En esta nueva entrada de "historias paralelas", voy a hablar de dos momentos muy importantes de la Historia, en los que los fenómenos meteorológicos tuvieron mucha importancia, ya que ayudaron, de forma involuntaria, a que dos importantes flotas pertenecientes a grandes potencias mundiales de la época, no pudieran invadir unas islas, muy pequeñas en comparación con el territorio imperial de sus enemigos. Son el caso de la Armada Invencible española contra Inglaterra, y los intentos de la China mongola contra Japón, tal vez este último menos conocido.
En 1588 el imperio español estaba en la cumbre. Francia, la otra gran potencia occidental, se desangraba en las guerras de religión, Portugal, la otra gran potencia colonial del momento, había sido absorbida por los ejércitos españoles, y la rebelión holandesa parecía que iba a ser vencida por los bravos tercios españoles y por el gran general que resultó ser Alejandro Farnesio. Sólo quedaba Inglaterra como el país que incordiaba al gran imperio hispano, con ataques de piratería y su apoyo a los rebeldes de los Países Bajos.
Por ello, y por otras razones, Felipe II de España lanzó una gran flota, de más de 120 buques, contra Inglaterra. Era la Armada Invencible. El plan español era tan complejo, ya que necesitaba que dos grandes fuerzas navales a gran distancia entre sí tenían que coordinarse en una época en la que las telecomunicaciones no existían, que acabó fracasando. Después, cuando el almirante de la flota hispana, el marqués de Medina Sidonia, desistió de invadir Inglaterra, al comprobar que no pudo reunirse con la flota de barcazas procedente de Flandes, tomó un camino de regreso bordeando las islas británicas. Las tormentas que tuvieron que sufrir los navíos españoles en su regreso a casa diezmaron la flota. Se perdieron unas 50 o 60 naves, evitando que el rey español decidiera evitar una nueva aventura con Inglaterra, al menos, por un tiempo.
En 1274, los mongoles intentaron invadir otras islas, las de Japón. Por entonces, reinaba Kublai Kan (el que se acogería la expedición del célebre Marco Polo). A principio de ese año, ordenó construir una flota de 900 buques que transportarían casi 30.000 hombres mongoles, chinos y coreanos. El viaje desde Busan duró dos semanas, y desembarcaron los mongoles en la bahía de Hakata. Los efectivos desembarcados rechazaron a los japoneses en un principio. Por suerte para los japoneses, los desembarcados no pasaron la noche en tierra sino que volvieron a sus naves para dormir. Una gran tormenta nocturna acabó hundiendo a gran parte de la flota, y los mongoles regresaron perdiendo unos 13.000 hombres. Muchos de ellos, seguramente, cayeron ante los temibles samuráis japoneses.
Los mongoles volvieron a repetir el intento en 1281. Kublai Kan volvió su mirada hacia Japón, una vez más, tras conquistar a los song del sur. Mientras, los japoneses se preparaban: organizaron una guardia costera. La flota que emplearían los invasores era más imponente que la anterior: 6000 buques de guerra y 600 aportados por los coreanos. Las dos flotas debían reunirse en la isla de Iki, aunque nunca se pudieron reunir adecuadamente. Así, la flota del este intentó desembarcar en Hakata, pero fueron rechazados por los japoneses; los mongoles se establecieron en dos islas frente a la bahía. Los samuráis lanzaban ataques nocturnas y diurnas contra tales posiciones, haciendo auténticos estragos entre las filas mongolas. Éstos acabaron por abandonar las posiciones y se retiraron a la isla de Iki para esperar la llegada del grueso de la flota.
La segunda armada, procedente del sur, mucho más numerosa que la anterior, fue arribando poco a poco a varios puntos de la costa japonesa. Las flotas se reunirían al final cerca de la isla de Takashima, al sur de Iki, donde los japoneses lanzaron un osado ataque conocido como la batalla de Takashima: los japoneses fueron rechazados por la abrumadora superioridad numérica de sus enemigos. Pero, la fortuna sonrió a los nipones. Al poco, se despertó un furioso tifón, el kamikaze o viento de los dioses. La flota mongola fue casi aniquilada. Las bajas coreanas fueron de casi el 30 %. Las de los mongoles y chinos puede que llegaran al 90% en hombres y naves. Sería injusto atribuir el fracaso de la derrota en su totalidad a las causas meteorológica, ya que los samuráis lucharon extremadamente bien.
Igualmente, sería injusto no atribuirle el mérito del rechazo de la invasión de Inglaterra a los magníficos marinos británicos que lucharon muy bien contra los españoles. Hubo otro intento de los mongoles de invadir Japón por parte de Kublai Kan, pero no se llevó a cabo.
Ambos intentos de invasión son unos magníficos ejemplos de como la suerte influye en el trascurso de una batalla. Parece, en el caso de un enfrentamiento naval, que las causas climatológicas pueden ser más decisivas que en un combate terrestre.
Fuente principal: "Las hordas de Gengis Kan", de Stephen Turnbull.
Buceando en la leyenda
miércoles, 13 de noviembre de 2013
sábado, 9 de noviembre de 2013
¿Existió el rey leproso? ("El reino de los Cielos")
A la muerte de Amalarico I, su hijo, el que sería conocido como Balduino IV de Jerusalén, o el rey leproso, fue coronado, aún a pesar de sufrir tan terrible enfermedad. Solamente tenía 13 años de edad. Murió con tan solo 24 años, estando ciego y teniendo las manos y piernas mutiladas, pero sería, a pesar de todo, uno de los más grandes, sino el que más, hombres que lucharon en las cruzadas. Demostró ser un valeroso guerrero, y un hábil general que le hizo morder el polvo al gran líder musulmán, Saladino.
Balduino nació en Jerusalén en 1161. Fue educado por Guillermo de Tiro (historiador, canciller y arzobispo), que escribió sobre las cruzadas; su obra es fundamental para entenderlas. Además, como tutor del menor, fue el primero que se dio cuenta de la enfermedad que sufría el muchacho. Cuando estaba jugando con otros niños, sufrió algunas heridas, pero no se quejaba de ellas porque no le dolía. Guillermo se dio cuenta de que podía ser el síntoma de que sufría la lepra. La enfermedad era incurable en aquella época. Además, a causa del contagio que podía causar a los que le rodearan, ni se casaría ni tendría descendencia. De hecho, sería su sobrino, Balduino V, el que heredaría el reino de Jerusalén a su muerte.
Su padre murió en 1174 y Balduino ascendió al trono. Durante su minoría, el reino fue gobernado por dos regentes sucesivos, primero Miles de Plancy, aunque de forma no oficial, y luego por Raimundo III de Trípoli.
En 1177, ya teniendo la mayoría de edad, dirigió a los ejércitos cruzados contra las tropas de Saladino que habían invadido los estados cruzados. Como la superioridad en hombres era aplastante del lado de los musulmanes, Balduino no podía atacar de frente. Por lo tanto, con hábiles movimientos tácticos, lanzó a sus hombres contra la retaguardia de Saladino. El resultado fue una gran victoria, si acaso la última, de los cruzados en Oriente. El combate se le conoce como la batalla de Montgisard.
En 1179 se libró la batalla del Vado de Jacobo, en la que Balduino no pudo llegar a tiempo para impedir que Saladino desmantelara un gran castillo que estaban construyendo los cruzados. En cambio, si pudo evitar que el líder musulmán tomara el castillo de Al Kerak, que estaba al mando de Reinaldo de Chatillón, que no paraba de provocar a los musulmanes al atacar continuamente sus caravanas. Balduino dirigió sus tropas rápidamente, hay que tener en cuenta su estado tan delicado, ante lo cual Saladino se tuvo que retirar de manera vergonzosa para no quedar atrapado entre las tropas del rey de Jerusalén y las formidables murallas de la fortaleza cristiana.
Balduino murió en 1185. Se ocultaba el rostro tras una máscara de plata, ya que la enfermedad le desfiguraba el rostro. A pesar de la brevedad de su reinado, los logros producidos por este gran personaje, e injustamente olvidado (gracias a Ridley Scott que lo resucitó en su magnifica película) fueron extraordinarios para que los reinos latinos perduraran por más tiempo. No creo que sea muy atrevido decir, que si no se hubiera sentado en el trono de Jerusalén el rey leproso, los reinos cristianos hubieran desaparecido mucho antes de Tierra Santa.
El actor norteamericano Edward Norton interpretando al rey Balduino IV de Jerusalén en la película "El reino de los Cielos" (2005).
Balduino nació en Jerusalén en 1161. Fue educado por Guillermo de Tiro (historiador, canciller y arzobispo), que escribió sobre las cruzadas; su obra es fundamental para entenderlas. Además, como tutor del menor, fue el primero que se dio cuenta de la enfermedad que sufría el muchacho. Cuando estaba jugando con otros niños, sufrió algunas heridas, pero no se quejaba de ellas porque no le dolía. Guillermo se dio cuenta de que podía ser el síntoma de que sufría la lepra. La enfermedad era incurable en aquella época. Además, a causa del contagio que podía causar a los que le rodearan, ni se casaría ni tendría descendencia. De hecho, sería su sobrino, Balduino V, el que heredaría el reino de Jerusalén a su muerte.
Su padre murió en 1174 y Balduino ascendió al trono. Durante su minoría, el reino fue gobernado por dos regentes sucesivos, primero Miles de Plancy, aunque de forma no oficial, y luego por Raimundo III de Trípoli.
En 1177, ya teniendo la mayoría de edad, dirigió a los ejércitos cruzados contra las tropas de Saladino que habían invadido los estados cruzados. Como la superioridad en hombres era aplastante del lado de los musulmanes, Balduino no podía atacar de frente. Por lo tanto, con hábiles movimientos tácticos, lanzó a sus hombres contra la retaguardia de Saladino. El resultado fue una gran victoria, si acaso la última, de los cruzados en Oriente. El combate se le conoce como la batalla de Montgisard.
El historiador Guiilermo de Tiro se percata de la terrible enfermedad que sufre su pupilo.
En 1179 se libró la batalla del Vado de Jacobo, en la que Balduino no pudo llegar a tiempo para impedir que Saladino desmantelara un gran castillo que estaban construyendo los cruzados. En cambio, si pudo evitar que el líder musulmán tomara el castillo de Al Kerak, que estaba al mando de Reinaldo de Chatillón, que no paraba de provocar a los musulmanes al atacar continuamente sus caravanas. Balduino dirigió sus tropas rápidamente, hay que tener en cuenta su estado tan delicado, ante lo cual Saladino se tuvo que retirar de manera vergonzosa para no quedar atrapado entre las tropas del rey de Jerusalén y las formidables murallas de la fortaleza cristiana.
Balduino murió en 1185. Se ocultaba el rostro tras una máscara de plata, ya que la enfermedad le desfiguraba el rostro. A pesar de la brevedad de su reinado, los logros producidos por este gran personaje, e injustamente olvidado (gracias a Ridley Scott que lo resucitó en su magnifica película) fueron extraordinarios para que los reinos latinos perduraran por más tiempo. No creo que sea muy atrevido decir, que si no se hubiera sentado en el trono de Jerusalén el rey leproso, los reinos cristianos hubieran desaparecido mucho antes de Tierra Santa.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Filípides, ¿el primer maratoniano?
La leyenda cuenta que los persas quisieron conquistar Grecia. Eso si es cierto. Desembarcaron un gran ejército en las llanuras de Maratón y, desde ese lugar, pretendían tomar primero Atenas y, después, el resto de la Hélade. Los atenienses, prácticamente sin la ayuda del resto de los griegos, si exceptuamos un pequeño contingente de soldados plateos, plantaron cara a los asiáticos en dicha llanura, les hicieron morder el polvo, estando en gran inferioridad numérica, y les persiguieron hasta los barcos que estaban anclados cerca de la costa. La victoria fue aplastante. Los atenienses mandaron a un corredor, llamado Filípides, para participar la buena noticia a los habitantes de Atenas. La distancia entre ambos puntos era de unos 40 kilómetros de distancia, y cuando llegó el corredor para decir que los atenienses habían vencido la batalla, cayó muerto debido al gran esfuerzo realizado. En su honor se celebra en la actualidad una modalidad de carrera a pie llamada Maratón, que consta de poco más de 42 kilómetros.
En lo referente a la batalla, si es completamente cierta la información añadida. En lo respecto al mensajero, se pueden aclarar unas pocas cuestiones que están poco definidas.
Cuando los persas desembarcaron en las costas griegas, se envió a un corredor llamado Filípides, que recorrió la distancia desde Atenas hasta Esparta (es decir, 240 kilómetros) en menos de dos días (se ha comprobado, en los tempos recientes, que es una hazaña posible para un ser humano debidamente entrenado), para pedir refuerzos de su ejército. Los espartanos negaron la petición de auxilio, debido a que estaban celebrando unas fiestas religiosas; en realidad, parece ser, estaban ocupados en aplastar una rebelión de los mesenios. Esa es la razón por la cual los atenienses lucharon prácticamente solos en la batalla de Maratón.
Una vez que finalizó dicho enfrentamiento, y los persas hubieron embarcado y pusieran rumbo hacia Atenas, se dice que los griegos enviaron un mensajero para avisar a la urbe griega, no sólo de la victoria que se había producido, sino, algo mucho más importante, que los persas, resentidos por la derrota, se dirigían hacía la ciudad, desprovista del grueso del ejército que se encontraba en Maratón para defenderla, para avisarlos debidamente. El nombre de dicho corredor es Tersipo Erquieo (según el historiador Plutarco), o Eucles (según otros). Según Luciano (un historiador muy posterior), fue Filípides el que llevó la noticia. Algunos eruditos modernos piensan que no se envió a ningún corredor.
Al final, después de una marcha forzada que dejó exhaustos a los hoplitas griegos, que ya estarían agotados de luchar en la encarnizada batalla de Maratón, llegaron a Atenas con suficiente prontitud para que la flota persa, que los veía en la lejanía, desistiera de desembarcar en tierras griegas. De esta manera, Grecia se salvó de la amenaza de la invasión, durante unos cuantos años.
Fuente principal: "Desafío heleno a Persia", de Nicholas Sekunda.
En lo referente a la batalla, si es completamente cierta la información añadida. En lo respecto al mensajero, se pueden aclarar unas pocas cuestiones que están poco definidas.
Cuando los persas desembarcaron en las costas griegas, se envió a un corredor llamado Filípides, que recorrió la distancia desde Atenas hasta Esparta (es decir, 240 kilómetros) en menos de dos días (se ha comprobado, en los tempos recientes, que es una hazaña posible para un ser humano debidamente entrenado), para pedir refuerzos de su ejército. Los espartanos negaron la petición de auxilio, debido a que estaban celebrando unas fiestas religiosas; en realidad, parece ser, estaban ocupados en aplastar una rebelión de los mesenios. Esa es la razón por la cual los atenienses lucharon prácticamente solos en la batalla de Maratón.
Una vez que finalizó dicho enfrentamiento, y los persas hubieron embarcado y pusieran rumbo hacia Atenas, se dice que los griegos enviaron un mensajero para avisar a la urbe griega, no sólo de la victoria que se había producido, sino, algo mucho más importante, que los persas, resentidos por la derrota, se dirigían hacía la ciudad, desprovista del grueso del ejército que se encontraba en Maratón para defenderla, para avisarlos debidamente. El nombre de dicho corredor es Tersipo Erquieo (según el historiador Plutarco), o Eucles (según otros). Según Luciano (un historiador muy posterior), fue Filípides el que llevó la noticia. Algunos eruditos modernos piensan que no se envió a ningún corredor.
Al final, después de una marcha forzada que dejó exhaustos a los hoplitas griegos, que ya estarían agotados de luchar en la encarnizada batalla de Maratón, llegaron a Atenas con suficiente prontitud para que la flota persa, que los veía en la lejanía, desistiera de desembarcar en tierras griegas. De esta manera, Grecia se salvó de la amenaza de la invasión, durante unos cuantos años.
Fuente principal: "Desafío heleno a Persia", de Nicholas Sekunda.
martes, 29 de octubre de 2013
El código de Hammurabi. ¿Fué el primero?
La estela del código de Hammurabi fue descubierta en 1901 por el arqueólogo francés Jacques de Morgan. Después, fue llevada
al museo del Louvre y, desde entonces, permanece expuesta allí. El código
consta de un prólogo, el cuerpo legal y
un epílogo; tiene 282 artículos,
aunque algunos se han perdido. Las leyes están inspiradas por los dioses. Así,
según el relieve de la parte superior de la estela, el dios Shamash (de la justicia) hace entrega al rey de Babilonia
de dicho código. Las leyes incluidas en él tratan de distintos tópicos
jurídicos: derecho penal (ley del Talión), matrimonio, divorcio, ventas y
depósitos, esclavitud y robo…; distingue tres categorías de ciudadanos: awilum (ciudadano de pleno derecho), muskenum y wardum (esclavo). Probablemente la estela con el código grabado, estuvo expuesta públicamente en el templo
para que el litigante que iba en busca de justicia pudiera leer, o hacer que le
leyeran, la regulación real del derecho que le asistía. Los fines que perseguía
eran el de la unificación del derecho en el reino y la regulación de los
precios.
Pero realmente, ¿ha sido el primer código de leyes escrito
por el hombre que ha sido descubierto?
¿Es el código de Hammurabi el más antiguo de los que se ha conservado?
En contra de la creencia generalizada, no es el de Hammurabi
el corpus de leyes más veterano. Hay tres que le superan en antigüedad.
El código de
Lipitistar, rey de la ciudad-estado de Isin,
ha sido fechado hacia el año 1860,
es decir, es casi 100 años más antiguo
que el de Hammurabi. De él, se conservan casi 37 artículos completos. Los
temas de que tratan son derecho mercantil, de familia, herencias, delitos de
sangre, y delitos contra la propiedad.
El códice de Eshnunna
es también más antiguo que el de Hammurabi, pero el primero de la historia universal es el de Urnammu, rey de Ur (hacia
el 2050 a.C.). Las pocas leyes que se conservan de él, son de derecho penal
y, caso curioso, ya se admite la compensación económica en los delitos de
sangre.
Seguramente, hay muchos más códigos de leyes tan antiguos, o
más, que los descritos que se han perdido para siempre o que los arqueólogos no
han podido todavía hallar.
Fuente principal: Historia Universal, Edad Antigua de R. López Melero y
otros.
domingo, 20 de octubre de 2013
Francis Drake, ¿héroe o villano?
Francis Drake nació en Tavistock (hacia el año 1543). Fue
corsario, explorador, político… Con sólo 13 años de edad, se empleó como marino
mercante. Aunque tuvo múltiples ocupaciones durante su intensa vida, fue, sin
duda, en su actividad como corsario, al servicio de la reina de Inglaterra,
Isabel I, contra los intereses del gran imperio español, con la que ganó su
fama universal. Osado, valiente y temerario, el inglés ha sido uno de los
piratas más famosos de la Historia.
Francis Drake.
Anteriormente, en 1577, la reina de Inglaterra le puso al mando de una expedición que tenía como objetivo al ataque a las posesiones españolas en el Pacífico. La consecuencia de aquella empresa, que fue un éxito, ya que vinieron cargados de riquezas, y los daños a las propiedades de la corona española fueron cuantiosos, fue que, tras tres años de travesía, Drake fue el primer inglés que dio literalmente la vuelta al mundo, y la segunda persona en hacerlo, después de que lo consiguiera Juan Sebastián Elcano. Después de lograr su hazaña, Isabel I le nombró caballero.
Sir Francis Drake.
Cuando estalló la guerra entre Inglaterra y España, en 1585, la actuación de Drake iba a ser muy importante para el desarrollo de la misma. Aparte de las acciones antes mencionadas en el Caribe contra los baluartes hispanos de Santo Domingo y Cartagena de Indias, el inglés realizó un ataque más osado en el mismo territorio español. En el puerto de Cádiz, en 1587, se iba concentrando parte de la flota española que iba a partir en breve, y que sería conocida como la Armada Invencible, para invadir Inglaterra. Drake atacó a los barcos españoles allí anclados y hundió 24 de ellos antes de retirarse, sin perder ninguno de los suyos. Esa brillante acción, además de privar a España de unos buenos buques, retrasó los preparativos de la invasión a la isla británica, cosa que sería nefasta para los españoles, ya que su mejor marino, el marqués de Santa Cruz, moriría de manera inesperada, un poco después, sin poder llegar a comandar la flota hispana.
Tras el desastre español de la Armada Invencible , los
ingleses intentaron devolver el golpe con idénticos desastrosos resultados.
Así, organizaron una gran flota con el objetivo de golpear a España: atacarían
las costas españolas para provocar la insurrección de Portugal, e intentarían
conquistar las islas Azores. La operación, que estaba al mando de Drake,
resultó ser un fracaso y los ingleses perdieron 12.000 hombres y 20 naves. Sir Francis Drake
fue culpado, en gran parte, de la derrota y fue severamente castigado: se le
denegó el mando de cualquier expedición naval durante los siguientes 6 años.
Como la guerra con
España no marchaba demasiado bien, Drake propuso, en 1595 (ya había trascurrido
el periodo de castigo), un ataque sobre Panamá. La expedición resultó ser otro
sonoro fracaso para Drake. Además, perdió la vida después de contraer la
disentería. Su cadáver, como buen marinero que había sido, fue lanzado al mar
(1596).
FRANCIS DRAKE
VILLANO. Sería fácil hacer una crítica del inglés alegando que era un pirata.
No por serlo, iba a ser peor que el resto de los personajes históricos de su
época. En resumidas cuentas, Drake fue un hombre de acción que luchó por
conseguir fortuna y una buena posición, favoreciendo a su país si estaba en su
mano. Pero, hay un hecho, no muy bien conocido, que sucedió durante el intento
de la Armada Invencible por
conquistar Inglaterra, que pone en evidencia que su afán de riqueza estaba por
encima del servicio a su patria. Así, tras
la batalla de Plymouth (31 de julio de 1588), entre los buques ingleses y
los españoles, un navío de éstos, el Nuestra
Señora del Rosario, quedó a la deriva y abandonado. A Drake, al mando de
una flota, le ordenaron perseguir a los barcos españoles para que no se
perdiera el contacto con ellos. Como se había hecho de noche, debía mantener
las luces de su buque encendidas para que fueran visibles para el resto de los
navíos ingleses. Sin embargo, a Drake le salió la vena pirata, y apagó las
luces de su navío y emprendió la caza del buque español, abandonando la crucial
misión de perseguir a la flota hispana. Del
buque, Nuestra Señora del Rosario,
obtuvo pingues beneficios, pero fue duramente criticado por su acción de
pirata, en tan delicados momentos para la salvación de Inglaterra.
Otra faceta no muy
bien conocida de Drake es su actividad
como traficante de esclavos. Aunque el esclavismo estaba universalmente
aceptado en aquella época (incluso por la Iglesia católica), no deja de ser una actividad
cruel para los seres humanos que perdían la libertad para convertirse en
mercancía de otros seres del mismo género. Así, en 1567 se embarcó junto con su
primo John Hawkins en una expedición, en la que capturaron 200 personas de raza
negra en distintos puntos de África; cruzaron el Atlántico llegando a Dominica,
Margarita y Borburata, donde vendieron a estos hombres.
FRANCIS DRAKE, ¿HÉROE O VILLANO? Tuvo algo de ambos, como casi todos los grandes personajes de
lunes, 14 de octubre de 2013
¿A qué vikingo proclamaron santo?
Olaf nació en el año 995 d.C. en Ringerike, siendo tataranieto del rey Harald I de Noruega. Cuando su madre quedó viuda, se casó con el que sería el padrastro de Olaf, Sigurd Syr, el rey de Ringerike. Cuando tenía once años de edad, Olaf empezó a embarcarse en los temibles drakkars, y así participar en las incursiones vikingas. Los saqueos, los pillajes, los asesinatos, los secuestros para pedir rescates, la extorsión para pedir dinero, el incendio de ciudades... Todo ello, y mucho más, le serían familiares a Olaf antes, siquiera, de llegar a la adolescencia. El rastro de sangre y destrucción le llevaría al Báltico y a las Islas Británicas, donde participaría en el ataque a Canterbury de 1011.
Durante la travesía de cierto viaje, atracó en las costas de Normandía. Allí, en el invierno de 1013-14 se convirtió al cristianismo y fue bautizado. El duque Ricardo II de Normandía, que era el anfitrión de Olaf, y que era un ferviente católico, seguramente, tuvo que ver mucho en esa repentina conversión. Atrás quedaban sus dioses paganos Odín, Thor... La conversión de Olaf era un ejemplo de lo que estaba sucediendo en los años finales de la era vikinga: los antiguos guerreros nórdicos iban aceptando la nueva fe.
Cuando Olaf llevó a Noruega, para reclamar el trono, al ser el tataranieto del antiguo rey Harald I, el poder del país estaba dividido entre los grandes nobles. Además, los suecos y los daneses dominaban ciertas zonas del país. Tras una serie de campañas exitosas logró unificar el país bajo su dominio. Una vez aplastada la oposición, instauró el cristianismo como religión oficial. Trajo obispos desde Inglaterra y construyó iglesias por toda Noruega. Para que nadie dudara de sus intenciones de cristianizar el país, instauró la pena de muerte a los que se negaran a convertirse.
En 1028, el rey de Dinamarca, Canuto II, invadió Noruega, y Olaf tuvo que exiliarse, aunque regresó dos años después, para reclamar su trono. Reunió un ejército, mucho menos numeroso que el de sus enemigos, y marchó para librar, la que sería conocida como, la batalla de Stiklestad. Olaf fue derrotado y muerto en dicho enfrentamiento. A partir de ese momento, se obraron milagros alrededor de su cadáver y, con el tiempo, se construyó la Catedral de Nidaros, donde su cuerpo había recibido sepultura. Su culto crecería y la catedral llegaría a convertirse en un lugar de peregrinación.
Después sería santificado y, Olaf II Haraldsson, llegaría a convertirse en el santo patrono de Noruega.
Uno no deja de sorprenderse de como alguien que ha matado tanto, y que ha mandado matar a tantas personas; que ha empuñado una espada, que ha a navegado en barcos vikingos para saquear, incendiar, robar y secuestrar; una persona que ha muerto en un campo de batalla, con huestes a sus órdenes, que morirían en su mayor parte por sus derechos de sangre hacia una corona..., que alguien así pueda obrar milagros tras su muerte y que sea declarado santo por la Iglesia Católica.
Durante la travesía de cierto viaje, atracó en las costas de Normandía. Allí, en el invierno de 1013-14 se convirtió al cristianismo y fue bautizado. El duque Ricardo II de Normandía, que era el anfitrión de Olaf, y que era un ferviente católico, seguramente, tuvo que ver mucho en esa repentina conversión. Atrás quedaban sus dioses paganos Odín, Thor... La conversión de Olaf era un ejemplo de lo que estaba sucediendo en los años finales de la era vikinga: los antiguos guerreros nórdicos iban aceptando la nueva fe.
Cuando Olaf llevó a Noruega, para reclamar el trono, al ser el tataranieto del antiguo rey Harald I, el poder del país estaba dividido entre los grandes nobles. Además, los suecos y los daneses dominaban ciertas zonas del país. Tras una serie de campañas exitosas logró unificar el país bajo su dominio. Una vez aplastada la oposición, instauró el cristianismo como religión oficial. Trajo obispos desde Inglaterra y construyó iglesias por toda Noruega. Para que nadie dudara de sus intenciones de cristianizar el país, instauró la pena de muerte a los que se negaran a convertirse.
En 1028, el rey de Dinamarca, Canuto II, invadió Noruega, y Olaf tuvo que exiliarse, aunque regresó dos años después, para reclamar su trono. Reunió un ejército, mucho menos numeroso que el de sus enemigos, y marchó para librar, la que sería conocida como, la batalla de Stiklestad. Olaf fue derrotado y muerto en dicho enfrentamiento. A partir de ese momento, se obraron milagros alrededor de su cadáver y, con el tiempo, se construyó la Catedral de Nidaros, donde su cuerpo había recibido sepultura. Su culto crecería y la catedral llegaría a convertirse en un lugar de peregrinación.
Batalla de Stiklestad, en la que murió Olaf II.
Después sería santificado y, Olaf II Haraldsson, llegaría a convertirse en el santo patrono de Noruega.
Uno no deja de sorprenderse de como alguien que ha matado tanto, y que ha mandado matar a tantas personas; que ha empuñado una espada, que ha a navegado en barcos vikingos para saquear, incendiar, robar y secuestrar; una persona que ha muerto en un campo de batalla, con huestes a sus órdenes, que morirían en su mayor parte por sus derechos de sangre hacia una corona..., que alguien así pueda obrar milagros tras su muerte y que sea declarado santo por la Iglesia Católica.
viernes, 11 de octubre de 2013
Canibalismo en Numancia.
Tras vencer a los cartagineses en la II guerra púnica, los romanos decidieron tomar el testigo de los primeros, en lo que se refiere a la ocupación del territorio de la península Ibérica, y emprendieron una serie de campañas que les llevaría, a conquistar todo lo que es hoy España y Portugal. Las legiones romanas sometieron, una a una, todas las tribus y localidades, unas veces con diplomacia y otras con guerra, hasta completar la conquista, empresa que les llevó en completar más de dos siglos.
Uno de los episodios más dramáticos, en todo el conjunto de la campaña, se produjo en la célebre Numancia, ciudad de los arévacos. El inicio de su toma se produjo en el año 153 a.C., a manos del cónsul romano Fulvio Nobilior. Lo que, en un principio, parecía la conquista de una localidad más, se convirtió en un largo asedio de 20 años de duración. No se entiende muy bien como una población de unas 8000 personas pudieron resistir tanto tiempo el empuje de las bien pertrechadas y numerosas tropas romanas. El resultado fue, que hasta que los latinos no estuvieron al mando de un resuelto y decidido general, que fue Publio Cornelio Escipión Emiliano, que organizó un asedio sin fisuras, y que mató de hambre, literalmente, a los celtíberos, no finalizó la guerra. Según nos cuenta el historiador romano Apiano:
"No mucho después, al faltarles la totalidad de las cosas comestibles, sin trigo, sin ganados, sin yerba, comenzaron a lamer pieles cocidas, como hacen algunos en situaciones extremas de guerra. Cuando también les faltaron las pieles, comieron carne humana cocida, en primer lugar la de aquellos que habían muerto, troceada en las cocinas; después, menospreciaron a los que estaban enfermos y los más fuertes causaron violencia a los más débiles. Ningún tipo de miseria estuvo ausente. Se volvieron salvajes de espíritu a causa de los alimentos y semejantes a las fieras, en sus cuerpos, a causa del hambre, de la peste, del cabellos largo y del tiempo transcurrido. Al encontrarse en una situación tal, se entregaron a Escipión..."
En este caso, la historia se repite. Casi 2000 años después, esta vez, en el marco de la II guerra mundial, se dieron también dramáticos casos de canibalismo. El historiador británico Antony Beevor, experto en ese conflicto, descubrió unos documentos, hace apenas un año o dos, que dicen de como los soldados japoneses consumieron carne humana procedente de los prisioneros que tenían en su poder. Según este historiador, esos hechos fueron ocultados tras finalizar la guerra para no traumatizar a los familiares que habrían perdido algún ser querido por esas circunstancias. Entre los prisioneros que hubieran sufrido tal ultraje, estarían soldados norteamericanos y australianos que se habrían negado a combatir al lado de los soldados nipones. Parece ser que tales casos de canibalismo se habrían dado en las fases finales de la guerra, en guarniciones aisladas y con falta de suministros. En este enlace podéis encontrar más información:
cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/.../1347478479_303840.html
Uno de los episodios más dramáticos, en todo el conjunto de la campaña, se produjo en la célebre Numancia, ciudad de los arévacos. El inicio de su toma se produjo en el año 153 a.C., a manos del cónsul romano Fulvio Nobilior. Lo que, en un principio, parecía la conquista de una localidad más, se convirtió en un largo asedio de 20 años de duración. No se entiende muy bien como una población de unas 8000 personas pudieron resistir tanto tiempo el empuje de las bien pertrechadas y numerosas tropas romanas. El resultado fue, que hasta que los latinos no estuvieron al mando de un resuelto y decidido general, que fue Publio Cornelio Escipión Emiliano, que organizó un asedio sin fisuras, y que mató de hambre, literalmente, a los celtíberos, no finalizó la guerra. Según nos cuenta el historiador romano Apiano:
"No mucho después, al faltarles la totalidad de las cosas comestibles, sin trigo, sin ganados, sin yerba, comenzaron a lamer pieles cocidas, como hacen algunos en situaciones extremas de guerra. Cuando también les faltaron las pieles, comieron carne humana cocida, en primer lugar la de aquellos que habían muerto, troceada en las cocinas; después, menospreciaron a los que estaban enfermos y los más fuertes causaron violencia a los más débiles. Ningún tipo de miseria estuvo ausente. Se volvieron salvajes de espíritu a causa de los alimentos y semejantes a las fieras, en sus cuerpos, a causa del hambre, de la peste, del cabellos largo y del tiempo transcurrido. Al encontrarse en una situación tal, se entregaron a Escipión..."
Ruinas de Numancia. En las fases finales del asedio, cuando el cerco romano se había completado, y no les llegaba abastecimiento a los habitantes de la misma, se dieron casos de canibalismo.
En este caso, la historia se repite. Casi 2000 años después, esta vez, en el marco de la II guerra mundial, se dieron también dramáticos casos de canibalismo. El historiador británico Antony Beevor, experto en ese conflicto, descubrió unos documentos, hace apenas un año o dos, que dicen de como los soldados japoneses consumieron carne humana procedente de los prisioneros que tenían en su poder. Según este historiador, esos hechos fueron ocultados tras finalizar la guerra para no traumatizar a los familiares que habrían perdido algún ser querido por esas circunstancias. Entre los prisioneros que hubieran sufrido tal ultraje, estarían soldados norteamericanos y australianos que se habrían negado a combatir al lado de los soldados nipones. Parece ser que tales casos de canibalismo se habrían dado en las fases finales de la guerra, en guarniciones aisladas y con falta de suministros. En este enlace podéis encontrar más información:
cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/.../1347478479_303840.html
sábado, 5 de octubre de 2013
¿Existió el rey Arturo? (II). Lucius Artorius Castus.
La búsqueda de un personaje real, tras la figura legendaria del personaje literario del rey Arturo, ha dado lugar a que surjan varios personajes candidatos a tal "honor", que, de otra forma, hubieran quedado, un tanto, en el olvido. Uno de esos individuos es un tal Artorius Castus, que aparece en una inscripción funeraria hallada en la actual Croacia (aparece en otra inscripción hallada, pero que no aporta información adicional). Por lo tanto, en realidad, el origen del rey Arturo se hallaría en la vida de un militar romano, hacia el 180 d.C., que estuvo destinada en la provincia de Britania, según esta teoría.
El medievalista norteamericano, Kemp Malone, fue la primera persona que asoció el nombre que aparece en la lápida, al del héroe legendario, en 1924. Pensó que el nombre en latín de Artorius pudo derivar en el medieval de Arthur o Arturo. Según dicha lápida, dicho romano empezó siendo centurión en la III legión Gallica, y continuó una carrera militar, con sus ascensos merecidos, hasta que llegó a las islas británicas como prefecto de la VI legión Vitrix. Este cargo nos indica que Artorius procedía del orden equestre (la sociedad romana estaba dividida en órdenes u ordos; para pertenecer a ella, un ciudadano romano debía poseer una fortuna de centenares de miles de sestercios).
Hay algunos autores, como Linda Malcor, que relacionan a este Artorius con las tropas de caballería sármatas que se encontraban estacionadas en Britania en aquella época. Estos jinetes, acorazados, serían los caballeros del rey Arturo. En realidad, no hay pruebas sólidas que afirmen esta teoría que, sin duda, ha influido en una de las película más recientes sobre este personaje legendario, que se titula "El rey Arturo" (2004).
En cualquier caso, el personaje de Lucius Arotorius Castus, es un buen candidato para ser el auténtico rey Arturo, ya que es, de momento, el único que tiene un nombre que deriva de el mítico héroe. Hay muchos expertos que afirman que Arthur o Arturo, procede del latino Artorius. Aún así, el enigma sigue abierto. Hay muchos más candidatos para ser el auténtico rey Arturo. En otras entradas de este blog hablaré de ellos.
Lápida funeraria donde aparece escrita la carrera militar de Lucius Artorius Castus, el que para algunos es el rey Arturo histórico.
El medievalista norteamericano, Kemp Malone, fue la primera persona que asoció el nombre que aparece en la lápida, al del héroe legendario, en 1924. Pensó que el nombre en latín de Artorius pudo derivar en el medieval de Arthur o Arturo. Según dicha lápida, dicho romano empezó siendo centurión en la III legión Gallica, y continuó una carrera militar, con sus ascensos merecidos, hasta que llegó a las islas británicas como prefecto de la VI legión Vitrix. Este cargo nos indica que Artorius procedía del orden equestre (la sociedad romana estaba dividida en órdenes u ordos; para pertenecer a ella, un ciudadano romano debía poseer una fortuna de centenares de miles de sestercios).
Hay algunos autores, como Linda Malcor, que relacionan a este Artorius con las tropas de caballería sármatas que se encontraban estacionadas en Britania en aquella época. Estos jinetes, acorazados, serían los caballeros del rey Arturo. En realidad, no hay pruebas sólidas que afirmen esta teoría que, sin duda, ha influido en una de las película más recientes sobre este personaje legendario, que se titula "El rey Arturo" (2004).
El actor Clive Owen, que interpreta al mítico rey Arturo, aunque con orígenes de militar romano. En dicho film, Arturo añoraba un glorioso pasado romano, que daba estabilidad a todos los rincones del imperio, aunque éste estaba en pleno proceso de desintegración, por culpa de las invasiones germánicas.
En cualquier caso, el personaje de Lucius Arotorius Castus, es un buen candidato para ser el auténtico rey Arturo, ya que es, de momento, el único que tiene un nombre que deriva de el mítico héroe. Hay muchos expertos que afirman que Arthur o Arturo, procede del latino Artorius. Aún así, el enigma sigue abierto. Hay muchos más candidatos para ser el auténtico rey Arturo. En otras entradas de este blog hablaré de ellos.
viernes, 4 de octubre de 2013
El rey Leónidas y los 300 espartanos.
La película "300"(2007) puso de moda la batalla de las Termópilas, que se libró entre los griegos y los persas en el año 480 a.C. Salvando las distancias, el argumento del film se ciñe bastante a los hechos históricos del combate. Todo empezó cuando el emperador persa Jerjes I decidió someter a Grecia, sirviéndose de una enorme expedición militar compuesta de decenas de miles de soldados procedentes de todos los rincones del enorme imperio oriental. La gran hueste atravesó el estrecho de los Dardanelos, sirviéndose de unos puentes de pontones de madera, una gran obra de ingeniería de la época, y atravesó el norte de Grecia sin oposición, hasta que llegó al desfiladero de las Termópilas, donde les aguardaban Leónidas y sus 300 espartanos, más algunos contingentes procedentes de otros lugares de Grecia.
En total, unos 7000 helenos se enfrentarían a decenas de miles de persas en el estrecho cuello de botella que eran las Termópilas.
Los griegos, en una enorme desventaja numérica, resistieron durante dos días los ataques incesantes del enemigo, ayudados por la estrechez del paso que hacía que la superioridad en hombres se anulara. Además, los grandes escudos de los griegos, y su táctica hoplita de formación cerrada, sumado que sus lanzas eran más largas que las de los persas, hicieron que los griegos (que rotaban los soldados de la primera línea constantemente para que descansaran, para tener siempre gente fresca combatiendo), resistieron la lluvia de flechas, los ataques incesantes de la infantería regular y los de los soldados de élite (los famosos "inmortales"), sin mayores problemas; miles de persas cayeron sin conseguir abrir ninguna brecha en los muros de escudos helenos.
Gracias a la información ofrecida por un traidor griego, llamado Efialtes, Jerjes, que ya había perdido la paciencia, se enteró de que había un paso por el que se podía llegar a la retaguardia de las tropas de Leónidas. Usando ese camino, los persas podían atacar simultáneamente desde el frente y la retaguardia a unos griegos encerrados en el desfiladero de las Termópilas, acabando con todos ellos.
Así, al tercer día, los "inmortales", guiados seguramente por el traidor Efialtes, recorrieron el paso secreto y, aunque fueron detectados por un destacamento griego, evitando el enfrentamiento con éstos, fueron directos a la retaguardia de Leónidas. A éste le llegó la noticia de que estaba apunto de ser embolsado por el ejército persa, y tuvo poco tiempo de decidir que hacer en tan desesperada situación. El rey espartano lo tuvo claro: se quedaría en aquella posición, con sus 300 espartanos, 400 tebanos y 700 tespios, mientras que el resto de los soldados griegos huirían de aquella ratonera en la que se iba a convertir las Termópilas. Aquella decisión le iba hacer entrar en la leyenda.
EL OCASO DE LOS HÉROES. Según los historiadores antiguos, Leónidas cayó muerto en los primeros compases de la batalla final. Hubo una lucha despiadada por recuperar su cuerpo. Cuando los espartanos lograron hacerse con el cadáver de su rey, lo llevaron a una colina (gracias a la arqueología se conoce que colina es), que es donde establecieron la última resistencia. Los griegos que quedaron, murieron en su totalidad. Sólo se salvaron algunos tebanos que se rindieron a las fuerzas de Jerjes, y que fueron marcados con la señal del rey persa.
En el siglo XX se realizaron una excavaciones arqueológicas en el campo de batalla. En la colina de Kolonos se hallaron multitud de puntas de flechas de los persas. Allí fue donde de libró la última y desesperada defensa de los griegos. Su final se produjo por un ataque incesante de flechas lanzadas por los arqueros persas, tal como narró el historiador griego Herodoto. Éste escritor también cuenta en su obra que el enfado de Jerjes fue tan elevado, que mandó buscar el cadáver de Leónidas entre los caídos. Cuando éste fue hallado, el persa ordenó que le cercenaran la cabeza y que la clavaran en un poste para que la viera todo el que pasara por las Termópilas.
Posteriormente, los espartanos recuperaron sus restos y los enterraron en un lugar digno de un rey tan valiente.
DESMONTANDO EL MITO. Como se puede observar, los espartanos fueron los que se llevaron la fama de la resistencia tan heroica de la batalla. Pero la realidad es que fue una coalición de distintos estados griegos la que frenó durante días la embestida del gran ejército persa. Además, se puede comprobar que cuando los espartanos se quedaron para luchar en el último día de la batalla, antes de ser cercados, no estuvieron sólos: los tebanos y los tespios se quedaron con ellos. Aunque se sabe que algunos tebanos se rindieron antes de la conclusión de la batalla, los tespios si que dieron su vida por la causa griega, y nadie se acuerda de ellos, ni nadie les ha dedicado una película.
Hay una creencia generalizada de que los espartanos, al menos en las Termópilas, sólo tenían la opción de vencer o morir, nunca retirarse. Además, había un oráculo, que conocía Leónidas, que vaticinaba que el rey espartano debía morir para salvar a los griegos. La verdad, es que hubo una resistencia de algunos griegos (espartanos, tebanos, tespios), que permitió que unos miles de soldados hoplitas pudieran escapar de la batalla, ya perdida, para así poder continuar combatiendo en una guerra que acababa de empezar. Si se apartan todos los mitos y leyendas, nos queda una orden del rey Leónidas coherente y valiente, dictada por un buen general (en realidad, según la constitución espartana, la función de los reyes era la de ser generales).
El próximo año se estrena la secuela de la película "300". Ya está disponible el tráiler (espectacular):
Fuente principal: "Thermopylae 480 BC", de Nic Fields.
En total, unos 7000 helenos se enfrentarían a decenas de miles de persas en el estrecho cuello de botella que eran las Termópilas.
Los griegos, en una enorme desventaja numérica, resistieron durante dos días los ataques incesantes del enemigo, ayudados por la estrechez del paso que hacía que la superioridad en hombres se anulara. Además, los grandes escudos de los griegos, y su táctica hoplita de formación cerrada, sumado que sus lanzas eran más largas que las de los persas, hicieron que los griegos (que rotaban los soldados de la primera línea constantemente para que descansaran, para tener siempre gente fresca combatiendo), resistieron la lluvia de flechas, los ataques incesantes de la infantería regular y los de los soldados de élite (los famosos "inmortales"), sin mayores problemas; miles de persas cayeron sin conseguir abrir ninguna brecha en los muros de escudos helenos.
Gracias a la información ofrecida por un traidor griego, llamado Efialtes, Jerjes, que ya había perdido la paciencia, se enteró de que había un paso por el que se podía llegar a la retaguardia de las tropas de Leónidas. Usando ese camino, los persas podían atacar simultáneamente desde el frente y la retaguardia a unos griegos encerrados en el desfiladero de las Termópilas, acabando con todos ellos.
Así, al tercer día, los "inmortales", guiados seguramente por el traidor Efialtes, recorrieron el paso secreto y, aunque fueron detectados por un destacamento griego, evitando el enfrentamiento con éstos, fueron directos a la retaguardia de Leónidas. A éste le llegó la noticia de que estaba apunto de ser embolsado por el ejército persa, y tuvo poco tiempo de decidir que hacer en tan desesperada situación. El rey espartano lo tuvo claro: se quedaría en aquella posición, con sus 300 espartanos, 400 tebanos y 700 tespios, mientras que el resto de los soldados griegos huirían de aquella ratonera en la que se iba a convertir las Termópilas. Aquella decisión le iba hacer entrar en la leyenda.
EL OCASO DE LOS HÉROES. Según los historiadores antiguos, Leónidas cayó muerto en los primeros compases de la batalla final. Hubo una lucha despiadada por recuperar su cuerpo. Cuando los espartanos lograron hacerse con el cadáver de su rey, lo llevaron a una colina (gracias a la arqueología se conoce que colina es), que es donde establecieron la última resistencia. Los griegos que quedaron, murieron en su totalidad. Sólo se salvaron algunos tebanos que se rindieron a las fuerzas de Jerjes, y que fueron marcados con la señal del rey persa.
En el siglo XX se realizaron una excavaciones arqueológicas en el campo de batalla. En la colina de Kolonos se hallaron multitud de puntas de flechas de los persas. Allí fue donde de libró la última y desesperada defensa de los griegos. Su final se produjo por un ataque incesante de flechas lanzadas por los arqueros persas, tal como narró el historiador griego Herodoto. Éste escritor también cuenta en su obra que el enfado de Jerjes fue tan elevado, que mandó buscar el cadáver de Leónidas entre los caídos. Cuando éste fue hallado, el persa ordenó que le cercenaran la cabeza y que la clavaran en un poste para que la viera todo el que pasara por las Termópilas.
Posteriormente, los espartanos recuperaron sus restos y los enterraron en un lugar digno de un rey tan valiente.
DESMONTANDO EL MITO. Como se puede observar, los espartanos fueron los que se llevaron la fama de la resistencia tan heroica de la batalla. Pero la realidad es que fue una coalición de distintos estados griegos la que frenó durante días la embestida del gran ejército persa. Además, se puede comprobar que cuando los espartanos se quedaron para luchar en el último día de la batalla, antes de ser cercados, no estuvieron sólos: los tebanos y los tespios se quedaron con ellos. Aunque se sabe que algunos tebanos se rindieron antes de la conclusión de la batalla, los tespios si que dieron su vida por la causa griega, y nadie se acuerda de ellos, ni nadie les ha dedicado una película.
Hay una creencia generalizada de que los espartanos, al menos en las Termópilas, sólo tenían la opción de vencer o morir, nunca retirarse. Además, había un oráculo, que conocía Leónidas, que vaticinaba que el rey espartano debía morir para salvar a los griegos. La verdad, es que hubo una resistencia de algunos griegos (espartanos, tebanos, tespios), que permitió que unos miles de soldados hoplitas pudieran escapar de la batalla, ya perdida, para así poder continuar combatiendo en una guerra que acababa de empezar. Si se apartan todos los mitos y leyendas, nos queda una orden del rey Leónidas coherente y valiente, dictada por un buen general (en realidad, según la constitución espartana, la función de los reyes era la de ser generales).
El próximo año se estrena la secuela de la película "300". Ya está disponible el tráiler (espectacular):
Fuente principal: "Thermopylae 480 BC", de Nic Fields.
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