Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

sábado, 3 de mayo de 2014

Secuestros y rescates históricos.

¿Que tuvieron en común personajes tan dispares como el inmortal escritor español Miguel de Cervantes, el gran Julio César, el Inca Atahualpa y el rey de Pamplona García Íñiguez? Pues tuvieron dos cosas importantes, al menos que yo sepa, en común. Lo primero, que fueron una vez secuestrados. Lo segundo, que les fue pagado una fuerte suma de dinero a sus secuestradores, ya que eran personas importantes, para que fueran liberados, cosa que no fue posible en todos los casos... Pero empecemos por orden cronológico:

En el año 75 a.C. Julio César era un joven de 25 años que viajaba por el Egeo para estudiar oratoria. Estaba lejos de ser el gran general y espléndido político que todos conocemos, pero era, eso sí, toda una promesa en el panorama del poder de la República romana. En un momento dado, su nave fue apresada por unos piratas, que pidieron un rescate de 20 talentos de plata por su liberación. Muchos personajes poderosos de cualquier época se hubieran acobardado ante una situación tan angustiosa y hubieran pagado con presteza esa suma con tal de salir de ese apuro cuanto antes mejor, pero el arrogante y valiente romano les instó a elevar la petición de rescate hasta la elevada cantidad de 50 talentos de plata; una persona de su categoría no valía un precio menor.

César pasó 38 días cautivo en la nave de los secuestradores, mientras que los hombres de su comitiva se encargaban de buscar el dinero del rescate con la máxima diligencia. Durante su cautiverio no se amilanó, e incluso bromeaba con sus captores hasta el extremo de amenazarles con matarlos en cuanto se viera libre de su secuestro.


Julio César.


El dinero fue pagado y los piratas cumplieron su promesa de liberar al rehén. En cuanto César llegó a tierra, armó unas naves y fue en busca de sus antiguos captores, logrando apresar a la mayoría de ellos. El gobernador de la ciudad de Pérgamo quería venderlos como esclavos en vez de ejecutarlos, pero Julio César tenía intención de cumplir su palabra y realizar la venganza que había prometido durante los días que había permanecido cautivo: al final, los mandó crucificar. A este punto no hace falta decir lo horrible que es la muerte por crucifixión. Y es que la piedad no era una virtud que caracterizaba a los hombres poderosos de la Antigüedad.

De la Edad Antigua pasamos a la Edad Media. En otra entrada a este blog hablé sobre los hermanos Bjorn y Hastein, supuestos hijos de Ragnar Lothbrok, y de su periplo que les llevó a atravesar el mar Mediterráneo. Antes de acabar dicha travesía, cuando se dirigían al lugar de partida del viaje, llegaron a Pamplona. Las fuentes históricas no dicen como ocurrió, pero el caso es que los vikingos lograron capturar al rey García Íñiguez (859), que fue liberado tras un cuantioso rescate de 70.000 dinares de oro. Los vikingos eran unos auténticos expertos, como buenos piratas que eran, en obtener botines. De hecho, muy de vez en cuando eso sí, los arqueólogos aún encuentran algún tesoro vikingo oculto las entrañas de la tierra. En realidad, los hombres del Norte solían secuestrar personas de bastante más bajo rango social que el del rey de Pamplona, y el destino de aquellos desdichados no era el soltarlos tras un rescate, ya que la mayoría no tendría donde caerse muertos, sino un final más sombrío: la esclavitud en algún país remoto y desconocido, lejos de sus parientes más queridos.



Los vikingos secuestrando y matando.



Durante la época de la conquista de América por parte de los españoles, tuvo ocasión un suceso de secuestro y rescate verdaderamente dramático. Los hechos ocurrieron dentro de las fronteras del imperio Inca, y fueron provocadas durante el intento de conquista por parte del conquistador extremeño Francisco Pizarro y un puñado de soldados españoles. Tras meses de espera, un encuentro decisivo en la plaza mayor de Cajamarca cambiaría para siempre la Historia. Los españoles estaban escondidos, y, aunque eran pocos, estaban armados con arcabuces y unos pocos cañones, mientras que los incas, muchos miles, venían desfilando confiados en que su aplastante superioridad numérica amilanara a los hispanos.

Tras un fracasado intento de que el Inca Atahualpa aceptara la religión católica sin más, y tras tirar éste una biblia a los pies de un solitario fraile que había salido al encuentro, los españoles sorprendieron a los incas rompiendo el secreto de sus escondites, mientras disparaban sus armas de fuego y asestaban tajos con sus espadas. El resultado de la trampa fue la muerte de cientos de valerosos soldados incas y el apresamiento de Atahualpa.

El emperador inca pasó cautivo de los españoles varios meses. Se dice que intentó comprar su libertad llenando varias veces de oro y plata el edificio donde se encontraba retenido (el Cuarto del Rescate). De todas las partes del imperio se trajeron objetos preciosos para intentar comprar la libertad del soberano en lo que puede ser considerado el mayor rescate de la Historia. Pero de nada serviría todo aquello, pues los españoles se dieron cuenta de que, un vez liberado el rehén, serían presa fácil ante la multitud de efectivos con los que contarían los incas. Así que, tras un juicio, Atahualpa fue condenado a muerte por garrote vil (1533), y los españoles no solo se quedarían con el dinero del rescate, sino con el de todo el imperio inca.



Atahualpa en el Cuarto del Rescate.



Por último, contaré la historia del cautiverio de Miguel de Cervantes. El gran escritor español había participado en la batalla de Lepanto (1571), donde perdió la movilidad de una mano. Tras la gran victoria naval cristiana, siguió cumpliendo su deber como soldado en otros escenarios del Mediterráneo, aunque, cuando volvía a casa desde Italia, fue apresado junto a su hermano Rodrigo el 26 de septiembre de 1575, y fueron llevados a Argel. Como los turcos pensaban que Cervantes era una persona importante, pidieron una fuerte suma por su liberación: 500 escudos de oro.

El cautiverio en la ciudad norteafricana duró para el escritor cinco largos años, en los cuales intentó escapar en cuatro ocasiones junto a otros compañeros, echándose él mismo las culpas cuando eran descubiertos, para impedir que castigaran a los demás. En 1577, la madre de Cervantes reunió una cantidad de dinero para intentar la liberación de sus hijos, pero no era suficiente, por lo que Miguel prefirió que fuera rescatado su hermano, quedando él en Argel.

En 1580, Cervantes iba a ser llevado a Constantinopla, por lo que el rescate para él se iba a antojar casi imposible. Pero, ese año llegaron a Argel unos monjes trinitarios para intentar liberar a los cautivos cristianos que se hallaban allí. Como sólo tenían 300 escudos, cantidad insuficiente para el rescate de Cervantes, pidieron prestado dinero a los mercaderes cristianos, que lo dieron a los religiosos. Y así fue liberado el creador del inmortal Don Quijote, que difícilmente hubiera podido componer su gran obra, siendo preso, en la capital del imperio turco.



Miguel de Cervantes.




Fuentes consultadas:
-Auge de Julio César, de Peter Wilcox y Duncan B. Campbell.
-Blog Historia Clásica.
-Wikipedia.

viernes, 25 de abril de 2014

La metamorfosis de un arma: el cañón 88 mm alemán.

El 8'8 Flak fue concebido como un arma antiaérea, es decir, su función era la de proteger objetivos importantes del ataque de los aviones enemigos. Lo sorprendente fue que al intentar usar dicho cañón contra objetivos móviles, como tanques, los alemanes comprobaron que era un arma formidable contracarro. Pero la polivalencia de esta famosa máquina de guerra de la Segunda Guerra Mundial no acababa aquí, también era usada de forma eficaz contra los búnker contrarios y como artillería de largo alcance.

Cuando estalló la Guerra Civil española en 1936, entre el gobierno de la II República y los sublevados, las principales potencias extranjeras apoyaron al bando que más les interesaba. Y, como no podía ser de otra forma, la Alemania nazi le proporcionó una valiosa ayuda militar a Franco. Entre otras cosas, una buena remesa de antiaéreos de 88 mm que actuaron en suelo español, probando su valía como arma antitanque.


Arma antiaérea 8'8 Flak orientada para hacer frente a objetivos terrestres.



Tras el campo de prueba que resultó ser el conflicto de España de las nuevas armas de guerra, y de innovadores métodos bélicos, estalló la guerra más atroz y sanguinaria que se haya visto en la Historia. Europa quedaría arrasada por la maquinaria arrolladora de Hitler. Entre sus armas, destacaba el antiaéreo de 88 mm, actuando como un arma letal entre los blindados de los aliados. Y, en manos de agresivos generales, como el mítico Rommel, harían verdaderos estragos entre las filas de las divisiones de los países democráticos. Y cuando el general alemán fue destinado al desierto del norte de África, para comandar el Áfrika Korps, fue cuando el 88 mm alcanzó sus más altas cotas de eficacia, actuando en la inmensidad de aquellos campos de arena.

El cañón alemán era capaz de penetrar el blindaje de cualquier carro de combate a grandes distancias, incluso el de los tanques pesados soviéticos. En alguna ocasión el ejército de Rommel se salvó de la derrota al poder concentrar varios cañones de 88 mm ante un poderoso ataque de blindados aliados.

Cuando a los ingenieros alemanes le encargaron el diseño de un nuevo carro pesado para poder enfrentarse a los carros soviéticos, decidieron incorporar el cañón de 88 mm modificándolo para que pudiera ser adaptado al nuevo producto. El resultado fue el carro Tiger, un auténtico monstruo de los campos de batalla de las fases finales de la guerra; combinaba su poderoso cañón con un extraordinario blindaje. Era tan temible que en los manuales de combate de los Sherman americanos se decía que debían de atacarlo con cuatro de sus tanques, esperando perder tres en el combate para noquear a uno de los Tiger alemán.


Carro de combate Tiger alemán.
 


Aunque era un tanque magnífico, era costoso de producir y tendía a sufrír muchas averías. No se pudieron producir muchos de ellos y, además, aunque eran impresionantes, tampoco pudieron ayudar a evitar la derrota final de los ejércitos del Eje en la última gran guerra mundial.

Y esta es la historia de como un simple arma antiaérea se convirtió en el tanque más poderoso de la Segunda Guerra Mundial. Es la historia de una metamorfosis que sufrió un arma de guerra.

lunes, 21 de abril de 2014

La conquista de Inglaterra, un histórico Juego de Tronos (y II).

El duque Guillermo estaba cazando cuando se enteró de la noticia de la coronación de Harold. Enseguida envió una protesta formal. De alguna forma logró que su causa fuera apoyada por el Papa de Roma, que le envió un estandarte papal, que sería usado en batalla, y un anillo que contenía un cabello de San Pedro. Guillermo consiguió otros apoyos internacionales y, tras varias reuniones, el consenso de todos sus barones, por lo que ordenó la formación de una gran flota que transportaría al ejército que iba a reunir para la conquista de Inglaterra.

Pero, el gran conflicto en ciernes lo iba a iniciar sobre Inglaterra el mismo hermano del recién coronado Harold. De este modo, Tostig, que había sido expulsado en 1065 de su condado de Northumbria, y que había pasado el invierno en Flandes junto a su esposa, a primeros de mayo había aparecido con una flota en el sur de Inglaterra para asolar su costa. Después, siguió arrasando la costa este del país, hasta que los condes del norte, Edwin y Morcar lograron rechazarlo. Además, sufrió la deserción de varios vasallos, por lo que se refugió en Escocia. Entonces, se puso en contacto con otro de los grandes aspirantes a la corona inglesa, el vikingo Harald Hardrada. Entonces, el hermano del rey de Inglaterra, resentido por perder su condado y con ganas de recuperarlo, y el mismo rey de Noruega unirían sus fuerzas por una causa común: expulsar a Harold Godwison del trono de Inglaterra.

El ejército de Harold se encontraba en el sur de Inglaterra, tras la incursión de su hermano Tostig, esperando el ataque del normando. Más el no sabía por donde se iba a producir el primer ataque, ya que si los vikingos atacaban por el norte, Harold tendría que ir a marchas forzadas hacia el lugar para intentar contener el intento de invasión. Es decir, el rey inglés estaba en una situación muy delicada.

En la primera semana de septiembre se produjo al fin el primer gran desembarco: el ejército vikingo apareció cerca de York, en el norte de Inglaterra. En esa zona, los condes Edwin y Morcar eran vasallos del rey Harold II. De hecho, Harold tuvo que repudiar a su anterior esposa, para casarse con la hermana de dichos nobles, y así asegurarse su fidelidad. En Gate Fulford se produjo la primera gran batalla de toda la campaña. De un lado estaban las fuerzas, en su mayoría vikingas, de los aliados Harold Hardrada y Tostig, y del otro lado se encontraban las levas anglosajonas de los condes Edwin y Morcar. El combate acabó con una aplastante victoria de los invasores, y la retirada de los condes sajones. Harold Hardrada pudo soñar ese día con ceñirse la corona de Inglaterra, y Tostig con volver a ser conde de Northumbria.


Ataque de la caballería normanda contra un muro de escudos sajón.


El rey inglés, ante la situación desesperada que estaba afrontando, decidió que lo mejor era un ataque relámpago para intentar vencer de forma aplastante a un adversario antes de que emplearse a fondo con el otro. De esa manera, en cuanto tuvo noticias del desembarco de los vikingos, reunió a su ejército de forma apresurada para marchar velozmente hacia el norte y enfrentarse a los invasores. Tras recorrer 190 millas en cinco días llegó a Stamford Bridge el 25 de septiembre.

Parece ser que los vikingos estaban desprevenidos y no pensaban que la reacción de Harold fuera tan fulgurante, de manera que no tenían ni las cotas de malla preparadas. Las fuerzas inglesas acabaron con las primeras avanzadillas de forma rápida y se presentaron en formación de batalla dispuestos a acabar con los nórdicos. La presencia de su propio hermano menor al lado de los escandinavos debió de estremecer al rey inglés, que le ofreció un ultimátum a Tostig; le concedía Northumbria y un tercio del reino si se rendía. Siendo la propuesta tan generosa para él, Tostig le preguntó a Harold que le ofrecía a su aliado el rey noruego, a lo que Harold contestó: "siete pies de tierra inglesa, o tanta como necesite dado que posiblemente sea más alto que otros hombres". No hubo acuerdo, si feroz batalla. Los vikingos fueron vencidos de manera aplastante. Fue tal la carnicería que sólo hicieron falta 24 naves para trasladar a los pocos supervivientes de vuelta a sus hogares. Hay que tener en cuenta que llegaron a Inglaterra entre 250 y 300 naves repletas de alegres guerreros. A Harold le comunicaron que Hardrada, el último vikingo, estaba entre los muertos, así como su propio hermano menor, Tostig.

Los sajones tuvieron poco tiempo de saborear la victoria, ya que les llegó la noticia de que los normandos habían desembarcado en el sur del país, cerca de Pensevey, apenas tres días después de haberse librado el decisivo combate contra el ejército nórdico. El rey Harold había obtenido un gran triunfo, y se había librado para siempre de un temible enemigo que lo había dado todo para arrebatarle su trono. Pero la perspectiva para el rey no era nada halagüeña: muchos de sus mejores hombres estaban muertos, y los que le quedaban estaban demasiado exhaustos como para volver a atravesar Inglaterra de norte a sur para enfrentarse nuevamente a un enemigo tan temible o más como el anterior. Aún así Harold lo tenía claro, debía marchar rápidamente hacia el sur y afrontar el nuevo reto. El juego de tronos por Inglaterra entraba en su momento decisivo.

Harold tardó cinco días en llegar a Londres, y esperó allí mientras reorganizaba sus tropas y las incrementaba con levas de refresco otros 5 o 6 días más, antes de volver a ponerse en marcha. Así, el día 11 de octubre de 1066 llegó Caldbec Hill, cerca de Hastings, lugar donde se libraría la batalla decisiva.

El día 14 dos ejércitos, compuesto por miles de hombres cada uno de ellos, se hallaban frente a frente. De un lado, estaba el ejército anglosajón del rey Harold, que defendía su corona, compuesto fundamentalmente de infantería, que solía adoptar una formación cerrada o de muro de escudos, la tradicional de la Edad Oscura. Del otro lado, estaba el moderno ejército del duque Guillermo, que le tocaba el rol de atacar colina arriba a los defensivos sajones, ayudado por un magnífico cuerpo de arqueros, y, sobre todo, de una formidable fuerza de caballería, precursora de la caballería pesada típica de las batallas bajomedievales que estaban por llegar.

Los normandos atacaron con todo, primero con arqueros, luego con infantería, y con la caballería también, pero todo parecía ser inútil: los aguerridos sajones rechazaban todos los conatos de desalojarlos de la colina en que se hallaban férreamente asentados. Harold contaba con el apoyo de sus fieles hermanos, los condes Leofwine y Gyrth. Incluso se extendió el rumor, en cierto momento de la batalla, en que Guillermo había perecido en el fragor del combate, por lo que cundió el desánimo entre las filas normandas. Así que el duque Guillermo se levantó la visera del casco, y recorrió las filas de sus soldados gritando que estaba vivo, y así superando la crisis en la que se hallaban sus fuerzas armadas en esos delicados momentos.


Momento en el que el duque Guillermo muestra la cara a sus soldados, ya que estos se pensaban que había muerto durante la batalla.



Tras una retirada de la caballería normanda, posiblemente fingida, los sajones descompusieron su formación cerrada, y fueron en persecución de los jinetes que parecían huir del campo de batalla. Fue en ese momento en que se produjeron unas brechas que los normandos aprovecharon para pasar a través de ellas y acabar con el muro de escudos sajón. La suerte estaba echada y Harold, el bravo rey inglés, se encontraba con unas fuerzas que cada vez menguaban más. Rodeado de sus soldados de élite, al final una flecha normanda se le clavó en uno de sus ojos, y fue, finalmente, rematado por los jinetes normandos. Los hermanos de Harold también acabaron muertos tras la batalla. Al enterarse de que el rey había muerto, los restos de su ejército huyeron del campo de batalla.

Así acabó la batalla de Hastings, aunque no la guerra. La batalla fue decisiva pero no definitiva. Guillermo sería coronado rey de Inglaterra, en la abadía de Westminster, Londres, el día de Navidad del año 1066. Todavía tardaría unos cuantos años más hasta acabar con varios focos de oposición: los ataques del nieto de Edmund Ironside aliado con el rey de Escocia, de los hijos de Harold procedentes de Irlanda...


Muerte del rey Harold II, el último rey anglosajón.


A partir de entonces, Guillermo el Bastardo sería conocido como Guillermo el Conquistador, el auténtico vencedor de este apasionante Juego de Tronos auténtico e histórico, mientras que sus rivales acabaron muertos, junto a sus sueños de grandeza y junto a cientos de fieles soldados anónimos, que lucharon con valor y determinación por el nombre del señor al que servían.



Bibliografía consultada:

-Hastings 1066, de Christopher Gravett.
-Campaigns of the Norman Conquest, de Matthew Bennet.
-Batallas decisivas, de J.F.C. Fuller.

jueves, 17 de abril de 2014

La conquista de Inglaterra, un histórico Juego de Tronos (I)

En el año de 1066 estaba sentado en el trono de Inglaterra Eduardo el Confesor. Este rey no tenía hijos y su vida tocaba a su fin. Por sus venas corría la sangre de Alfredo el Grande, aquel que venció a los vikingos, evitando que los anglosajones se convirtieran en súbditos de los guerreros escandinavos; el que llenó de fortalezas el suelo inglés y que creó una flota capaz de oponerse a los temibles drakkars; el que tuvo el sueño de crear una Inglaterra unida bajo el cetro de un único rey.



Eduardo el Confesor en el Tapiz de Bayeux, un inmejorable documento gráfico de la época.


La estirpe de Alfredo el Grande se estaba extinguiendo, mientras que en el cielo iba a aparecer una señal fatídica: era el cometa Halley. Y es que, Eduardo el Confesor tuvo que ver, con preocupación y tristeza, como los de su sangre habían muerto sin tener opción a poder optar al trono: su propio hermano murió en 1036, su hermanastro Edmund Ironside (que había luchado tan valientemente contra los daneses) también había fallecido, los hijos de éste también... Sólo quedaba Edgar Aetheling, nieto de Ironside, pero fue ignorado porque sólo tenía doce años, y había muchos lobos acechando la codiciada presa: el trono de Inglaterra.

El conde Godwin era el jefe de una poderosa familia sajona que controlaba el sur de Inglaterra. Logró casar a su hija, Edith, con el rey Eduardo el Confesor con la intención de tener un nieto que fuera alguna vez el rey de Inglaterra, pero la unión no tuvo nunca descendencia. En 1051 Godwin y sus hijos fueron expulsados por su oposición a la política pronormanda que ejercía el rey, aunque regresaron al año siguiente. El hijo mayor vivo de Godwin, Harold se pondría al frente de la familia una vez que muriera su progenitor, y se convertiría en un aspirante al trono.

Al otro lado del Canal de la Mancha, en Normandía gobernaba el poderoso duque Guillermo el Bastardo, llamado así por ser hijo ilegítimo de su padre Roberto el Magnífico. Desde bien pequeño tuvo que luchar para conservar su poder y su vida contra sus ambiciosos barones. De un aspecto imponente, supo hacerse respetar por sus hombres. Además, era un gran líder militar y un magnífico político que supo tejer una serie de alianzas que le ayudaran a lograr su mayor objetivo: Inglaterra. Aunque era primo de Eduardo el Confesor, no tenía derecho al trono ya que tenía orígenes ilegítimos. Aún así contaba con las simpatías del rey, y parece ser que lo tenía en mente a la hora de sucederle a su muerte.

En Noruega reinaba Harald Hardrada, conocido posteriormente como el "último vikingo".  Un guerrero de leyenda, había viajado por múltiples lugares como Estambul, Sicilia... hasta que volvió a Noruega donde se proclamó rey, ya que tenía derechos al ser sobrino del monarca noruego Olaf I (San Olaf). Harald no tenía derechos sólidos al trono. Más bien era un oportunista que codiciaba la presa que suponía el trono que parecía que iba a quedar vacante en breve.

En resumen, este es el cuadro que se presentaba en el importante año para la Historia de Inglaterra de 1066. Un rey vikingo, dos poderosos nobles y un joven descendiente de Alfredo el Grande, jugarían sus cartas en un Juego de Tronos en el que el victorioso lograría un reino y los perdedores...

En el año 1065, el conde Harold (el noble sajón que pretendía el trono) viajó a Normandía, aunque no se saben muy bien las razones. Fue apresado por un noble local, pero fue liberado con prontitud gracias a que el duque Guillermo se había enterado de la noticia. Entonces, dos de los principales contendientes en la futura disputa se vieron las caras por primera vez y se conocieron. Guillermo se llevó a su invitado a una campaña bélica a Bretaña, donde Harold demostró un gran valor y coraje. Ante tan admirable comportamiento, el duque le otorgó las armas al sajón que, poco después, le juró fidelidad al normando. Al hacer este gesto, tan medieval por otra parte, Harold se convertía en vasallo del duque por lo que, en teoría, no podría disputarle los aspiraciones que tenía a reinar en Inglaterra.


El conde Harold le jura fidelidad al duque Guillermo de Normandía ante unas reliquias sagradas. Escena representada en el célebre Tapiz de Bayeux.


Poco después, una vez de vuelta en Inglaterra, Tostig, hermano menor de Harold, es expulsado del gobierno de Northumbria por su mala gestión realizada. Harold tuvo que aceptar la afrenta y vio como su hermano partió hacia el exilio, lleno de resentimiento.

En la navidad de 1065/1066 Eduardo el Confesor cayó gravemente enfermo y los hechos se iban a suceder rápidamente. En el lecho de muerte del rey se encontraban su mujer y el conde Harold. Aunque no se sepa con seguridad, parece ser que la última voluntad del rey fuera que Harold fuera su sucesor. El 5 de enero de 1066 falleció el rey Eduardo. La asamblea de grandes magnates se reunió para escoger un nuevo rey, el elegido fue Harold. Al otro lado del mar, un duque y un rey afilaban sus armas. El Juego de Tronos acababa de empezar.


Imagen de Harold cuando le ofrecieron el trono de Inglaterra. Sería el rey Harold II.


(Continuará)



domingo, 30 de marzo de 2014

La batalla de las Termópilas: traición y derrota.

De la batalla de las Termópilas (480 a.C.) poco más se puede decir que no se haya dicho ya. Luchada por míticos guerreros, los espartanos, que estaban dirigidos por un mítico rey, Leónidas, el combate ha sido uno de los más famosos de la historia. Lo dramático del mismo fue que, aún conociendo que iban a morir, los espartanos y otros griegos valientes decidieron afrontar una lucha desesperada y con la única opción de morir ante un enemigo que los superaba varias veces en número. Además, el sacrificio era un tanto inútil, pues tan pocos hombres luchando ante dos flancos a vez, poco tiempo podrían resistir ante los persas que venían con la determinación de conquistar Grecia. Tal vez, pensaban ellos, que su ejemplo de sacrificio motivaría a los pueblos helenos a resistir ante los invasores en futuras campañas.

Aunque, si hacemos caso a las crónicas antiguas, el ejército griego había resistido dos días enteros perfectamente bien ante los ataques enemigos, que se desesperaban al ver que sus embestidas eran rechazadas con facilidad por los helenos, ayudados por sus resistentes escudos, y sus largas lanzas de dos metros, que contaban, además, con la decidida defensa de su general y con una férrea disciplina.

No se sabe cuanto más hubieran podido resistir en el angosto paso de las Termópilas ante los persas, pero pareciera que podrían haber aguantado más, si no hubiera aparecido la figura de un traidor, Efialtes, que le informó a los persas de un paso oculto, conocido como la senda Anopea, que si se íba por el mismo llevaba directamente a la retaguardia de los griegos, pudiendo lograr cogerlos entre dos fuegos y envolver a la exigua tropa de Leónidas.


El actor Andrew Tieman interpretando a Efialtes en la mítica película de 300.


El caso es que la información ofrecida por el traidor resultó ser de extraordinario valor para los planes del rey persa Jerjes, que acabó venciendo y masacrando a los valientes griegos y, de paso, logrando inmortalizar a los 300 espartanos y a su rey.

La batalla de las Termópilas es un claro ejemplo de como la traición puede decidir, o ayudar a inclinar la balanza en una batalla, pero no es el único ejemplo que conozco, hay otros más.

En 1485, en Inglaterra se libró la batalla de Bosworth. Era el momento culminante, pero no el último, de la llamada Guerra de las Rosas, un conflicto civil entre dos facciones, los Lancaster contra los York. De un lado estaban las fuerzas leales al rey Ricardo III, mientras que del otro bando estaban las de el aspirante al trono, el Lancaster Enrique Tudor.

Cuando Enrique desembarcó con sus partidarios en Gales, procedente de Harfleur (en el norte de Francia), el rey Ricardo III llamó a todos los nobles leales para formar su ejército e ir al encuentro del primero, e intentar acabar con él, pues sabía que cuanto antes lo hiciera sería mejor para sus intereses, ya que el propósito era que no le diera tiempo al Lancaster a reforzarse con más partidarios. Entre los nobles que convocó el rey se encontraban los hermanos Stanley, William y Thomas. Además, para ganarse la fidelidad del segundo, Ricardo III tenía como rehén a su hijo, George Stanley. El caso es que, aunque los Stanley habían combatido al lado de los yorkistas en batallas anteriores, su implicación había sido escasa y su lealtad era de lo más dudosa. Además, hay que tener en cuenta que Thomas Stanley era el padrastro del aspirante al trono Enrique Tudor.


Ricardo III cargando en la batalla de Bosworth.


El 22 de agosto de 1485 se libró la batalla de Bosworth. De un lado estaban los yorkistas, con el valiente rey Ricardo III al frente, del otro lado estaban los lancasterianos con el aspirante Enrique Tudor al mando, y aparte, a la expectativa de los acontecimientos, estaban los Stanley. Y fue en el momento más crítico del combate cuando los Stanley mostraron sus cartas: en el momento más desesperado de un ataque por parte de Ricardo III, aquellos se acercaron al bando de Enrique y le reforzaron con sus tropas inclinando definitivamente la balanza y haciendo que la batalla fuera ganada por él. De acuerdo con algunas versiones de los hechos, Ricardo III se vio traicionado. Según parece, al ver la actitud de los Stanley, emitió órdenes para acabar con la vida del rehén, pero el hecho nunca se llegó a consumar.

Otro noble que pudo traicionar a Ricardo en el campo de batalla fue Henry Percy, el duque de Northumberland, que comandaba la retaguardia. Él nunca llegó a intervenir en la lucha, ni aún en los momentos más desesperados del rey, cuando luchaba por su propia vida. Abandonaría el campo de batalla, recibiendo el posterior perdón.

Ricardo III murió en el campo de batalla luchando como un valiente. Fue el último rey inglés que falleció combatiendo. El pretendiente, Enrique Tudor, se convirtió en Enrique VII, iniciando una nueva dinastía en el país que proporcionaría reyes tan conocidos como lo fueron Isabel I o Enrique VIII.

En otro lugar, durante la España visigoda, en el 711 reinaba Don Rodrigo. Un año antes, había sido elegido en una asamblea de nobles y obispos, conforme a derecho. Pero, el llamado clan de los witizanos consideraban a Rodrigo un usurpador y aspiraban a recuperar el trono, aunque fuera con ayuda musulmana (Witiza había reinado en el periodo de 702-710). Don Julián, cliente de los witizanos, desde la plaza de Ceuta negoció con los musulmanes, que estaban firmemente asentados en el norte de África, para intervenir en España.


Aunque la documentación sobre la batalla de Guadalete es muy escasa, parece ser que la victoria musulmana se vio muy favorecida por la traición debida a algunos nobles visigodos.


El 28 de abril de 711, mientras Don Rodrigo se encontraba combatiendo en el norte de la Península Ibérica, un cuerpo de unos 7.000 soldados, al mando de Tariq, desembarcó en Gibraltar. El ejército visigodo tuvo que marchar rápidamente hacia el sur para enfrentarse a la fuerza invasora. En un lugar indeterminado, que podría ser el río Guadalete, tuvo lugar el crucial enfrentamiento entre los visigodos y los invasores musulmanes. Se piensa que los witizanos comandaban las alas del ejército de Don Rodrigo. En un momento del combate huyeron apresuradamente del combate, provocando la derrota de los visigodos, lo que significaría el final de una época y el inicio de una larga ocupación, por parte musulmana, que duraría siglos.

Por último, me referiré a la película sobre la vida del héroe escocés William Wallace, titulada Braveheart. En concreto, cuando en dicho film se narra la batalla de Falkirk, entre los independentistas escoceses y las tropas inglesas, que estaban al mando del rey Eduardo I, se da a entender que las fuerzas de Wallace fueron derrotadas en última instancia, por la traición hecha por los nobles escoceses, entre los que se encontraba Robert Bruce, que huyeron con la caballería del campo de batalla en el momento crucial de la misma, ya que habían recibido sobornos por parte del monarca inglés, en forma de tierras y propiedades.

Realmente, ello no fue así. Los ingleses destrozaron los grandes cuadros de infantería escocesa o schiltrons, especialmente formados para detener los ataques de la caballería pesada, por medio de los letales arqueros ingleses que batían a los enemigos a distancia. Es decir, que no hubo ningún tipo de traición que facilitara la victoria a las tropas de Eduardo I el zanquilargo.


Escena de la película "Braveheart", en la que Wallace descubre que fue traicionado por Robert Bruce en el transcurso de la batalla de Falkirk. Según el film, la traición por parte de los nobles escoceses fue crucial en la dura derrota que sufrió William Wallace. En realidad, no se produjo dicha traición.


·EL OCASO DE LOS TRAIDORES. En todos los casos anteriores, el final de los traidores no fue nada positivo.

Así, el traidor de las Termópilas, Efialtes, acabó sus días con el desasosiego de verse perseguido, ya que había una recompensa que pesaba sobre su cabeza, huyendo a Tesalia. El caso es que murió en el año 479 a manos de un tal Atenades de Traquinia, que no conocía a Efialtes ni su traición. Aunque, después se enteró de la recompensa y la acabó recibiendo. Efialtes no recibiría nunca la suya a manos de las persas, ya que éstos serían derrotados decisivamente en la batalla de Salamina, y al poco abandonaron los intentos de conquista de Grecia.

William Stanley, uno de los oportunistas hermanos Stanley que había actuado en la batalla de Bosworth en el momento que el consideró idóneo a sus intereses, cambiando de bando, recibiría su premio de parte del nuevo monarca inglés Enrique VII, que le debía su corona y su vida, en forma del cargo de Lord Chambelán.

Pero, la suerte para Stanley  cambiarían radicalmente en pocos años. En 1495 sería acusado de traición, por haber apoyado la rebelión de Perkin Warbeck. El rey Enrique VII, sin tener en cuenta los antiguos favores que le debía a William Stanley, lo sentenció a muerte.

Con respecto a Northumberland, sería asesinado por la multitud durante la Rebelión de Yorkshire en 1489, producida por una gran subida de impuestos.

Para acabar, hablaré de la facción de los witizanos que se habían aliado con los musulmanes para intentar recuperar el trono para su causa. Cuando éstos se dieron cuenta de la debilidad del reino visigodo, no dudaron en apoderarse de él. Así, aquellos que habían traicionado a Don Rodrigo, que, repito, había sido legítimamente elegido por un consejo, vieron con sus propios ojos como los invasores, procedentes del norte de África, y seguidores de Alá, acababan con un estado que había gobernado el suelo peninsular durante tres siglos. Cuando el gobernador norteafricano que había ordenado la invasión, Muza, se trasladó a España, condenó a muerte a muchos nobles godos, entre ellos a Oppa, hermano de Witiza, uno de los que propició la victoria musulmana.




Bibliografía consultada:

-De Maratón a Platea, de Philip de Souza.
-El auge de los Tudor, de Christopher Gravett.
-Stirling Bridge and Falkirk 1297-98, de Pete Armstrong.
-Historia antigua de España II, de Juan José Sayas Abengochea.



viernes, 21 de marzo de 2014

Cortés y Pizarro. El ocaso de los héroes.

Hernán Cortés y Francisco Pizarro  nacieron en la región española de Extremadura siendo de humilde cuna. Los dos fueron los personajes más famosos de los que conquistaron la recién descubierta América. Además, la "leyenda negra" que cubre a un buen número de personajes históricos españoles, no le es ajena a los dos extremeños.

Cuando se habla de Julio César, que exterminó a decenas de miles de galos cuando les quitó sus tierras, o Gengis Khan, que sólo Dios sabe a cuanta gente masacró, se les evoca con cierta admiración hacia sus cualidades militares y de grandes conquistadores. En cambio, si se menciona los nombres de, en este caso, los españoles Cortés o Pizarro pareciera que se estuviera mencionando a una especie de monstruos sádicos y sedientos de oro y sangre, en definitiva, a unos psicópatas.


Hernán Cortés.


Dejando aparte esta introducción, hay que tener en cuenta que con un puñado de hombres (algunos cientos) Hernán Cortes conquistó el gran imperio Azteca, usando la diplomacia (se alió con ciertos pueblos indígenas enemigos de los orgullosos aztecas), sus armas de fuego (muy rudimentarias ya que eran los albores de las mismas), la suerte (en forma de enfermedades contagiosas que se cebaron con los indios), y mucho valor.

Algo parecido se puede decir de Francisco Pizarro, que se hizo dueño del imperio Inca, en la actual Perú. Además, podemos mencionar el temor que suscitaban esos españoles montados en caballos (animal que se desconocía en el Nuevo Mundo), armados con sus brillantes armaduras y tocados con sus abundantes barbas. Por si fuera poco, los emperadores indígenas pecaron de ingenuos ante los implacables españoles que no dudaron de usar su crueldad cuando les hizo falta.

En resumen, después de unos pocos años, caerían los dos imperios más poderosos y mejor organizados que existían en todo el continente americano, tras un dura lucha que dejó miles de cadáveres. Eran unos tiempos duros. Seguramente, si no hubieran sido los españoles, los ingleses, franceses o portugueses hubieran hecho los mismo unos pocos años después y, en vez de hablar español, hoy se hablaría inglés o francés en toda la América Latina. La diferencia sería (en esto estoy especulando muchísimo) que los conquistadores tendrían mejor imagen de la que tienen, hoy en día, Francisco Pizarro y Hernán Cortés.

·El ocaso de los héroes. Tras la conquista de Méjico, Hernán Cortés no se quedó allí para siempre. En 1541, participa en el intento, por parte de Carlos I de España, de tomar la ciudad de Argel, un nido de piratas de donde partían expediciones marítimas que asolaban las costas mediterráneas. El intento de invasión sufre un gran varapalo antes del desembarco en la ciudad norteafricana, ya que los temporales echaron a pique una gran cantidad de barcos que componían la flota cristiana. Una vez en tierra, las cosas no fueron mucho mejor ya que los diversos ataques fueron rechazados.



Francisco Pizarro.



Ante el mal cariz que iba tomando la campaña, Hernán Cortés, que contaba 56 años por entonces, propuso tomar la plaza si se le daban suficientes hombres. El gran conquistador de Méjico, que venció a un imperio de millones de almas con solo unos cientos de españoles, no esperaba que su petición, muy valiente en un hombre entrado en años, fuera que le ignoraran completamente. De esa forma tan humillante, se dio cuenta que su presencia era meramente simbólica y que, de ninguna forma, contaban con él para el desarrollo de la campaña. La retirada de la fuerza expedicionaria fue el colofón al trago amargo que tuvo que sufrir Cortés en las postrimerías de su vida militar.


 El caso de Francisco Pizarro fue más dramático. Una vez conquistado el imperio de los incas, tuvo que hacer frente a los ataques de las fuerzas del español Diego de Almagro. Éste fue derrotado y muerto por las fuerzas de Pizarro, que perdonó al resto de capitanes enemigos, que no olvidaron su odio al extremeño. Por tanto, se agruparon en torno al hijo de Almagro, Almagro el Mozo, y penetraron una noche en la casa de Francisco Pizarro, acabando con su vida de una estocada en el cuello. Y, de esta forma tan ruin, acabó su vida el gran conquistador de Perú.

miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Fue el 11-M el primer atentado islamista en España?

La masacre de hace diez años en España que costó la vida de 192 personas no necesita, a día de hoy, más presentación. Además de ser uno de los días más tristes de este país en mucho tiempo, creó mucha polémica y la división entre los mismos españoles que, una vez más queda demostrado, somos incapaces de unirnos en las cuestiones más delicadas que amenazan nuestra nación (no incluyo las magníficas muestras de generosidad regaladas por los ciudadanos que ayudaron tanto a los heridos en aquella funesta jornada).

Hubo, y hay, mucha gente que piensa que los atentados islamistas fueron consecuencia al apoyo del gobierno español de entonces, de José María Aznar, a la intervención norteamericana en Irak que, a su vez, se produjo tras los sangrientos atentados del 11-S. Lo cierto es que no hay ninguno prueba que demuestre esa relación (intervención militar = atentados de Madrid). Pero, lo que si es cierto es que el terrorismo islámico no se inició en España el 11 de marzo del año 2004. Además, tampoco es la primera ocasión en la que hubo víctimas mortales producidas por la locura fundamentalista musulmana.

A continuación expondré una relación de los principales atentados cometidos en España por radicales islámicos:

.-21 de noviembre 1981. El sirio Nazir Sabag, dirigente de los Hermanos Musulmanes es asesinado a tiros en Barcelona.

.-1 de marzo 1982. Tiroteado y muerto en Madrid el palestino Nabil Arankj Wadi, terrorista de Abu Nidal, grupo pro iraquí.

.-13 de Abril 1982. Primer gran atentado islamista en España, el año del Mundial de fútbol. Dos bombas en Madrid, en las sedes Alia y de la agencia Egypt Tours.

.- 27 de abril 1982. El agregado cultural de la embajada de Siria en Madrid repele una agresión y sale ileso de otro atentado.

.-16 de septiembre 1982. Un miembro de Abu Nidal asesina al secretario de la embajada de Kuwait en Madrid.

.- 21 de septiembre 1982. Una bomba destruye gran parte del Centro Cultural Iraquí en Madrid.

.-Diciembre 1983. Walid Jamal Balzik, de la embajada de Jordania en Madrid, es asesinado y un compañero herido. Se atribuye la autoría a las Brigadas Revolucionarias Árabes.

.-24 de julio 1984 la policía española detiene al comando iraní “Mártires de la Revolución Islámica” que pretendía atentar contra un avión saudí en Madrid.

.-5 de agosto 1984. La Yihad Islámica (posiblemente sin relación con el grupo egipcio del mismo nombre) atenta en Marbella contra Kalid Almarzook, propietario del periódico kuwaití Alanbaa, de tendencia pro iraquí. Almarzook resultó ileso, pero murió su chófer.

.-14 de septiembre 1984. Yihad Islámica asesina en Marbella al ingeniero saudí Nasser Abdul Aziz. Su compatriota Khalil Ibrahim resultó herido.

.-Diciembre de 1984. Mohamed Idris Ahmed, un diplomático libio, es tiroteado por dos libaneses de la milicia chií Amal. Los terroristas fueron detenidos, condenados y liberados en 1986 tras el secuestro de un policía español y dos funcionarios de la embajada española en Beirut.

.-12 de abril de 1985. Atentado con una bomba de gran potencia en Madrid, en el restaurante El Descanso. Fue reivindicado por la Yihad Islámica, hubo 90 víctimas, todas civiles –once de ellas estadounidenses- y costó la vida a 18 españoles.

.-1 de julio 1985. Los terroristas atacan con bombas y ametralladoras las sedes de las compañías aéreas British Airways, donde murió Esther Grijalbo, resultando heridas 25 personas y de la jordana Alia, ambas en Madrid. Fue reivindicado, entre otras, por Septiembre Negro.

.-En octubre de 1985 el grupo palestino Fuerza 17 (Yaser Arafat), asesinó a dos marineros israelíes en Barcelona.

.-25 de junio 1986. Atentado en las oficinas de la compañía israelí El Al en el aeropuerto de Barajas, con resultado de 3 heridos graves y 11 leves.



Fuente consultada: Blog "periodistadigital.com/políticamente acorrecto."

sábado, 8 de marzo de 2014

¿Existió el pirata Pata Palo?

Barbarroja, Barbanegra, Jack Sparrow... son nombres que evocan el oficio de pirata. En España, al menos en la época en que yo era un niño, el más famoso era el lisiado Pata Palo. No es difícil asociar el ser un pirata con el hecho de sufrir algún tipo de mutilación. Así, al pensar en ellos, lo habitual es atribuirles, como algo indispensable, un parche en un ojo, una mano con un garfio, o una pierna de madera. Ahora bien, ¿Existió el pirata Pata Palo?


Una prótesis parecida a esta fue llevada por Cornelius Jol. el auténtico pirata Pata Palo.


En 1597 nació en los Países Bajos, en el seno de una familia muy humilde, Cornelius Jol. Era la época en que los holandeses luchaban por la independencia del imperio español. Teniendo en cuenta esto, no es difícil suponer cual sería el enemigo al que combatiría el resto de su vida.

En 1626 se unió a la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, y no tardaría mucho en llegar al cago de Almirante, aunque, realmente, su actividad sería la de corsario al servicio del gobierno de los Países Bajos. Según parece, fue famoso por su valor, habilidad y cortesía hacia los prisioneros. Cruzó el Océano Atlántico nueve veces para atacar las posesiones españolas y portuguesas (en ésa época Portugal pertenecía a la corona del rey de España) en Brasil y el Caribe.

En 1627 tomó la isla de Noronha (costa de Brasil). En 1633 atacó Campeche (en la península de Yucatán). En 1638 intentó capturar la Flota de las Indias, que portaba enormes riquezas hacia España, teniendo que enfrentarse al almirante español Carlos Ibarra cerca de las costas de Cuba. Tras el combate, se enviaron informes erróneos que hablaban de la muerte de Pata Palo, pero lo cierto es que estaba bien vivo, de forma que participó, al mando de una escuadra de siete buques, en la batalla naval de las Dunas al año siguiente. En dicha batalla, la flota española sufrió una gran derrota ante la muy superior flota neerlandesa en el marco de la Guerra de los 30 Años.

En 1640 tomó la ciudad de Luanda, en la costa angoleña, a los portugueses. Hay que destacar que las conquista producidas por Cornelius Jol eran efímeras. Al año siguiente, conquistó la isla de Santo Tomé, pero contrajo la enfermedad de la malaria y falleció.

Tuvo un hijo, del mismo nombre, que capitán de la flota de su país.

Cornelius Jol es conocido como Pata Palo ( Houtebeen en neerlandés) por perder una pierna en la batalla, y ser uno de los primeros piratas documentados en llevar una prótesis de madera.

lunes, 3 de marzo de 2014

¿Quién fue el primer europeo que nació en América?

Una vez más tengo que hablar de los vikingos, que no solo fueron unos bárbaros saqueadores, como alguien  puedan suponer erróneamente. Ensancharon los círculos comerciales y navegaron por rutas antes inexploradas por ningún ser humano. Así, llegaron a Islandia y la colonizaron (posiblemente ya había sido descubierta anteriormente, aunque no fue poblada), descubrieron Groenlandia (estableciendo dos asentamientos), y llegaron al continente americano en al menos  cinco ocasiones. Allí establecieron una pequeña colonia en lo que hoy se conoce como L'Anse aux Meadows, aunque puede que fundaran alguna otra todavía no descubierta.


Estatua de Thorfinn Karlsefni en Philadelfia.


Según la saga de Erik el Rojo, un viajero islandés llamado Thorfinn al mando tres naves y de 140 hombres y mujeres, y siguiendo la ruta utilizada por Leif Eriksson, el primer vikingo que desembarcó en tierras americanas, llegó a dicho continente. No se conoce el lugar donde se asentaron, pero se cree que vivieron en la colonia de L'Anse aux Meadows. Vivieron plácidamente durante tres años en aquellos parajes norteamericanos, con un clima mucho más benigno que el de Groenlandia o el de Islandia, y con unos recursos naturales muy abundantes. Ajenos a los cambios políticos y religiosos que estaban convulsionando Escandinavia (se implantaba el cristianismo de una forma no muy pacífica, y los reyes centralizaban el poder), estar en aquellos idílicos parajes sería como estar en una especie de paraíso terrenal. Y fue en medio de esa estancia tan feliz, cuando la esposa de Thorfinn, Gudrid dio a luz un bebé, el primer extranjero que nacería en el Nuevo Mundo. Ese sano y robusto varón de pelo rubio (muy posiblemente) se llamaba Snorri Thorfinnsson. El año de su alumbramiento no es conocido con seguridad, pero sería entre los años 1004 y 1013.

Tras una estancia sin mayores problemas y despreocupada, aparecieron unos viejos conocidos por los colonos vikingos, los skraelings (que era como le llamaban a los indios nativos). En un viaje anterior, Thorvald, uno de los hermanos de Leif Eriksson, murió en un enfrentamiento con los nativos, siendo enterrado en algún sitio desconocido de América. Esta vez, venían a comerciar. Los skraelings querían intercambiar pieles por las magníficas espadas que portaban los vikingos. Como éstos se negaron a hacer el intercambio, empezaron los problemas que desembocaron en la marcha de los nórdicos a su lugar de origen, Groenlandia. Según las sagas, este había sido el cuarto viaje de los escandinavos a las nuevas tierras. Todavía quedaba uno más.


Vikingos luchando con los skraelings.


¿Y que fue del niño europeo que nació en América? Snorri Thorfinnsson viviría una larga vida hasta que murió hacia el año 1090. Tuvo dos hijos, y dos nietos que fueron importantes obispos católicos en Islandia. Él mismo es considerado una figura principal en la cristianización del país.