Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

martes, 8 de julio de 2014

Alejandro Magno, la crueldad del vencedor.

En el verano del año 356 a.C., nació un niño que iba a cambiar el mundo para siempre. Admirado por muchos, el héroe por antonomasia de los amantes de la historia, la apasionante vida de Alejandro Magno ha inspirado a docenas de generales y gobernantes, entre muchos otros, durante cientos de años tras su muerte. Tras la muerte de su padre, el gran Filipo II, le sucedió en el trono de Macedonia cuando apenas tenía 20 años. Tras sofocar diversos intentos por desestabilizar el status quo en Grecia, partió hacia oriente, para conquistar el inmenso imperio persa, proeza que lograría alcanzar en los siguientes años. Como era poco para él, aún continuó con la conquista llegando a la India. Cuando se encontraba de regreso, murió supuestamente de enfermedad, con tan sólo 32 años de edad, después de haber conquistado el mayor imperio que la historia hubiera conocido hasta entonces.

Alejandro Magno y Filipo II, en la película de 2004 dirigida por Oliver Stone.


·Alejandro Magno como villano. Aunque no hay pruebas que lo impliquen directamente, Alejandro siempre será sospechoso de haber participado en el complot de la muerte de su padre. Filipo había contraído matrimonio, poco antes de morir, con una joven noble macedonia, por lo que su nueva posible descendencia podría desplazarlo en la sucesión al trono. Además, los preparativos por parte de Filipo para conquistar Asia estaban ya en marcha: Parmenión había sido enviado con un ejército a Asia Menor en calidad de avanzadilla. En el año 336 a.C., cuando se celebraba la boda de su hija, Filipo II de Macedonia fue apuñalado hasta morir por Pausanias, que , a su vez, fue muerto a manos de los soldados macedonios. Alejandro fue enseguida proclamado como sucesor de una manera muy oportuna, demasiado oportuna. Algunos piensan que la mano de su madre, Olimpia, pudo estar detrás del magnicidio. Tampoco hay indicios que la puedan incriminar, aunque la sospecha sobre su autoría siempre señalará en su dirección.

Antes de iniciar sus campañas asiáticas, el nuevo rey tuvo que solucionar las distintas rebeliones que había surgido tras su ascenso al trono. Así, marchó hacia Tebas para sofocar su intento de dinamitar la unión que había surgido tras el Congreso de Corinto, cuando Filipo todavía estaba vivo; el resultado de aquel fue el de construir un ejército compuesto de efectivos de las distintas ciudades-estado griegas, y bajo la dirección del rey macedonio, con el objetivo de destruir el imperio persa, vengando, de esa manera, antiguas agresiones pasadas. Tras arrasar Tebas, Alejandro ordenó que 30.000 supervivientes, entre ellos muchas mujeres y niños, fueran vendidos como esclavos. La ciudad fue completamente arrasada, excepto los templos. Los que habían conseguido huir, fueron declarados fuera de la ley. Esta fue la primera acción importante llevada a cabo por el nuevo líder que había surgido en Grecia, y releja a las claras la poca compasión que iba a ejercer con los que se resistían a su autoridad.

Cuando las cosas se habían tranquilizado en su "propia casa", entonces marchó hacia Asia. Paralela a la campaña militar, hizo otra llena de propaganda, repleta de gestos simbólicos, encaminada a demostrar su categoría de héroe, y su presunta descendencia con respecto a los "dioses"; en esto último tuvo mucha culpa su madre, que desde bien pequeño le había inculcado que Alejandro era descendiente del dios Zeus. Así, visitó Troya, donde ofrecería sus armas a cambio de un escudo sagrado de la Guerra de Troya. Otros de sus objetivos marcados en su ruta de conquista, que le hicieron desviarse de una manera poco provechosa, fueron su visita a Gordio, para desatar el famoso nudo, ya que había un profecía que anunciaba que el que lograra tal hazaña sería dueño de Asia. Finalmente, su cita con la inmortalidad le llevó al oasis de Siwa, donde el entendió "a su manera" que el sacerdote egipcio del lugar le había llamado "hijo de Zeus".


Alejandro Magno en un mosaico de Pompeya.


La primera batalla importante que ganó frente a los persas fue la del río Gránico (334). En aquella ocasión casi perdió la vida, ya que en el fragor de la batalla, cuando Alejandro combatía cuerpo a cuerpo contra los sátrapas (gobernadores de provincia persas y generales) Resaces y Espitríades, uno de los hombres de confianza del macedonio, Clito el Negro, jefe del escuadrón real, tuvo que intervenir para salvarle la vida. Aunque hay varias versiones del suceso, voy a referirme a la que narra el historiador Arriano. Según el mismo, Alejandro, tras acometer contra el sátrapa Mitríades, al que derribó, recibió un golpe del otro sátrapa, Resaces, a quien, sin embargo, logró matar con su lanza, que rompió en el envite. Pero el golpe propinado por Resaces partió el casco de Alejandro, que quedó aturdido y momentáneamente vulnerable. Fue entonces cuando un tercer sátrapa, Espitrídates, levantó el brazo para descargar su espada sobre el rey macedonio, asestándole así un golpe fatal. En el último momento irrumpió Clito, cortando el brazo agresor, salvándole la vida así a Alejandro. Más adelante me referiré al pago que recibiría Clito por su oportuna intervención.

Cuando la caballería persa fue puesta en fuga, quedó la infantería sin posibilidad de escapatoria. Se trataba de un magnífico cuerpo de unos 5000 hoplitas griegos mercenarios. Como no tenían nada que hacer frente a las fuerzas de Alejandro, le ofrecieron un trato: cambiar de bando. En un principio, al macedonio le venían muy bien unos refuerzos tan notables, debido a que una empresa tan ambiciosa, como la conquista del gigantesco Imperio Persa, requería de todas las fuerzas que se pudieran disponer. Pero el resultado final fue más dramático. No se sabe la razón, puede que por orgullo, puede que se viera traicionado por otros griegos, pero Alejandro Magno dio la orden de rodear y atacar a la falange enemiga. Muchos fueron masacrados, y los que quedaron vivos, unos 2000, fueron llevados encadenados a Macedonia para trabajar como siervos. Puede que algún afortunado huyera de tan triste destino oculto tras las montañas de cadáveres, que se quedarían pudriéndose lejos de su amada patria, aunque es algo que nunca se sabrá.

Tras una nueva victoria frente a los persas en Issos, se dirigió a Tiro para intentar tomarla. La empresa le llevó siete largos meses de asedios, y muchos cientos de bajas en el intento. La frustración del macedonio por la tardanza se reflejó en el asalto final: dejó rienda suelta a la matanza producida en el interior de la ciudad llevada a cabo por sus hombres. Además, los supervivientes tirios (la mayoría eran civiles) y otros extranjeros que allí se encontraban (por negocios o por otras cuestiones), unos 30.000 en total, fueron vendidos como esclavos, excepto a unos peregrinos cartaginenses que se encontraban refugiados en el templo de Melcart. Previamente, había crucificado a 2.000 soldados.


El imperio de Alejandro.


El objetivo siguiente fue la ciudad de Gaza, que, estando a las órdenes del gobernador Batis, ofreció una heroica resistencia. Cuando finalmente cayó la ciudad, el rey macedonio se entrevistó con el dirigente depuesto. Parece ser que algo no le gustó a Alejandro, que no se inclinara ente él o su mirada desafiante, y ordenó que Batis recibiera un castigo ejemplar: fue atado de pies a un carro y fue arrastrado por todas las calles de la ciudad, para que todos los habitantes pudieran contemplar el terrible espectáculo. Tarde o temprano, el gobernador moriría tras los golpes recibidos sobre todas las partes de su anatomía, que estaría temiblemente magullada, quedando su cuerpo inerte hasta que alguien parara la macabra cabalgada de los caballos, que poca culpa tendrían de los delirios de aquel que había ordenado tal atrocidad: el mismo que se creía hijo de un dios. El destino del resto de la población no fue mucho mejor: los que no fueron asesinados fueron vendidos como esclavos. Estos hechos sucedieron en el año 332.

Al igual que su padre, el hijo tuvo graves problemas con los excesos con el consumo de bebidas alcohólicas. Tanto es así, que por culpa de una borrachera mandaría quemar los magníficos edificios de Persépolis, la suntuosa residencia real de los soberanos persas. En otra ocasión, mataría con sus propias manos a Clito, el mismo que la había salvado la vida en combate unos años antes. En esta muerte tendría que ver mucho el hecho de que Alejandro quería instaurar el culto a su persona como un dios, algo que no veían con buenos ojos los griegos de la época, además del consumo desmedido de vino.

Cuando se descubrieron varios complots contra su vida, a Alejandro no le "tembló la mano" cuando ordenó la muerte de un general tan leal y útil como había sido Parmenión, además de al hijo de éste, Filotas. No fueron los únicos en sufrir la ira del rey. En el caso de Parmenión, no había evidencias de que hubiera intrigado en ninguna conspiración.

Cuando Alejandro decidió dar por terminada su campaña de conquista, dividió sus fuerzas en tres grupos para el viaje de regreso. Uno de ellos, en el que viajaba él mismo, tuvo que atravesar las cálidas arenas del desierto de Gedrosia. Aquella opción le costó miles de muertes al ejército macedónico. Sin duda, fue una opción mucho más que controvertida.


Alejandro a punto de ser atacado en el fragor del combate.


·Justificando al villano. Si Alejandro fuera un personaje actual, no quedaría más remedio que calificarlo de sádico, asesino, psicópata, entre otras muchas cosas. Pero no podemos caer en la trampa en juzgarlo con ojos de alguien del siglo XXI, ya que en la época en la que vivió la vida era totalmente distinta a la actual; entre otras cosas, no existía el Derecho internacional, no había un organismo como la O.N.U., los derechos humanos...  En definitiva, los actos crueles de los dirigentes quedaban impunes, a manos que la situación diera un vuelco, y que los vencidos se convirtieran en vencedores, y cumplieran debida venganza. Me explico. La conquista del Imperio Persa por parte de Alejandro fue, en gran medida, consecuencia de los intentos frustrados por parte de los persas en el siglo V por conquistar Grecia (véase las Guerra Médicas), y que tanto sufrimiento llevó a los griegos. De la misma manera, el incendio por parte de Alejandro de Persépolis, pudo tener como última razón, el que los persas quemaran la Acrópolis ateniense en el marco de las citadas Guerras Médicas.

Los actos de crueldad sobre la población civil, incluyendo a mujeres y niños, de destrucción de ciudades, de muerte de inocentes, de venta de esclavos de población no combatiente..., llevados a cabo en Tebas, Gaza, Tiro..., sirvieron para que otros muchas ciudades griegas o del Imperio Persa, se plegaran a los deseos del conquistador, y que le abrieran las puertas, evitando así la muerte de miles o decenas de miles de personas inocentes. Aunque sea cruel decirlo, las decisiones de castigo evitaban mucho más dolor. En cierto modo, cuando los norteamericanos, en el marco de la II Guerra Mundial, lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima o Nagasaki (1945), matando a cientos de miles de japoneses, la mayoría de ellos mujeres, niños y ancianos, que no estaban capacitados para combatir, evitaron a la larga una prolongación de la guerra, que podía haber matados a millones de personas.

Por último, diré que la información ofrecida por las fuentes históricas siempre ha de ser cuestionable. Las versiones ofrecidas por los distintos historiadores antiguos difieren en algunos matices, y desconocemos el punto de vista de los persas, por ejemplo, lo que nos podría iluminar un poco mejor nuestro conocimiento de aquellos años. De esta manera, hay episodios de crueldad, supuestamente cometidos por Alejandro, que sólo son ofrecidos por un único historiador de los varios que escribieron sobre el macedonio. Así, el episodio relatado sobre la ejecución del gobernador de Gaza, Batis, es descrito por el historiador romano Quinto Curcio, autor del s. I d.C. (escribió más de 400 años después de la vida y muerte de Alejandro), y nadie más. Si fuera poco, cuando expone como es ejecutado el gobernador, atado por los pies y tirado por un carro, nos recuerda bastante la descripción de un episodio de la Ilíada: cuando Aquiles ordenó que se atara el cadáver de Héctor a un carro, a los pies de las murallas de Troya.

La prueba final de que sus políticas fueron efectivas, aunque duras, fue que su imperio se mantuvo firme mientras estuvo vivo. Cuando murió, se derrumbó como un castillo de naipes.


Bibliografía consultada:

-Historia de la Grecia Antigua, de Juan José Sayas Abengochea.
-La conquista de Asia, de Jonh Warry.
-El Gránico, la forja de un mito, de Michael Thompson.
-Wikipedia.








miércoles, 25 de junio de 2014

¿Existió Frankenstein?

Aunque se pueda confundir el nombre del monstruo de la célebre novela de la escritora británica Mary Shelley de 1818, con el de su creador, el doctor Frankenstein, no hay que olvidar que, realmente, el protagonista principal, o sea el ser hecho de retazos de cadáveres, carece de nombre. La novela de Frankenstein o el moderno Prometeo fue concebida por Mary, en un viaje a Suiza que realizó junto a su marido, para visitar a Lord Byron, célebre poeta inglés. Como si de un juego se tratara, Byron retó a sus invitados a componer una historia de terror. A partir de entonces, empezó a germinar la historia de Frankenstein en la mente de la autora.


El actor británico que dirige y protagoniza la excelente película "Frankenstein de Mary Shelley".

 

 
En la época en la que vivió Mary, eran célebres los experimentos que se hacían con electricidad sobre cadáveres humanos o de animales, o partes de ellos para que se movieran. Otra de las fuentes de inspiración es la figura de Prometeo, como bien aparece en el título de la novela, que desafió a los dioses griegos creando al hombre a partir del barro. Según la misma Mary Shelley escribe en una carta, citando una de las conversaciones de su marido con alguno de sus amigos: ...Hablaron de los experimentos de Darwin..., quien fue capaz de conservar un trozo de vermicelli en una caja de cristal hasta que, por algún medio extraordinario, este comenzó a moverse por voluntad propia. No de esta forma, pero quizás de otra, se podía dar la vida. Quizá un cadáver podría ser reanimado; el galvanismo había dado pruebas de esa posibilidad.

En los últimos años han surgido teorías acerca de que si hay alguien más que haya podido influir en la autora para escribir su relato. Los investigadores buscan a algún científico, vamos a llamarlo así con mucha cautela, que hubiera realizado ciertos experimentos un tanto fuera de lugar, y que hubieran traspasado los límites científicos de la época para poder llegar lo más lejos posible, aún a costa de superar las restricciones de la época, y convertirse en malditos a ojos de los demás. Lo que algunos eruditos buscan es al auténtico doctor Frankenstein.

Hay que tener bien presente que Mary Shelley nunca mencionó a los personajes que voy a exponer a continuación, pero lo que es indudable es que con toda seguridad oiría hablar de ellos, ya que eran muy célebres y cercanos en el tiempo que le tocó vivir. Uno de ellos fue el inquietante Johann Conrad Dippel (1673-1734). Este teólogo, químico, médico alemán nació en el Castillo de Frankenstein (sí habéis leído bien). Hay algunos que piensan que en el viaje, antes mencionado, de Mary a Suiza con su marido a algunos amigos, pudieron haber pasado por las cercanías de dicho enclave, donde les habrían contado las misteriosas historias  sobre el más célebre de los habían habitado en dicho castillo, que no es otro que Conrad Dippel. Envueltas en un halo de misterio, los relatos sobre aquel hablaban de ciertos experimentos realizados sobre cadáveres humanos. Al abrigo de la seguridad que suponía estar entre los muros de aquella fortaleza, las investigaciones hechas por Dippel no son muy conocidas, y las leyendas crecieron en torno a su figura engullendo la realidad.


Castillo de Frankenstein en Darmstadt.


Cuando Mary Shelley era una tierna niña de 5 años, Giovanni Aldini se hizo famoso por hacer un experimento público sobre un cadáver recién ejecutado, el de un hombre llamado George Foster.

Éste físico italiano era sobrino de Galvani. Como en Italia a los reos condenados a muerte les cortaban la cabeza, los experimentos con electricidad sobre ellos, por lo tanto, solo eran posibles en los cuerpos desmembrados. Cuando aplicó electricidad a la cabeza desmembrada de una persona recién ejecutada, y según sus palabras: ...formé un arco con dos cables metálicos. Cuando esta comunicación fue establecida, observé fuertes contracciones en los músculos de la cara, que se contraían de manera tan irregular, que exhibían la apariencia de muecas terroríficas.

Como en Inglaterra a los condenados a muerte no los decapitaban, sino que les ahorcaban, se dirigió a aquel país para continuar con sus investigaciones con cadáveres completos. Aldini no tardó en codearse con los miembros de la alta sociedad inglesa, a los que deslumbró con sus experimentos innovadores. Cuando planteó la posibilidad de intentar revivir a una persona recién ejecutada usando ciertas dosis de electricidad sobre el cadáver, tuvo la aceptación a poder realizar tales experimentos.


Giovanni Aldini.


El 17 de enero de 1803 era la fecha de la ejecución de George Foster, un joven acusado y condenado por matar a su mujer e hija pequeña, y lanzarlas al río. Sin pruebas muy sólidas, la sentencia sería llevada a cabo, aunque había sospechas de que la mujer podía haberse suicidado. No importaba demasiado, la cuestión es que George era un ejemplar joven y sano, justo los que le hacía falta al investigador italiano para ejecutar la prueba que tanta expectación había levantado entre los clases altas de Inglaterra.

Una vez ejecutado el reo, fue llevado con premura a una sala donde le fueron aplicadas fuertes dosis de electricidad al cadáver, que sufriría convulsiones, que se transformaron en movimientos involuntarios de miembros... Sin duda sería un espectáculo grotesco que poco aportaría a la Ciencia, y que solo serviría para denigrar el cuerpo de una persona que había perdido absolutamente todo.



Aquí os dejo en enlace para ver el documental sobre Aldini que es muy bueno.

viernes, 20 de junio de 2014

El ocaso de los conquistadores españoles.

Para continuar con una entrada anterior sobre Cortés y Pizarro, he decidido completar la lista negra de célebres descubridores-conquistadores españoles malditos, mal pagados y peor reconocidos por el país al que representaban, y que además tuvieron mal final o sufrieron angustiosas vicisitudes en vida, con los nombres, tan significativos, de Ponce de León, Cristóbal Colón (algunos pensarán con razón que no era español), y Nuñez de Balboa. Muy famosas son sus hazañas, aunque, no tanto, fueron las calamidades que tuvieron que sufrir en su odisea emprendida para la colonización del Nuevo Mundo.

Juan Ponce de León y Figueroa nació en Valladolid hacia el año 1460. Participó en la Guerra de Granada, que acabó con la derrota del último reino musulmán de la Península Ibérica. Posteriormente estuvo en la conquista de América, siendo uno de los pioneros en tan magna empresa. Entre otras cosas, descubrió y conquistó la isla de Puerto Rico, y, además, fue el primer europeo en llegar a la península de Florida, a la que puso nombre. Tampoco hay que olvidar que fue el que descubrió la, no menos importante, Corriente del Golfo, que hacía que los viajes entre Europa y América fueran más rápidos.

En una segunda expedición a dicha península, con el objetivo de conquistarla, en 1521, encontraría la muerte. Una flecha lanzada contra él, le asestó una herida mortal de manera inesperada, antes de acabar su cometido. En barco fue trasladado a La Habana donde falleció al poco tiempo. Sus restos fueron enterrados en Puerto Rico.


La muerte de Ponce de León.


Vasco Núñez de Balboa era uno de los numerosos extremeños que participaría en la aventura americana, aunque sus comienzos fueron algo más curiosos: se embarcó como polizón, escondido en el interior de un barril, en una expedición al mando de Martín Fernández de Enciso. Al ser sorprendido en tan embarazosa situación, la pena a la que podía haber sido sometido era muy severa, ya que las leyes imperantes hacían que podía haber sido abandonado en una isla desierta. El caso es que hacían falta voluntarios para continuar con las labores de conquista, y Balboa fue, de esta manera, reclutado en la expedición española.

La importancia de este conquistador español radica en que fue el primer hombre no americano que llegaría a ver el Océano Pacífico desde la vertiente americana. El 1 de septiembre de 1513 partió desde Santa María con 190 hombres, y atravesó el istmo de Panamá. Tras numerosas vicisitudes, que incluyeron combates y alianzas con distintos caciques, remontar ríos, construir barcos..., llegaron a la cordillera del río Chucunaque, desde cuya cima se podía ver un mar desconocido. Los hombres de Balboa erigieron pirámides de piedra e hicieron grabados en los árboles de la zona. Después, llegaron al Mar del Sur, que es como los españoles habían bautizado al que es conocido hoy en día como el Océano Pacífico.

En julio de 1514 Balboa recibió al nuevo gobernador de la provincia de Castilla de Oro, Pedro Arias de Ávila (que es mejor conocido como Pedrarias). Fue entonces cuando la vida del descubridor extremeño se complicaría. Tras graves tira y afloja, el conflicto entre ambos hombres pareciera que andaba en vías de solucionarse, cuando Pedrarias se convirtió en el suegro de Balboa, tras casarlo con su hija, que estaba en España, y que nunca llegó a conocer a su marido, por poderes.

Entonces, unos pocos años después, Balboa obtuvo licencia del gobernador para continuar la exploración de los territorios que se extendían hacia el sur. Y, cuando estaba realizando dicho cometido, fue apresado por orden del gobernador con los cargos de traidor e intento de usurpación. El juicio llevado a cabo fue una pantomima y el veredicto fue bastante severo: Núñez de Balboa, junto a cuatro de sus capitanes, fue condenado a muerte. A los cinco les cortaron la cabeza, que fueron clavadas en una pica a la vista de todo el que quisiera mirar. Que mal pago fue a tan gran conquistador y explorador.


Ejecución de Núñez de Balboa.


Por último hablaré de Cristóbal Colón que, a diferencia de los demás, si ha sido premiado por la fama y la gloria en España y el resto del mundo. Fue durante su tercer viaje a América cuando Colón recaló en la isla de La Española (la actual Santo Domingo). Lo que se encontró fue una revuelta en toda regla. Los problemas se habían originado cuando fueron descubiertas una serie de minas de oro en el sur de la isla, que provocaron la codicia de todos los colonos españoles. Como el monopolio lo ostentaban los hermanos de Colón, Bartolomé y Diego, el resto de los hispanos reivindicaban su parte del pastel, encontrándose, entre ellos, el alcalde y justicia mayor de La Española, Francisco Roldán.

Colón, que había arribado a la isla en 1498, no supo solventar la situación. De una manera tímida quiso llegar a un acuerdo con los insurrectos, y les otorgó bienes y privilegios, pero la su actitud no resolvió el litigio, mientras que en la Corte española se enteraban con preocupación de los avatares coloniales, mientras que pensaban que lo que hacía falta era "mano dura" para liquidar el asunto de manera contundente.

Finalmente, Cristóbal Colón pidió ayuda a España. Los reyes decidieron enviar al Comendador de Calatrava, Francisco de Bobadilla, un hombre duro y capaz, con atribuciones para ejercer la "Gobernación e Oficio de Juzgados de esas dichas islas y tierra firme", que llegó a La Española en agosto de 1500. Bobadilla tenía tanto poder que envió a Colón y a su hermano Diego a España cargados de grilletes, con los cargos de corrupción y presunta traición a la corona.


Cristóbal Colón siendo encadenado.


Colón estuvo prisionero hasta que en diciembre de 1500 pudo entrevistarse con los Reyes Católicos que tanto le debían al almirante descubridor de América, y que tanto cariño le tenían. Pero, aunque lo liberaron y le concedieron permiso para organizar un cuarto viaje, los monarcas sabían que las cosas habían cambiado, ya que la prioridad no era descubrir una ruta hacia Asia, como Colón siempre había soñado, sino que el objetivo era mucho más ambicioso: había que conquistar un continente, un Nuevo Mundo, y que había que dar paso a nuevos hombres para cumplir dicho cometido.



Bibliografía consultada:
-La aventura de los Conquistadores, de Juan Antonio Cebrián.
-Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán.
-Wikipedia.










sábado, 7 de junio de 2014

¿Existió Blancanieves?

Blancanieves es la protagonista de uno de los cuentos para niños más famosos de todos los tiempos. Tanto es así, que no merece la pena recordar los pequeños detalles del mismo ya que son ampliamente conocidos. Todos hemos sido niños alguna vez y recordamos, sin duda, a la cándida Blancanieves, a la malvada madrastra (el arquetipo de la mujer bella y vanidosa que es incapaz de soportar que ninguna fémina compita con ella en ser la más guapa), a los siete enanitos, cada uno con su personalidad bien definida y asociada a su nombre de pila, al príncipe, a la manzana envenenada....

Si alguien quiere refrescarse la memoria, bien vale la pena recordar la maravillosa historia viendo la sin igual película de Walt Disney que se hizo en el ya lejano 1937. Y si no, siempre se puede leer la versión que hicieron los hermanos Grimm de un cuento que posiblemente se remonte a la Edad Media y que, con diversas variantes según el lugar del que proceda, fue mejorado ampliamente por los maravillosos autores de cuentos alemanes.




Y es que según una teoría que lanzó el Doctor Karlheinz Bartels en 1986, los hermanos Grimm se enteraron de la existencia de una chica llamada María Sophia Margarethe Catharina von Erthal (vamos a llamarla simplemente María), y se inspiraron en los detalles de su vida para completar su inmortal relato. En concreto, lo que quiere decir dicho investigador es que Blancanieves existió realmente.

María se crió en el castillo de Lohr am Main (Alemania), siendo su padre el Condestable del Electorado de Maguncia, estando de continuo viajando al tener funciones diplomáticas. Como pasaba en el cuento de los hermanos Grimm, la madre de María falleció (1741), y su progenitor no tardaría en casarse apenas dos años después. Claudia Elisabeth María von Venningen sería entonces, siempre según la teoría de Bartels, la maléfica madrastra de Blancanieves. Según parece, esa mujer no era nada cariñosa con su hijastra, y beneficiaba en todo lo que podía a sus hijos naturales en detrimento de María, que debería sentirse muy sola ya que su padre estaba continuamente ausente.

Aunque en la historia real no se puede concebir que hubiera un "espejo mágico" que hablara y que dijera verdades como catedrales de grandes, en cambio, encontramos que el padre de María regaló a su segunda esposa un espejo un tanto especial, y que todavía se conserva en el Castillo-Museo de Lohr, la casa de Blancanieves. El regalo en cuestión tiene unas curiosas propiedades acústicas, que hacen que, al hablar cerca de él, la reverberación hace que resuenen las palabras. Además, en el marco hay escritos una serie de aforismos que hacen que su lectura sea tentadora al que se encamine a verse reflejado en el espejo.


¿El verdadero espejo de la madrastra?


Para explicar la existencia de los siete enanitos del cuento, el investigador alemán cree que los hermanos Grimm se inspiraron en los niños que excavaban las minas de Bieber, y que estaban envejecidos por llevar a cabo una tarea que no le correspondía, por su dureza, a nadie que tuviera tan poca edad; en 1750 había 500 mineros que buscaban plata y cobre allí.

Respecto a la manzana envenenada, se puede explicar por la existencia de belladona que es abundante en la zona de Lohr. El "sarcófago trasparente de cristal", pudieron construirlo los manufactureros de vidrio, y las "zapatillas de hierro", los artesanos del metal..., y es que Bartels no deja suelto ningún cabo en su teoría; prácticamente da explicación a casi cualquier detalle del cuento de Blancanieves.

Debido a las circunstancias que rodeaban a María, los habitantes de Lohr habían la convertido en una especie de hada. Un cronista de la época la describe como un "ángel caritativo y bondadoso", “activo contra la pobreza y la indigencia”. La ceguera parcial que sufrió cuando era niña a causa de la varicela, fue causa para que los paisanos de lugar aumentaran su cariño hacia ella.


El castillo de Lohr en la actualidad.


Aunque los hermanos Grimm vivieron cerca de Lohr, y, perfectamente, la historia de María pudo llegar a sus oídos, en mi opinión, faltaría algún tipo de prueba documental que corroborara esta teoría tan fascinante. De hecho, el historiador alemán Eckhard Sander tiene otra versión acerca de quien pudo ser la auténtica protagonista del cuento en cuestión. Él cree que pudo ser la condesa Margarethe von Waldeck, que vivió en el siglo XVI. Según el autor alemán, la noble pudo tener un romance con el rey Felipe II, cosa que estaría muy mal vista porque él estaba casado , por lo que habría sido asesinada con un veneno mortal.

Fuentes consultadas:
-El blog la Daga de Aquiles.
-Wikipedia.






martes, 3 de junio de 2014

Buceando en la Leyenda cumple un año.

Gracias a todos los que alguna vez habéis visitado este blog. Después de una año sigo aquí, y de momento no me he cansado. Más de 25.000 visitas procedentes de, al menos, 70 países me animan a continuar.  Muchas gracias.

sábado, 31 de mayo de 2014

Juego de Tronos, rasgos históricos.

Juego de Tronos es la primera de una serie de novelas de la saga de Canción de Hielo y Fuego. Aunque la obra se enmarca en el género fantástico, no cabe duda de que George R. R. Martin, el creador de la misma, se inspira en ciertos hechos históricos para sacar adelante la trama de sus libros. Si bien es cierto de que los aromas de la Edad Media europea impregnan la atmósfera de Canción de Hielo y Fuego, no hay que descartar que hay rasgos históricos que pertenecen a otras épocas que pueden haber inspirado a Martin.

Poniente es un territorio eminentemente feudal, compuesto de señores y vasallos, y también con un rey, sentado en el Trono de Hierro, que gobierna en los Siete Reinos. Esta figura nos la encontramos en la Historia.

Cuando los anglos, sajones y jutos, además de otros pueblos más, se establecieron en lo que se conoce hoy como Inglaterra, se formaron una serie de reinos, conocidos como la Heptarquía anglosajona (Siete Reinos). Variables en tamaño y número, durante siglos (en el periodo conocido como la Alta Edad Media de Inglaterra) lucharon entre sí para conseguir la hegemonía.

En otro lugar más lejano, China, y en una época más remota, entre los siglos V y III a.C., los llamados Siete Reinos Combatientes lucharon entre sí hasta que uno de ellos venció a los demás, el reino de Qin. Del proceso de unificación surgió el primer emperador de China, Qin Shi Huang (si os digo que fue el responsable de que se construyeran los miles de guerreros de xian de terracota, seguro que os suena un poco más).

En el norte de los Siete Reinos se levanta un enorme muro de hielo de unas proporciones gigantescas, su misión es la de proteger a los habitantes de Poniente de las posibles invasiones por parte de los salvajes, y de otras criaturas más inquietantes, los Otros, o muertos vivientes que forman auténticos ejércitos. Una edificación tan eminentemente defensiva ha dado ejemplos muy variados en la Historia.


Gran Muralla China.


En el norte de Inglaterra los romanos construyeron el Muro de Adriano para protegerse de los ataques de los pueblos que habitaban Escocia. Ese muro era un elemento más de los muchos con que contaba el Imperio para defenderse de las posibles agresiones por parte de los llamados pueblos Bárbaros. Sin abandonar el país, y acercándonos en el tiempo, he decidido poner en esta relación el menos conocido como muro de Offa, una edificación mucho más modesta que la anterior, pero que es perteneciente a los tiempos medievales. Offa era un rey de Mercia, uno de los más importantes de la ya mencionada Heptarquía anglosajona, cuyo reino alcanzó la supremacía a finales del siglo VIII. La edificación se levantó para protegerse de los indeseables vecinos galeses. La relación se puede completar con la famosa Gran Muralla China, que sirvió de freno frente a los pueblos nómadas que acosaban a los sedentarios chinos en su país.

La Guardia de la Noche es la que se encarga de defender el Muro en las novelas de Martin. Es posible que haya algo de inspiración en las órdenes religiosas de los templarios, hospitalarios o de los teutónicos que defendieron Tierra Santa de los enemigos musulmanes. El hecho de que eran a la vez soldados y sacerdotes, y por lo tanto debían de guardar el celibato, los hace ciertamente similares.

Pero hay un aspecto destacado con respecto a los de la Guardia de la Noche que los emparenta con la célebre Legión Extranjera de Francia, y es que ambos cuerpos se nutren en sus filas de convictos, pendencieros y otras gentes de mal vivir, aunque también podían acoger personas más honradas e incluso algún hijo de la nobleza, como el caso de Jon Nieve o de Samwell Tarly.

He leído en muchos lugares que la Guerra de las Rosas es una fuente que surte a las novelas de Martin; hay un gran parecido en los nombres de los contendientes de la guerra civil inglesa (York contra Lancaster), y los principales rivales de la primera fase del conflicto que narra el escritor norteamericano (los Stark contra los Lannister). Pero no hay que olvidar que la guerra histórica fue luchada entre dos bandos bien definidos, y la guerra novelada representa una lucha de poder entre múltiples reinos, y diversos personajes poderosos que actúan, o bien de manera abierta, o bien en la sombra manejando los hilos de la trama. Es sin duda, una situación mucho más compleja que la de una guerra civil.


La rosa roja y la rosa blanca, los Lancaster contra los York.



A este punto, yo tengo que decir lo que entiendo como un juego de tronos. Para mí es una lucha por el poder, despiadada y feroz, en la que el ganador debe de deshacerse por todos los medios posibles de sus adversarios, para así alcanzar el codiciado premio, el trono y la corona. Si nos fijamos en la Historia podemos ver que ha habido múltiples situaciones semejantes que han podido inspirar al autor. En otra entrada de mi blog ya escribí sobre la lucha que se dio en el año 1066 en la Inglaterra medieval, un episodio que siempre me ha fascinado. Alejandro Magno murió muy joven, dejando un imperio inmenso, y sin un heredero que lo gobernara. Las décadas que siguieron fueron de luchas internas entre los generales de Alejandro y de otros personajes importantes que sembraron de cadáveres las tierras otrora conquistadas por el genial macedonio: es la llamada época de los Diádocos, un periodo de una enorme complejidad histórica. Otro episodio histórico que se caracterizó por una larga y apasionante lucha por el poder fue cuando la República de Roma entró en una dinámica que le llevó a la formación de un imperio regido por un soberano que llegó a concentrar todo el poder de un reino de una extensión colosal. Por el camino se quedaron hombres tan célebres como Julio César, Pompeyo Magno, Craso, Marco Antonio..., grandes personajes que acariciaron alguna vez la idea de controlar tanto poder en sus manos.

Al hablar de los personajes de las novelas que puedan tener reflejo en los de la Historia, nos encontramos que el rey de Francia Luis XI era conocido como "la araña", lo mismo que Varys, el consejero real de la ficción. Lo que ambos tienen en común es su capacidad de tejer sus redes para llevar a cabo sus ambiciones.

Otro célebre protagonista de la obra de Martin es Jaime Lannister, el matarreyes, llamado así por haber liquidado al legítimo monarca que se sentaba en el Trono de Hierro, Aerys II el Loco. Si nos fijamos en la anteriormente citada Guerra de las Rosas, nos encontramos a alguien con un apodo que significa todo lo contrario, el hacedor de reyes (The Kingmaker), Ricardo Neville, el conde de Warwick. Esta figura principal del conflicto, fue responsable que dos reyes accedieran al trono de Inglaterra, Eduardo IV de York, y Enrique VI, por lo que fue digno de que le llamaran de esa manera.



El hacedor de reyes.


Los numerosos hechos narrados en las múltiples páginas publicadas también pueden tener algún reflejo en el espejo que puede ser la Historia. Os invito a que leáis mi entrada sobre la Boda Roja, y la verdad histórica subyacente que encierra, y que el mismo Martin reconoce.

Sobre la batalla de Aguasnegras y los paralelismos que hay de los asedios musulmanes sobre la bizantina Constantinopla en la Edad Media, parecen evidentes al comprobar como en ambos casos los defensores contaban con una arma poderosísima, cuya composición era secreta, y que podía arder en el agua arrasando los barcos enemigos. Era el Fuego Griego, que usaron los cristianos para defender su capital, mientras que los habitantes de Desembarco del Rey pudieron disponer del Fuego Valyrio.

En un momento de la historia aparece en el cielo el Cometa Rojo, inquietante sin duda, buen augurio para algunos, pero mal presagio para otros. Sin duda, recuerda cuando apareció el cometa Halley cuando sucedían los dramáticos acontecimientos de 1066 en Inglaterra, que marcaron el final de la era sajona, y que es magníficamente representado en el Tapiz de Bayeux.

Si hablamos de ciertas costumbres regias, observamos que la Casa de los Targaryen practicaban la endogamia, seguramente para intentar preservar la pureza de sangre. Es decir, que se emparentaban entre sí para tener descendencia real. Aunque parezca absurdo, es una costumbre que se ha repetido durante milenios entre las dinastías reales de muy diversas civilizaciones. Así, encontramos ejemplos de ello en el Antiguo Egipto o en el Imperio Inca. Sin ir mucho más lejos en el espacio ni en el tiempo, los reyes Habsburgo españoles tendían a casarse con mujeres de la nobleza con las que compartía ciertos lazos familiares, y que dieron como resultado el ascenso al trono de Carlos II, con un sobrenombre, el Hechizado, que indica que estaba lejos de ser alguien "normal".

Para finalizar hablaré un poco de la geografía del mundo de Canción de Hielo y Fuego. Este un mapa no oficial de la región más importante en la que se desarrollan muchos de los episodios de la trama:




A la izquierda se encuentra Poniente, un mundo puramente feudal, y a la derecha está la región de las Ciudades Libres, dominadas por un régimen político diferente, y continuamente acosadas por los guerreros nómadas a caballo llamados dothrakis (reflejo de los verdaderos hunos o mongoles). Entre ambos mundos, tan cercanos y lejanos a la vez, se halla el Mar Angosto. El mapa me recuerda en cierto modo al mapa de la época de las Guerras Médicas: de un lado el mundo griego en Europa, y, separado por el Mar Egeo, se encontraba en Asia el Imperio Persa, con un sistema político que les distaba enormemente.


Mapa de las Guerras Médicas. En azul el Imperio Persa, y en el resto de colores las ciudades-estado griegas.


El mapa de Poniente es el siguiente:





No se sabe si es una isla aunque lo parezca, ya que la zona al norte del Muro estaría sin cartografiar. La zona más estratégica es el estrecho en el centro que es llamado El Cuello, y que separa el Norte del Sur de Poniente. Esta región me recuerda a la Isla Soledad, en el archipiélago de las Islas Malvinas, porque comprende un pequeño istmo central que separa el norte de la isla del resto de la misma. Fue una posición de enorme importancia estratégica en el marco de la Guerra de las Malvinas (Falklands) de 1982.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Temístocles, auge y caída (300: El origen de un imperio).

Temístocles, hijo de Neocles, de la familia de los Licónidas, nació en Atenas en el año 524 a.C. Eran los albores de la democracia griega, o mejor dicho de la Humanidad, y este gran personaje de la Antigüedad se movería como pez en el agua aprovechando los resortes e hilos en un nuevo marco político. No nació en el seno de ninguna familia aristocrática, y supo ganarse el favor de las capas más desfavorecidas, lo que le ayudó a ascender en los escalones de la política ateniense.

Con apenas 31 años de edad fue nombrado arconte epónimo, uno de los nueves magistrados o arcontes elegidos por el pueblo ateniense para gobernarlos. Temístocles tuvo claro que Atenas debía fortalecer su poder naval como una de sus principales prioridades, y no sólo para alcanzar la hegemonía en Grecia, sino para hacer frente a la futura amenaza que se cernía procedente de Oriente: la del Imperio Persa. Por eso mismo, fortificó el puerto de El Pireo y fomentó el poder naval de la ciudad-estado griega.


El actor australiano Sullivan Stapleton como Temístocles en la segunda parte de 300.

 


En el año 490 los persas desembarcaron en la bahía de Maratón. Venían con la intención de someter toda Grecia, y en esa ocasión los atenienses estaba prácticamente solos para hacer frente a las fuerzas invasoras; apenas contaron con la colaboración de los plateos. Casi 10.000 hoplitas se enfrentaron a unas fuerzas que les doblaban en número. En el centro de la formación se encontraba Temístocles, al mando de un millar de hombres, su cometido era el de aguantar el ataque persa, mientras que las alas de los griegos, reforzadas a costa de adelgazar el centro, intentaban vencer los flancos del adversario. La táctica usada por los helenos dio resultado, y los persas se retiraron a sus barcos para emprender la huida, dejando en el campo miles de cadáveres; volverían años después con fuerzas renovadas. Temístocles tuvo que ver como el general Milcíades se llevaba la gloria de la victoria, mientras aguardaba su gran momento.

Temístocles encontró en Arístides a un nuevo rival político, tras la muerte de Milcíades. Cuando se descubrió una nueva veta de plata en las atenienses minas de Laurio, Temístocles vio claro cual debía de ser el destino proporcionada por la riqueza generada en las minas: había que construir una poderosa flota para que Atenas se convirtiera en una potencia marítima. A pesar de contar con la oposición de la nobleza, su empeño y cabezonería se impuso finalmente, creándose así una fuerza de 200 trirremes de guerra. Como veréis más adelante, esta intuición sería crucial para que Grecia sobreviviera como civilización independiente ante la grave amenaza que se iba a cernir sobre ella.

Cuando estalló la Segunda Guerra Médica, los atenienses estaban bien preparados, gracias sobre todo a la labor de Temístocles. Éste quiso comandar la armada griega en el primer enfrentamiento naval de la contienda, la batalla de Artemisio, pero los intereses políticos hicieron que el mando recayera sobre un comandante espartano, aunque realmente era el ateniense el que mandaba a través del espartano. El dramático enfrentamiento naval se producía al mismo tiempo que la infantería helena resistía en el famoso paso de las Termópilas al mando del gran Leónidas; ambas combates se libraban en la primera línea de defensa griega. Cuando el rey espartano cayó y fue derrotado, la defensa en Artemisio dejó de tener sentido, y la flota, compuesta sobre todo de navíos atenienses, se retiró a aguas más seguras. El plan para taponar la enorme invasión oriental había sido diseñado por Temístocles, que dirigía a su pueblo en tan desesperada situación.

Entonces, en un golpe genial, el líder ateniense se jugó todo a una carta. Envió a la flota griega a Salamina, esperando atraer a las naves persas. En ese momento las fuerzas enemigas estaban todavía prácticamente intactas. Como consecuencia de su acción, casi despobló la misma Atenas, ya que hacían falta muchos brazos para manejar los buques atenienses. Para asegurarse de que la flota persa de Jerjes acudiera a la cita, Temístocles uso un ardid: envió a un sirviente asegurando que las fuerzas griegas estaban desmoralizadas y divididas, y que él mismo se cambiaría al bando de los persas; en definitiva, que era el momento propicio para asestar un golpe rápido y sin dilaciones a la flota griega que estaba reunida en Salamina. Además, para convencer al resto de los griegos de que siguieran su plan, amenazó con llevar a toda la población ateniense por mar a Sicilia y abandonar Grecia. Ante tamaño farol (los griegos no podían prescindir de la flota ateniense), todos aceptaron las condiciones de Temístocles.


 

Busto de Temístocles.


El persa mordió el anzuelo. Los griegos no estaban desunidos ni Temístocles pensaba en cambiarse de chaqueta. Al contrario, la flota helena esperaba impaciente a que los más numerosos navíos persas se introdujeran en las estrechas aguas de Salamina, donde la superioridad numérica se vería mermada por la dificultad de maniobrar en un espacio menor. Jerjes, seguro de la victoria, se buscó un lugar en alto para contemplar el combate. En el año 480 tuvo lugar una de las batallas más importantes de la Historia de la Humanidad. No sólo se combatía por la supervivencia de Grecia, sino por la de un continente, Europa, y una de las ideas políticas más revolucionarias y justas que haya concebido el hombre, y que había sido recién adoptada: la Democracia. Y al mando de los griegos estaba un hombre de orígenes humildes, que había diseñado todo el dispositivo militar y que había dirigido con acierto hasta ahora a su pueblo: Temístocles.

Nunca sabremos si le movían los deseos de gloria, o si lo que quería era simplemente defender a su pueblo amado, pero ese día las inferiores en número naves griegas derrotaron de forma fulminante a los buques persas en la batalla de Salamina, mientras que el emperador persa se desesperaba al ver el fracaso de la campaña ante sus ojos. Todavía no había acabado la guerra, pero Jerjes se marchó con el grueso de su ejército de vuelta a su patria.

En el año 479, una vez expulsados los persas de Grecia, Temístocles emprende la reconstrucción de Atenas, y la reparación de las murallas. Gracias a su labor se pudo completar dicha tarea, ya que los espartanos no estaban por la labor de que los atenienses se rehicieran tras la guerra que acababa de librarse en el solar griego.

·EL OCASO DE TEMÍSTOCLES. Una de las características más originales de la democracia griega era el poder de decisión del pueblo para poder mandar al exilio a los políticos que ellos consideraban oportuno, mediante el proceso que era llamado ostracismo. El pueblo se reunía, y si eran más de 6.000 los presentes, mediante unos tejos (óstraca) en donde escribían el nombre del político que querían que fuera exiliado, la votación se podía realizar con efectividad. Tras realizarla, se hacía el recuento, y el que sacara mayor número de óstraca con su nombre era expulsado de Atenas.



Óstracas griegos con los nombres de los políticos seleccionados para que sean elegidos para el exilio.


Hacia el año 471 el pueblo ateniense se reunió para decidir sobre el ostracismo del héroe que les había salvado de los persas. En tiempos modernos, gracias a la arqueología, se descubrió en la Acrópolis un depósito de óstracas con el nombre de Temístocles escrito en ellas. Al analizar la escritura se determinó que solo 14 manos habían sido necesarias para escribir de un total de 190 halladas. Lo que se deduce de ese hallazgo es que alguien se tomó la molestia de distribuir tales objetos para facilitar la votación que dio como resultado el exilio de Atenas. No es que Temístocles hubiera sido acusado de nada en concreto, simplemente era una manera de que el pueblo llano manifestara su poder e impidiera que un político se afianzara demasiado en las altas esferas del gobierno. Además, el cambio de tendencia que suponía el cambio de enfoque de Persia como enemigo de Atenas, al de los espartanos, como el futuro rival (y que en verdad lo llegaría a ser años después; otra vez se observa la capacidad de anticipación tan extraordinaria que tenía este personaje), pudo influir en la caída en desgracia del ateniense. Las envidias por sus éxitos también contarían.

Temístocles pasó el resto de sus años exiliado de un lugar para otro, hasta que acabó en la corte del rey persa, muriendo en el año 459 a.C. Nunca volvió en vida a su amada Atenas, aunque si sus restos mortales para ser enterrados allí, y que fueron llevados a escondidas, ya que no se podía enterrar en Ática a alguien que había dio expulsado por traición.

No le faltan críticas a su persona, que van de tener una ambición desmedida a ser un auténtico corrupto. Críticas sin duda inevitables hacia cualquier persona de su relieve. Lo que es indudable es que fue el auténtico arquitecto de la victoria ateniense en una guerra por la supervivencia de Grecia, y no solo eso, fue el que puso los cimientos para la creación del imperio ateniense que ejercería la supremacía en el Egeo durante décadas, hasta la finalización de la Guerra del Peloponeso.
 
·ELOGIOS A TEMÍSTOCLES. Para acabar el post he decidido colocar en este párrafos final lo que Tudícides, uno de los grandes historiadores griegos, opinaba del personaje. Su alabanza consiste en resaltar sus condiciones naturales, pues sobresalía por su inteligencia innata, y que tomaba decisiones de manera rápida, y que se hacía una idea acertada del futuro. Ante cualquier asunto que llegara a sus manos, tomaba la mejor determinación, aunque no tuviera experiencia sobre ello. La improvisación era una de sus mejores armas.

Bibliografía consultada:

-Historia Universal. Edad Antigua, de R. López Melero y otros.
-De Maratón a Platea, de Philip de Souza.
-Historia de la Grecia Antigua, de Juan José Sayas Abengochea.


viernes, 9 de mayo de 2014

¿La Primera Guerra Mundial?

Hace cien años comenzó una guerra en el corazón de Europa de unas proporciones tan gigantescas que hizo empequeñecer los anteriores conflictos armados del hombre. Todas las grandes potencias participaron en aquella locura, luchando en uno u otro bando. Las víctimas mortales se contaron a millones, la mayoría militares. Fue conocida por sus contemporáneos como la Gran Guerra, lo de llamarle la Primera Guerra Mundial fue a posteriori, y fue debido a que también se luchó en otros continentes. Este año se cumplen cien años de su estallido.

Las principales batallas (Verdún, Somme, Marne) se libraron en el llamado frente occidental. Otros frentes importantes fueron el ruso, o el italiano. El hecho de que se libraran combates en África y en Oceanía se debió a que los aliados atacaron la colonias alemanas para apoderarse de ellas. De los frentes no europeos, seguramente, el más importante fue el propiciado por los ingleses y franceses, apoyados por los árabes aliados, que lucharon en Arabia y Oriente Próximo para derrotar al imperio otomano. En esos parajes se haría inmortal Lawrence de Arabia.

El resultado macabro que resulta de sumar una enorme guerra a nivel europeo con las luchas producidas en las colonias de dichas potencias europeas ya se dio antes de 1914. De esta forma sucedieron la Guerra de los 30 años, o la Guerra de Sucesión austríaca. Pero fue la Guerra de los Siete Años (1756-1763), la que en mi modesta opinión pudo considerarse ser llamada la Primera Guerra Mundial, primero por la magnitud del conflicto y, segundo, por la implicación a nivel mundial que se produjo. Además, se calcula que murieron más de un millón de persona, una cifra elevadísima teniendo en cuenta que la población mundial era mucho más baja de lo que fue en la primera mitad del siglo XX, que es cuando se produjeron las dos guerras mundiales oficiales.

Fue en Europa donde se produjeron las batallas principales entre Prusia, que luchaba contra Francia, Austria y Rusia (Kolin, Leuthen...). Las tropas germánicas las comandaba Federico II el Grande, uno de los mejores estrategas de todos los tiempos. De hecho, alguna vez venció a ejércitos más numerosos. La hegemonía de la zona estaba en juego, y, al final, tras el abandono de Rusia por la muerte de su zarina, la balanza se inclinaría a favor de los prusianos, que empezarían a despuntar como la gran potencia continental que llegaría a ser.


Federico II el Grande de Prusia, uno de los grandes protagonistas de la guerra.


En América del Norte también hubo gresca. Allí había importantes territorios coloniales, en las actuales Canadá y Estados Unidos, pertenecientes a Francia, y colonias que eran británicas. Los ejércitos ingleses, al mando de James Wolfe lograron tomar el Canadá francés. Ahora es el momento en decir que Inglaterra y Prusia eran aliadas, y es lo que tiene la Política, que hace extraños compañeros de cama; no hay que olvidar la sangrienta rivalidad entre Alemania y Gran Bretaña que se dio a cabo en las dos guerras mundiales del siglo XX.

Los españoles se vieron arrastrados por los franceses a la guerra a consecuencia de los llamados Pactos de Familia o, mejor dicho, el pacto entre los Borbones que reinaban en ambos países. Por eso mismo la guerra se trasladó a las Filipinas, donde los ingleses tomaron Manila, y a Cuba, cuya capital fue conquistada igualmente. Además, un intento de atacar Portugal, por parte de un ejército hispano-francés, fue detenido por las tropas lusas ayudadas por las inglesas.

En América del Sur, tuvo lugar la toma de la colonia de Sacramento (Brasil) por parte de los españoles, y de un ataque propiciado por lusos y británicos en Río de la Plata (actual Argentina), que fue rechazado finalmente.

En la India las acciones bélicas fueron importantes. Los ingleses (general Robert Clive), apoyados por tropas del Imperio mongol vencieron a los franceses (ambos países poseían importantes territorios en el país). La consecuencia fue la expulsión gala de la zona, y el comienzo del gran imperio británico de la India.

Ni África se libró del mal de la guerra. Los ingleses, una vez más vencedores, conquistaron un gran número de bases en Senegambia, y obtuvieron victorias navales cerca de las costas africanas.

En consecuencia, es evidente que las batallas se extendieron por gran parte del planeta, y que no hace falta decir quienes fueron los grandes vencedores (Inglaterra y Prusia), y la gran derrotada (Francia), que perdió un gran número de colonias. Para concluir, expondré un mapa muy ilustrativo extraído de Wikipedia que muestra los países en conflicto. La imagen habla por si sola de la extensión de este conflicto mundial: La Guerra de los Siete Años.





sábado, 3 de mayo de 2014

Secuestros y rescates históricos.

¿Que tuvieron en común personajes tan dispares como el inmortal escritor español Miguel de Cervantes, el gran Julio César, el Inca Atahualpa y el rey de Pamplona García Íñiguez? Pues tuvieron dos cosas importantes, al menos que yo sepa, en común. Lo primero, que fueron una vez secuestrados. Lo segundo, que les fue pagado una fuerte suma de dinero a sus secuestradores, ya que eran personas importantes, para que fueran liberados, cosa que no fue posible en todos los casos... Pero empecemos por orden cronológico:

En el año 75 a.C. Julio César era un joven de 25 años que viajaba por el Egeo para estudiar oratoria. Estaba lejos de ser el gran general y espléndido político que todos conocemos, pero era, eso sí, toda una promesa en el panorama del poder de la República romana. En un momento dado, su nave fue apresada por unos piratas, que pidieron un rescate de 20 talentos de plata por su liberación. Muchos personajes poderosos de cualquier época se hubieran acobardado ante una situación tan angustiosa y hubieran pagado con presteza esa suma con tal de salir de ese apuro cuanto antes mejor, pero el arrogante y valiente romano les instó a elevar la petición de rescate hasta la elevada cantidad de 50 talentos de plata; una persona de su categoría no valía un precio menor.

César pasó 38 días cautivo en la nave de los secuestradores, mientras que los hombres de su comitiva se encargaban de buscar el dinero del rescate con la máxima diligencia. Durante su cautiverio no se amilanó, e incluso bromeaba con sus captores hasta el extremo de amenazarles con matarlos en cuanto se viera libre de su secuestro.


Julio César.


El dinero fue pagado y los piratas cumplieron su promesa de liberar al rehén. En cuanto César llegó a tierra, armó unas naves y fue en busca de sus antiguos captores, logrando apresar a la mayoría de ellos. El gobernador de la ciudad de Pérgamo quería venderlos como esclavos en vez de ejecutarlos, pero Julio César tenía intención de cumplir su palabra y realizar la venganza que había prometido durante los días que había permanecido cautivo: al final, los mandó crucificar. A este punto no hace falta decir lo horrible que es la muerte por crucifixión. Y es que la piedad no era una virtud que caracterizaba a los hombres poderosos de la Antigüedad.

De la Edad Antigua pasamos a la Edad Media. En otra entrada a este blog hablé sobre los hermanos Bjorn y Hastein, supuestos hijos de Ragnar Lothbrok, y de su periplo que les llevó a atravesar el mar Mediterráneo. Antes de acabar dicha travesía, cuando se dirigían al lugar de partida del viaje, llegaron a Pamplona. Las fuentes históricas no dicen como ocurrió, pero el caso es que los vikingos lograron capturar al rey García Íñiguez (859), que fue liberado tras un cuantioso rescate de 70.000 dinares de oro. Los vikingos eran unos auténticos expertos, como buenos piratas que eran, en obtener botines. De hecho, muy de vez en cuando eso sí, los arqueólogos aún encuentran algún tesoro vikingo oculto las entrañas de la tierra. En realidad, los hombres del Norte solían secuestrar personas de bastante más bajo rango social que el del rey de Pamplona, y el destino de aquellos desdichados no era el soltarlos tras un rescate, ya que la mayoría no tendría donde caerse muertos, sino un final más sombrío: la esclavitud en algún país remoto y desconocido, lejos de sus parientes más queridos.



Los vikingos secuestrando y matando.



Durante la época de la conquista de América por parte de los españoles, tuvo ocasión un suceso de secuestro y rescate verdaderamente dramático. Los hechos ocurrieron dentro de las fronteras del imperio Inca, y fueron provocadas durante el intento de conquista por parte del conquistador extremeño Francisco Pizarro y un puñado de soldados españoles. Tras meses de espera, un encuentro decisivo en la plaza mayor de Cajamarca cambiaría para siempre la Historia. Los españoles estaban escondidos, y, aunque eran pocos, estaban armados con arcabuces y unos pocos cañones, mientras que los incas, muchos miles, venían desfilando confiados en que su aplastante superioridad numérica amilanara a los hispanos.

Tras un fracasado intento de que el Inca Atahualpa aceptara la religión católica sin más, y tras tirar éste una biblia a los pies de un solitario fraile que había salido al encuentro, los españoles sorprendieron a los incas rompiendo el secreto de sus escondites, mientras disparaban sus armas de fuego y asestaban tajos con sus espadas. El resultado de la trampa fue la muerte de cientos de valerosos soldados incas y el apresamiento de Atahualpa.

El emperador inca pasó cautivo de los españoles varios meses. Se dice que intentó comprar su libertad llenando varias veces de oro y plata el edificio donde se encontraba retenido (el Cuarto del Rescate). De todas las partes del imperio se trajeron objetos preciosos para intentar comprar la libertad del soberano en lo que puede ser considerado el mayor rescate de la Historia. Pero de nada serviría todo aquello, pues los españoles se dieron cuenta de que, un vez liberado el rehén, serían presa fácil ante la multitud de efectivos con los que contarían los incas. Así que, tras un juicio, Atahualpa fue condenado a muerte por garrote vil (1533), y los españoles no solo se quedarían con el dinero del rescate, sino con el de todo el imperio inca.



Atahualpa en el Cuarto del Rescate.



Por último, contaré la historia del cautiverio de Miguel de Cervantes. El gran escritor español había participado en la batalla de Lepanto (1571), donde perdió la movilidad de una mano. Tras la gran victoria naval cristiana, siguió cumpliendo su deber como soldado en otros escenarios del Mediterráneo, aunque, cuando volvía a casa desde Italia, fue apresado junto a su hermano Rodrigo el 26 de septiembre de 1575, y fueron llevados a Argel. Como los turcos pensaban que Cervantes era una persona importante, pidieron una fuerte suma por su liberación: 500 escudos de oro.

El cautiverio en la ciudad norteafricana duró para el escritor cinco largos años, en los cuales intentó escapar en cuatro ocasiones junto a otros compañeros, echándose él mismo las culpas cuando eran descubiertos, para impedir que castigaran a los demás. En 1577, la madre de Cervantes reunió una cantidad de dinero para intentar la liberación de sus hijos, pero no era suficiente, por lo que Miguel prefirió que fuera rescatado su hermano, quedando él en Argel.

En 1580, Cervantes iba a ser llevado a Constantinopla, por lo que el rescate para él se iba a antojar casi imposible. Pero, ese año llegaron a Argel unos monjes trinitarios para intentar liberar a los cautivos cristianos que se hallaban allí. Como sólo tenían 300 escudos, cantidad insuficiente para el rescate de Cervantes, pidieron prestado dinero a los mercaderes cristianos, que lo dieron a los religiosos. Y así fue liberado el creador del inmortal Don Quijote, que difícilmente hubiera podido componer su gran obra, siendo preso, en la capital del imperio turco.



Miguel de Cervantes.




Fuentes consultadas:
-Auge de Julio César, de Peter Wilcox y Duncan B. Campbell.
-Blog Historia Clásica.
-Wikipedia.