Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

jueves, 10 de noviembre de 2016

¿Ha empleado alguna vez el ejército español armas químicas?

Uno de los mayores desastres militares españoles ha sido la batalla de Annual (1921), derrota producida por las tribus rifeñas del norte de Marruecos. Miles de jóvenes murieron por la incompetencia y la mala dirección ejercida por los políticos y generales del momento. La desolación y la humillación ejercida por la acción de aquellos guerreros norteafricanos, que no tuvieron piedad con los moribundos soldados españoles, sirvió de caldo de cultivo para que se tomara la horrible decisión de emplear armas químicas en un campo de batalla maldito para las fuerzas armadas hispánicas.

Hay registrada una conversación telegráfica del 12 de agosto de 1921 entre Eza (ministro de Guerra) y el general Berenguer (Alto comisario en Marruecos), y extraída del libro Historia secreta de Annual, de Juan Pando que dice:


Alto comisario: «—Siempre fui refractario al empleo de los gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición».

Ministro: «—Mi propósito respecto de los gases es instalar ahí (en Melilla) su utilización, quedando a juicio de V. E. la apreciación del uso de los mismos. Nada más se me ocurre, sino despedirme con todo afecto».
 
Alto comisario: «—Créame V. E. que los emplearé, y me despido y pongo a sus órdenes con el mayor afecto»
 
 
Cuadro de John Singer Sargent, que expresa las terribles consecuencias de un ataque químico en los hombres. (Imagen de Wikipedia).
 
 

Los mismos gases, iperita y fosgeno, que habían sido usados con terribles efectos en los campos de batalla de la I Guerra Mundial, llegarían finalmente al norte de África donde los españoles llegarían a usarlos lanzados desde sus aviones de combate. Con una composición basada en el sulfuro de cloroetilo, la iperita generaba un compuesto letal de violentos efectos: destrucción de las mucosas, provocando asfixia y muerte, lesiones graves en la piel y ceguera. Los tratados internacionales que había firmado el rey Alfonso XIII para prohibirlos, una España rabiosa por la derrota se los iba a saltar de pleno.

Contando con la colaboración de Alemania, que ofreció con gusto sus secretos de fabricación, se montó una fábrica en las cercanías de San Martín de la Vega (Madrid) con el nombre de "Alfonso XIII". Cuando fracasó el proyecto se trasladó la fabricación a Melilla. El elemento base (el Diglictol) fue comprado a Alemania de contrabando y, al final, el proyecto gozó de éxito. La guerra química desde los aviones fue una realidad desde 1923 hasta 1926, incluyendo el célebre Desembarco de Alhucemas, y favoreció el final del conflicto con resultado positivo para las armas españolas.


Las bombas de los aviones estaban cargadas con iperita, fosgeno y cloropricina, en depósitos de 50, 25 y 10 kg. Un informe cifrado del general Sanjurjo a Primo de Rivera (dictador en España en ese momento), a diez días de los desembarcos en las playas de Alhucemas, expondría:

Telegrama n.º 215, de 29-VIII-1925. Melilla a Tetuán.
«Según partes diarios que conoce V. E. se tienen noticias del crecido número de rebeldes que han resultado muertos o iperitados a consecuencia último bombardeo, y como confirmación hoy recibo confidencias de que, desde Quilates a Alhucemas, se han encontrado unos 180 hombres ciegos y unos 160 muertos; habiendo manifestado confidentes que toda la arboleda ha quedado quemada, y los indígenas de dicha región han reclamado a Abd el-Krim diciéndole que no pueden seguir más. Aunque estas cifras sean exageradas, la noticia coincide, en el fondo, con las recibidas por conducto de Oficinas de Intervención, lo que demuestra que, aunque las cifras no sean exactas, el hecho es cierto».

 

Fuente: Historia secreta de Annual, de Juan Pando.


viernes, 7 de octubre de 2016

¿Existió el rey Arturo? (V). Ambrosius Aurelianus.

Hay muchas teorías acerca de quien pudo ser la persona real que se esconde detrás del mito del rey Arturo. Quizás, lo más atractivo del antiguo héroe sea la incertidumbre de su misma existencia, o las pistas que nos han dejado las fuentes históricas y arqueológicas, y que nos llevan a descubrir las identidades de los posibles candidatos aspirantes a ser el genuino y auténtico rey Arturo.

De las escasas pistas que nos han llegado tras el paso de los años, hay un escrito que es el más fiable por ser casi contemporáneo de una época en concreto, el siglo VI de nuestra era, en la que pudo existir un héroe llamado Arturo, tan relevante en toda su dimensión que nos han llegado los ecos lejanos de sus hazañas hasta nuestro días, aunque no ha permanecido la certeza de su existencia real. Ese libro en cuestión es De Excidio Britanniae ("Sobre la ruina de Britania"), y fue escrito por un moje llamado Gildas.



La película británica Excalibur (1981), de John Boorman, y protagonizada por Nigel Terry, fallecido recientemente, es posiblemente la mejor adaptación acerca del mito del inmortal rey realizada hasta la fecha.




Nuestro escritor nació a finales del siglo V y murió hacia el 570, poco más o menos en el periodo de tiempo en el que pudo vivir el rey Arturo. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿Gildas escribió sobre un paisano suyo, que fue líder guerrero y héroe nacional en la lucha que se libraba en suelo de la actual Inglaterra contra las hordas invasoras de los sajones y anglos? Si la respuesta hubiera sido afirmativa, el problema automáticamente hubiera sido resuelto.

Si la única fuente casi contemporánea del oscurísimo periodo no dice nada acerca del célebre héroe britano, ¿por qué siguen los investigadores esperanzados en investirlo de realidad? En otras palabras, ¿por qué no se deshecha de una vez la idea de que pudo existir?

En realidad, la obra escrita de Gildas no es una crónica histórica; se trata de un sermón que intenta explicar el porque de los males acontecidos en Britania tras la invasión producida por los anglos y sajones provenientes del Continente: fue por culpa de los pecadores cristianos.

Pero aunque no sea un libro de historia, la obra de Gildas aporta una serie de datos que son vitales para intentar reconstruir, muy parcialmente eso si, aquellos años oscurecidos por la falta de documentación. Además, nos ofrece un nombre clave, la figura de un líder guerrero, un héroe que unió a los britanos en un momento tan delicado como aquel, se trata de Ambrosius Aurelianus.

¿Fue Ambrosius Aurelianus el verdadero rey Arturo? Es posible. A lo mejor fue un pariente suyo; no lo sabemos. Lo que si denota ese nombre es que fue un aristócrata britano-romano que luchó por preservar lo poco que quedaba de la cultura latino-critiana frente a las hordas germánicas que llegaban del otro lado del mar, con sus dioses paganos y sus ritos extraños.

En este punto conviene aclarar de donde procede el nombre de Arturo. La mayoría de los expertos afirman que deriva del latín Artorius. Por lo tanto, si fuera eso cierto, es posible que perteneciera a cierta élite de caballeros britano-romanos que, tal vez, hubieran organizado en torno suyo a una resistencia nacional que hubiera refortificado todos los antiguos reductos en altura de la Edad del Hierro, y que hubieran plantado cara a los invasores.

La arqueología nos brinda este interesante dato, y el hecho de que, durante cincuenta años al menos, los sajones no hubieran avanzado; esto es conocido gracias al estudio de los restos de sus cementerios. La fecha, además, coincide con otra referencia interesante acerca de los escritos de Gildas: hubo una batalla en un lugar conocido como monte Badon, a finales del siglo V, que brindó medio siglo de paz a los habitantes de Britania.

Fue una brillante victoria de los britanos, aunque Gildas no dio a conocer el nombre del líder que comandaba las tropas. No sabemos si fue Ambrosius Aurelianus, no sabemos si fue Arturo... Solo tenemos la certeza de que sí hubo, al menos, un líder que unió a los distintos pueblos britanos en una lucha contra un enemigo común, y ese líder, con un nombre muy latino, no fue otro que el de Ambrosius Aurelianus.



Si queréis saber más sobre el rey Arturo podéis visitar las anteriores entradas de mi blog acerca del personaje:

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../era-ingles-el-rey-arturoarturo-era

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../existio-el-rey-arturo-ii-
lucius.HTML

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../existio-el-rey-arturoiii-riothamus

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../existio-el-rey-arturo-iv-la-piedra-...



Fuentes consultadas:

-Arthur and the anglo-saxon war, de David Nicolle.
-In search of the Dark Ages, de Michael Woods.

Imagen: de YouTube.


viernes, 16 de septiembre de 2016

Mentiras de la Historia (I). La Glorious Revolution.

¿Por qué llaman los británicos revolución a un acontecimiento que fue una invasión holandesa?

Siempre se ha considerado a la invasión normanda de 1066 la última conquista extranjera hecha sobre suelo británico. No voy a ser yo, un humilde servidor, el que valore de manipuladora a la historiografía británica, aunque es evidente la influencia masiva de la misma en las mentes de todos los habitantes del Globo, introducida, mayoritariamente, en forma de grandes producciones cinematográficas hechas por los estudios norteamericanos de Hollywood; todos hemos oído hablar de William Wallace, del rey Enrique VIII... y un largo etcétera de personajes históricos anglosajones como si el resto de los países no tuvieran historia.

Hay un hecho histórico en la Historia Británica que es calificado como la Glorious Revolution (1688-1689), y que supuso la huida del rey católico Jacobo II y la entronización del estatúder holandés Guillermo de Orange, el que sería el rey Guillermo III de Inglaterra.

Antes de que se desarrollaran los acontecimientos, en Inglaterra había un descontento manifiesto de ciertos sectores que veían con preocupación de como un rey católico se sentaba en el trono de Inglaterra, y dictaba leyes que favorecían a los católicos ingleses, siempre marginados por las mismas durante los reinados anteriores. De todas formas, había cierta tranquilidad en los sectores contrarios al rey Jacobo II, ya que era bastante anciano y no se esperaba de él que concibiera un varón que continuara una dinastía católica; en ese caso heredaría el trono su hija María, y el marido de ésta el estatúder de los Países Bajos, Guillermo de Orange, ambos protestantes, y que gozaban de la aprobación del partido de los whigs, entre otros.


Guillermo de Orange desembarca en Torbay (Inglaterra).


Pero la tranquilidad de los anticatólicos se truncó cuando la esposa de Jacobo II, María de Módena, dio a luz a un bebé, varón y bautizado por el rito católico; las conspiraciones empezaron a tomar forma para intentar atajar el problema: el 5 de noviembre, la solución tomó forma en una invasión por parte del ejército holandés de Guillermo de Orange, que apenas encontró oposición entre las tropas inglesas, que tuvo deserciones tan notables como la del duque de Marlborough.

El rey Jacobo II huyó con toda su familia a Francia. Antes de hacerlo arrojó el sello real al río Támesis, aunque unos pescadores lo encontraron a los pocos días. La dinastía de Orange, o sea extranjera, de los Países Bajos, se instauró en Inglaterra; todo fuera por el bien del protestantismo, es decir por una religión que les convenía a los que manejaban los "hilos del poder" en ese momento.

Entonces, todo esto ¿fue una revolución o una invasión extranjera?



Fuente principal: Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán y otros.

lunes, 5 de septiembre de 2016

El último rey de Egipto.

En 1952 sucedió en Egipto un golpe de estado incruento que derrocó a un monarca, y acabó con la última dinastía real en un país que había conocido reyes y faraones durante milenios. Faruq I (1920-1965) fue un rey bastante peculiar.

Con tan solo 16 años fue elevado al trono del país del Nilo. Fue enviado a Gran Bretaña para ser educado, y parecía prometer ser un buen rey cuando era joven y apuesto. Nada de eso se llegaría a cumplir.

Las anécdotas sobre él son numerosas y hablan de un rey despreocupado y derrochón que gustaba de lujos y excentridades, mientras que su pueblo era pobre y pasaba hambre. Es más, su sobrenombre más conocido es el de el "ladrón de El Cairo".


Faruq I de Egipto, cuando era joven y delgado.



Por si fuera poco, a Faruq pudo ser cleptómano, es decir, ladrón compulsivo. De hecho, se apropió de forma indebida de un reloj del mismísimo Winston Churchill, y de una espada del sha de Persia, que era su cuñado.

Cuando fue finalmente derrocado por el Movimiento de Oficiales Libres, encabezado por Nasser y Naguib, se encontró entre su inmenso patrimonio una enorme colección de material pornográfico. Todos sus bienes fueron subastados, aunque el rey contaba con una gran riqueza en joyas, que se pudo llevar, y cuentas bancarias en distintas entidades, por lo que se dedicó el resto de sus días a derrochar su fortuna en banquetes y fiestas por distintas ciudades de Europa. Engordó hasta los 140 kilos y falleció de un infarto en un restaurante francés.

Como he dicho antes, hay muchas anécdotas divertidas (vamos a llamarlas así) sobre este monarca tan pésimo que os invito a ver en este enlace, aunque comentaré un par de ellas.

En plena Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes avanzaban sobre Egipto, que era un dominio británico todavía, Hitler recibió un telegrama del rey Faruq agradeciéndole su interés por invadir su país. No me imagino la cara que pondría el líder germano cuando viera tal despropósito.

En otra ocasión tuvo una pesadilla en la que soñaba que le devoraban unas fieras salvajes. Entonces su reacción, como déspota que era, fue la de ir al zoológico a disparar a los pobres animales que se encontraban encerrados.

En realidad, no fue Faruq el último rey de Egipto, si no su hijo Fu'ad II que era apenas un bebé, aunque no le dejarían en el trono muchos tiempo, ya que la república fue proclamada en 1953, con Nasser el frente del país. Al poco de ser destronado, el "rey cleptómano" se proclamó descendiente de Mahoma, por si "colaba", siendo como era poco devoto de la religión oficial del país que había reinado.

Como positivo de él, se puede decir que modernizó el campo (Egipto es un país donde la Agricultura tiene una enorme importancia en la economía), y fundó la Liga de Estados Árabes. Además, no tengo conocimiento de que se produjera actos de represión política hacia su pueblo durante su reinado.

viernes, 26 de agosto de 2016

El valor de las mujeres samuráis.

Siempre se da por hecho de que una mujer no debe de estar en un campo de batalla. Pero la verdad es tozuda y la historia ha dado multitud de ejemplos que nos demuestran que las soldados femeninas han sido (y lo siguen siendo) de tanto valor en el campo de batalla como lo han sido los hombres. En otra entrada hablé de las mujeres israelíes durante la guerra de la independencia de 1947-48. En el presente podemos observar como las mujeres kurdas luchan en las guerras de Siria e Irak contra el Daesh. Hoy me dispongo a tratar el tema de las mujeres japonesas que lucharon como samuráis.

En 1580 se libró una de las múltiples batallas, que sembraron de cadáveres las islas japonesas, durante un largo periodo de guerras civiles y que acabaría con el ascenso de la familia Tokugawa hacia el 1615 inaugurando un largo proceso de paz y aislamiento de casi 250 años. El combate de Senbon Matsubara fue otro más de los muchos entre samuráis de distintos señores que aspiraban a dominar el archipiélago nipón.


Tomoe Gozen en batalla (Imagen de Wikipedia).


Lo que han descubierto los investigadores en los restos de cadáveres conservados de aquel enfrentamiento no deja de causar cierto estupor: el   33% de los restos pertenecen a mujeres. No cabe duda que ellas engrosaban las filas de los ejércitos contendientes, ya que los huesos no se encontraron en los restos del asedio a algún castillo, sino en un auténtico campo de batalla.

Los restos encontrados en otros escenarios bélicos, como en Edosaki o Zaimnokusa, con un 25% de restos femeninos en el primer caso y un  30% en el segundo, no deja lugar a la menor duda: casi un tercio de las bajas en las guerras de aquel periodo eran pertenecientes a soldados-mujeres.

Tomoe Gozen (h. 1157-h. 1184) fue una célebre guerrera samurái que luchó junto a su marido, otro gran samurái, durante las Guerras Gempei (1180-1185). Sus hazañas son consideradas como reales por los historiadores. A diferencia del resto de las mujeres, las crónicas antiguas la reconocen como la gran soldado que fue. Como la historia la suelen escribir los hombres, parece ser que, muy a menudo, se olvidan de mencionar el valor de las mujeres soldado.

Casi toda la información de este post la he conseguido gracias al estupendo documental del canal YouTube:



 
 
 
 
 

martes, 16 de agosto de 2016

El ocaso de los héroes: el clan de los Custer.

En 2014 se estrenó El maestro del agua (llamada así en España), primera película dirigida por el famosísimo actor Russel Crowe. El argumento de la cinta nos traslada al año 1919, justo después de la Primera Guerra Mundial, y cuenta la historia de un padre de familia australiano que tiene que trasladarse a Gallipoli para tratar de rescatar los restos de sus tres hijos varones que desaparecieron en aquella cruel batalla del primer gran conflicto mundial. La película cuenta con una de las escenas más angustiosas de las que he visto en mi vida, y es cuando los tres hermanos entran en batalla y van cayendo ante las balas de los soldados otomanos. En esta vida tan cruel, debe de haber pocas cosas tan duras como la de ver a un familiar querido caer en un combate.






En Salvar al soldado Ryan (1998), el argumento nos traslada a la Segunda Guerra Mundial. A un pelotón de soldados comandados por un eficaz comandante norteamericano, protagonizado por el gran Tom Hanks, se le encarga la delicada y difícil misión de encontrar a uno de los cuatro hermanos Ryan, perdido entre las líneas alemanas, ya que su unidad había saltado previamente en paracaídas en los caóticos prolegómenos del famoso desembarco de Normandía del año 1944, y llevarlo a retaguardia para que pudiera ser licenciado y trasladado a los Estados Unidos, y rencontrarse con su madre, una pobre mujer que en un solo día se le informó por carta que sus otros tres hijos habían sido muertos en distintos campos de batalla. A diferencia de la anterior película, los diversos hermanos no lucharon en el mismo escenario bélico, desconociendo la suerte de cada uno de ellos entre sí.

Sin duda alguna, habrá miles de ejemplos en los que los familiares hayan tenido que luchar codo con codo en las múltiples guerras que salpican las páginas de la historia. No hay duda de que habrá muchos padres que hayan visto a sus hijos morir ante alguna espada enemiga, o hijos o hermanos que hayan tenido que contemplar ver caer a sus familiares queridos ante las balas de fusil de un soldado de otro ejército; son muchas las hojas perdidas de la historia que no se han conservado a lo largo de los siglos que, tal vez, nos relataran historias tan terribles como las que nos cuentan películas tan estupendas como la de El maestro del agua y la de Salvar al soldado Ryan.

En cambio, hay un hecho de armas totalmente real en el que varios familiares cayeron muertos ante el enemigo, y que ha quedado registrado para la eternidad, ocurrido en 1876, y que ha quedado oscurecido ante la magnitud de contener el ocaso final de uno de los mayores héroes que ha poseído nunca la historia militar estadounidense: George Custer.

La batalla de Little Big Horn (1876) tuvo como resultado la aniquilación de todas las fuerzas del afamado 7º regimiento de caballería a manos de una coalición de guerreros indios. Tras la sangrienta batalla, y la retirada de los indios, los cuerpos desnudos y mutilados de los soldados norteamericanos quedaron expuestos en el mismo lugar en el que habían muerto; ningún hombre sobrevivió a la terrible matanza. Cerca del cadáver de Custer se encontró el de su hermano, el capitán Thomas Ward Custer, cubierto de flechas enemigas clavadas en su cuerpo.


El capitán Thomas Custer.



Thomas era un oficial de una talla excepcional, y, de hecho, tiene el enorme prestigio de haber recibido por dos veces la medalla de honor (la más alta consideración en batalla que pueda recibir un militar norteamericano). En toda la historia, solo 19 militares han recibido ese doble reconocimiento.

Otro hermano Custer, Boston, nunca se pudo unir al ejército debido a su mala salud. En cambio, fue contratado como guía, forrajeador y explorador para la campaña contra los indios de 1876. Cuando ocurrió la debacle en la que perecieron tantos familiares Custer, se encontraba en la retaguardia con la impedimenta del regimiento, acompañado de su sobrino, Henry Armstrong "Autied" Reed. Al enterarse de que su hermano se estaba quedando sin munición, se acercó al escenario del combate pereciendo así junto a los soldados del regimiento. Si hubiera permanecido con los pertrechos habría sobrevivido. Una lápida de mármol recuerda el lugar donde fue encontrado su cadáver, como todos los demás.


Boston Custer.


Con respecto al sobrino de los tres hermanos Custer, Henry, solo tenía 18 años cuando le mataron los indios. También se encontraba en la retaguardia junto a su tío Boston cuando ambos se adelantaron para proveer de municiones a los soldados de primera línea. A su cadáver le arrancaron la cabellera. Hoy se encuentra expuesta en el Museo de Tesoros de Wichita  (Kansas).

El teniente James Calhoun estaba casado con una hermana de los hermanos Custer, por lo que era su cuñado. También murió durante la batalla de Little Big Horn, aunque distante al lugar donde cayeron los hermanos Custer, y que es conocido como la colina Calhoun, llamada así en su honor.


El teniente James Calhoun.



Fuentes:

-Litte Big Horn 1876, de Peter Panzeri.
-Wikipedia (en inglés).

Imágenes:

-Wikipedia.



viernes, 29 de julio de 2016

El rey que perdió el trono por ir al médico.

Idris I (nació en 1889) ha sido el mejor monarca de Libia en toda su historia, de eso no hay ninguna duda, y lo es por que ha sido el único. Cuando la Segunda Guerra Mundial concluyó, y la descolonización del mundo árabe también se hizo efectiva, diversos países como Egipto, Irak o Libia buscaron en la monarquía un sistema político que garantizase la estabilidad. Tras diversos golpes de estado, los dictadores sustituyeron a los reyes, salvo en países como Jordania y Marruecos, que siguen conservando sus linajes reales.


Idris I de Libia.


Idris aceptó el encargo de ser rey en 1951. El ser nieto del fundador de la cofradía islámica sanusí, con el prestigio que conllevaba, posiblemente influiría en tal decisión. Habiendo nacido en una región dominada por el imperio turco, tuvo que luchar posteriormente contra los italianos que, finalmente, conquistaría Libia. Durante dos décadas vivió exiliado en Egipto, y observó en la distancia como su país sería escenario de batallas entre los ejércitos del Eje y de los Aliados, en lo que sería la Segunda Guerra Mundial.

Fue simpatizante de las potencias occidentales y permaneció apático con respecto a los intereses de los demás países musulmanes de su entorno; cuando estalló la guerra contra Israel de 1967, fue de los pocos que no ofreció ayuda militar. Además, el no tener descendencia masculina que asegurase la continuidad en el trono era otro factor negativo a tener en cuenta.

Idris I no debió de modernizar el país como debiera, y esto lo digo porque tuvo que ir a un hospital extranjero a curarse de ciertas dolencias, y eso mismo fue lo que ayudó a que se produjera su derrocamiento. Aprovechando la coyuntura, una facción del ejército libio, encabezada por un jovencísimo veinteañero llamado Muamar el Gaddafi, realizó un golpe de estado que acabó de un plumazo con la monarquía en Libia.



Gaddafi en 1973.



El rey derrocado ya no volvería a ver nunca más la tierra que le vio nacer, y se exilió, una vez más, a Egipto, algo que le salvó la vida, ya que en Libia le habían juzgado in absentia, y le habían condenado a muerte.

Con la nada despreciable edad de 94 años, el primer y único rey de Libia moriría en 1983. Tras la muerte de Gaddafi en 2011, un heredero suyo, su sobrino nieto Muhammad al-Senussi, reclama el trono de Libia, que de momento sufre los zarpazos del integrismo islámico.


Fuentes e imágenes: Wikipedia.

sábado, 25 de junio de 2016

Las drogas en la guerra (I): La batalla de Mogadiscio.

La guerra es una situación extrema y peligrosa a la que se enfrentan algunos soldados que saben que pueden morir en ella. Cuando las balas empiezan a silbar, cuando los cañones y las bombas de los aviones explotan, cuando un militar ve a su enemigo aproximarse hacia él gritando como una bestia, cuando el campo de batalla está repleto de cadáveres y de hombres agonizando..., cuando surgen tantos escenarios horribles ante un ser humano, frágil en cualquier sentido de la palabra, y que tiene la obligación de combatir, porque ese es su oficio, no es de extrañar que, a lo largo de la historia de los conflictos militares, se haya recurrido a reforzar el valor de los soldados suministrándole cualquier tipo de sustancia o bebida que le produzca excitación y les puedan subir la moral. Es decir, que el alcohol y la droga, e incluso el tabaco, ha sido tan necesario como el como el comer y el beber agua, siempre que se ha dispuesto de ello, y se ha ofrecido de manera generosa a los militares que han tenido que afrontar la difícil prueba de enfrentarse a una muerte bastante probable en un campo de batalla, o que han tenido que sufrir el terrible trance de verse obligados a matar a cualquier enemigo que se pudieran encontrar en su camino.

En un continente tan pobre como es África, nace un arbusto llamado "Catha Edulis" y que se extiende por Somalia, Etiopía, Kenia, Yemen, Uganda, Tanzania, Zimbabwe... En una zona tan conflictiva y mísera como es el llamado Cuerno de África, esta planta es mascada de forma generalizada ya que produce unos efectos de inhibición de miedo en los soldados, además de enmascaramiento de la sensación del hambre, sensación terrible en toda la población del lugar, por desgracia.

Esta planta también es conocida como khat, qat o kat, y los soldados de élite norteamericanos, Rangers y Delta Force, de los mejores del mundo, pudieron comprobar sus terribles efectos en 1993, cuando emprendieron una difícil misión en Somalia, en la batalla de Mogadiscio, y que inspiró una magnífica película llamada Black Hawk Derribado.



Guerreros somalíes.



El 3 de octubre de aquel año, los helicópteros norteamericanos y los Humvvees se adentraron en las peligrosas calles de la capital somalí, con la misión de capturar a dos de los principales líderes de la facción guerrillera de Mohamed Farrah Aidid, que se estaban reuniendo en un hotel de uno de los barrios menos seguros de la ciudad. Eran las 15.30 cuando empezó la acción, y era la peor de las horas que podían haber elegido los yanquis para empezar su incursión, ya que habían previsto muchas cosas, como profesionales que eran, aunque no tuvieron en cuenta que los efectos de la droga que consumían los habitantes del lugar, y que les manchaban los dientes de color negro y naranja, estaba en su máximo apogeo justo a primera hora de la tarde.

Muchos somalíes eran adictos al khat. La mayoría empezaba a mascarlo al mediodía (solían tener la bolas en los bolsillos), y al atardecer ya estaban con los ojos abiertos como platos, señal de que estaban ya colocados. Como es habitual en otras partes del mundo, la comercialización de la droga es un factor fundamental en la economía de los clanes de Somalia: los guerreros solían cobrar en arroz o en khat.

Cuando la misión norteamericana generó en una batalla campal y descarnada, los somalíes, guerreros y civiles, hombres y mujeres y niños, salían de cualquier rincón a combatir a los invasores. Si alguno caía abatido por las balas de los americanos, otro tomaba el fusil y se lanzaba a pecho descubierto hacia los vehículos blindados. Los africanos, que no sabían a que habían venido aquellos hombres altos y pálidos, parecían que no tenían miedo a los poderosos y bien armados soldados venidos de un lugar del mundo tan distante (en verdad todo empezó como una misión de la ONU para controlar que los envíos de comida llegaban a la población y que no se los quedaran las bandas armadas; Somalia había sufrido una terrible ola de hambruna hacía bien poco, y todavía se extendía por toda la región).


Hombre mascando Khat.


El siguiente relato muestra a las claras de como el khat afectaba a los somalíes en la batalla:

De detrás de un muro surgió tambaleándose un anciano que disparaba con furia una AK. Los rangers de las tres esquinas le apuntaban con sus armas. Aquel hombre parecía frágil y tenía una melena de cabello blanco y una barba larga y frondosa con manchas verdes a los dos lados de la boca, sin duda del khat. Era evidente que estaba borracho, colocado o tan flipado que no sabía lo que pasaba. Sus disparos estaban tan lejos de dar en el blanco que los rangers al principio sólo se asombraron, pero luego se echaron a reír. El anciano giró sobre sí mismo de forma precaria y lanzó una ráfaga a la pared, lejos de todo blanco. Twombly acabó con él mediante una ráfaga de su SAW.



Al día siguiente acabó todo la operación militar. Los norteamericanos sufrieron lo indecible para sobrevivir a aquel infierno. Gracias a la ayuda de los carros de combate pakistaníes pudieron finalizar lo que podría haber sido un completo desastre. Diecinueve muertos les costó aquella aventura (se dice que cayeron un millar de somalíes) en la que la batalla, el calor, el valor, el compañerismo, el miedo... y el khat fueron elementos que influyeron en aquel memorable hecho de armas.


Fuentes:

-Black Hawk Derribado, de Mark Bowden.
-Sangre de Valientes, de Carlos Roca.

-Imágenes de Wikipedia.

sábado, 18 de junio de 2016

El presidente que creía en los ovnis, y como invadir un país con mapas para turistas.

En 1983 se llevó a cabo la invasión, por parte de la todopoderosa Estados Unidos, de una pequeña isla caribeña, llamada Granada (o Grenada). Hoy casi nadie se acuerda de esa aventura militar, de como el elefante aplastó a una hormiguita, y que sólo se puede entender en el contexto de la llamada Guerra Fría, que en aquellos años dividía al mundo entre un bloque de países comunistas, y otro de naciones de economía capitalista.

El mundo ha cambiado mucho. El enemigo de occidente en la actualidad no es el comunismo, sino el terrorismo yihadista, que parece extenderse como una mancha de aceite a todos los rincones del mundo, agravando los problemas de los países musulmanes, y monopolizando la amenaza del terrorismo internacional.

En 1974, la isla de Granada se independizó del Reino Unido, siendo su primer presidente Eric Gairy (1922-1997), que, verdaderamente, era una persona bastante excéntrica. Una cosa es que alguien crea en ovnis o en extraterrestres que visitan de manera furtiva nuestro planeta (allá cada cual con sus pensamientos). Otra cosa bien distinta es que, en calidad de presidente de una país independiente, Gairy fuera a Nueva York para intentar convencer a las Naciones Unidas para que se celebrara una conferencia sobre alienígenas (como si no hubiera cosas más importantes en las que pensar un gobernante).


La invasión de Granada vista por el gran Clint Eastwood.




El caso es que la broma le salió cara a Gairy. Mientras estaba por los Estados Unidos desatendiendo sus deberes de dirigir un país, se produjo en Granada un golpe de estado incruento, encabezado por Maurice Bishop, que lo desbancó de su silla presidencial. Los coqueteos de Bishop con los comunistas cubanos, que enviaron ingenieros para construir un nuevo aeropuerto en la isla, inquietó al gigante del norte.

Era cuestión de tiempo que surgiera una chispa para que los Estados Unidos dieran un zarpazo anticomunista, ya que no podían permitir que un nuevo régimen aliado de su bloque antagónico se estableciera en el mar Caribe (ya tenían bastante con Cuba).

La ocasión para intervenir se la ofreció en bandeja un nuevo golpe de estado: el número dos de Bishop, Bernard Coard, se hizo con el poder en 1983. Como había cientos de universitarios norteamericanos estudiando y residiendo en la facultad de medicina en St. George, el gobierno norteamericano vio en su liberación la excusa perfecta para iniciar las operaciones militares. Según parece, los estudiantes no estuvieron en peligro en ningún momento. El que si lo estuvo fue el presidente derrocado, Bishop, que acabaría siendo ejecutado, al lado de algunos de sus fieles colaboradores.


Eric Gairy, el presidente de Granada que quiso convencer al mundo en la existencia de alienígenas.



A los trabajadores cubanos los armaron para repeler la invasión, y sumados a los soldados granadinos apenas alcanzaban un millar de defensores, con escasas armas de apoyo. Los estadounidenses reunieron más de 7.000 soldados respaldados por una poderosa flota y numerosa aviación de combate; la lucha iba a ser, ciertamente, desigual. Cuando los mandos norteamericanos fueron a buscar un mapa de la isla, pudieron comprobar que no había disponible ninguno; tal fue la improvisación de llevar a cabo la invasión. ¡A los soldados que fueron a invadir la isla, les dieron mapas para turistas para guiarse en un país que iban a conquistar, y en donde aparecían los lugares donde poder alquilar una motocicleta!

A pesar de los inconvenientes, el número se impuso, y los pocos focos de resistencia fueron aplastados en apenas cuatro días de combates. A los norteamericanos, la victoria supuso un acicate tras su desastrosa intervención en Vietnam, y al gobierno de Ronald Reagan (1911-2004) le permitió presentar a la opinión pública mundial una pequeña victoria en su guerra contra el comunismo.

En la isla de Granada se volvió a instaurar un régimen democrático que perdura hasta nuestros días.

La divertida película el sargento de hierro, protagonizada por Clint Eastwood (1986), cuenta la historia de un veterano sargento, héroe de la guerra de Vietnam, al que se le asigna el entrenamiento de un desastroso pelotón de marines, y que lo llega a convertir en una unidad eficaz de combate justo antes de enviarlo a las operaciones militares que llevaron a la ocupación de Granada. En dicho film, durante las batallas contra los cubanos, se les ve a éstos con uniformes del ejército cubano y cascos, cuando en realidad eran trabajadores armados, ya que en ese momento estaban construyendo las pistas e instalaciones de un aeropuerto.


Fuente principal: Breve historia de la incompetencia militar, de Edward Strosser y Michael Prince.