Buceando en la leyenda

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jueves, 22 de octubre de 2015

Las otras "Bodas rojas" de la Historia.

Antes de empezar, os invito a que conozcáis la entrada de este blog que trata sobre la famosa Boda roja, de la serie de novelas Canción de hielo y fuego.

Durante la Edad Media, había que pensárselo dos veces antes de aceptar una invitación para comer, sobre todo si era para que asistiera toda la familia, el clan o algún grupo social, ya que era un momento idóneo para que los comensales, contentos de vino y con la panza llena, ofrecieran un blanco fácil para ser eliminados por un anfitrión ambicioso y cruel, que no le importaba pagar la cuenta sí, a cambio, podía eliminar a una gran cantidad de personas que le suponían una gran molestia, o les consideraba tan enemigos que eran dignos de ser traicionados y muertos, incumpliendo así toda norma esencial de hospitalidad e incluso de humanidad.

De todas las historias que voy a narrar, destaca un personaje que, si nos creemos todo lo que dicen las crónicas de él, era especialmente frío y sádico, por encima de todos los demás. Me refiero a Vlad Tepes, la misma persona que inspiró el Drácula de Bram Stoker.

Con la mente de un dictador al uso, Vlad pensaba que lo fundamental era tener a un país controlado y en orden para que las cosas funcionaran lo suficientemente bien, sin importarle lo más mínimo el individuo, cuando lo que estaba en juego era el bien común. Y entonces, de una manera tan sumamente pragmática, ideó la forma de eliminar a los pobres, a los lisiados y a los leprosos (es tan evidente, como es que nadie salvo a él se le ocurre algo tan genial... -que conste que estoy ironizando-). Como toda esa gente no servía para nada, es decir, que no aportaban nada productivo al Estado, y se dedicaban todo el día de modo ocioso a pedir limosna para intentar subsistir, les convocó a un festín.

Tras disfrutar de las viandas y de las bebidas aquellos que no estaban acostumbrados a ello en absoluto, Vlad Tepes, el voivoda de Moldavia, el malvado de la Historia y de las novelas de terror, les hizo una pregunta de lo más inocente, que era que si querían verse libres de preocupaciones y de privaciones. Y, como es natural, los mendigos del reino dijeron al unísono que sí (a ver, a quién le gusta vivir en la miseria y pasando hambre). Ante el asombro de sus vasallos (que a esas alturas ya estarían vacunados de espanto el ver como se las gastaba su jefe), Tepes mandó encerrar a todos los comensales y que le prendieran fuego al edificio donde se había realizado la última comida de los desheredados del reino. Ninguno saldría con vida y Tepes intentó justificar su malvada acción diciendo que la pobreza se podía erradicar eliminando a los pobres.


Vlad Tepes


Ramiro II (1134-1157) fue rey de Aragón. Siendo el hijo menor de Sancho Ramírez, no le quedaba a su alcance sentarse en el trono por lo que siempre anheló hacer carrera en la Iglesia católica, por lo que es conocido con el sobrenombre de el monje. Sin embargo, las circunstancias le hicieron ceñirse la corona, ya que sus dos hermanos mayores habían muerto sin descendencia.

En aquella época había una serie de nobles arrogantes en Aragón que no se comportaban con la debida consideración hacia su monarca. Eran tales los desaires que se permitían a su real persona, que llegaron a causarle un gran enfado (¿posible debilidad de carácter de Ramiro?, puede ser). Como se ve que no tenía gente de valía a su alrededor que le dieran algún buen consejo, el rey recurrió a su antiguo maestro, el abad de San Ponce de Tomeras, que le transmitió la simple idea de que las coles que sobresalen de un huerto deben de ser cortadas para que este quede de manera uniforme. Entonces, Ramiro entendió lo que debía de hacer...

Aunque la historia de todos estos sucesos se escribieron dos siglos después de los hechos reales, y la historia en sí pareciera en varios aspectos legendaria, los eruditos, que han estudiado las fuentes, han visto evidencias que en lo esencial si que pudo ocurrir de manera cierta la historia de la conocida como Campana de Huesca.

Ramiro el monje, siguiendo el consejo de su antiguo mentor, llamó a los díscolos nobles más prominentes del reino, para mostrarles una campana que iba a realizar y, que según sus propias palabras, iba a ser oída en toda Aragón. Entonces, obedientes esta vez a su soberano, aceptaron la invitación intrigados por ver aquel objeto. Lo que no sabían es que les esperaba la muerte a todos ellos.

Uno a uno fueron entrando confiados en la sala real, donde serían descabezados sin piedad. Una vez reunidas sus cabezas, fueron dispuestas haciendo la forma de una campana. Por último, fue llamado el obispo de Huesca, el principal enemigo del rey, que, horrorizado al ver al sangriento panorama, le fue preguntado si la campana estaba completa, a lo que el asustado religioso diría que sí. El rey, antes de mandar descabezarle, le respondió que le faltaba el badajo, y que su cabeza haría esa función.


La Campana de Huesca, de José Casado de Alisal


La vida de Roger de Flor (1266-1305) es digna de novelas y películas de acción. Siciliano de nacimiento, antes de convertirse en comandante de los legendarios almogávares, vería  con sus propios ojos como caía el último bastión de los cruzados, cuando las hordas musulmanas asaltaron la ciudad de San Juan de Acre (1291), ya que como caballero templario tuvo que luchar en favor del cristianismo.

Expulsado de la orden religiosa, se puso al servicio del rey de Aragón, como capitán de los almogávares, participando así en la conquista de Mallorca y Valencia. Más tarde, también participaría en la conquista de la isla de Sicilia, siempre al servicio de los aragoneses.

La compañía de los almogávares, incluido su capitán, Roger de Flor, fue contratada por el emperador de Bizancio, Andrónico II Paleólogo, ya que se veía acosado por un nuevo enemigo que profesaba la religión del Islam; eran los turcos otomanos. Al mando de más de 5000 hombres de la Compañía catalana, Roger de Flor se pondría a luchar de manera efectiva contra el nuevo peligro que se cernía sobre el mundo occidental cristiano, aunque fuera de manera interesada, y bien pagada. Fueron tantos los éxitos de Roger y sus hombres, entre los que se encontraban españoles de todos los rincones de la Península Ibérica o de otras naciones, sobre ejércitos mucho más numerosos, que el emperador bizantino le nombró jefe de la flota y le entregaría, incluso, la mano de su propia sobrina.

Eran buenos tiempos para Roger que, más tarde, vencería de una manera decisiva a los turcos en la región de Cilicia: unos 8000 almogávares aplastaron a cerca de 30.000 otomanos, produciéndoles 18.000 bajas. Fue tal la magnitud de la victoria, que Bizancio pudo respirar tranquila durante unos cuantos años.

El 5 de abril de 1305 fue organizado un banquete para honrar al brillante capitán, al cual asistieron un centenar de destacados almogávares y el mismo Roger de Flor. El hijo del emperador, Miguel IX, lo había organizado todo: el sitio, la comida, la bebida... e incluso la manera en que habían de ser eliminados. No se saben bien las razones por las que se decidió la muerte de quien tanto beneficio había aportado al reino. Puede que Roger quisiera tomar posesión de los territorios que había conquistado, puede que hubiera acumulado demasiado poder, puede que los celos y las envidias hubieran florecido en los corazones de los más prominentes bizantinos de la corte. El caso es que el gran héroe de los almogávares no merecía una muerte tan indigna como a la que fue sometido, aunque ello acrecentara su leyenda.

Lo que siguió después se le conoce como la Venganza catalana, pero eso es otra historia.


Roger de Flor




Para acabar, voy a hablar del mismo personaje con el que empecé, Vlad Tepes. Cuando llegó la Pascua de 1459, no quiso pasar las fiestas solo. Por lo tanto, invitó a los boyardos (nobles) más prominentes a un gran banquete. En el momento cumbre del mismo, cuando todos estaban ya satisfechos con la comilona, les propuso un juego de adivinanzas. Les preguntó que a cuantos voivodas (príncipes o gobernantes) recordaban. Hay que tener en cuenta que los boyardos eran los que promovían su ascenso y su caída; si un príncipe se humillaba a sus intereses lo mantenían en el trono, y si no les seguía el juego simplemente lo eliminaban de la manera más atroz, como hicieron con el padre de Vlad y su hermano (el primero muerto por apaleamiento y el segundo cegado).

Ante la pregunta, los más viejos respondieron que recordaban a unos 30, y los más jóvenes a unos 8, siendo todas unas cifras que indicaban el poco tiempo de gobierno de los distintos voivodas. Después, Vlad Tepes les hizo otra pregunta, que si no les parecían demasiados príncipes, y sin dejarles contestar, les dijo: "es por culpa de vuestra infamia, que lo contamina todo". Se suspendió el festín, se empalaron a los ancianos y sus mujeres, mientras que los más jóvenes fueron condenados a trabajos forzados hasta que sus costosos trajes de Pascua cayeron en harapos. Se confiscaron los territorios de los boyardos ejecutados y fueron concedidos a pequeños nobles y campesinos libres.






Fuentes:

-Drácula, de Ralf-Peter Märtin.
-Wikipedia.





sábado, 1 de agosto de 2015

Juego de Tronos, rasgos históricos (II)

Esta entrada es la continuación de una anterior de este blog. Aunque la serie de novelas Canción de hielo y fuego se inscriba en el género fantástico, no se puede negar que las referencias históricas, sobre todo del periodo medieval, impregnen las páginas de la obra. El que se haya acercado a la misma, o viendo la serie de televisión o leyendo los libros, o ambas cosas a la vez, nota enseguida las relaciones entre reyes, nobles y vasallos. Es decir, lo que entendemos por feudalismo medieval queda patente durante las distintas tramas de la historia de George RR Martin.


Típica imagen medieval: un vasallo jurando fidelidad a un rey.



Aunque en la Edad Media europea fueron típicas las guerras libradas entre ejércitos feudales, es decir, compuestos de nobles que iban acompañados por sus vasallos que eran llamados a combatir según los intereses de los primeros, surgieron a raíz de la guerra de los Cien Años un nuevo tipo de ejércitos. Como aquella guerra fue tan larga y atroz, superó el marco del mismo feudalismo: no se podían movilizar hombres por periodos tan largos y abandonar las cosechas que ellos mismos mantenían. De este modo surgieron las compañías libres, que eran contratadas por los grandes aristócratas y los reyes para luchar por sus distintos objetivos. Estas compañías las integraban mercenarios procedentes de todos los rincones de Europa, y de distinta reputación. Cuando la guerra entraba en periodos de tregua se quedaban sin ocupación y sin ingresos, por lo que empezaban a devastar los pequeños poblados que no podían defenderse a sí mismos, creando auténticos problemas a los monarcas, que a veces tenían que emplearse a fondo para eliminarlas. También se les llamaba grandes compañías o rotiers en Francia. Las más conocidas fueron las Compañías Blancas, que ayudaron a Enrique II de Castilla a conseguir el trono, la de los Almogávares, contrados por Andrónico II para intentar frenar a los otomanos y cuya odisea en el Imperio Bizantino rozó la leyenda, o las de los condotieros en Italia.

En Canción de hielo y fuego vemos perfectamente reflejado este fenómeno en las llamadas Compañías Mercenarias, que solían ser contratadas por las Ciudades Libres para defenderse de los dothrakis, o para luchar entre ellas. Por ejemplo, la Compañía Dorada es de muy buena reputación frente a las conductas salvajes de la Compañía Audaz o  Titiriteros Sangrientos, que fueron contratados por Tywin Lannister. Otras compañías son la de los Segundos Hijos, Lanzas Largas o Cuervos de la Tormenta.

Si las compañías libres fueron un fenómeno del período bajomedieval de Europa occidental, la asimilación de esclavos en el ejército fue algo exclusivo del mundo musulmán. Casi desde el principio de su expansión, hubo elementos serviles dentro de las filas de guerreros mahometanos, siendo los más famosos los mamelucos y los jenízaros, estos dentro de la estructura del imperio otomano.

En Tormenta de Espadas nos encontramos a Daenerys comprando a miles de soldados-esclavos, los inmaculados. Esta tropa de soldados singulares solían ser comprados por las Ciudades Libres por su alto grado de eficiencia como tropa de infantería. Al ser castrados desde muy pequeños no tenían ninguna apetencia sexual, por lo que no se dedicaban a las violaciones en masa después de asaltar alguna población. Eran obedientes hasta el extremo y ajenos a cualquier tipo de debilidad humana, cosa que se lograba con crueles pruebas como la de hacerles ir a comprar a un bebé en el mercado de esclavos y estrangularlo ante los ojos de su madre. En definitiva, era el tipo de soldados que cualquier general soñaría con tener, ya que nunca cuestionaban ninguna orden.


Los inmaculados.



El emperador otomano Murat I (1359-1383) instauró una nueva forma de impuestos entre sus súbditos cristianos de los Balcanes y de Asia: podían entregar a un hijo para que entrara a formar parte de una unidad militar de élite, los jenízaros. Reclutados entre los 8 y 20 años, el ejército del sultán podía contar con unos 2000 reclutas nuevos cada año. Los padres con un solo vástago estaban exentos de cederlo a la milicia, así como los mineros cuyos hijos heredaban el puesto de sus mayores en una profesión tan vital para la economía del Imperio.

Al ingresar en el cuerpo de jenízaros los muchachos no debían de tener ningún tipo de educación religiosa ni cultural pero sí un buen aspecto físico. Muchos padres entregaban de buena gana a sus hijos para que huyeran de la vida miserable que les esperaba si permanecían en sus hogares; si tenían suerte, algunos podrían ascender y llegar a tener una posición y reconocimiento en la corte de Constantinopla. Una vez hubieron ingresado en el Cuerpo, organizaban a los reclutas en la orden religiosa de los derviches. Estudiaban el Corán, conocían la literatura árabe y persa, además de una obediencia absoluta. Sus cuarteles relucían de limpios. Dormían en alfombrillas y se tapaban con una simple manta. No les estaba permitido el matrimonio ni practicar otro oficio que no fuera el castrense. Habían de ir perfectamente vestidos y rasurados, salvo el que quisiera llevar bigote; no podían blasfemar ni jugar al azar. Su vida era una rutina de ejercicios, orden, disciplina y sumisión monacal a las reglas derviches... Austeridad y rigor, como la vida de los inmaculados de ficción.

Dejando aparte el mundo militar, me dedicaré a hablar de dos seres mitológicos que aparecen en Canción de hielo y fuego: los dragones y los huargos. Estos son lobos del tamaño de un pony y extremadamente feroces y fuertes. En Juego de Tronos, casi al principio, Ned Stark encuentra una hembra muerta junto a sus cachorros, seis en total, y decide darle uno a cada uno de sus hijos, incluido a su hijo bastardo, Jon Nieve. Además, el blasón de la casa Stark es la del lobo huargo.

En el Señor de los Anillos y en el Hobbit, de J.R.R. Tolkien, aparecen los lobos wargos, siendo de un tamaño descomunal, y sirviendo de montura a los malignos orcos y trasgos. Tolkien se inspiró en la literatura nórdica, una vez más, para la creación de este animal, en concreto en el lobo Fenrir, que es descrito como un lobo monstruoso, hijo de Loki, y destinado para matar a al dios Odín.


El lobo Fenrir.


Si hay una criatura fantástica universal, que aparece en mitologías tan lejanas como la china y la europea, esa es el dragón. No se sabe donde surge la creencia de que esas criaturas alguna vez existieron, pero posiblemente sea de la visión de contemplar los restos de esqueletos de algún gran dinosaurio. De la Edad Media, periodo en que se basa sin duda Canción de hielo y fuego, nos han llegado leyendas que hablan de dragones. Así, los monjes del monasterio de Lindisfarne, lugar tristemente famoso por soportar ataques de los vikingos, escribieron sobre la presencia de dragones en el cielo. Otro ejemplo es la del dragón de la isla de Rodas, muerto por un valiente caballero, del que se sospecha que pudiera ser un cocodrilo llegado allí de manera accidental.

Viserión, Rhaegal y Drogón son los nombres de los tres dragones de Daenerys, la madre de dragones, que posee un poder inmenso al poder controlarlos. Al poder volar y escupir fuego recuerdan en cierto modo a los grandes bombarderos militares de la época actual pero trasladados a una época en la que no existían las armas de fuego como las entendemos ahora.


Daenarys Targaryen.


El hermano de Daenerys era Viserys, el rey Mendigo. Exiliados ambos tras la rebelión de Robert, fueron a parar a las Ciudades Libres, aunque nunca renunciaron al Trono de Hierro. Viserys, para conseguirlo, hizo un trato con un jefe dothrakis, Drogo: le entregaría a su hermana como esposa a cambio de que el dothrakis le cediera un ejército de miles de hombres para recuperar  lo que creía que era suyo por derecho. Transcurrido un tiempo, Viserys se impacientó y empezó a presionar a Drogo, aunque era continuamente ignorado y humillado. En una ocasión, durante una celebración, el rey Mendigo llegó a amenazar con una daga a su hermana, que estaba embarazada del Khal, para que le ayudara de una vez por todas a conseguir su corona. Cuando Drogo le prometió que la tendría, Viserys se apaciguó y soltó a su hermana. Seguidamente, Drogo se quitó un medallón de oro y lo metió en un cazo a fuego vivo para fundir el metal, mientras que sus guerreros sujetaban al pobre desgraciado. Una vez que el metal se hallaba fundido, fue vertido en la cabeza de Viserys, ante la estupefacción de los allí presentes, incluso de su hermana que renunció a apartar la mirada, encontrando así la muerte.

Hay un hecho histórico que recuerda un poco a los sucesos de la novela. Marco Licinio Craso (115-53 a.C.) fue un político romano muy rico y poderoso en la época republicana. Famoso por ser el vencedor de la revuelta de Espartaco, llegaría a ser uno de los primeros triunviros, junto a Julio César y Pompeyo el Grande. Celoso de los éxitos militares de los anteriores, Craso emprendió una expedición contra el imperio parto (55 a.C.) para intentar conseguir gloria militar y riquezas. Tras saquear todas las ciudades que pudo, se enfrentó al ejército parto en Carrás (53 a.C.) donde fue vencido por un ejército numéricamente superior. Tras encontrar la muerte, su cabeza fue cortada y llevada ante el rey de los partos. Según el historiador romano Dión Casio, le había vertido oro fundido en la lengua como símbolo de su codicia.

Respecto a Ned Stark, hay una característica de él que tiene ciertos paralelismos con el zar Pedro I de Rusia y es que ambos ejecutaban a los traidores. En Juego de Tronos, hay una escena en la que Ned, señor de Invernalia, con su espada, le corta la cabeza a un traidor de la Guardia de la Noche, que había huido, mientras hacía una patrulla, de los caminantes blancos. No es nada habitual que un monarca o un noble se manchara las manos para ejecutar a algún condenado a muerte; para eso están los verdugos. Sin embargo, es bien sabido que Pedro I el Grande, con un hacha, decapitó a varios hombres acusados de traición en una ocasión.

Craster es un salvaje que aparece por primera vez en Choque de Reyes, la segunda novela de la saga, y aunque ayuda a la Guardia de la Noche, es uno de los personajes más deleznables que aparecen. Vive con 19 mujeres en el llamado Torreón de Craster, más allá del Muro, aislado, lejos de los Siete Reinos, en un territorio helado y hostil habitado por gigantes, mamuts, salvajes y Caminantes Blancos. De sus muchas mujeres, algunas son sus propias hijas, ya que practica el incesto, siendo los varones nacidos ofrecidos a los Otros, de manera que él es el único hombre en el grupo familiar. Puede que su historia tenga un poso de verdad en una leyenda escocesa.


Ned Stark cumpliendo las leyes.



La leyenda de Sawney Bean es del siglo XVI. Aunque fue publicada como una historia verdadera, nadie ha encontrado nunca visos de verdad en ella. Sawney Bean era un escocés que decidió irse a vivir a una cueva con su esposa en el condado de Galloway, en un lugar solitario y aislado como hizo Craster. Allí tuvo una notable descendencia, alcanzando el clan la cifra de 48 miembros. Para alimentarse él y su familia, Bean decidió "cazar" seres humanos y cocinarlos. En total estuvieron 25 años en aquel lugar recóndito , convirtiendo los parajes en un territorio por donde nadie quería pasar, ya que la gente desaparecía sin que se conociera la explicación. Se calcula que unas 1.000 personas fueron devoradas por los miembros del clan. Cuando alguien, que escapó de manera milagrosa, dio la voz de alarma del ataque que sufrió, hasta el mismo rey de Escocia se puso al mando de un ejército para esclarecer el turbio asunto. Cuando los hombres del rey consiguieron encontrar la cueva, lo que descubrieron les hizo turbarse, miembros humanos colgados y repartidos por todos lados, dispuestos a ser engullidos. Una vez capturados, no hubo piedad con nadie de la familia, todos serían ejecutados sin juicio previo, de una manera atroz.


Sawney Bean en la entrada de la cueva donde habitaba su clan.



La razón por la que pienso que Martin se pudo fijar en la leyenda de Sawney Bean es que el clan se hizo a base de concebir hijos y nietos de forma incestuosa, es decir, que sus propias hijas le sirvieron de amantes para engendrar nuevos vástagos, como el Craster de Juego de Tronos, con la diferencia de que los varones no eran entregados a los Caminantes Blancos, si no que servían para engrosar las filas del clan. Además, es sabido que Martin se inspiró en ciertos hechos de la Historia de Escocia para elaborar el capítulo de la Boda Roja, por lo que es probable que también conociera la macabra leyenda acerca del clan caníbal.


Fuentes:
-Hielo y Fuego Wikia.
-Wikipedia.
-El Gran Capitán, de Antonio Martín Gómez.

sábado, 31 de mayo de 2014

Juego de Tronos, rasgos históricos.

Juego de Tronos es la primera de una serie de novelas de la saga de Canción de Hielo y Fuego. Aunque la obra se enmarca en el género fantástico, no cabe duda de que George R. R. Martin, el creador de la misma, se inspira en ciertos hechos históricos para sacar adelante la trama de sus libros. Si bien es cierto de que los aromas de la Edad Media europea impregnan la atmósfera de Canción de Hielo y Fuego, no hay que descartar que hay rasgos históricos que pertenecen a otras épocas que pueden haber inspirado a Martin.

Poniente es un territorio eminentemente feudal, compuesto de señores y vasallos, y también con un rey, sentado en el Trono de Hierro, que gobierna en los Siete Reinos. Esta figura nos la encontramos en la Historia.

Cuando los anglos, sajones y jutos, además de otros pueblos más, se establecieron en lo que se conoce hoy como Inglaterra, se formaron una serie de reinos, conocidos como la Heptarquía anglosajona (Siete Reinos). Variables en tamaño y número, durante siglos (en el periodo conocido como la Alta Edad Media de Inglaterra) lucharon entre sí para conseguir la hegemonía.

En otro lugar más lejano, China, y en una época más remota, entre los siglos V y III a.C., los llamados Siete Reinos Combatientes lucharon entre sí hasta que uno de ellos venció a los demás, el reino de Qin. Del proceso de unificación surgió el primer emperador de China, Qin Shi Huang (si os digo que fue el responsable de que se construyeran los miles de guerreros de xian de terracota, seguro que os suena un poco más).

En el norte de los Siete Reinos se levanta un enorme muro de hielo de unas proporciones gigantescas, su misión es la de proteger a los habitantes de Poniente de las posibles invasiones por parte de los salvajes, y de otras criaturas más inquietantes, los Otros, o muertos vivientes que forman auténticos ejércitos. Una edificación tan eminentemente defensiva ha dado ejemplos muy variados en la Historia.


Gran Muralla China.


En el norte de Inglaterra los romanos construyeron el Muro de Adriano para protegerse de los ataques de los pueblos que habitaban Escocia. Ese muro era un elemento más de los muchos con que contaba el Imperio para defenderse de las posibles agresiones por parte de los llamados pueblos Bárbaros. Sin abandonar el país, y acercándonos en el tiempo, he decidido poner en esta relación el menos conocido como muro de Offa, una edificación mucho más modesta que la anterior, pero que es perteneciente a los tiempos medievales. Offa era un rey de Mercia, uno de los más importantes de la ya mencionada Heptarquía anglosajona, cuyo reino alcanzó la supremacía a finales del siglo VIII. La edificación se levantó para protegerse de los indeseables vecinos galeses. La relación se puede completar con la famosa Gran Muralla China, que sirvió de freno frente a los pueblos nómadas que acosaban a los sedentarios chinos en su país.

La Guardia de la Noche es la que se encarga de defender el Muro en las novelas de Martin. Es posible que haya algo de inspiración en las órdenes religiosas de los templarios, hospitalarios o de los teutónicos que defendieron Tierra Santa de los enemigos musulmanes. El hecho de que eran a la vez soldados y sacerdotes, y por lo tanto debían de guardar el celibato, los hace ciertamente similares.

Pero hay un aspecto destacado con respecto a los de la Guardia de la Noche que los emparenta con la célebre Legión Extranjera de Francia, y es que ambos cuerpos se nutren en sus filas de convictos, pendencieros y otras gentes de mal vivir, aunque también podían acoger personas más honradas e incluso algún hijo de la nobleza, como el caso de Jon Nieve o de Samwell Tarly.

He leído en muchos lugares que la Guerra de las Rosas es una fuente que surte a las novelas de Martin; hay un gran parecido en los nombres de los contendientes de la guerra civil inglesa (York contra Lancaster), y los principales rivales de la primera fase del conflicto que narra el escritor norteamericano (los Stark contra los Lannister). Pero no hay que olvidar que la guerra histórica fue luchada entre dos bandos bien definidos, y la guerra novelada representa una lucha de poder entre múltiples reinos, y diversos personajes poderosos que actúan, o bien de manera abierta, o bien en la sombra manejando los hilos de la trama. Es sin duda, una situación mucho más compleja que la de una guerra civil.


La rosa roja y la rosa blanca, los Lancaster contra los York.



A este punto, yo tengo que decir lo que entiendo como un juego de tronos. Para mí es una lucha por el poder, despiadada y feroz, en la que el ganador debe de deshacerse por todos los medios posibles de sus adversarios, para así alcanzar el codiciado premio, el trono y la corona. Si nos fijamos en la Historia podemos ver que ha habido múltiples situaciones semejantes que han podido inspirar al autor. En otra entrada de mi blog ya escribí sobre la lucha que se dio en el año 1066 en la Inglaterra medieval, un episodio que siempre me ha fascinado. Alejandro Magno murió muy joven, dejando un imperio inmenso, y sin un heredero que lo gobernara. Las décadas que siguieron fueron de luchas internas entre los generales de Alejandro y de otros personajes importantes que sembraron de cadáveres las tierras otrora conquistadas por el genial macedonio: es la llamada época de los Diádocos, un periodo de una enorme complejidad histórica. Otro episodio histórico que se caracterizó por una larga y apasionante lucha por el poder fue cuando la República de Roma entró en una dinámica que le llevó a la formación de un imperio regido por un soberano que llegó a concentrar todo el poder de un reino de una extensión colosal. Por el camino se quedaron hombres tan célebres como Julio César, Pompeyo Magno, Craso, Marco Antonio..., grandes personajes que acariciaron alguna vez la idea de controlar tanto poder en sus manos.

Al hablar de los personajes de las novelas que puedan tener reflejo en los de la Historia, nos encontramos que el rey de Francia Luis XI era conocido como "la araña", lo mismo que Varys, el consejero real de la ficción. Lo que ambos tienen en común es su capacidad de tejer sus redes para llevar a cabo sus ambiciones.

Otro célebre protagonista de la obra de Martin es Jaime Lannister, el matarreyes, llamado así por haber liquidado al legítimo monarca que se sentaba en el Trono de Hierro, Aerys II el Loco. Si nos fijamos en la anteriormente citada Guerra de las Rosas, nos encontramos a alguien con un apodo que significa todo lo contrario, el hacedor de reyes (The Kingmaker), Ricardo Neville, el conde de Warwick. Esta figura principal del conflicto, fue responsable que dos reyes accedieran al trono de Inglaterra, Eduardo IV de York, y Enrique VI, por lo que fue digno de que le llamaran de esa manera.



El hacedor de reyes.


Los numerosos hechos narrados en las múltiples páginas publicadas también pueden tener algún reflejo en el espejo que puede ser la Historia. Os invito a que leáis mi entrada sobre la Boda Roja, y la verdad histórica subyacente que encierra, y que el mismo Martin reconoce.

Sobre la batalla de Aguasnegras y los paralelismos que hay de los asedios musulmanes sobre la bizantina Constantinopla en la Edad Media, parecen evidentes al comprobar como en ambos casos los defensores contaban con una arma poderosísima, cuya composición era secreta, y que podía arder en el agua arrasando los barcos enemigos. Era el Fuego Griego, que usaron los cristianos para defender su capital, mientras que los habitantes de Desembarco del Rey pudieron disponer del Fuego Valyrio.

En un momento de la historia aparece en el cielo el Cometa Rojo, inquietante sin duda, buen augurio para algunos, pero mal presagio para otros. Sin duda, recuerda cuando apareció el cometa Halley cuando sucedían los dramáticos acontecimientos de 1066 en Inglaterra, que marcaron el final de la era sajona, y que es magníficamente representado en el Tapiz de Bayeux.

Si hablamos de ciertas costumbres regias, observamos que la Casa de los Targaryen practicaban la endogamia, seguramente para intentar preservar la pureza de sangre. Es decir, que se emparentaban entre sí para tener descendencia real. Aunque parezca absurdo, es una costumbre que se ha repetido durante milenios entre las dinastías reales de muy diversas civilizaciones. Así, encontramos ejemplos de ello en el Antiguo Egipto o en el Imperio Inca. Sin ir mucho más lejos en el espacio ni en el tiempo, los reyes Habsburgo españoles tendían a casarse con mujeres de la nobleza con las que compartía ciertos lazos familiares, y que dieron como resultado el ascenso al trono de Carlos II, con un sobrenombre, el Hechizado, que indica que estaba lejos de ser alguien "normal".

Para finalizar hablaré un poco de la geografía del mundo de Canción de Hielo y Fuego. Este un mapa no oficial de la región más importante en la que se desarrollan muchos de los episodios de la trama:




A la izquierda se encuentra Poniente, un mundo puramente feudal, y a la derecha está la región de las Ciudades Libres, dominadas por un régimen político diferente, y continuamente acosadas por los guerreros nómadas a caballo llamados dothrakis (reflejo de los verdaderos hunos o mongoles). Entre ambos mundos, tan cercanos y lejanos a la vez, se halla el Mar Angosto. El mapa me recuerda en cierto modo al mapa de la época de las Guerras Médicas: de un lado el mundo griego en Europa, y, separado por el Mar Egeo, se encontraba en Asia el Imperio Persa, con un sistema político que les distaba enormemente.


Mapa de las Guerras Médicas. En azul el Imperio Persa, y en el resto de colores las ciudades-estado griegas.


El mapa de Poniente es el siguiente:





No se sabe si es una isla aunque lo parezca, ya que la zona al norte del Muro estaría sin cartografiar. La zona más estratégica es el estrecho en el centro que es llamado El Cuello, y que separa el Norte del Sur de Poniente. Esta región me recuerda a la Isla Soledad, en el archipiélago de las Islas Malvinas, porque comprende un pequeño istmo central que separa el norte de la isla del resto de la misma. Fue una posición de enorme importancia estratégica en el marco de la Guerra de las Malvinas (Falklands) de 1982.


lunes, 21 de abril de 2014

La conquista de Inglaterra, un histórico Juego de Tronos (y II).

El duque Guillermo estaba cazando cuando se enteró de la noticia de la coronación de Harold. Enseguida envió una protesta formal. De alguna forma logró que su causa fuera apoyada por el Papa de Roma, que le envió un estandarte papal, que sería usado en batalla, y un anillo que contenía un cabello de San Pedro. Guillermo consiguió otros apoyos internacionales y, tras varias reuniones, el consenso de todos sus barones, por lo que ordenó la formación de una gran flota que transportaría al ejército que iba a reunir para la conquista de Inglaterra.

Pero, el gran conflicto en ciernes lo iba a iniciar sobre Inglaterra el mismo hermano del recién coronado Harold. De este modo, Tostig, que había sido expulsado en 1065 de su condado de Northumbria, y que había pasado el invierno en Flandes junto a su esposa, a primeros de mayo había aparecido con una flota en el sur de Inglaterra para asolar su costa. Después, siguió arrasando la costa este del país, hasta que los condes del norte, Edwin y Morcar lograron rechazarlo. Además, sufrió la deserción de varios vasallos, por lo que se refugió en Escocia. Entonces, se puso en contacto con otro de los grandes aspirantes a la corona inglesa, el vikingo Harald Hardrada. Entonces, el hermano del rey de Inglaterra, resentido por perder su condado y con ganas de recuperarlo, y el mismo rey de Noruega unirían sus fuerzas por una causa común: expulsar a Harold Godwison del trono de Inglaterra.

El ejército de Harold se encontraba en el sur de Inglaterra, tras la incursión de su hermano Tostig, esperando el ataque del normando. Más el no sabía por donde se iba a producir el primer ataque, ya que si los vikingos atacaban por el norte, Harold tendría que ir a marchas forzadas hacia el lugar para intentar contener el intento de invasión. Es decir, el rey inglés estaba en una situación muy delicada.

En la primera semana de septiembre se produjo al fin el primer gran desembarco: el ejército vikingo apareció cerca de York, en el norte de Inglaterra. En esa zona, los condes Edwin y Morcar eran vasallos del rey Harold II. De hecho, Harold tuvo que repudiar a su anterior esposa, para casarse con la hermana de dichos nobles, y así asegurarse su fidelidad. En Gate Fulford se produjo la primera gran batalla de toda la campaña. De un lado estaban las fuerzas, en su mayoría vikingas, de los aliados Harold Hardrada y Tostig, y del otro lado se encontraban las levas anglosajonas de los condes Edwin y Morcar. El combate acabó con una aplastante victoria de los invasores, y la retirada de los condes sajones. Harold Hardrada pudo soñar ese día con ceñirse la corona de Inglaterra, y Tostig con volver a ser conde de Northumbria.


Ataque de la caballería normanda contra un muro de escudos sajón.


El rey inglés, ante la situación desesperada que estaba afrontando, decidió que lo mejor era un ataque relámpago para intentar vencer de forma aplastante a un adversario antes de que emplearse a fondo con el otro. De esa manera, en cuanto tuvo noticias del desembarco de los vikingos, reunió a su ejército de forma apresurada para marchar velozmente hacia el norte y enfrentarse a los invasores. Tras recorrer 190 millas en cinco días llegó a Stamford Bridge el 25 de septiembre.

Parece ser que los vikingos estaban desprevenidos y no pensaban que la reacción de Harold fuera tan fulgurante, de manera que no tenían ni las cotas de malla preparadas. Las fuerzas inglesas acabaron con las primeras avanzadillas de forma rápida y se presentaron en formación de batalla dispuestos a acabar con los nórdicos. La presencia de su propio hermano menor al lado de los escandinavos debió de estremecer al rey inglés, que le ofreció un ultimátum a Tostig; le concedía Northumbria y un tercio del reino si se rendía. Siendo la propuesta tan generosa para él, Tostig le preguntó a Harold que le ofrecía a su aliado el rey noruego, a lo que Harold contestó: "siete pies de tierra inglesa, o tanta como necesite dado que posiblemente sea más alto que otros hombres". No hubo acuerdo, si feroz batalla. Los vikingos fueron vencidos de manera aplastante. Fue tal la carnicería que sólo hicieron falta 24 naves para trasladar a los pocos supervivientes de vuelta a sus hogares. Hay que tener en cuenta que llegaron a Inglaterra entre 250 y 300 naves repletas de alegres guerreros. A Harold le comunicaron que Hardrada, el último vikingo, estaba entre los muertos, así como su propio hermano menor, Tostig.

Los sajones tuvieron poco tiempo de saborear la victoria, ya que les llegó la noticia de que los normandos habían desembarcado en el sur del país, cerca de Pensevey, apenas tres días después de haberse librado el decisivo combate contra el ejército nórdico. El rey Harold había obtenido un gran triunfo, y se había librado para siempre de un temible enemigo que lo había dado todo para arrebatarle su trono. Pero la perspectiva para el rey no era nada halagüeña: muchos de sus mejores hombres estaban muertos, y los que le quedaban estaban demasiado exhaustos como para volver a atravesar Inglaterra de norte a sur para enfrentarse nuevamente a un enemigo tan temible o más como el anterior. Aún así Harold lo tenía claro, debía marchar rápidamente hacia el sur y afrontar el nuevo reto. El juego de tronos por Inglaterra entraba en su momento decisivo.

Harold tardó cinco días en llegar a Londres, y esperó allí mientras reorganizaba sus tropas y las incrementaba con levas de refresco otros 5 o 6 días más, antes de volver a ponerse en marcha. Así, el día 11 de octubre de 1066 llegó Caldbec Hill, cerca de Hastings, lugar donde se libraría la batalla decisiva.

El día 14 dos ejércitos, compuesto por miles de hombres cada uno de ellos, se hallaban frente a frente. De un lado, estaba el ejército anglosajón del rey Harold, que defendía su corona, compuesto fundamentalmente de infantería, que solía adoptar una formación cerrada o de muro de escudos, la tradicional de la Edad Oscura. Del otro lado, estaba el moderno ejército del duque Guillermo, que le tocaba el rol de atacar colina arriba a los defensivos sajones, ayudado por un magnífico cuerpo de arqueros, y, sobre todo, de una formidable fuerza de caballería, precursora de la caballería pesada típica de las batallas bajomedievales que estaban por llegar.

Los normandos atacaron con todo, primero con arqueros, luego con infantería, y con la caballería también, pero todo parecía ser inútil: los aguerridos sajones rechazaban todos los conatos de desalojarlos de la colina en que se hallaban férreamente asentados. Harold contaba con el apoyo de sus fieles hermanos, los condes Leofwine y Gyrth. Incluso se extendió el rumor, en cierto momento de la batalla, en que Guillermo había perecido en el fragor del combate, por lo que cundió el desánimo entre las filas normandas. Así que el duque Guillermo se levantó la visera del casco, y recorrió las filas de sus soldados gritando que estaba vivo, y así superando la crisis en la que se hallaban sus fuerzas armadas en esos delicados momentos.


Momento en el que el duque Guillermo muestra la cara a sus soldados, ya que estos se pensaban que había muerto durante la batalla.



Tras una retirada de la caballería normanda, posiblemente fingida, los sajones descompusieron su formación cerrada, y fueron en persecución de los jinetes que parecían huir del campo de batalla. Fue en ese momento en que se produjeron unas brechas que los normandos aprovecharon para pasar a través de ellas y acabar con el muro de escudos sajón. La suerte estaba echada y Harold, el bravo rey inglés, se encontraba con unas fuerzas que cada vez menguaban más. Rodeado de sus soldados de élite, al final una flecha normanda se le clavó en uno de sus ojos, y fue, finalmente, rematado por los jinetes normandos. Los hermanos de Harold también acabaron muertos tras la batalla. Al enterarse de que el rey había muerto, los restos de su ejército huyeron del campo de batalla.

Así acabó la batalla de Hastings, aunque no la guerra. La batalla fue decisiva pero no definitiva. Guillermo sería coronado rey de Inglaterra, en la abadía de Westminster, Londres, el día de Navidad del año 1066. Todavía tardaría unos cuantos años más hasta acabar con varios focos de oposición: los ataques del nieto de Edmund Ironside aliado con el rey de Escocia, de los hijos de Harold procedentes de Irlanda...


Muerte del rey Harold II, el último rey anglosajón.


A partir de entonces, Guillermo el Bastardo sería conocido como Guillermo el Conquistador, el auténtico vencedor de este apasionante Juego de Tronos auténtico e histórico, mientras que sus rivales acabaron muertos, junto a sus sueños de grandeza y junto a cientos de fieles soldados anónimos, que lucharon con valor y determinación por el nombre del señor al que servían.



Bibliografía consultada:

-Hastings 1066, de Christopher Gravett.
-Campaigns of the Norman Conquest, de Matthew Bennet.
-Batallas decisivas, de J.F.C. Fuller.

jueves, 17 de abril de 2014

La conquista de Inglaterra, un histórico Juego de Tronos (I)

En el año de 1066 estaba sentado en el trono de Inglaterra Eduardo el Confesor. Este rey no tenía hijos y su vida tocaba a su fin. Por sus venas corría la sangre de Alfredo el Grande, aquel que venció a los vikingos, evitando que los anglosajones se convirtieran en súbditos de los guerreros escandinavos; el que llenó de fortalezas el suelo inglés y que creó una flota capaz de oponerse a los temibles drakkars; el que tuvo el sueño de crear una Inglaterra unida bajo el cetro de un único rey.



Eduardo el Confesor en el Tapiz de Bayeux, un inmejorable documento gráfico de la época.


La estirpe de Alfredo el Grande se estaba extinguiendo, mientras que en el cielo iba a aparecer una señal fatídica: era el cometa Halley. Y es que, Eduardo el Confesor tuvo que ver, con preocupación y tristeza, como los de su sangre habían muerto sin tener opción a poder optar al trono: su propio hermano murió en 1036, su hermanastro Edmund Ironside (que había luchado tan valientemente contra los daneses) también había fallecido, los hijos de éste también... Sólo quedaba Edgar Aetheling, nieto de Ironside, pero fue ignorado porque sólo tenía doce años, y había muchos lobos acechando la codiciada presa: el trono de Inglaterra.

El conde Godwin era el jefe de una poderosa familia sajona que controlaba el sur de Inglaterra. Logró casar a su hija, Edith, con el rey Eduardo el Confesor con la intención de tener un nieto que fuera alguna vez el rey de Inglaterra, pero la unión no tuvo nunca descendencia. En 1051 Godwin y sus hijos fueron expulsados por su oposición a la política pronormanda que ejercía el rey, aunque regresaron al año siguiente. El hijo mayor vivo de Godwin, Harold se pondría al frente de la familia una vez que muriera su progenitor, y se convertiría en un aspirante al trono.

Al otro lado del Canal de la Mancha, en Normandía gobernaba el poderoso duque Guillermo el Bastardo, llamado así por ser hijo ilegítimo de su padre Roberto el Magnífico. Desde bien pequeño tuvo que luchar para conservar su poder y su vida contra sus ambiciosos barones. De un aspecto imponente, supo hacerse respetar por sus hombres. Además, era un gran líder militar y un magnífico político que supo tejer una serie de alianzas que le ayudaran a lograr su mayor objetivo: Inglaterra. Aunque era primo de Eduardo el Confesor, no tenía derecho al trono ya que tenía orígenes ilegítimos. Aún así contaba con las simpatías del rey, y parece ser que lo tenía en mente a la hora de sucederle a su muerte.

En Noruega reinaba Harald Hardrada, conocido posteriormente como el "último vikingo".  Un guerrero de leyenda, había viajado por múltiples lugares como Estambul, Sicilia... hasta que volvió a Noruega donde se proclamó rey, ya que tenía derechos al ser sobrino del monarca noruego Olaf I (San Olaf). Harald no tenía derechos sólidos al trono. Más bien era un oportunista que codiciaba la presa que suponía el trono que parecía que iba a quedar vacante en breve.

En resumen, este es el cuadro que se presentaba en el importante año para la Historia de Inglaterra de 1066. Un rey vikingo, dos poderosos nobles y un joven descendiente de Alfredo el Grande, jugarían sus cartas en un Juego de Tronos en el que el victorioso lograría un reino y los perdedores...

En el año 1065, el conde Harold (el noble sajón que pretendía el trono) viajó a Normandía, aunque no se saben muy bien las razones. Fue apresado por un noble local, pero fue liberado con prontitud gracias a que el duque Guillermo se había enterado de la noticia. Entonces, dos de los principales contendientes en la futura disputa se vieron las caras por primera vez y se conocieron. Guillermo se llevó a su invitado a una campaña bélica a Bretaña, donde Harold demostró un gran valor y coraje. Ante tan admirable comportamiento, el duque le otorgó las armas al sajón que, poco después, le juró fidelidad al normando. Al hacer este gesto, tan medieval por otra parte, Harold se convertía en vasallo del duque por lo que, en teoría, no podría disputarle los aspiraciones que tenía a reinar en Inglaterra.


El conde Harold le jura fidelidad al duque Guillermo de Normandía ante unas reliquias sagradas. Escena representada en el célebre Tapiz de Bayeux.


Poco después, una vez de vuelta en Inglaterra, Tostig, hermano menor de Harold, es expulsado del gobierno de Northumbria por su mala gestión realizada. Harold tuvo que aceptar la afrenta y vio como su hermano partió hacia el exilio, lleno de resentimiento.

En la navidad de 1065/1066 Eduardo el Confesor cayó gravemente enfermo y los hechos se iban a suceder rápidamente. En el lecho de muerte del rey se encontraban su mujer y el conde Harold. Aunque no se sepa con seguridad, parece ser que la última voluntad del rey fuera que Harold fuera su sucesor. El 5 de enero de 1066 falleció el rey Eduardo. La asamblea de grandes magnates se reunió para escoger un nuevo rey, el elegido fue Harold. Al otro lado del mar, un duque y un rey afilaban sus armas. El Juego de Tronos acababa de empezar.


Imagen de Harold cuando le ofrecieron el trono de Inglaterra. Sería el rey Harold II.


(Continuará)



sábado, 15 de febrero de 2014

¿Existió la boda roja?("Juego de Tronos").

Soy uno de los muchos seguidores de la saga de libros Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Aunque sus libros tratan de un mundo imaginario, sin duda representan como era la Edad Media europea. Uno de los rasgos que mejor definen los libros de Martin es que no se adapta al típico conflicto entre buenos y malos, en el que el bien siempre sale ganando al final, sino que, como en la vida real, los buenos también pierden. De esta manera, los personajes de Martin pueden acabar muertos en cualquier momento de la historia.

Uno de los momentos más impactantes y dramáticos, sino el que más, fue el denominado como la Boda Roja. En resumen, los enemigos de los Stark, aprovechando una boda en la que se iban a casar un miembro de los Tully con su prometida, que era una Frey, y violando las leyes de hospitalidad, asesinaron a Rob Stark y a su madre, Catelyn Tully, además de a cientos de sus soldados, que estaban confiados y desarmados en un evento que se suponía que era festivo y pacífico. Todos estos hechos están narrados en Tormenta de Espadas, el tercer volumen de la saga.


La muerte de Catelyn Stark en la Boda Roja.


Como el mismo autor confirma en cierta entrevista, el hecho está inspirado en dos sucesos reales acaecidos en Escocia. Uno de ellos es la Cena Negra (The Black Dinner) ocurrido en 1440. El clan escocés de los Douglas habían alcanzado un gran poder que amenazaba con desestabilizar el país. Así, el conde William Douglas (16 años de edad, la misma que tenía Robb Stark cuando fue asesinado) y su hermano fueron invitados a una cena en el castillo de Edimburgo. El evento estaba organizado por el Lord Canciller, sir William Crichton. Violando las leyes de hospitalidad, e ignorando las súplicas del joven rey de Escocia, Jaime II, que también fue invitado a tan nefasta ocasión, los hermanos Douglas fueron arrastrados al lugar de ejecución donde les cortaron las cabezas. Antes, durante la cena cuando aun estaban confiados les sirvieron en una bandeja, una cabeza de jabalí negro, símbolo de la muerte, mientras unos músicos tocaban el tambor. Los seguidores del clan Douglas pusieron sitio al castillo poco después. Además del Lord Canciller, otros posibles conspiradores de la matanza fueron Livingstone y Buchan.


El castillo de Edimburgo en la actualidad. Lugar que acogió la cruel Cena Negra.


 El otro antecedente histórico que inspiró a Martin fue la Masacre de Glencoe de 1692. Cuatro años antes, los escoceses le ofrecieron la corona a Guillermo de Orange que la aceptó. Pero para ser rey, antes tuvo que vencer a los jacobitas (los partidarios del rey inglés Jacobo II). Una vez derrotada la oposición, Guillermo ofreció perdón a todos los clanes escoceses que habían estado en su contra si le juraban fidelidad antes de cierta fecha límite. Como los del clan MacDonald no pudieron hacer el juramento en el tiempo establecido, aunque esa era su intención, algunos elementos del gobierno vigente vieron la oportunidad de eliminar a los del clan y a otros elementos no afines. Los MacDonald fueron acogidos como huéspedes en el castillo de Inveraray, donde esperaban confiados cumplir con el juramento. Entonces, empezó la matanza que acabó con la vida de 38 miembros del clan. Otros 40 mas (muchos de ellos mujeres y niños) murieron a la intemperie cuando sus hogares fueron quemados.




La reputación de Guillermo de Orange se vio muy afectada por la masacre, y despidió de sus puestos a los responsables de la misma, aunque siguieron conservando su favor.

Una masacre un tanto parecida ocurrió en la España musulmana medieval, más en concreto en la ciudad de Toledo. En el año 797, gobernaba el emir Alhakén I en la mayor parte de la Península Ibérica. Como en la ciudad de Toledo gozaban de gran autonomía, Alhakén quiso acabar con ella de una manera rápida y contundente. Así que el gobernador de la ciudad, llamado Amrú, invitó a 400 de los personajes más poderosos de la ciudad a un gran banquete. Todos aceptaron gustosos la invitación confiados en que iban a un encuentro festivo y sin peligro. Uno a uno fueron degollados y sus cabezas echadas a un foso. De esta manera tan poco sutil solucionaban los problemas los personajes poderosos de la época.


Jornada del foso en Toledo.



sábado, 7 de septiembre de 2013

¿Existió alguien apodado la "araña"?

Si sois aficionados a la serie de novelas "Canción de Fuego y Hielo", conoceréis sin duda al personaje llamado Varys, apodado la araña. Su cargo era el de "Consejero de los Rumores", cuya función era mantener informado al rey de los siete reinos de cualquier noticia importante que se produjera en cualquier rincón del reino, gracias a la información obtenida por una amplia red de espías que estaban a su cargo (pajaritos, como él los llamaba). Esa red de espionaje era tejida, por tanto, por la araña, y de ahí viene el apodo. Su mérito procede de esa capacidad de crear esa masa amplia y eficaz de informadores, un talento que desarrolló obligado por la necesidad que tuvo desde la infancia para salir de la enorme pobreza en la que vivió, y que le ayudó a prosperar hasta convertirse en uno de los hombres de confianza de los reyes que gobernaban desde la corte de Desembarco del Rey.

Varys, que es partidario de un gobierno pacífico y estable, es descrito como un eunuco (fue castrado en la infancia en una especie de ritual mágico) regordete y afeminado. Muchos (como el enano Tyrion, por ejemplo) lo consideran poco de fiar.

¿Existió alguien en la Historia apodado "la araña"?




Efectivamente, el rey Luis XI es conocido como la "araña universal". Fue hijo del rey de Francia Carlos VII (el que fue coronado gracias a la ayuda inestimable de Juana de Arco), y nació en 1423. Siendo muy joven se comportó como un hijo desobediente y revoltoso hacia su padre. Llegó a unirse a otros nobles que se alzaron en armas contra su regio padre (la revuelta de la Praguerie). En 1446 fue expulsado de la corte por conspirar contra el favorito de su padre. Cuando el rey reunía un ejército para marchar en campaña contra su hijo, se llegó a una tregua entre ambos para no iniciar las hostilidades. En vez de dejar las cosas así, el delfín (el futuro Luis XI) inició una campaña de calumnias en contra del rey, en las que le acusaba de disoluto (es una muestra más de su innato carácter maquinador). Carlos VII pensó que no debía aguantar más y le expulsa finalmente del reino; el rey sabía que cuando muriera le sucedería en el trono de todas formas.

Desde 1456 a 1461, Luis vive en Borgoña y, según parece, fue allí donde le pusieron el apodo de "la araña", por su capacidad de tejer conspiraciones e intrigas contra sus enemigos. El 15 de agosto de 1461 fue coronado como rey de Francia, tras morir su padre. Su reinado se caracterizó por una lucha constante con los grandes nobles, a los que venció en batalla pero, también, con sus habilidades maquinadoras, gracias a lo cual pudo lograr un reino fuerte y unido, con unas fronteras que no se alejan demasiado a las actuales de la república francesa.

Para lograr consolidar el poder de la monarquía se sirvió, cuando era necesario, de cualquier instrumento que le resultara útil, así fuera la corrupción, diplomacia, intrigas, traición y la guerra. Cuando estaba enfermo en su lecho y veía la muerte próxima, se enteró de la capacidad milagrosa de san Francisco de Paula. Luis le pidió al santo que lo visitara para que obrara algún milagro que le sanara. Como se negó, el rey encontró una solución (siempre fiel a su estilo): le instó al papa Sixto IV para que obligara a san Francisco a que acudiera a visitar al rey, sabiendo que el santo no podría negarse ante una orden del papa de Roma. De san Francisco no pudo obtener la salud, pero si que consiguió de él un consejero para su hijo cuando fuera rey.




El 30 de agosto de 1483 murió el rey Luis XI, también conocido como la "araña universal".