Buceando en la leyenda

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viernes, 26 de agosto de 2016

El valor de las mujeres samuráis.

Siempre se da por hecho de que una mujer no debe de estar en un campo de batalla. Pero la verdad es tozuda y la historia ha dado multitud de ejemplos que nos demuestran que las soldados femeninas han sido (y lo siguen siendo) de tanto valor en el campo de batalla como lo han sido los hombres. En otra entrada hablé de las mujeres israelíes durante la guerra de la independencia de 1947-48. En el presente podemos observar como las mujeres kurdas luchan en las guerras de Siria e Irak contra el Daesh. Hoy me dispongo a tratar el tema de las mujeres japonesas que lucharon como samuráis.

En 1580 se libró una de las múltiples batallas, que sembraron de cadáveres las islas japonesas, durante un largo periodo de guerras civiles y que acabaría con el ascenso de la familia Tokugawa hacia el 1615 inaugurando un largo proceso de paz y aislamiento de casi 250 años. El combate de Senbon Matsubara fue otro más de los muchos entre samuráis de distintos señores que aspiraban a dominar el archipiélago nipón.


Tomoe Gozen en batalla (Imagen de Wikipedia).


Lo que han descubierto los investigadores en los restos de cadáveres conservados de aquel enfrentamiento no deja de causar cierto estupor: el   33% de los restos pertenecen a mujeres. No cabe duda que ellas engrosaban las filas de los ejércitos contendientes, ya que los huesos no se encontraron en los restos del asedio a algún castillo, sino en un auténtico campo de batalla.

Los restos encontrados en otros escenarios bélicos, como en Edosaki o Zaimnokusa, con un 25% de restos femeninos en el primer caso y un  30% en el segundo, no deja lugar a la menor duda: casi un tercio de las bajas en las guerras de aquel periodo eran pertenecientes a soldados-mujeres.

Tomoe Gozen (h. 1157-h. 1184) fue una célebre guerrera samurái que luchó junto a su marido, otro gran samurái, durante las Guerras Gempei (1180-1185). Sus hazañas son consideradas como reales por los historiadores. A diferencia del resto de las mujeres, las crónicas antiguas la reconocen como la gran soldado que fue. Como la historia la suelen escribir los hombres, parece ser que, muy a menudo, se olvidan de mencionar el valor de las mujeres soldado.

Casi toda la información de este post la he conseguido gracias al estupendo documental del canal YouTube:



 
 
 
 
 

martes, 16 de agosto de 2016

El ocaso de los héroes: el clan de los Custer.

En 2014 se estrenó El maestro del agua (llamada así en España), primera película dirigida por el famosísimo actor Russel Crowe. El argumento de la cinta nos traslada al año 1919, justo después de la Primera Guerra Mundial, y cuenta la historia de un padre de familia australiano que tiene que trasladarse a Gallipoli para tratar de rescatar los restos de sus tres hijos varones que desaparecieron en aquella cruel batalla del primer gran conflicto mundial. La película cuenta con una de las escenas más angustiosas de las que he visto en mi vida, y es cuando los tres hermanos entran en batalla y van cayendo ante las balas de los soldados otomanos. En esta vida tan cruel, debe de haber pocas cosas tan duras como la de ver a un familiar querido caer en un combate.






En Salvar al soldado Ryan (1998), el argumento nos traslada a la Segunda Guerra Mundial. A un pelotón de soldados comandados por un eficaz comandante norteamericano, protagonizado por el gran Tom Hanks, se le encarga la delicada y difícil misión de encontrar a uno de los cuatro hermanos Ryan, perdido entre las líneas alemanas, ya que su unidad había saltado previamente en paracaídas en los caóticos prolegómenos del famoso desembarco de Normandía del año 1944, y llevarlo a retaguardia para que pudiera ser licenciado y trasladado a los Estados Unidos, y rencontrarse con su madre, una pobre mujer que en un solo día se le informó por carta que sus otros tres hijos habían sido muertos en distintos campos de batalla. A diferencia de la anterior película, los diversos hermanos no lucharon en el mismo escenario bélico, desconociendo la suerte de cada uno de ellos entre sí.

Sin duda alguna, habrá miles de ejemplos en los que los familiares hayan tenido que luchar codo con codo en las múltiples guerras que salpican las páginas de la historia. No hay duda de que habrá muchos padres que hayan visto a sus hijos morir ante alguna espada enemiga, o hijos o hermanos que hayan tenido que contemplar ver caer a sus familiares queridos ante las balas de fusil de un soldado de otro ejército; son muchas las hojas perdidas de la historia que no se han conservado a lo largo de los siglos que, tal vez, nos relataran historias tan terribles como las que nos cuentan películas tan estupendas como la de El maestro del agua y la de Salvar al soldado Ryan.

En cambio, hay un hecho de armas totalmente real en el que varios familiares cayeron muertos ante el enemigo, y que ha quedado registrado para la eternidad, ocurrido en 1876, y que ha quedado oscurecido ante la magnitud de contener el ocaso final de uno de los mayores héroes que ha poseído nunca la historia militar estadounidense: George Custer.

La batalla de Little Big Horn (1876) tuvo como resultado la aniquilación de todas las fuerzas del afamado 7º regimiento de caballería a manos de una coalición de guerreros indios. Tras la sangrienta batalla, y la retirada de los indios, los cuerpos desnudos y mutilados de los soldados norteamericanos quedaron expuestos en el mismo lugar en el que habían muerto; ningún hombre sobrevivió a la terrible matanza. Cerca del cadáver de Custer se encontró el de su hermano, el capitán Thomas Ward Custer, cubierto de flechas enemigas clavadas en su cuerpo.


El capitán Thomas Custer.



Thomas era un oficial de una talla excepcional, y, de hecho, tiene el enorme prestigio de haber recibido por dos veces la medalla de honor (la más alta consideración en batalla que pueda recibir un militar norteamericano). En toda la historia, solo 19 militares han recibido ese doble reconocimiento.

Otro hermano Custer, Boston, nunca se pudo unir al ejército debido a su mala salud. En cambio, fue contratado como guía, forrajeador y explorador para la campaña contra los indios de 1876. Cuando ocurrió la debacle en la que perecieron tantos familiares Custer, se encontraba en la retaguardia con la impedimenta del regimiento, acompañado de su sobrino, Henry Armstrong "Autied" Reed. Al enterarse de que su hermano se estaba quedando sin munición, se acercó al escenario del combate pereciendo así junto a los soldados del regimiento. Si hubiera permanecido con los pertrechos habría sobrevivido. Una lápida de mármol recuerda el lugar donde fue encontrado su cadáver, como todos los demás.


Boston Custer.


Con respecto al sobrino de los tres hermanos Custer, Henry, solo tenía 18 años cuando le mataron los indios. También se encontraba en la retaguardia junto a su tío Boston cuando ambos se adelantaron para proveer de municiones a los soldados de primera línea. A su cadáver le arrancaron la cabellera. Hoy se encuentra expuesta en el Museo de Tesoros de Wichita  (Kansas).

El teniente James Calhoun estaba casado con una hermana de los hermanos Custer, por lo que era su cuñado. También murió durante la batalla de Little Big Horn, aunque distante al lugar donde cayeron los hermanos Custer, y que es conocido como la colina Calhoun, llamada así en su honor.


El teniente James Calhoun.



Fuentes:

-Litte Big Horn 1876, de Peter Panzeri.
-Wikipedia (en inglés).

Imágenes:

-Wikipedia.



viernes, 29 de julio de 2016

El rey que perdió el trono por ir al médico.

Idris I (nació en 1889) ha sido el mejor monarca de Libia en toda su historia, de eso no hay ninguna duda, y lo es por que ha sido el único. Cuando la Segunda Guerra Mundial concluyó, y la descolonización del mundo árabe también se hizo efectiva, diversos países como Egipto, Irak o Libia buscaron en la monarquía un sistema político que garantizase la estabilidad. Tras diversos golpes de estado, los dictadores sustituyeron a los reyes, salvo en países como Jordania y Marruecos, que siguen conservando sus linajes reales.


Idris I de Libia.


Idris aceptó el encargo de ser rey en 1951. El ser nieto del fundador de la cofradía islámica sanusí, con el prestigio que conllevaba, posiblemente influiría en tal decisión. Habiendo nacido en una región dominada por el imperio turco, tuvo que luchar posteriormente contra los italianos que, finalmente, conquistaría Libia. Durante dos décadas vivió exiliado en Egipto, y observó en la distancia como su país sería escenario de batallas entre los ejércitos del Eje y de los Aliados, en lo que sería la Segunda Guerra Mundial.

Fue simpatizante de las potencias occidentales y permaneció apático con respecto a los intereses de los demás países musulmanes de su entorno; cuando estalló la guerra contra Israel de 1967, fue de los pocos que no ofreció ayuda militar. Además, el no tener descendencia masculina que asegurase la continuidad en el trono era otro factor negativo a tener en cuenta.

Idris I no debió de modernizar el país como debiera, y esto lo digo porque tuvo que ir a un hospital extranjero a curarse de ciertas dolencias, y eso mismo fue lo que ayudó a que se produjera su derrocamiento. Aprovechando la coyuntura, una facción del ejército libio, encabezada por un jovencísimo veinteañero llamado Muamar el Gaddafi, realizó un golpe de estado que acabó de un plumazo con la monarquía en Libia.



Gaddafi en 1973.



El rey derrocado ya no volvería a ver nunca más la tierra que le vio nacer, y se exilió, una vez más, a Egipto, algo que le salvó la vida, ya que en Libia le habían juzgado in absentia, y le habían condenado a muerte.

Con la nada despreciable edad de 94 años, el primer y único rey de Libia moriría en 1983. Tras la muerte de Gaddafi en 2011, un heredero suyo, su sobrino nieto Muhammad al-Senussi, reclama el trono de Libia, que de momento sufre los zarpazos del integrismo islámico.


Fuentes e imágenes: Wikipedia.

sábado, 25 de junio de 2016

Las drogas en la guerra (I): La batalla de Mogadiscio.

La guerra es una situación extrema y peligrosa a la que se enfrentan algunos soldados que saben que pueden morir en ella. Cuando las balas empiezan a silbar, cuando los cañones y las bombas de los aviones explotan, cuando un militar ve a su enemigo aproximarse hacia él gritando como una bestia, cuando el campo de batalla está repleto de cadáveres y de hombres agonizando..., cuando surgen tantos escenarios horribles ante un ser humano, frágil en cualquier sentido de la palabra, y que tiene la obligación de combatir, porque ese es su oficio, no es de extrañar que, a lo largo de la historia de los conflictos militares, se haya recurrido a reforzar el valor de los soldados suministrándole cualquier tipo de sustancia o bebida que le produzca excitación y les puedan subir la moral. Es decir, que el alcohol y la droga, e incluso el tabaco, ha sido tan necesario como el como el comer y el beber agua, siempre que se ha dispuesto de ello, y se ha ofrecido de manera generosa a los militares que han tenido que afrontar la difícil prueba de enfrentarse a una muerte bastante probable en un campo de batalla, o que han tenido que sufrir el terrible trance de verse obligados a matar a cualquier enemigo que se pudieran encontrar en su camino.

En un continente tan pobre como es África, nace un arbusto llamado "Catha Edulis" y que se extiende por Somalia, Etiopía, Kenia, Yemen, Uganda, Tanzania, Zimbabwe... En una zona tan conflictiva y mísera como es el llamado Cuerno de África, esta planta es mascada de forma generalizada ya que produce unos efectos de inhibición de miedo en los soldados, además de enmascaramiento de la sensación del hambre, sensación terrible en toda la población del lugar, por desgracia.

Esta planta también es conocida como khat, qat o kat, y los soldados de élite norteamericanos, Rangers y Delta Force, de los mejores del mundo, pudieron comprobar sus terribles efectos en 1993, cuando emprendieron una difícil misión en Somalia, en la batalla de Mogadiscio, y que inspiró una magnífica película llamada Black Hawk Derribado.



Guerreros somalíes.



El 3 de octubre de aquel año, los helicópteros norteamericanos y los Humvvees se adentraron en las peligrosas calles de la capital somalí, con la misión de capturar a dos de los principales líderes de la facción guerrillera de Mohamed Farrah Aidid, que se estaban reuniendo en un hotel de uno de los barrios menos seguros de la ciudad. Eran las 15.30 cuando empezó la acción, y era la peor de las horas que podían haber elegido los yanquis para empezar su incursión, ya que habían previsto muchas cosas, como profesionales que eran, aunque no tuvieron en cuenta que los efectos de la droga que consumían los habitantes del lugar, y que les manchaban los dientes de color negro y naranja, estaba en su máximo apogeo justo a primera hora de la tarde.

Muchos somalíes eran adictos al khat. La mayoría empezaba a mascarlo al mediodía (solían tener la bolas en los bolsillos), y al atardecer ya estaban con los ojos abiertos como platos, señal de que estaban ya colocados. Como es habitual en otras partes del mundo, la comercialización de la droga es un factor fundamental en la economía de los clanes de Somalia: los guerreros solían cobrar en arroz o en khat.

Cuando la misión norteamericana generó en una batalla campal y descarnada, los somalíes, guerreros y civiles, hombres y mujeres y niños, salían de cualquier rincón a combatir a los invasores. Si alguno caía abatido por las balas de los americanos, otro tomaba el fusil y se lanzaba a pecho descubierto hacia los vehículos blindados. Los africanos, que no sabían a que habían venido aquellos hombres altos y pálidos, parecían que no tenían miedo a los poderosos y bien armados soldados venidos de un lugar del mundo tan distante (en verdad todo empezó como una misión de la ONU para controlar que los envíos de comida llegaban a la población y que no se los quedaran las bandas armadas; Somalia había sufrido una terrible ola de hambruna hacía bien poco, y todavía se extendía por toda la región).


Hombre mascando Khat.


El siguiente relato muestra a las claras de como el khat afectaba a los somalíes en la batalla:

De detrás de un muro surgió tambaleándose un anciano que disparaba con furia una AK. Los rangers de las tres esquinas le apuntaban con sus armas. Aquel hombre parecía frágil y tenía una melena de cabello blanco y una barba larga y frondosa con manchas verdes a los dos lados de la boca, sin duda del khat. Era evidente que estaba borracho, colocado o tan flipado que no sabía lo que pasaba. Sus disparos estaban tan lejos de dar en el blanco que los rangers al principio sólo se asombraron, pero luego se echaron a reír. El anciano giró sobre sí mismo de forma precaria y lanzó una ráfaga a la pared, lejos de todo blanco. Twombly acabó con él mediante una ráfaga de su SAW.



Al día siguiente acabó todo la operación militar. Los norteamericanos sufrieron lo indecible para sobrevivir a aquel infierno. Gracias a la ayuda de los carros de combate pakistaníes pudieron finalizar lo que podría haber sido un completo desastre. Diecinueve muertos les costó aquella aventura (se dice que cayeron un millar de somalíes) en la que la batalla, el calor, el valor, el compañerismo, el miedo... y el khat fueron elementos que influyeron en aquel memorable hecho de armas.


Fuentes:

-Black Hawk Derribado, de Mark Bowden.
-Sangre de Valientes, de Carlos Roca.

-Imágenes de Wikipedia.

sábado, 18 de junio de 2016

El presidente que creía en los ovnis, y como invadir un país con mapas para turistas.

En 1983 se llevó a cabo la invasión, por parte de la todopoderosa Estados Unidos, de una pequeña isla caribeña, llamada Granada (o Grenada). Hoy casi nadie se acuerda de esa aventura militar, de como el elefante aplastó a una hormiguita, y que sólo se puede entender en el contexto de la llamada Guerra Fría, que en aquellos años dividía al mundo entre un bloque de países comunistas, y otro de naciones de economía capitalista.

El mundo ha cambiado mucho. El enemigo de occidente en la actualidad no es el comunismo, sino el terrorismo yihadista, que parece extenderse como una mancha de aceite a todos los rincones del mundo, agravando los problemas de los países musulmanes, y monopolizando la amenaza del terrorismo internacional.

En 1974, la isla de Granada se independizó del Reino Unido, siendo su primer presidente Eric Gairy (1922-1997), que, verdaderamente, era una persona bastante excéntrica. Una cosa es que alguien crea en ovnis o en extraterrestres que visitan de manera furtiva nuestro planeta (allá cada cual con sus pensamientos). Otra cosa bien distinta es que, en calidad de presidente de una país independiente, Gairy fuera a Nueva York para intentar convencer a las Naciones Unidas para que se celebrara una conferencia sobre alienígenas (como si no hubiera cosas más importantes en las que pensar un gobernante).


La invasión de Granada vista por el gran Clint Eastwood.




El caso es que la broma le salió cara a Gairy. Mientras estaba por los Estados Unidos desatendiendo sus deberes de dirigir un país, se produjo en Granada un golpe de estado incruento, encabezado por Maurice Bishop, que lo desbancó de su silla presidencial. Los coqueteos de Bishop con los comunistas cubanos, que enviaron ingenieros para construir un nuevo aeropuerto en la isla, inquietó al gigante del norte.

Era cuestión de tiempo que surgiera una chispa para que los Estados Unidos dieran un zarpazo anticomunista, ya que no podían permitir que un nuevo régimen aliado de su bloque antagónico se estableciera en el mar Caribe (ya tenían bastante con Cuba).

La ocasión para intervenir se la ofreció en bandeja un nuevo golpe de estado: el número dos de Bishop, Bernard Coard, se hizo con el poder en 1983. Como había cientos de universitarios norteamericanos estudiando y residiendo en la facultad de medicina en St. George, el gobierno norteamericano vio en su liberación la excusa perfecta para iniciar las operaciones militares. Según parece, los estudiantes no estuvieron en peligro en ningún momento. El que si lo estuvo fue el presidente derrocado, Bishop, que acabaría siendo ejecutado, al lado de algunos de sus fieles colaboradores.


Eric Gairy, el presidente de Granada que quiso convencer al mundo en la existencia de alienígenas.



A los trabajadores cubanos los armaron para repeler la invasión, y sumados a los soldados granadinos apenas alcanzaban un millar de defensores, con escasas armas de apoyo. Los estadounidenses reunieron más de 7.000 soldados respaldados por una poderosa flota y numerosa aviación de combate; la lucha iba a ser, ciertamente, desigual. Cuando los mandos norteamericanos fueron a buscar un mapa de la isla, pudieron comprobar que no había disponible ninguno; tal fue la improvisación de llevar a cabo la invasión. ¡A los soldados que fueron a invadir la isla, les dieron mapas para turistas para guiarse en un país que iban a conquistar, y en donde aparecían los lugares donde poder alquilar una motocicleta!

A pesar de los inconvenientes, el número se impuso, y los pocos focos de resistencia fueron aplastados en apenas cuatro días de combates. A los norteamericanos, la victoria supuso un acicate tras su desastrosa intervención en Vietnam, y al gobierno de Ronald Reagan (1911-2004) le permitió presentar a la opinión pública mundial una pequeña victoria en su guerra contra el comunismo.

En la isla de Granada se volvió a instaurar un régimen democrático que perdura hasta nuestros días.

La divertida película el sargento de hierro, protagonizada por Clint Eastwood (1986), cuenta la historia de un veterano sargento, héroe de la guerra de Vietnam, al que se le asigna el entrenamiento de un desastroso pelotón de marines, y que lo llega a convertir en una unidad eficaz de combate justo antes de enviarlo a las operaciones militares que llevaron a la ocupación de Granada. En dicho film, durante las batallas contra los cubanos, se les ve a éstos con uniformes del ejército cubano y cascos, cuando en realidad eran trabajadores armados, ya que en ese momento estaban construyendo las pistas e instalaciones de un aeropuerto.


Fuente principal: Breve historia de la incompetencia militar, de Edward Strosser y Michael Prince.




sábado, 28 de mayo de 2016

El tío de Picasso.

Uno de los más grandes creadores que ha nacido en suelo español ha sido y será el inmortal pintor malagueño Pablo Ruíz Picasso (1881-1973), el creador de obras tan universales como el llamado Guernica. Aunque no voy ha hablar de él, sino de su tío segundo, el mucho menos conocido general Juan Picasso González (1857-1935), también nacido en Málaga, y de una gesta, casi de leyenda, llevada a cabo en las calurosas arenas del norte de Marruecos a finales del siglo XIX por él mismo y su valiente caballo, llamado príncipe.

El general Picasso fue artífice del llamado expediente Picasso, encargado por el entonces ministro Juan de la Cierva, para dar luz a la serie de trágicos acontecimientos sucedidos en el sangriento verano de 1921 en el norte de África, y que costaron la vida a 10.000 soldados españoles en una de las más amarga derrota que haya sufrido el ejército de España en toda su historia: el llamado Desastre de Annual.

Pero, como he dicho al principio, voy a hablar de la cabalga inmortal que propició Picasso cuando era un joven oficial, y amante de los caballos, recién salido de la Academia de Estado Mayor.


Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau que representa jinetes españoles de la época.



El 9 de octubre de 1893, a Picasso le asignaron al antes mencionado caballo llamado príncipe, que había pertenecido al coronel Guillermo Iriarte. Apenas tres semanas después se iban a poner a prueba tanto la montura como el jinete en una peligrosa misión, que en otro país que no sea España seguro que hubiera tenido un mayor reconocimiento.

El general Juan García Margallo (1839-1893), bisabuelo del actual ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Mariano Rajoy, José Manuel García Margallo, era en esa época gobernador de Melilla. Por entonces estalló un conflicto con las cabilas rifeñas porque se quisieron construir unos fuertes militares cerca de la tumba del santo rifeño, Sidi Guariach; se la llamó la guerra de Margallo.

En una fase de la campaña, el general Margallo quedó cercado con sus tropas en el fuerte de Cabrerizas Altas por las fuerzas rifeñas. Como la situación era desesperada, se pidió un jinete voluntario para que atravesara a todo galope un terreno lleno de enemigos sedientos de sangre, hasta el próximo fuerte español de Rostrogordo. Sin dudarlo un instante, el joven e impetuoso Picasso se ofreció para llevar a cabo la acción casi suicida. Aunque aceptó una escolta de 25 jinetes, enseguida se quedó solo cuando salió de la posición española cercada, y llegó como una exhalación a Rostrogordo, después de haber servido de blanco a cientos de rifles enemigos.


Muerte del general Margallo.


Cuando pensaba que ya había completado su difícil misión, y que desde el fuerte español se podría comunicar con Melilla para que se le enviaran refuerzos a las asediadas tropas del general Margallo, la preocupación volvería al semblante del valiente jinete andaluz cuando le dijeron que las comunicaciones con Melilla eran imposibles porque, entre otras cosas, los cables telefónicos estaban cortados. Además, para completar el drama, las tropas enemigas empezaban a cercar la actual posición donde se encontraba Picasso, que empezaba a comprobar que su cabalgada había sido inútil.

Como un auténtico héroe, Picasso pidió completar su misión, y proseguir su cabalgada hasta Melilla para llevar su mensaje de auxilio. Por delante quedaban tres kilómetros repletos de posiciones enemigas, cosa que ya le resultaba familiar al joven jinete español. Cuando los soldados vieron la cabalgada de Picasso, salpicada de cientos de disparos de fusil, salieron para jalear a su compatriota, y el griterío fue más fuerte que el ruido de las armas rifeñas.

Juan Picasso pudo llevar el mensaje de auxilio a Melilla tras cumplir con éxito una misión casi imposible. El reconocimiento a tan magna empresa fue la concesión de la Cruz de San Fernando. Al año siguiente fue ascendido a comandante, y era general de división cuando le fue encargado el que sería llamado el expediente Picasso.

El general Margallo moriría en la guerra que lleva su nombre.




Bibliografía: Historia secreta de Annual, de Juan Pando.
Imágenes de Wikipedia.


domingo, 15 de mayo de 2016

El sacerdote que apuñaló a un rey.

Durante la segunda mitad del siglo XVI, y mientras que la España de Felipe II vivía en el cénit de su poder imperial, su país vecino al norte de los montes Pirineos, se desangraba en una serie de guerras interminables. Las divisiones religiosas ocultaban una lucha atroz por el poder de las familias aristocráticas francesas más relevantes. De un lado los católicos, de otro la familia real de los Valois, y de otro la de los protestantes, que en Francia eran conocidos como los hugonotes. En definitiva, se produjo uno de los muchos Juegos de Tronos que ha salpicado la historia, y que suelen acabar como ya sabemos: miles de muertos, siendo la mayoría de las clases más humildes, y un nuevo aristócrata subido al trono real.

Como el objeto de este blog es contar historias no demasiado largas, me voy a centrar en uno de los momentos más decisivos de todo el conflicto.

El 1 de agosto de 1589, las tropas reales de Enrique III estaban asediando la siempre importante ciudad de París. Unos meses antes el monarca cometió uno de los muchos crímenes infames que salpicaron la larga guerra civil; había llamado a su presencia al líder del bando católico, el duque de Guisa, que asistió de manera obediente (no se esperaba menos de un leal vasallo, a su llamada). Hay momentos en los que los hombres bajan la guardia ante la amenaza de ser traicionados, y cuando un noble francés es llamado a formar parte de unos Estados Generales, es decir una reunión parlamentaria, fue uno de ellos, ya que el duque acabó siendo presa fácil ante las numerosas estocadas que recibió de los hombres del rey.

Al día siguiente su hermano, llamado el cardenal de Guisa, correría la misma suerte, siendo descabezado de este modo el bando de los católicos. Como se verá más adelante, al rey poco le duraría la alegría.


Imagen que representa el apuñalamiento del rey Enrique III por parte del sacerdote Jacques Clément.


En una época tan violenta, llena de traiciones y asesinatos, sería muy importante poder contar con unos hombres fieles con los que poder cubrirse uno las espaldas. Además de eso, no sería posible confiar en mucha gente. A priori, hay un grupo social que es difícil de sospechar de que pueda mancharse las manos de sangre, y es el de los sacerdotes, o eso, al menos, es lo que debió de pensar el rey aquel día de verano.

A Jacques Clément, clérigo dominico, no le tuvo que sentar muy bien la noticia del mezquino asesinato de los hermanos Guisa, por lo que decidió pagar con la misma moneda a su soberano. Con la excusa de que llevaba cartas importantes desde la asediada ciudad de París, le fue concedida la audiencia personal ante el mismísimo Enrique III de Francia, que recibió al "hombre santo" con la más absoluta de las confianzas. Tanta que no fueron revisados sus ropajes, ya que ocultaban un arma blanca, capaz de matar a una persona por más sangre real que llevara en sus venas de color azul.

Cuando el monarca estaba leyendo la primera de las misivas sintió como la hoja afilada de un puñal atravesaba su bajo abdomen, aunque tuvo el coraje y la fuerza necesaria de sacarse el arma de sus entrañas y, con él mismo, darle una estocada al futuro matarreyes en su mismo rostro que pudo ver. Las heridas fueron letales y moriría la día siguiente el rey de Francia, aunque pudo nombrar como sucesor al protestante Enrique IV, el que sería el primer rey Borbón de Francia.

Así acabó la dinastía Valois, aunque no la guerra. Al monje homicida le esperaba una muerte atroz, como él mismo cabía de esperar: fue desmembrado en público y quemados sus restos, convirtiéndolos en cenizas que acabarían siendo arrojadas al río Sena, para que desaparecieran así para la eternidad.

En la España del siglo XIX tuvimos un caso de apuñalamiento real con muchos parecidos al anterior; se ve que el caso de Clément hizo escuela. En el mismo año de la Revolución francesa (1789) nació Martín Merino y Gómez en Arnedo (La Rioja, España), el que sería conocido como el cura Merino (no tiene nada que ver con el famoso guerrillero de la guerra de la independencia española contra los franceses y que era llamado de la misma forma).

Sin motivos aparentes como los del regicida francés, y sin pertenecer, según su mismo testimonio, a ninguna organización anarquista, que por entonces se empezaban a atentar contra reyes y presidentes en los países europeos, decidió que debía de acabar con la vida de la joven reina Isabel II de España, que en 1852 contaba con tan solo 21 años de edad, y acababa de tener a su primera hija.

Cuando regresó al Palacio Real, después de asistir a una misa en una iglesia de Madrid, un extraño sacerdote se le acercó con no muy buenas intenciones. Una vez más, las sotanas fueron un salvoconducto que guiaron la mano homicida hacia la presencia real, y una vez más fueron los hábitos religiosos los que albergaron el arma mortal, aunque esta vez el azar el que salvó la vida del monarca. La reina vestía un corsé con unos materiales de bastante dureza que impidieron que la herida producida por el estilete del cura Merino fuera mortal. Dicho corsé, que podéis ver en este enlace, era portado por la reina Isabel para recuperar su figura tras el embarazo de su hija.


El cura Merino.


Como al homicida del rey francés Enrique III, el destino del frustrado regicida español fue la muerte atroz, esta vez con previo juicio, a garrote vil, y la incineración de sus restos, que fueron esparcidos en una fosa común.



Fuentes consultadas:

-The french religious wars 1562-1598, de
-Wikipedia.
-Imágenes extraídas de Wikipedia.








miércoles, 6 de abril de 2016

¿Quién fue el arquitecto que se convirtió en un dios?

Si hablamos del antiguo Egipto nos sonarán los nombre de algunos dioses e, incluso, de algunos faraones. Los que han permanecido en el anonimato son los grandes artistas que dieron a la posteridad las magníficas obras de arte que han llegado hasta nuestros días, para que las disfrutemos todos al contemplarlas.

La razón de que los artesanos-artistas faraónicos y arquitectos antiguos permanezcan en el anonimato es debido a que los egipcios no creaban obras de arte, sino piezas destinadas a lugares de enterramiento que, se suponía, iban a quedar selladas para toda la eternidad. Sin embargo hay dos excepciones (se trata de personajes con el título de "supervisor de todos los trabajos del rey"): Hemiunu y de Imhotep.

Este último fue el responsable de la construcción del complejo funerario del faraón Zóser (2686-2667 a.C.), del que destaca la pirámide escalonada, el eslabón intermedio entre la mastaba (las primeras edificaciones de carácter funerario) y las pirámides. También diseñaría la pirámide de Sejemjet, que nunca llegaría a terminarse. La pirámide escalonada se interpreta como una escalera que permite al faraón subir hasta el cielo.


Estatuilla de Imhotep sentado, época tardía, Museo del Louvre (Imagen de Wikipedia). El casco que cubre su cabeza es una evidente referencia a Ptah, y el papiro que reposa en sus rodillas, evoca sus inmensos conocimientos y su condición de patrono de los escribas.


Imhotep (2690-2610) fue un personaje que disfrutó de una posición de privilegio en la corte, pues desempeñó cargos importantes en todos los campos: artístico, religioso (sumo sacerdote de Heliópolis) y administrativo. Su fama fue tal que durante la Baja Época llegó a ser deificado, en parte por su notable catadura cultural y moral, convirtiéndose en un dios sanador y de la medicina, siendo, anteriormente, considerado el patrón de los escribas y la personificación misma de la sabiduría. Esta nueva condición se aprecia especialmente en el Canon de Turín, donde Imhotep aparece como "hijo de Ptah", el dios menfita sabio y docto por antonomasia.

Si vamos al fondo de la cuestión, podríamos considerar a Imhotep como una especie de Hombre del Renacimiento, es decir, alguien que dominaba diversos campos del conocimiento, ya que su vida la consagró al estudio y a la creación; fue sabio, médico (posiblemente fuera el padre de la medicina egipcia), astrónomo y primer arquitecto conocido.


Complejo funerario de Saqqara (Imagen de Wikipedia).



Bibliografía:

-Egipto, de Alessia Fassone y Enrico Ferraris.
-Los primeros faraones, de National Geographic.

domingo, 3 de abril de 2016

¿Qué general francés está enterrado en El Escorial?

Louis-Joseph, duque de Vendôme (1654-1712) fue uno de los mariscales franceses más capaces de la época en la que le tocó vivir, el reinado de Luis XIV. Además de ser un notable militar, era descendiente directo del primer rey Borbón que se sentó en el trono de Francia; era tataranieto de Enrique IV (el que dijo lo de "París bien vale una misa"), eso sí ilegítimo.

La lista de batallas en las que luchó es bastante considerable. Las que ganó fueron muchas, aunque también perdió algunas, como la de Oudernade (1708), ante el mismísimo Marlborough, siendo su mando entorpecido en todo momento por el joven e inexperto duque de Borgoña, nieto de Luis XIV, que fue con el que tuvo que compartir la dirección de las fuerzas galas.


El duque de Vendôme. (Imagen de Wikipedia)


Entró de servicio en el ejército siendo muy joven, con tan sólo 18 años, distinguiéndose por su valor y coraje, llegando al cargo de mariscal en 1702. El proceder de tan noble linaje, aunque sea de forma ilegítima como ya he dicho antes, explica el hecho de que tuviera unos primos tan relevantes, como lo fue Eugenio de Saboya, uno de los generales más laureados de su época. El caso es que tuvo lugar una batalla en Italia, la de Cassano (1705), durante la guerra de Sucesión española (1701-1714) en la que ambos primos tuvieron ocasión de medir su talento al dirigir los ejércitos a los que ambos pertenecían, siendo vencedor el galo. Poco después, a Vendôme lo trasladan al frente de Flandes, y los franceses fueron expulsados de suelo italiano.

Otro de sus ilustres primos, el que llegaría a ser Felipe V, el primer rey Borbón español, le requirió para luchar junto a él en el litigio que se estaba librando en el solar hispano; en la guerra de Sucesión española se combatía por colocar en el trono a un rey Habsburgo o a un Borbón, y Vendôme luchaba con estos últimos. Sus victorias en las batallas de Brihuega y Villaviciosa (1710) fueron decisivas para que su primo se alzara con la corona española.


Palacio de El Escorial. Lugar de enterramiento de reyes, infantes y del mariscal Vendôme. (Imagen de Wikipedia).


La ironía del destino quiso que un hombre que venciera a tantos adversarios en los campos de batalla de media Europa, encontrara la muerte de una forma bastante absurda: estando en Vinaroz (provincia de Castellón, España), se organizó un festín en la que se sirvió abundante marisco y el general abusó de los langostinos, falleciendo poco después. Hoy reposan sus restos en el Panteón de Infantes del Palacio de El Escorial, en Madrid, junto a los de tantos hijos e hijas de los que han sido reyes de España. No se merece menos consideración aquel que tanto servicio dio a los Borbones en su momento, gracias a su buena dirección en las batallas de la Guerra de Sucesión española.



Fuentes:
-Wikipedia (en inglés).
-Marlborough, de Angus Konstam.