Buceando en la leyenda

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martes, 29 de octubre de 2013

El código de Hammurabi. ¿Fué el primero?


La estela del código de Hammurabi fue descubierta en 1901 por el arqueólogo francés Jacques de Morgan. Después, fue llevada al museo del Louvre y, desde entonces, permanece expuesta allí. El código consta de un prólogo, el cuerpo legal y un epílogo; tiene 282 artículos, aunque algunos se han perdido. Las leyes están inspiradas por los dioses. Así, según el relieve de la parte superior de la estela, el dios Shamash (de la justicia) hace entrega al rey de Babilonia de dicho código. Las leyes incluidas en él tratan de distintos tópicos jurídicos: derecho penal (ley del Talión), matrimonio, divorcio, ventas y depósitos, esclavitud y robo…; distingue tres categorías de ciudadanos: awilum (ciudadano de pleno derecho), muskenum y wardum (esclavo). Probablemente la estela con el código grabado, estuvo expuesta públicamente en el templo para que el litigante que iba en busca de justicia pudiera leer, o hacer que le leyeran, la regulación real del derecho que le asistía. Los fines que perseguía eran el de la unificación del derecho en el reino y la regulación de los precios.
 
 

Pero realmente, ¿ha sido el primer código de leyes escrito por el hombre que ha sido descubierto? ¿Es el código de Hammurabi el más antiguo de los que se ha conservado?

En contra de la creencia generalizada, no es el de Hammurabi el corpus de leyes más veterano. Hay tres que le superan en antigüedad.

El código de Lipitistar, rey de la ciudad-estado de Isin, ha sido fechado hacia el año 1860, es decir, es casi 100 años más antiguo que el de Hammurabi. De él, se conservan casi 37 artículos completos. Los temas de que tratan son derecho mercantil, de familia, herencias, delitos de sangre, y delitos contra la propiedad.

El códice de Eshnunna es también más antiguo que el de Hammurabi, pero el primero de la historia universal es el de Urnammu, rey de Ur (hacia el 2050 a.C.). Las pocas leyes que se conservan de él, son de derecho penal y, caso curioso, ya se admite la compensación económica en los delitos de sangre.

Seguramente, hay muchos más códigos de leyes tan antiguos, o más, que los descritos que se han perdido para siempre o que los arqueólogos no han podido todavía hallar.
 

 
 
Fuente principal: Historia Universal, Edad Antigua de R. López Melero y otros.

domingo, 20 de octubre de 2013

Francis Drake, ¿héroe o villano?


Francis Drake nació en Tavistock (hacia el año 1543). Fue corsario, explorador, político… Con sólo 13 años de edad, se empleó como marino mercante. Aunque tuvo múltiples ocupaciones durante su intensa vida, fue, sin duda, en su actividad como corsario, al servicio de la reina de Inglaterra, Isabel I, contra los intereses del gran imperio español, con la que ganó su fama universal. Osado, valiente y temerario, el inglés ha sido uno de los piratas más famosos de la Historia.


Francis Drake.

 
En 1573, junto al marino francés Guillermo Le Testu, capturó un convoy español cargado con oro y plata, de las minas americanas. Drake debía  de entregarle su parte a la reina Isabel, que era la que patrocinaba sus expediciones de corsario. Además de capturar buques españoles, algo que sin duda resultaba muy rentable, se encargaba de tomar ciudades en la América española. Así, en 1586 desembarcó en Santo Domingo, la ocupó y exigió un rescate por su devolución: el precio pagado fue de 25.000 ducados. La misma operación fue realizada con la ciudad de Cartagena de Indias, aunque el botín obtenido fuera mucho mayor: 107.000 ducados.

Anteriormente, en 1577, la reina de Inglaterra le puso al mando de una expedición que tenía como objetivo al ataque a las posesiones españolas en el Pacífico. La consecuencia de aquella empresa, que fue un éxito, ya que vinieron cargados de riquezas, y los daños a las propiedades de la corona española fueron cuantiosos, fue que, tras tres años de travesía, Drake fue el primer inglés que dio literalmente la vuelta al mundo, y la segunda persona en hacerlo, después de que lo consiguiera Juan Sebastián Elcano. Después de lograr su hazaña, Isabel I le nombró caballero.


Sir Francis Drake.


Cuando estalló la guerra entre Inglaterra y España, en 1585, la actuación de Drake iba a ser muy importante para el desarrollo de la misma. Aparte de las acciones antes mencionadas en el Caribe contra los baluartes hispanos de Santo Domingo y Cartagena de Indias, el inglés realizó un ataque más osado en el mismo territorio español. En el puerto de Cádiz, en 1587, se iba concentrando parte de la flota española que iba a partir en breve, y que sería conocida como la Armada Invencible, para invadir Inglaterra. Drake atacó a los barcos españoles allí anclados y hundió 24 de ellos antes de retirarse, sin perder ninguno de los suyos. Esa brillante acción, además de privar a España de unos buenos buques, retrasó los preparativos de la invasión a la isla británica, cosa que sería nefasta para los españoles, ya que su mejor marino, el marqués de Santa Cruz, moriría de manera inesperada, un poco después, sin poder llegar a comandar la flota hispana.

 
Tras el desastre español de la Armada Invencible, los ingleses intentaron devolver el golpe con idénticos desastrosos resultados. Así, organizaron una gran flota con el objetivo de golpear a España: atacarían las costas españolas para provocar la insurrección de Portugal, e intentarían conquistar las islas Azores. La operación, que estaba al mando de Drake, resultó ser un fracaso y los ingleses perdieron 12.000 hombres y 20 naves. Sir Francis Drake fue culpado, en gran parte, de la derrota y fue severamente castigado: se le denegó el mando de cualquier expedición naval durante los siguientes 6 años.

 


Como la guerra con España no marchaba demasiado bien, Drake propuso, en 1595 (ya había trascurrido el periodo de castigo), un ataque sobre Panamá. La expedición resultó ser otro sonoro fracaso para Drake. Además, perdió la vida después de contraer la disentería. Su cadáver, como buen marinero que había sido, fue lanzado al mar (1596).

 

FRANCIS DRAKE VILLANO. Sería fácil hacer una crítica del inglés alegando que era un pirata. No por serlo, iba a ser peor que el resto de los personajes históricos de su época. En resumidas cuentas, Drake fue un hombre de acción que luchó por conseguir fortuna y una buena posición, favoreciendo a su país si estaba en su mano. Pero, hay un hecho, no muy bien conocido, que sucedió durante el intento de la Armada Invencible por conquistar Inglaterra, que pone en evidencia que su afán de riqueza estaba por encima del servicio a su patria. Así, tras la batalla de Plymouth (31 de julio de 1588), entre los buques ingleses y los españoles, un navío de éstos, el Nuestra Señora del Rosario, quedó a la deriva y abandonado. A Drake, al mando de una flota, le ordenaron perseguir a los barcos españoles para que no se perdiera el contacto con ellos. Como se había hecho de noche, debía mantener las luces de su buque encendidas para que fueran visibles para el resto de los navíos ingleses. Sin embargo, a Drake le salió la vena pirata, y apagó las luces de su navío y emprendió la caza del buque español, abandonando la crucial misión de perseguir a la flota hispana. Del buque, Nuestra Señora del Rosario, obtuvo pingues beneficios, pero fue duramente criticado por su acción de pirata, en tan delicados momentos para la salvación de Inglaterra.

 

Otra faceta no muy bien conocida de Drake es su actividad como traficante de esclavos. Aunque el esclavismo estaba universalmente aceptado en aquella época (incluso por la Iglesia católica), no deja de ser una actividad cruel para los seres humanos que perdían la libertad para convertirse en mercancía de otros seres del mismo género. Así, en 1567 se embarcó junto con su primo John Hawkins en una expedición, en la que capturaron 200 personas de raza negra en distintos puntos de África; cruzaron el Atlántico llegando a Dominica, Margarita y Borburata, donde vendieron a estos hombres.
 
 
 

 
FRANCIS DRAKE, ¿HÉROE O VILLANO? Tuvo algo de ambos, como casi todos los grandes personajes de la Historia. Como buen pirata que fue, nunca desperdició la ocasión de conseguir algún gran tesoro, aunque no hay que olvidar sus facetas como almirante al servicio de su patria, su labor como político, y su gran obra de exploración que le llevó a dar la vuelta al mundo, algo, sin duda, excepcional para su época.

lunes, 14 de octubre de 2013

¿A qué vikingo proclamaron santo?

Olaf nació en el año 995 d.C. en Ringerike, siendo tataranieto del rey Harald I de Noruega. Cuando su madre quedó viuda, se casó con el que sería el padrastro de Olaf, Sigurd Syr, el rey de Ringerike. Cuando tenía once años de edad, Olaf empezó a embarcarse en los temibles drakkars, y así participar en las incursiones vikingas. Los saqueos, los pillajes, los asesinatos, los secuestros para pedir rescates, la extorsión para pedir dinero, el incendio de ciudades... Todo ello, y mucho más, le serían familiares a Olaf antes, siquiera, de llegar a la adolescencia. El rastro de sangre y destrucción le llevaría al Báltico y a las Islas Británicas, donde participaría en el ataque a Canterbury de 1011.





Durante la travesía de cierto viaje, atracó en las costas de Normandía. Allí, en el invierno de 1013-14 se convirtió al cristianismo y fue bautizado. El duque Ricardo II de Normandía, que era el anfitrión de Olaf, y que era un ferviente católico, seguramente, tuvo que ver mucho en esa repentina conversión.  Atrás quedaban sus dioses paganos Odín, Thor... La conversión de Olaf era un ejemplo de lo que estaba sucediendo en los años finales de la era vikinga: los antiguos guerreros nórdicos iban aceptando la nueva fe.

Cuando Olaf llevó a Noruega, para reclamar el trono, al ser el tataranieto del antiguo rey Harald I, el poder del país estaba dividido entre los grandes nobles. Además, los suecos y los daneses dominaban ciertas zonas del país. Tras una serie de campañas exitosas logró unificar el país bajo su dominio. Una vez aplastada la oposición, instauró el cristianismo como religión oficial. Trajo obispos desde Inglaterra y construyó iglesias por toda Noruega. Para que nadie dudara de sus intenciones de cristianizar el país, instauró la pena de muerte a los que se negaran a convertirse.

En 1028, el rey de Dinamarca, Canuto II, invadió Noruega, y Olaf tuvo que exiliarse, aunque regresó dos años después, para reclamar su trono. Reunió un ejército, mucho menos numeroso que el de sus enemigos, y marchó para librar, la que sería conocida como, la batalla de Stiklestad. Olaf fue derrotado y muerto en dicho enfrentamiento. A partir de ese momento, se obraron milagros alrededor de su cadáver y, con el tiempo, se construyó la Catedral de Nidaros, donde su cuerpo había recibido sepultura. Su culto crecería y la catedral llegaría a convertirse en un lugar de peregrinación.



Batalla de Stiklestad, en la que murió Olaf II.



Después sería santificado y, Olaf II Haraldsson, llegaría a convertirse en el santo patrono de Noruega.

Uno no deja de sorprenderse de como alguien que ha matado tanto, y que ha mandado matar a tantas personas; que ha empuñado una espada, que ha a navegado en barcos vikingos para saquear, incendiar, robar y secuestrar; una persona que ha muerto en un campo de batalla, con huestes a sus órdenes, que morirían en su mayor parte por sus derechos de sangre hacia una corona..., que alguien así pueda obrar milagros tras su muerte y que sea declarado santo por la Iglesia Católica.

viernes, 11 de octubre de 2013

Canibalismo en Numancia.

Tras vencer a los cartagineses en la II guerra púnica, los romanos decidieron tomar el testigo de los primeros, en lo que se refiere a la ocupación del territorio de la península Ibérica, y emprendieron una serie de campañas que les llevaría, a conquistar todo lo que es hoy España y Portugal. Las legiones romanas sometieron, una a una, todas las tribus y localidades, unas veces con diplomacia y otras con guerra, hasta completar la conquista, empresa que les llevó en completar más de dos siglos.

Uno de los episodios más dramáticos, en todo el conjunto de la campaña, se produjo en la célebre Numancia, ciudad de los arévacos. El inicio de su toma se produjo en el año 153 a.C., a manos del cónsul romano Fulvio Nobilior. Lo que, en un principio, parecía la conquista de una localidad más, se convirtió en un largo asedio de 20 años de duración. No se entiende muy bien como una población de unas 8000 personas pudieron resistir tanto tiempo el empuje de las bien pertrechadas y numerosas tropas romanas. El resultado fue, que hasta que los latinos no estuvieron al mando de un resuelto y decidido general, que fue Publio Cornelio Escipión Emiliano, que organizó un asedio sin fisuras, y que mató de hambre, literalmente, a los celtíberos, no finalizó la guerra. Según nos cuenta el historiador romano Apiano:

   "No mucho después, al faltarles la totalidad de las cosas comestibles, sin trigo, sin ganados, sin yerba, comenzaron a lamer pieles cocidas, como hacen algunos en situaciones extremas de guerra. Cuando también les faltaron las pieles, comieron carne humana cocida, en primer lugar la de aquellos que habían muerto, troceada en las cocinas; después, menospreciaron a los que estaban enfermos y los más fuertes causaron violencia a los más débiles. Ningún tipo de miseria estuvo ausente. Se volvieron salvajes de espíritu a causa de los alimentos y semejantes a las fieras, en sus cuerpos, a causa del hambre, de la peste, del cabellos largo y del tiempo transcurrido. Al encontrarse en una situación tal, se entregaron a Escipión..."


Ruinas de Numancia. En las fases finales del asedio, cuando el cerco romano se había completado, y no les llegaba abastecimiento a los habitantes de la misma, se dieron casos de canibalismo.


En este caso, la historia se repite. Casi 2000 años después, esta vez, en el marco de la II guerra mundial, se dieron también dramáticos casos de canibalismo. El historiador británico Antony Beevor, experto en ese conflicto, descubrió unos documentos, hace apenas un año o dos, que dicen de como los soldados japoneses consumieron carne humana procedente de los prisioneros que tenían en su poder. Según este historiador, esos hechos fueron ocultados tras finalizar la guerra para no traumatizar a los familiares que habrían perdido algún ser querido por esas circunstancias. Entre los prisioneros que hubieran sufrido tal ultraje, estarían soldados norteamericanos y australianos que se habrían negado a combatir al lado de los soldados nipones. Parece ser que tales casos de canibalismo se habrían dado en las fases finales de la guerra, en guarniciones aisladas y con falta de suministros. En este enlace podéis encontrar más información:

cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/.../1347478479_303840.html‎



sábado, 5 de octubre de 2013

¿Existió el rey Arturo? (II). Lucius Artorius Castus.

La búsqueda de un personaje real, tras la figura legendaria del personaje literario del rey Arturo, ha dado lugar a que surjan varios personajes candidatos a tal "honor", que, de otra forma, hubieran quedado, un tanto, en el olvido. Uno de esos individuos es un tal Artorius Castus, que aparece en una inscripción funeraria hallada en la actual Croacia (aparece en otra inscripción hallada, pero que no aporta información adicional). Por lo tanto, en realidad, el origen del rey Arturo se hallaría en la vida de un militar romano, hacia el 180 d.C., que estuvo destinada en la provincia de Britania, según esta teoría.


Lápida funeraria donde aparece escrita la carrera militar de Lucius Artorius Castus, el que para algunos es el rey Arturo histórico.
 

El medievalista norteamericano, Kemp Malone, fue la primera persona que asoció el nombre que aparece en la lápida, al del héroe legendario, en 1924. Pensó que el nombre en latín de Artorius pudo derivar en el medieval de Arthur o Arturo. Según dicha lápida, dicho romano empezó siendo centurión en la III legión Gallica, y continuó una carrera militar, con sus ascensos merecidos, hasta que llegó a las islas británicas como prefecto de la VI legión Vitrix. Este cargo nos indica que Artorius procedía del orden equestre (la sociedad romana estaba dividida en órdenes u ordos; para pertenecer a ella, un ciudadano romano debía poseer una fortuna de centenares de miles de sestercios).

Hay algunos autores, como Linda Malcor, que relacionan a este Artorius con las tropas de caballería sármatas que se encontraban estacionadas en Britania en aquella época. Estos jinetes, acorazados, serían los caballeros del rey Arturo. En realidad, no hay pruebas sólidas que afirmen esta teoría que, sin duda, ha influido en una de las película más recientes sobre este personaje legendario, que se titula  "El rey Arturo" (2004).



El actor Clive Owen, que interpreta al mítico rey Arturo, aunque con orígenes de militar romano. En dicho film, Arturo añoraba un glorioso pasado romano, que daba estabilidad a todos los rincones del imperio, aunque éste estaba en pleno proceso de desintegración, por culpa de las invasiones germánicas.


En cualquier caso, el personaje de Lucius Arotorius Castus, es un buen candidato para ser el auténtico rey Arturo, ya que es, de momento, el único que tiene un nombre que deriva de el mítico héroe. Hay muchos expertos que afirman que Arthur o Arturo, procede del latino Artorius. Aún así, el enigma sigue abierto. Hay muchos más candidatos para ser el auténtico rey Arturo. En otras entradas de este blog hablaré de ellos.

viernes, 4 de octubre de 2013

El rey Leónidas y los 300 espartanos.

La película "300"(2007) puso de moda la batalla de las Termópilas, que se libró entre los griegos y los persas en el año 480 a.C. Salvando las distancias, el argumento del film se ciñe bastante a los hechos históricos del combate. Todo empezó cuando el emperador persa Jerjes I decidió someter a Grecia, sirviéndose de una enorme expedición militar compuesta de decenas de miles de soldados procedentes de todos los rincones del enorme imperio oriental. La gran hueste atravesó el estrecho de los Dardanelos, sirviéndose de unos puentes de pontones de madera, una gran obra de ingeniería de la época, y atravesó el norte de Grecia sin oposición, hasta que llegó al desfiladero de las Termópilas, donde les aguardaban Leónidas y sus 300 espartanos, más algunos contingentes procedentes de otros lugares de Grecia.




En total, unos 7000 helenos se enfrentarían a decenas de miles de persas en el estrecho cuello de botella que eran las Termópilas.

Los griegos, en una enorme desventaja numérica, resistieron durante dos días los ataques incesantes del enemigo, ayudados por la estrechez del paso que hacía que la superioridad en hombres se anulara. Además, los grandes escudos de los griegos, y su táctica hoplita de formación cerrada, sumado que sus lanzas eran más largas que las de los persas, hicieron que los griegos (que rotaban los soldados de la primera línea constantemente para que descansaran, para tener siempre gente fresca combatiendo), resistieron la lluvia de flechas, los ataques incesantes de la infantería regular y los de los soldados de élite (los famosos "inmortales"), sin mayores problemas; miles de persas cayeron sin conseguir abrir ninguna brecha en los muros de escudos helenos.

Gracias a la información ofrecida por un traidor griego, llamado Efialtes, Jerjes, que ya había perdido la paciencia, se enteró de que había un paso por el que se podía llegar a la retaguardia de las tropas de Leónidas. Usando ese camino, los persas podían atacar simultáneamente desde el frente y la retaguardia a unos griegos encerrados en el desfiladero de las Termópilas, acabando con todos ellos.






Así, al tercer día, los "inmortales", guiados seguramente por el traidor Efialtes, recorrieron el paso secreto y, aunque fueron detectados por un destacamento griego, evitando el enfrentamiento con éstos, fueron directos a la retaguardia de Leónidas. A éste le llegó la noticia de que estaba apunto de ser embolsado por el ejército persa, y tuvo poco tiempo de decidir que hacer en tan desesperada situación. El rey espartano lo tuvo claro: se quedaría en aquella posición, con sus 300 espartanos, 400 tebanos y 700 tespios, mientras que el resto de los soldados griegos huirían de aquella ratonera en la que se iba a convertir las Termópilas. Aquella decisión le iba hacer entrar en la leyenda.

EL OCASO DE LOS HÉROES. Según los historiadores antiguos, Leónidas cayó muerto en los primeros compases de la batalla final. Hubo una lucha despiadada por recuperar su cuerpo. Cuando los espartanos lograron hacerse con el cadáver de su rey, lo llevaron a una colina (gracias a la arqueología se conoce que colina es), que es donde establecieron la última resistencia. Los griegos que quedaron, murieron en su totalidad. Sólo se salvaron algunos tebanos que se rindieron a las fuerzas de Jerjes, y que fueron marcados con la señal del rey persa.

En el siglo XX se realizaron una excavaciones arqueológicas en el campo de batalla. En la colina de Kolonos se hallaron multitud de puntas de flechas de los persas. Allí fue donde de libró la última y desesperada defensa de los griegos. Su final se produjo por un ataque incesante de flechas lanzadas por los arqueros persas, tal como narró el historiador griego Herodoto. Éste escritor también cuenta en su obra que el enfado de Jerjes fue tan elevado, que mandó buscar el cadáver de Leónidas entre los caídos. Cuando éste fue hallado, el persa ordenó que le cercenaran la cabeza y que la clavaran en un poste para que la viera todo el que pasara por las Termópilas.

Posteriormente, los espartanos recuperaron sus restos y los enterraron en un lugar digno de un rey tan valiente.

DESMONTANDO EL MITO. Como se puede observar, los espartanos fueron los que se llevaron la fama de la resistencia tan heroica de la batalla. Pero la realidad es que fue una coalición de distintos estados griegos la que frenó durante días la embestida del gran ejército persa. Además, se puede comprobar que cuando los espartanos se quedaron para luchar en el último día de la batalla, antes de ser cercados, no estuvieron sólos: los tebanos y los tespios se quedaron con ellos. Aunque se sabe que algunos tebanos se rindieron antes de la conclusión de la batalla, los tespios si que dieron su vida por la causa griega, y nadie se acuerda de ellos, ni nadie les ha dedicado una película.

Hay una creencia generalizada de que los espartanos, al menos en las Termópilas, sólo tenían la opción de vencer o morir, nunca retirarse. Además, había un oráculo, que conocía Leónidas, que vaticinaba que el rey espartano debía morir para salvar a los griegos. La verdad, es que hubo una resistencia de algunos griegos (espartanos, tebanos, tespios), que permitió que unos miles de soldados hoplitas pudieran escapar de la batalla, ya perdida, para así poder continuar combatiendo en una guerra que acababa de empezar. Si se apartan todos los mitos y leyendas, nos queda una orden del rey Leónidas coherente y valiente, dictada por un buen general (en realidad, según la constitución espartana, la función de los reyes era la de ser generales).


El próximo año se estrena la secuela de la película "300". Ya está disponible el tráiler (espectacular):





Fuente principal: "Thermopylae 480 BC", de Nic Fields.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿Que vikingo descubrió América?

Hay mucha gente que piensa aún que fue Cristóbal Colón el europeo que pisó por primera vez el continente americano. Sí, es cierto que su empresa fue la que fructificó en el sentido de que a partir de su intervención, la colonización de América empezó a cuajar hasta sus últimas consecuencias. La expedición española cambió la faz de aquellas tierras, para bien y para mal, y las introdujo en los circuitos comerciales y culturales en relación con el resto del mundo conocido.

Hay muchas teorías al respecto de que si fueron los chinos, los polinesios, los irlandeses... los que descubrieron América antes de Colón. Peros son solo eso, teorías sin confirmar. En cambio, si se sabe a ciencia cierta de que hubo una serie de expediciones llevadas a cabo por los vikingos con éxito que les llevó a descubrir y colonizar ciertas zonas de Norteamérica. Las pruebas arqueológicas que lo atestiguan son contundentes. Así, en 1960 un matrimonio noruego (Helge Ingstad él, y Anne Stine ella) descubrió, en un paraje llamado L'Anse aux Meadows, en la isla de Terranova en Canadá, lo que hoy es considerado el primer asentamiento europeo en el continente americano. Las pruebas arqueológicas fueron sometidas a un análisis de carbono-14 que dieron como resultado que la colonia fue fundada hacia al año 1000 d.C., coincidiendo con los relatos de las sagas escandinavas.



El primer asentamiento vikingo reconstruido en la actualidad, que se halla en la isla de Terranova.
 
 
El jefe de la expedición vikinga que descubrió América, siempre según los relatos escandinavos llamadas sagas (que alternan leyendas con hechos históricos), fue Leif Eriksson. Éste era hijo de otro famoso descubridor llamado Erik el Rojo, que inició la colonización de Groenlandia, y de aquí fue de donde partió la expedición de su hijo Leif hacia América. Acompañado de 35 hombres, en su viaje fue descubriendo Baffin, Labrador y Terranova. Aquí fundó la colonia que ha llegado hasta nuestros días. El territorio era muy fértil, con abundancia de caza y pesca. Regresaron a Groenlandia con el barco cargado de madera y uvas (más bien unas bayas silvestres).
 
Hubo, al menos, otros cuatro viajes más. No se sabe la razón por la que la colonización vikinga a América no fructificara. El terreno y el clima eran mucho más benignos que los de Groenlandia, por ejemplo. Una de las razones puede ser la hostilidad de los indios que mataron, incluso, a un hermano de Leif en otra expedición.
 
Hoy día, Leif Eriksson es considerado el que descubrió América antes que Colón. En Reykjavik (Islandia) hay una estatua en honor al descubridor donada por el gobierno estadounidense por haber sido el primer europeo en llegar a tierras americanas.
 
 
 
Estatua de Leif Eriksson en la capital de Islandia.



Como ocurre muchas veces, hay muchos héroes anónimos que se caen de las páginas de los libros de historia. En este caso, el agraviado es Bjarni Herjólfssoon. Quince años antes de que Leif llegara a Terranova, Bjarni partió en busca de su padre que fue uno de los primeros colonos groenlandeses. Se perdió en su viaje hacia el oeste, y llegó a unas tierras que no se correspondían a las descripciones que le habían dado sobre la costa de Groenlandia. Él vio bosques y tierra llana en vez de glaciares. No desembarcó en aquella tierra desconocida y volvió a Groenlandia para reunirse con su padre, que era su objetivo. Cuando llegó les contó el relato de su viaje a los habitantes del lugar. Leif Eriksson también se enteró de aquellas noticias antes de partir al descubrimiento de América.

Bjarni Herjóllfsson fue realmente el primer europeo que descubrió América. Fue sin duda el primero que la vio, pero a él no le han hecho ninguna estatua, ni nadie se acuerda de su nombre. Por eso mismo, le dedico esta entrada en mi blog, ya que es un auténtico héroe a la sombra.



viernes, 20 de septiembre de 2013

El padre de Aníbal: Amílcar Barca.

No se sabe el año exacto de su nacimiento, pero Amílcar vino al mundo hacia el año 275 a. C., aproximadamente. De estirpe aristocrática, fue el fundador de una de las dinastías más famosas y poderosas de la Antigüedad, los Bárcidas. Más que por sus méritos, de sobra reconocidos por los historiadores clásicos, fue famoso por ser el padre de Aníbal, Asdrúbal y Hannón, los generales que pondrían a Roma al borde del colapso militar en el transcurso de la segunda guerra púnica. Pero sería, sin duda, la sombra de Aníbal, uno de los líderes militares más sobresalientes de la Historia Universal, la que eclipsaría la enorme figura de Amílcar Barca. A continuación, intentaré hacer un poco de justicia exponiendo la vida y hazañas del padre de Aníbal.


 
 
 
 
Amílcar llegó a Sicilia en el año 247, durante las últimas fases de la primera guerra púnica. Ya era tarde para cambiar el curso de la guerra, y los romanos estaban ganando las batallas, tanto las marítimas como las terrestres. Teniendo el mando de un ejército terrestre, el cartaginés no buscó el enfrentamiento directo con las disciplinadas legiones romanas. En vez de eso, mantuvo en jaque al enemigo con una táctica de guerra de guerrillas y veloces golpes de mano. No logró ninguna victoria decisiva, pero mantuvo el ejército intacto (no se le podía pedir mucho más dado esas circunstancias tan adversas). Si a ello le añadimos que a su ejército de mercenarios, con hombres de muy diversas procedencias, le pudo dirigir con disciplina y devoción, asunto muy difícil de llevar a cabo por cualquier general, y que es considerado Amílcar como el mejor general de la guerra por todos los historiadores antiguos, vemos que el balance general es muy sobresaliente para el padre de Aníbal. Diodoro escribió lo siguiente acerca de su persona:
 
"Incluso antes de que llegara a ser general, la nobleza del espíritu de Amílcar era manifiesta y, cuando él tomó el mando se mostró así mismo digno de su patria por su ardor por la gloria y su desprecio al peligro. Tenía fama de ser un hombre de excepcional inteligencia y como eclipsaba a todos sus conciudadanos, tanto atrevimiento como en las armas, él era verdaderamente (...). Tanto un magnífico líder como un bravo guerrero."
 
Aunque Amílcar, que fue el líder que negoció el tratado de rendición con los romanos, consiguió unas condiciones de rendición muy benévolas de paz, el Senado romano las modificó haciéndolas muy gravosas a los perdedores: Cartago debía pagar 220 talentos al año. Hay que tener en cuenta que 165 talentos equivalían a 4 toneladas de plata. Por poner un ejemplo para haceros una idea de lo que significaba esa cantidad, en aquella época, el estado de Macedonia, que era un país importante, ingresaba 200 talentos al año. Las condiciones abusivas a las que fueron sometidos los cartagineses tras su derrota en la primera guerra púnica recuerdan a las que sufrió Alemania tras la primera guerra mundial. Y las consecuencias de ellas fueron similares: más guerra.
 
 
 
Mapa de la primera guerra púnica al inicio. El escenario principal de la contienda terrestre fue Sicilia, que era dominada en gran parte por los Cartagineses. Al final del conflicto, su dominio pasó a manos de la república romana.
 
 
Al finalizar la guerra, a los cartagineses se les ocasionó un grave problema: tenían que pagarles los sueldos a miles de soldados mercenarios que habían luchado en sus filas. El caso es que las arcas estaban exhaustas y, además, había que saldar las deudas con Roma. El gobierno cartaginés envió a Giscón a negociar con la masa de mercenarios que se encontraba reunida en suelo púnico tratando de recuperar lo que les pertenecía y que tan caro les había costado. Entre sus filas, surgieron dos líderes, el libio Matho y el campano Spendios, que no eran muy propicios a una solución pacífica del conflicto. La negociación salió mal, y los mercenarios se levantaron en armas contra el gobierno de Cartago. Se inició, así, una guerra que duraría más de tres años, y que alcanzó una cotas de crueldad superiores a la media de las de las guerras de la Antigüedad, que ya de por sí eran elevadas. Fue una guerra tan despiadada que se le bautizó como de la guerra inexpiable (que viene a significar, más o menos, la guerra de actos imperdonables). Aunque, es mejor conocida como la "guerra de los mercenarios".
 
En un principio, es nombrado Hannón el Grande como general púnico, y a Spendios y Mathos como generales de los sublevados. Como el primero fracasó en la ciudad de Útica, el mando fue cedido a Amílcar Barca, que venció a Spendios en la batalla de Mácara o del río Bagradas, aprovechando el conocimiento del terreno (la guerra se libraba en el mismo suelo de su patria contra mercenarios procedentes de muy diversos lugares). El padre de Aníbal demostró que podía vencer lo mismo en una batalla campal, que en una acción de guerrillas (recuérdese la primera guerra púnica), usando infantería, caballería, elefantes... Además, siempre acudía a la llamada cuando su patria estaba en peligro.
 
La situación para los cartagineses no era muy halagüeña. En Cerdeña se habían rebelado los mercenarios también, matando al jefe púnico de la tropa. En suelo africano, las pocas plazas leales estaban cercadas por los rebeldes. El único consuelo que tuvo Amílcar fue que el jefe númida Naravas se pasara a su bando.
 
Un rasgo de la inteligencia de Amílcar era que una vez que se rendía el enemigo, era generoso y dejaba a los vencidos la opción de marchar libres o unirse a sus huestes. En cambio, los generales mercenarios fueron tan crueles que asesinaron de forma espantosa hasta 700 cartagineses en un sólo día. Entre ellos se encontraba Giscón, el que fue a negociar con ellos antes de que estallara la guerra. Según nos cuenta Polibio:
 
"Tras amputarles las manos, les seccionaron la nariz y las orejas a aquellos desgraciados, los castraron, les quebraron las piernas y los arrojaron, vivos aún, a una fosa".
 
 
 
Los elefantes de guerra eran un arma típica de los cartagineses. Además, podían servir para otros propósitos como el de ejecutar prisioneros de guerra.
 
 
Después de aquella masacre, los generales Hannón el Grande y Amílcar Barca unieron sus fuerzas. También, se tomó la determinación de que cualquier prisionero tomado al enemigo fuera aplastado por los elefantes o echado a las fieras. A partir de este momento fue cuando la guerra entró en una fase de extrema crueldad.
 
Se hace la situación tan desesperada para los cartagineses que hasta los mercenarios se atreven a asediar la capital, Cartago. Los romanos y los siracusanos se mantuvieron a la expectativa, pero le hicieron algún guiño de apoyo a los púnicos, porque no les interesaba alterar el equilibrio de poder. Amílcar dio un vuelco a la situación e hizo que los mercenarios levantaran el sitio a Cartago. Después, logró encerrar un gran ejército de 50.000 soldados en un lugar conocido como "La Sierra". En un gran desfiladero, los mercenarios, que triplicaban las fuerzas púnicas, fueron inmovilizados durante un largo periodo de tiempo, ya que las salidas estaban selladas con fosos y trincheras. Los soldados de Amílcar sólo tenían que esperar, mientras que a los enemigos se le acababan las provisiones. Cuando el hambre se hizo insoportable, recurrieron al canibalismo. Hubo un intento de negociación, pero el general cartaginés pedía la cabeza de los líderes mercenarios (Spendios, Autárito y Zarzas), a cambio de dejar libre al resto de hombres, pero fracasó. Entonces, los elefantes entraron en el estrecho paso arrollando a todo ser vivo que encontraran, como si fueran auténticas apisonadoras, dejando el suelo cubierto de más de 40.000 cadáveres.
 
Se había logrado una gran victoria, pero la guerra continuaba. Dos ejércitos cartagineses (uno bajo el mando de Amílcar, y el otro a las órdenes de un tal Aníbal) se dirigieron a Túnez, donde se encontraba el único general mercenario vivo, Matho, y la pusieron bajo asedio. Aníbal ordenó crucificar a los líderes capturados en la anterior batalla a la vista de los asediados. Cuando Matho vió como agonizaba hasta morir a su compañero de revuelta, Spendios, decidió cumplir su propia venganza. En un rápido movimiento, atacó el campamento de Aníbal (no confundir con el hijo de Amílcar) y le capturó vivo. Entonces, lo llevó ante la cruz de su amigo, que estaba muerto, y le bajó. En su lugar, crucificó al cartaginés. Al resto de los líderes púnicos los degolló a los pies del crucificado. La crueldad era la moneda de pago en aquella guerra.
 
Ante ese nuevo desastre, los líderes cartagineses tomaron la determinación de aunar todas las fuerzas y apostar por un enfrentamiento definitivo para acabar con un conflicto que casi acaba con el estado. Se buscó una batalla campal contra todo el ejército mercenario de Matho. Aunque no se conocen muchos datos de la misma, si se sabe que resultó una victoria aplastante de Amílcar. Como colofón a tan dramática guerra, el líder rebelde, que había caído prisionero en último combate, fue exhibido públicamente por las calles de Cartago. Fue torturado, y finalmente ejecutado. Así acabó la guerra para Cartago, que tuvo que ceder Cerdeña y Córcega a Roma.
 
 
Fotograma de la película "Espartaco", de Stanley Kubrick. Durante la "guerra de los mercenarios" se dieron diversos episodios de crucifixión, que no era un método de ejecución usado exclusivamente por los romanos, como se puede llegar a creer.
 
 
La contribución a la victoria por parte de Amílcar en dicha guerra, vital para la supervivencia de Cartago, queda puesta de manifiesto. Como los púnicos iban a comenzar a tomar posiciones en la península Ibérica, no había mejor hombre para dirigir las tropas. En el año 237, acompañado de su yerno Asdrúbal el Bello y de su hijo de 9 años Aníbal, Almícar desembarcó en Gadir (Cádiz). El objetivo era tomar el control de las ricas minas de sierra Morena. Con el dinero que se obtendría se podría pagar a Roma los gastos de guerra. Pero los habitantes del sur de España, los íberos, poseían grandes guerreros que no le pondrían las cosas fáciles al cartaginés.
 
Amílcar se tuvo que enfrentar a las tribus íberas de los turdetanos y de los oretanos, que además tenían entre sus filas a mercenarios celtíberos. Cuando Amílcar los vencía, les daba la sabia opción de engrosar sus propias fuerzas armadas. En una batalla logró vencer a un ejército de 50.000 hombres al mando de Indortes. Al caudillo celtíbero, le sacaron los ojos, le torturaron y le crucificaron. Sus hombres pudieron regresar a sus hogares. De esta manera, se logró la sumisión de muchas ciudades íberas.
 
Hacia el año 235, Amílcar fundó Akra Leuké, que se convertiría en su base de operaciones y en su cuartel de invierno. Durante el invierno del 229-228, partió de su base, dejando el grueso de su ejército y a sus elefantes, hacia la ciudad oretana de Heliké. Mientras sitiaba la ciudad, el rey de los oretanos acudió en ayuda de sus habitantes. Del resto sólo podemos especular. Los diversos autores antiguos difieren sobre la muerte de Amílcar Barca. No se sabe si murió ahogado en un río o murió combatiendo, lo que si parece es que falleció con valor.
 
 
 
Amílcar Barca murió luchando contra los soldados íberos. Parece ser que en la "guerra de los mercenarios", hubo de estos soldados combatiendo en las filas de los enemigos de Cartago.
 
 
Como otras tantas veces en la que un gran general muere de forma prematura, no sabemos hasta donde hubieran podido llegar sus conquistas. Lo que si conocemos, es la hazaña que llevó a cabo su hijo, Aníbal, en su lucha con los romanos.
 
Bibliografía:
 
-"Cartago contra Roma", de M.A. Mira Guardiola.
-"Historia Universal. Edad Antigua. Roma", de Julio Mangas.
-Wikipedia.
 

 
 
 

 
 
 


sábado, 14 de septiembre de 2013

¿Que antepasado de Juan Carlos I murió luchando contra los vikingos?

Juan Carlos I es el actual rey de España. Fue proclamado en 1975, tras la muerte del dictador Franco. Al ser perteneciente a la dinastía Borbón, sus ancestros se remontan hasta el primer rey de esa dinastía en España, que fue Felipe V.


El rey Juan Carlos I de España.
 
 
 
Felipe V era nieto del gran rey francés Luis XIV, el rey sol. Éste era, igualmente, de la dinastía Borbón, que había sucedido a la Valois en el siglo XVI en el trono de Francia. Igualmente, los Valois habían sustituido a los Capeto. Tanto la dinastía de los Valois como la de los Borbón, realmente eran líneas de las de los Capeto, por lo que ha habido una continuidad genética desde que se sentó en el trono francés Hugo Capeto.
 
 
 
Hugo Capeto.



Hugo Capeto era hijo del duque de París, Hugo el Grande. Éste, a su vez era sobrino de Eudes I que combatió a los vikingos, de forma valerosa, durante el gran asedio de París de los años 885-6. Tan destacada fue su defensa, y tan desastrosa la acción del rey francés Carlos III el Gordo, que fue proclamado rey entre los años 888-898, por lo que fue, verdaderamente, el primer rey Capeto de Francia. Pero, no hubo continuidad dinástica, porque le sucedió un rey carolingio. Sólo, cuando subió al trono Hugo Capeto, y asoció al mismo a su primogénito sentando las bases de su sucesión, es cuando hubo esa continuidad y estabilidad dinástica.

Eudes I, el héroe que había salvado París de las hordas vikingas, y que es antepasado del actual rey de España, Juan Carlos I de Borbón, por lo tanto no murió combatiendo a aquellos, y no es el personaje que buscamos (el título de la entrada de este post es "¿que antepasado de... murió luchando contra los vikingos?).


"El conde Eudes defiende París contra los vikingos", cuadro de Jean-Pierre Franque (1837).
 
 

Fue el padre de Eudes, un tal Roberto el Fuerte, el que murió combatiendo contra un ejército vikingo que estaba al mando de uno de los hijos de Ragnar Lothbrok, Hastein. Éste, previamente se había unido al ejército de Salomón I de Bretaña y, durante batalla de Brissarthe (866), el valiente Roberto fue muerto, mientras sus tropas asediaban una iglesia donde se habían refugiado las tropas enemigas. En cuanto murió, sus tropas se desbandaron y la batalla fue perdida.