potencias occidentales y permaneció apático con respecto a los intereses de los demás países musulmanes de su entorno; cuando estalló la guerra contra Israel de 1967, fue de los pocos que no ofreció ayuda militar. Además, el no tener descendencia masculina que asegurase la continuidad en el trono era otro factor negativo a tener en cuenta.

Idris I no debió de modernizar el país como debiera, y esto lo digo porque tuvo que ir a un hospital extranjero a curarse de ciertas dolencias, y eso mismo fue lo que ayudó a que se produjera su derrocamiento. Aprovechando la coyuntura, una facción del ejército libio, encabezada por un jovencísimo veinteañero llamado Muamar el Gaddafi, realizó un golpe de estado que acabó de un plumazo con la monarquía en Libia.



Gaddafi en 1973.



El rey derrocado ya no volvería a ver nunca más la tierra que le vio nacer, y se exilió, una vez más, a Egipto, algo que le salvó la vida, ya que en Libia le habían juzgado in absentia, y le habían condenado a muerte.

Con la nada despreciable edad de 94 años, el primer y único rey de Libia moriría en 1983. Tras la muerte de Gaddafi en 2011, un heredero suyo, su sobrino nieto Muhammad al-Senussi, reclama el trono de Libia, que de momento sufre los zarpazos del integrismo islámico.


Fuentes e imágenes: Wikipedia.

sábado, 18 de junio de 2016

El presidente que creía en los ovnis, y como invadir un país con mapas para turistas.

En 1983 se llevó a cabo la invasión, por parte de la todopoderosa Estados Unidos, de una pequeña isla caribeña, llamada Granada (o Grenada). Hoy casi nadie se acuerda de esa aventura militar, de como el elefante aplastó a una hormiguita, y que sólo se puede entender en el contexto de la llamada Guerra Fría, que en aquellos años dividía al mundo entre un bloque de países comunistas, y otro de naciones de economía capitalista.

El mundo ha cambiado mucho. El enemigo de occidente en la actualidad no es el comunismo, sino el terrorismo yihadista, que parece extenderse como una mancha de aceite a todos los rincones del mundo, agravando los problemas de los países musulmanes, y monopolizando la amenaza del terrorismo internacional.

En 1974, la isla de Granada se independizó del Reino Unido, siendo su primer presidente Eric Gairy (1922-1997), que, verdaderamente, era una persona bastante excéntrica. Una cosa es que alguien crea en ovnis o en extraterrestres que visitan de manera furtiva nuestro planeta (allá cada cual con sus pensamientos). Otra cosa bien distinta es que, en calidad de presidente de una país independiente, Gairy fuera a Nueva York para intentar convencer a las Naciones Unidas para que se celebrara una conferencia sobre alienígenas (como si no hubiera cosas más importantes en las que pensar un gobernante).


La invasión de Granada vista por el gran Clint Eastwood.




El caso es que la broma le salió cara a Gairy. Mientras estaba por los Estados Unidos desatendiendo sus deberes de dirigir un país, se produjo en Granada un golpe de estado incruento, encabezado por Maurice Bishop, que lo desbancó de su silla presidencial. Los coqueteos de Bishop con los comunistas cubanos, que enviaron ingenieros para construir un nuevo aeropuerto en la isla, inquietó al gigante del norte.

Era cuestión de tiempo que surgiera una chispa para que los Estados Unidos dieran un zarpazo anticomunista, ya que no podían permitir que un nuevo régimen aliado de su bloque antagónico se estableciera en el mar Caribe (ya tenían bastante con Cuba).

La ocasión para intervenir se la ofreció en bandeja un nuevo golpe de estado: el número dos de Bishop, Bernard Coard, se hizo con el poder en 1983. Como había cientos de universitarios norteamericanos estudiando y residiendo en la facultad de medicina en St. George, el gobierno norteamericano vio en su liberación la excusa perfecta para iniciar las operaciones militares. Según parece, los estudiantes no estuvieron en peligro en ningún momento. El que si lo estuvo fue el presidente derrocado, Bishop, que acabaría siendo ejecutado, al lado de algunos de sus fieles colaboradores.


Eric Gairy, el presidente de Granada que quiso convencer al mundo en la existencia de alienígenas.



A los trabajadores cubanos los armaron para repeler la invasión, y sumados a los soldados granadinos apenas alcanzaban un millar de defensores, con escasas armas de apoyo. Los estadounidenses reunieron más de 7.000 soldados respaldados por una poderosa flota y numerosa aviación de combate; la lucha iba a ser, ciertamente, desigual. Cuando los mandos norteamericanos fueron a buscar un mapa de la isla, pudieron comprobar que no había disponible ninguno; tal fue la improvisación de llevar a cabo la invasión. ¡A los soldados que fueron a invadir la isla, les dieron mapas para turistas para guiarse en un país que iban a conquistar, y en donde aparecían los lugares donde poder alquilar una motocicleta!

A pesar de los inconvenientes, el número se impuso, y los pocos focos de resistencia fueron aplastados en apenas cuatro días de combates. A los norteamericanos, la victoria supuso un acicate tras su desastrosa intervención en Vietnam, y al gobierno de Ronald Reagan (1911-2004) le permitió presentar a la opinión pública mundial una pequeña victoria en su guerra contra el comunismo.

En la isla de Granada se volvió a instaurar un régimen democrático que perdura hasta nuestros días.

La divertida película el sargento de hierro, protagonizada por Clint Eastwood (1986), cuenta la historia de un veterano sargento, héroe de la guerra de Vietnam, al que se le asigna el entrenamiento de un desastroso pelotón de marines, y que lo llega a convertir en una unidad eficaz de combate justo antes de enviarlo a las operaciones militares que llevaron a la ocupación de Granada. En dicho film, durante las batallas contra los cubanos, se les ve a éstos con uniformes del ejército cubano y cascos, cuando en realidad eran trabajadores armados, ya que en ese momento estaban construyendo las pistas e instalaciones de un aeropuerto.


Fuente principal: Breve historia de la incompetencia militar, de Edward Strosser y Michael Prince.




miércoles, 23 de diciembre de 2015

El gran maestre que fue esclavo: La Valette.

Hay batallas míticas que, aunque no sean muy conocidas, fueron enormemente decisivas para la historia, y plenas de hechos de armas sangrientos con protagonistas valerosos. Una de ellas fue, sin duda, el asedio de Malta de 1565. En una época marcada por el ascenso irresistible del poder turco, que amenazaba con engullir la totalidad del continente europeo, un puñado de caballeros cristianos, de la Orden de Malta, y de otros países como España o Italia, lograron vencer a un ejército enormemente superior dispuesto a conquistar la pequeñísima isla mediterránea, situada al sur de Sicilia.

De todos los soldados valientes que allí lucharon, tanto del bando turco como del cristiano, destacó la figura del gran maestre de la Orden, el anciano de 70 años, Jean Parisot de la Valette, auténtico héroe de la gesta y pilar de la resistencia a ultranza, que ha dado nombre, con todo merecimiento, a la actual capital de la nación maltesa.


Jean Parisot de la Valette.




Nacido en la Provenza francesa en 1494, La Valette tuvo numerosos antepasados que lucharon durante la época de las Cruzadas. Tan claro tenía que su destino iba a ser el ingresar en la Orden de Malta (o de los Hospitalarios, o de Rodas o de San Juan, como también es conocida) que a los 20 años abandonó su casa y su familia para no volver nunca más a verlos.

Aunque tuvo que ver como los caballeros fueron expulsados de la isla de Rodas por los otomanos en 1522, para luego buscar asentamiento en Malta, pudo comprobar antes como cambiaba el rol clásico de caballero montado, por el nuevo de hombres en galeras que hostigaban a los navíos de los infieles. De hecho, La Valette llegó a ser un gran comandante naval, digno de tener su propio buque.

En esa época se le describía como un hombre "bien parecido, alto, sereno, introvertido y políglota; hablaba con fluidez italiano, español, griego y árabe". De una manera más traumática aprendió el turco: en 1541 su galera fue derrotada por el pirata Abdur Rahman Kurst Alí, que le convirtió en un esclavo galeote durante un año. Encadenado desnudo a un banco, remaba entre diez y veinte horas consecutivas, y como único alimento tomaba pan mojado en vino, que metían en la boca de aquel que estuviera a punto de desmayarse. Si un esclavo se desmayaba, era azotado hasta la muerte y, acto seguido, su cuerpo se lanzaba por la borda. Recuperó su libertad en un cambio de rehenes. Esta prueba de fuego forzó al héroe que llegaría a ser.

El ascenso de La Valette fue continuado. Ocupó todos los cargos importantes: gobernador de Trípoli, alguacil de Lango... De él se decía que era capaz de "convertir a un protestante o de regir un reino". En 1557 le nombraron gran maestre de la Orden, aprovechando su cargo para reforzar las defensas de Malta en previsión de un futuro ataque.

Contaba con un eficiente red de espías que, en el otoño de 1564, le permitió conocer los preparativos de un ataque contra la isla. Así pues, pudo llamar a Malta a todos los caballeros de la Orden repartidos por Europa y poner sobre aviso a don García de Toledo, virrey de Sicilia, respecto de los planes del sultán.


Armadura de La Valette.




Al año siguiente se produjo la invasión de Malta. La dirección magistral de La Valette fue decisiva para que los cristianos, muy inferiores en número, pudieran rechazar al invasor. El gran maestre tuvo que tomar decisiones muy duras, como dejar a los defensores del fuerte de San Elmo a su suerte, o volar el puente levadizo que unía la ciudad de Birgu con el fuerte de San Ángel, pero necesarias para ralentizar los avances de los turcos, antes de que llegara la fuerza de socorro española desde Sicilia. Pero a cambio, el anciano militar de 70 compartiría las escasas raciones de comida como si fuera uno más, y lanza en ristre lucharía en primera línea, cuando los turcos penetraban en tromba por las murallas derruidas de Birgu. Sin duda, el ejemplo dado por las acciones del comandante inspirarían a los hombres de malta, y de otros lugares de la cristiandad, para no desfallecer en tan aciagos momentos.




Fuente consultada: La heroica defensa de Malta, de Tim Pickles.




jueves, 9 de abril de 2015

El otro "milagro alemán".

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial Alemania estaba tan devastada militar y económicamente que pareciera que no se iba a recuperar en muchos años. En tan sólo unos 20 años se convirtió en una de las locomotoras en la economía europea, es lo que se conoce como el "milagro alemán".

Un poco antes, en octubre de 1929 se hundieron los índices bursátiles de Nueva York, produciéndose el famoso Crac de la Bolsa, convirtiéndose en el inicio de una de las mayores catástrofes económicas de toda la Historia. La crisis pasó de Estados Unidos, la primera potencia económica de ese momento, al resto del mundo. Al centro de Europa también llegó.

Como es bien sabido, Alemania fue también protagonista del primer conflicto mundial de 1914 a 1918. Aquella guerra acabó liquidando hasta 4 imperios, el ruso, el alemán, el austro-húngaro y el otomano. Alemania, que la empezó siendo una gran potencia militar y económica, acabó vencida y hundida su economía. Las enormes compensaciones que debía pagar a las naciones ganadoras ralentizaron su recuperación. Mientras el crédito llegaba de Estados Unidos y de Inglaterra, la economía alemana se pudo mantener a flote..., hasta que sucedió la catástrofe: la Bolsa norteamericana quebró un famoso Jueves Negro.


Imagen de la Bolsa de Nueva York.


En el país germano dejaron de llegar los dólares del otro lada del Atlántico, y la situación se volvió insoportable. El hambre y el paro sacudieron la nación; se calcula que el paro se elevó en 1933 hasta los seis millones de alemanes, es decir, un 40% de la población activa!

Como se había quedado sin colonias tras la Gran Guerra, Alemania no se pudo apoyar en ellas para afrontar la crisis, como así hicieron los británicos. Tampoco contaba el gobierno con liquidez para emprender grandes intervenciones en la economía, como las efectuadas por el gobierno norteamericano. Para empeorar las cosas, los nazis se auparon al poder.

No es plan de ponerse a defender a un gobierno tan nefasto y asesino como aquel, pero lograron una especie de milagro en la economía alemana ya que vencieron la crisis y redujeron el paro hasta el 0 % en sólo unos pocos de años, hasta 1939, justo antes de que comenzara la siguiente guerra mundial. Entre otras reformas realizadas fue la de devaluar los salarios (no existían sindicatos que opusieran mucha resistencia), hacer muchas obras publicas y generar una economía de tipo armamentístico que adelantaba la atmósfera de la guerra en ciernes, autarquía respecto al exterior, absorción del paro con la inversión estatal...

La pena es que la recuperación económica alemana de los años 30 del siglo pasado no acabara en nada bueno...


Fuente: El Crac de 1929, de Historia 16.

martes, 14 de octubre de 2014

¿Quién salvó a los soldados norteamericanos en Mogadiscio?

En el año 1.993 tuvo lugar una batalla dramática entre soldados de élite norteamericanos, rangers y hombres de la Delta Force, y los milicianos somalíes. El día 3 de octubre, el alto mando recibió una información precisa y valiosa: dos hombres fuertes de Aidid se encontraban en una reunión en un edificio en el centro de la capital, Mogadiscio. Aquella ocasión no iban a dejarla escapar, ya que el objetivo era la de hacer el mayor daño posible a Aidid, el jefe del clan más poderoso, el que controlaba el destino del país.

Una fuerza de doce vehículos blindados y 160 soldados, de los mejor entrenados del mundo, se puso en marcha para hacer cumplir el objetivo. Además, 19 helicópteros llevarían más hombres al combate y apoyarían con su armamento a los soldados que se internarían en la ciudad. Les aguardaban miles de hombres, mujeres y niños armados para hacerles la vida imposible. El plan era sencillo, había que capturar a los dos líderes somalíes y huir a toda prisa de allí. Los americanos contaban con todo lo necesario: soldados muy bien preparados, unos medios de primera calidad y una información precisa, nada podía fallar..., o eso al menos pensaban.


Película de 2001 que narra los hechos de la batalla. Imprescindible.


Al principio todo iba sobre ruedas y el plan se fue cumpliendo en sus primeras fases. Tuvieron el contratiempo de que un soldado se resbaló a muchos metros del suelo cuando descendía de una cuerda atada a un helicóptero, al hacer la técnica conocida como rápel. Al encontrarse en un estado muy grave, el ranger fue evacuado a la base. En dicho viaje se produjo la primera baja mortal, ya que en ese momento los somalíes salían desde todos los sitios posibles y disparaban con sus ametralladoras a los americanos. La situación se volvió incontrolable cuando fue derribado un helicóptero Blak Hawk. A partir de entonces, la lucha se volvió desesperada en Mogadiscio.

Poco después fue derribado un segundo helicóptero por los milicianos somalíes, que acabaron con todos los hombres que defendían el aparato, incluidos dos soldados Delta que habían sido desembarcados allí para defender a la tripulación herida, menos el piloto del mismo Michael Durant, que se convertiría en el único prisionero americano de la batalla. Mientras, el convoy terrestre luchaba por salir de la ciudad con los prisioneros somalíes capturados, y una fuerza de soldados luchaba por su vida intentando reagruparse y marchando por las calles de la ciudad, que estaba infectada de hombres y mujeres que disparaban sin cesar a todo occidental que veían.

La luz del día se iban apagando, y lo que, en un principio, era una ataque breve, se acabó convirtiendo en una lucha desesperada de 99 soldados yanquis, muchos de ellos heridos, por salvar sus vidas. Mientras se organizaba un convoy de rescate, buscando la colaboración de blindados pakistaníes y malasios, los rangers y los delta seguían muriendo en las calles de la ciudad africana. Se refugiaron en unas casas para pasar la noche, esperando en vilo la llegada de los refuerzos que les iban a sacar de aquel lugar de pesadilla. Eran conscientes de que en cualquier momento los somalíes les podían atacar y aniquilarlos allí mismo, era cuestión de minutos; el convoy se retrasaba y no había indicios de que fueran a llegar en breve.


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Única foto tomada el día en plena batalla de Mogadiscio.


La noche había caído en Mogadiscio y casi un centenar de hombres estaban esperando un ataque somalí que nunca llegó a producirse. ¿Qué pasó? ¿Quién salvó a los americanos esa noche?

Fueron los pilotos de los helicópteros Little Birds, que no dejaron de hacer pasadas de ametrallamiento en torno a las casas donde estaban escondidos sus compatriotas. Volando en plena noche y a una altura especialmente baja, arriesgando sus vidas constantemente, y contando con la única ayuda de unas luces que los rangers habían puesto marcando un perímetro de seguridad en torno a las viviendas en las se hallaban, aquellos pilotos de élite salvaron de una muerte segura a aquellos hombres heridos y agotados por el combate.

A la mañana siguiente (4 de octubre), se produjo el ansiado rescate por parte de una columna blindada que llevó a los hombres a un lugar seguro. La batalla de Mogadiscio acabó. Habían muerto 18 americanos en combate, una cifra terrible, y 73 fueron heridos. Las cifras por parte de los somalíes son desconocidas, pero fueron de muchos cientos de muertos. La misión se cumplió con éxito, aunque a un precio demasiado elevado. Las terribles imágenes de cadáveres de soldados mutilados y apaleados por la muchedumbre dieron la vuelta al mundo. Era demasiado para la población de EEUU, y el ejército se acabó retirando en tan sólo un mes, sin que hubieran acabado con el régimen de Mohamed Farrah Aidid, que se hizo con el poder de Somalia hasta su muerte.

Michael Durant, el piloto prisionero de Aidid, fue liberado y pudo volver a su patria con todos sus compañeros.


Documental sobre la verdadera historia de la jornada de Mogadiscio.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿Quién fue la "dama del candil"?

Es el año 1854, en el hospital de campaña británico de Escutari, en la península de Crimea. La guerra lleva meses provocando muertes y heridos sin cesar. Ha caído la noche y los médicos se han ido a dormir. Es entonces cuando Florence Nightingale inicia sus habituales rondas nocturnas, recorriendo los enormes pasillos (algunos dicen que andaba 6 km diarios), atestados de soldados heridos, con un candil en la mano atendiendo y cuidando, con cariño y la mayor diligencia, a cuantos lo necesitaran. Su sola imagen servía de consuelo a aquellos desdichados hombres, por otra parte acostumbrados a la dureza de sus mandos y a las penalidades de la guerra, al comprobar que había alguien que se preocupaba sinceramente de ellos. Se dice, que algunos besaban la sombra de su imagen que producía la luz de su lámpara.

El trabajo de Florence no pasaría desapercibida a los periodistas que cubrían la guerra de Crimea (1853-1856), y que contribuyeron de forma decisiva a la mitificación de la enfermera británica. Florence dirigió a un grupo de enfermeras durante el conflicto, ocupando un puesto oficial en el ejército británico; nunca antes, ninguna mujer había tenido una tarea de esa magnitud. Además, su estancia en Crimea no iba a ser un mero trámite, ya que ella lucharía con todas sus fuerzas para que la sanidad en los hospitales, y los cuidados a los heridos en la batalla, mejoraran y se tomaran más en serio. Como se comprobó al finalizar la guerra de Crimea, las cifras eran de lo más reveladoras. Hubo 4.000 muertos británicos en acción, una cifra sin duda alta, pero es que hubo 16.000 muertos por enfermedad, cuatro veces más.



Florence Nightingale nació en 1820, en el seno de una familia acomodada. Ella y su hermana tuvieron una educación esmerada, de la que se ocupó personalmente su padre. El destino final para Florence era el matrimonio y tener muchos hijos, no se esperaba más de ella. El mundo laboral estaba reservado a los varones. Pero Florence tenía energías para mucho más. No le faltaron pretendientes que le podían asegurar una vida cómoda y plena de eventos sociales, pero la vocación de ayuda al prójimo no le abandonó nunca. Hasta su llegada a Crimea, la oposición de sus padres a que fuera enfermera fue constante; en esa época, las mujeres de baja condición social eran las que ejercían ese tipo de profesión. Cuando tenía 17 años, sufrió una especie de experiencia mística, que le hizo conducir su vida al cuidado de los demás, como la gran enfermera que llegaría a ser. Después de ella, la disciplina de la enfermería ya no volvería a ser igual.

Cuando contaba 30 años de edad, fue a Kaiserworth donde aprendió el oficio. En los siguientes años, ya  estando en Inglaterra y Europa, complementó su educación en distintos hospitales. En 1853 visitó el hospital de Lariboisière, en París, donde pudo tomar apuntes del diseño del mismo, construido para recibir la luz y el aire fresco; esos factores podían hacer disminuir la mortalidad. Poco antes de su participación en el conflicto de Crimea, consiguió su primer empleo como directora de un sanatorio para señoras de la alta sociedad.


 

Cuando se desplazó al hospital que acogía heridos británicos, no paró de trabajar para mejorar las condiciones de los pacientes. Además, su primera medida fue la someter a sus enfermeras a la autoridad de los médicos, demostrando así gran habilidad para encontrar la concordia orientad a la lucha por el beneficio de los heridos. En poco más de un mes, había logrado mejorar el mantenimiento de las salas, ropa de cama, prendas de ropa, mejor comida; supervisó la asistencia a los pacientes, escribió las cartas de los soldados a sus familias, organizó un sistema para enviar dinero... En Inglaterra, el ciudadano medio vio con agrado los esfuerzos de aquella gran mujer. Incluso, su buena gestión le hizo ganar el respeto y la admiración de la reina Victoria de Inglaterra.

Cuando acabó la guerra, luchó para que las enseñanzas aprendidas en relación con la sanidad no quedaran en el olvido. Y hubo muchas, como por ejemplo que se les enseñara a los soldados y a los médicos a hacer las cosas mejor en cuestión de salud. Como Florence conocía muy bien los sistemas estadísticos, los aplicó de manera ejemplar y demostró como poder combatir la mortalidad en los hospitales de campaña aplicando, por ejemplo, medidas higiénicas.

De la escuela que instituyó en Inglaterra, salieron docenas de nuevas enfermeras, que a su vez enseñarían a otras tantas, a distintas naciones para que el esfuerzo de Florence persistiera. Hoy en día se le reconoce a Florence Nightingale como la primera enfermera moderna de la historia. Y yo añadiría, que pocos seres humanos han sido tan extraordinarios como lo fue aquella gran mujer.

viernes, 22 de agosto de 2014

La animalada de la carga de Balaclava.

La famosa carga de la Brigada Ligera en Balaclava (25 de octubre de 1854), digna de protagonizar películas y de inspirar algún célebre poema, tuvo lugar en el marco de la Guerra de Crimea (1854-1856). Sin detenerme demasiado en los movimientos tácticos de la batalla, sin duda muy interesantes, se puede decir que el ataque británico a una batería rusa de artillería, situada  en el fondo de un valle fuertemente defendido, y que contaba además con más cañones en los laterales del mismo, se produjo por una serie concatenada de errores que llevaron a la realización de la "gloriosa carga de caballería". En su sano juicio, ningún general hubiera mandado atacar dicha posición con tan sólo una unidad de 678 jinetes. De hecho, un militar ruso, tras contemplar atónito dicho ataque, le preguntó a un prisionero inglés sobre el tipo de bebida alcohólica de la que habían abusado para realizar tal acción.

Una vez realizada la misión, y tras dejar perplejos a propios y extraños, los restos de la brigada retrocedieron a las líneas amigas. Tan sólo regresaron 195 hombres. En cambio, de los pobres caballos, que nada entendían de la locura que poseían a los jinetes que los montaban, se perdieron unos 500 en total, bien muertos en el fragor de la batalla, o bien sacrificados por sufrir heridas irreversibles.


La carga de la Brigada Ligera en Balaclava.
 

Además de la participación de hombres y caballos, la carga de la Brigada Ligera contó con la activa colaboración de otro animal, que era la mascota del 8º de Húsares, que nunca dejaba de seguir a sus dueños, ni siquiera en los momentos de máximo peligro; su lealtad y su amistad era así de espléndida. Se trataba de un terrier de pelo duro llamado Jemmy.

Como en tantas ocasiones, como en las batallas del río Alma o en Inkerman, Jemmy participaría en el ataque, aunque su actuación sea un tanto desconocida. Su lealtad sería puesta a prueba y, una vez más, no defraudó y estuvo hasta el final... De hecho fue herido, ya que en su cuello se incrustaron trozos de metralla procedentes de algún cañón o rifle.

Felizmente, Jemmy se repuso y regresó a Inglaterra tras finalizar el conflicto. Su inmensa y desinteresada lealtad no pasaría desapercibida. El coronel de Salis le puso un collar con cinco broches: uno por su participación en la batalla de Alma, otro por la de Balaclava, uno más por la de Inkerman, otro por la de Sebastopol y uno más por estar en la India central. Hoy en día, el collar se encuentra colgado en un comedor de oficiales de algún cuartel militar del Reino Unido.


Fotografía antigua de la Guerra de Crimea y una, más actual, de la tortuga Timothy, la última superviviente del conflicto con diferencia.


Mientras se producía la carga de la Brigada Ligera, en la seguridad de un barco de la Royal Navy, el HMS Queen, esperaba de manera tranquila y paciente otro animal famoso de los que participarían en la Guerra de Crimea. Era la tortuga Timothy, la mascota de dicho navío. Aunque parezca increíble, dicha criatura murió hace poco, en el año 2004, a la edad de 160 o 165 años, no se sabe bien su edad. Tras pasar 40 años en la Armada británica, se "jubiló" en 1892, pasando a vivir en un lugar más confortable, en el castillo de Powderham, de unos condes parientes del capitán Everard, el comandante del navío donde había "prestado sus servicios" la tortuga Timothy. Como anécdota final comentaré que nunca le cambiaron el nombre al animal, aunque luego se supiera que, en realidad, era hembra.


Fuentes consultadas:

-Cueste lo que cueste, de Bryan Perrett.
-El blog 1/4 de ambiente.