Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

martes, 7 de marzo de 2017

¿Existió King Kong?

En 1933 se estrenó en las pantallas de cine, en blanco y negro, el clásico King Kong. El protagonista de la misma no necesita presentación - ya sabéis, aquel aterrador mono gigante enamorado hasta el tuétano de una bella humana de tamaño estándar, en lo que podría considerarse un amor imposible, y que pagaría con su vida la osadía de luchar contra las normas establecidas-. No es casualidad que el extraordinario guión y el buen trabajo de los realizadores, que hicieron una cinta memorable (no me canso nunca de verla), teniendo en cuenta las limitaciones de la época, haya producido una serie de remakes, estando el último a punto de estrenarse en España.

Sería tentador decir que toda esta historia tiene un origen real. Sabemos que hace decenas de millones de años los animales que poblaban la Tierra eran mucho más grandes de lo que son ahora. Tal vez, un primate gigante pudiera también  haber habitado el planeta, y tal vez hubiera convivido con los seres humanos. Quizás algún descendiente de aquellos simios enormes hubiera sobrevivido en alguna isla perdida, o en una selva remota y que alguien haya rescatado la historia para que pudiera ser llevada a la Gran Pantalla. ¿Es esto posible? Lo intentaré aclarar en las siguientes líneas.



Fotograma de la película de 1933. Fue la presentación al mundo del inmortal King Kong.




Tan solo dos años después de que se produjera el estreno del citado film, en 1935, el paleontólogo alemán, Ralph von Koenigswald, hizo un descubrimiento espectacular. Como si se tratara de una película de Steven Spielberg, viajó hasta la remota China, y se dispuso a buscar en todas las tiendas de la ciudad de Nanning en busca de algo mítico. Al alemán le había llegado el rumor de que en las boticas de aquel país se preparaban medicinas con huesos fósiles de todo tipo que extraían de cuevas y otros lugares similares. Con la esperanza de encontrar algún vestigio de algún ser antiguo sin catalogar, von Koenisgswald entró en alguna de aquellas tiendas, y lo que encontró allí iba a revolucionar el conocimiento humano para siempre.

En medio de todas los huesos antiguos, y algún que otro cuerno de animal, lo que llamó la atención al alemán, y ante la indiferencia del dependiente, fue el que estuviera la pieza de un molar mucho más grande de la de cualquier primate conocido. Se calcula que pudiera pertenecer a un gran simio de hasta 3 metros de altura; sin lugar a dudas, alguna especie de King Kong. Tras el interesante hallazgo, aparecieron algunas especies dentales más y alguna mandíbula de aquel gigantesco animal, que sería bautizado como Gigantopithecus.







Esta especie existió desde hace 1.000.000 de años hasta hace 100.000, habitando los actuales países de China, India y Vietnam. ¿Pudo haber interactuado con el hombre? Sí, es muy posible que hubiera compartido el espacio con algún Homo Erectus, antepasado del hombre actual, aunque en una época demasiado remota para que hubieran llegado los ecos de aquel lejano encuentro.

Entonces, y para terminar, ¿de donde puede proceder la inspiración de la historia de King Kong? ¿En quién o en qué se fijaron los guionistas del citado film? Pues en varias novelas de principios del siglo XX, sobre todo El mundo perdido (1912) de Arthur Conan Doyle -claro que os suena su nombre ya que fue el padre del archifamoso Sherlock Holmes-, y La tierra olvidada por el tiempo (1918), de Edgar Rice Burroughs, siendo este autor famoso por haber creado, ni más ni menos, la figura literaria de Tarzán.

Todas estas novelas mencionadas tratan de mundos perdidos donde se hallarían grandes saurios supervivientes de la Gran Extinción, situados en las grandes selvas, como las de Sudamérica, que en esos momentos estaban sin explorar, o muy poco transitadas.

Como curiosidad final, hay que mencionar que Edgar Wallace, uno de los padres de King Kong, moriría un año antes de que la película se estrenara en los cines de todo el mundo, y se convirtiera en un éxito universal.


Imágenes y fuentes de Wikipedia.





viernes, 24 de febrero de 2017

Mentiras de la Historia (III): mentiras árabes.

La Guerra de los Seis Días (1967) fue un desastre para los países árabes. Sus ejércitos fueron destruidos y la reputación de sus dirigentes se vio seriamente dañada. Millones de dólares invertidos en todo un arsenal compuesto de flamantes tanques y aviones modernos, y comprados a la Unión Soviética en su mayoría, fueron consumidos por el fuego, y de las cenizas surgió Israel como la brillante vencedora. Sin la ayuda de absolutamente nadie, las tropas del pequeño y joven país hebreo habían vapuleado a la de sus vecinos árabes en un abrir y cerrar los ojos. La humillación había sido total.

La clave de la victoria se encuentra en las primeras horas del día 5 de junio de 1967. Al amanecer y sin previo aviso, los aviones de la Fuerza Aérea israelí despegaron de sus bases y se dirigieron hacia los aeródromos egipcios, donde sus pilotos se encontraban desayunando, ajenos a los tambores de guerra que empezaban a sonar al otro lado de sus fronteras. Volando casi a ras del suelo, para no despertar las alertas de los radares, y ascendiendo solo al llegar a sus objetivos, los aparatos judíos devastaron a la flamante Fuerza Aérea egipcia en apenas unos minutos, ante los ojos horrorizados de sus pilotos, que nada pudieron hacer para salvar a los carísimos Migs, que estaban estacionados en las pistas de despegue, y que tampoco se salvaron de la destrucción. Cuando acabó la segunda oleada de bombardeo por parte de los aviones de Israel, había destruidos en el suelo más de 300 aparatos. Tras acabar con los egipcios, los aviones repitieron su hazaña contra las bases aéreas jordanas y sirias, cuyos aviones fueron diezmados igualmente. La guerra se prolongaría durante cinco días más, pero se podía decir que el golpe casi dejó cao a los ejércitos de Nasser, presidente de Egipto, y Hussein, rey de Jordania.



Los protagonistas de la mentira: Nasser de Egipto a la izquierda, y el rey Hussein a la derecha de la foto.



Al principio, los generales del Alto Mando egipcio decidieron ocultarle la mala noticia a Nasser, mientras que en las emisoras de radio se engañaba de forma masiva a la población, dando falsas noticias de victorias militares (hoy en día sería impensable hacer algo así ya que los servicios de Internet están al alcance de una gran parte de la población mundial). Cuando la realidad golpeó de lleno en el líder árabe (el corazón de Nasser no viviría muchos años más), se empezó a gestar una gran mentira para contarla al mundo, y así poder paliar parte del daño producido por la incompetencia militar de los altos mandos de los ejércitos árabes: se trataba de decir al mundo entero que los aviones estadounidenses, desde sus portaaviones, y británicos, desde sus bases cercanas en el Mediterráneo, habían participado en la gran escabechina que había acabado con sus fuerzas aéreas y sus sueños de liquidar al país de los judíos. Tal vez, -ellos pensaban- podían arrastrar a la guerra a los soviéticos, y así equilibrar la balanza militar.

Se hizo una declaración al respecto, y las relaciones de Egipto con Estados Unidos se empezaron a romper de inmediato. Los británicos bautizaron el asunto como la "Gran Mentira". En Estados Unidos, el presidente Johnson se disgustó enormemente por la fabricación de la historia, y cualquier pequeña simpatía que pudo albergar por Nasser se disipó de inmediato. Para colmo, y a para añadir más leña al fuego, los servicios de inteligencia israelíes (el famoso Mossad), habían grabado la conversación entre los dos grandes líderes árabes, y la trama se puso al descubierto. La conversación, que fue transcrita a los medios, habría hecho sonrojar a cualquiera y es la siguiente:

Nasser: ¡Hola! ¿Diremos que los Estados Unidos e Inglaterra o sólo Norteamérica?

Hussein: Los Estados Unidos e Inglaterra.

Nasser: ¿Tiene Inglaterra portaaviones?

Hussein: (Respuesta ininteligible).

Nasser: ¡Por Dios! Digo que haré un anuncio, que también lo haréis como monarca jordano y veremos que los sirios lo hagan asimismo en el sentido de que aviones norteamericanos y británicos participan en la lucha contra nosotros partiendo de portaaviones. Pondremos de relieve la cuestión y remacharemos el clavo...

Como se pudo comprobar una vez más, la mentira tiene las piernas muy cortas, y además de quedar la credibilidad en entre dicho de los dirigentes árabes, tanto Nasser como el rey Hussein, debieron de sufrir una de las más humillantes derrotas del siglo XX, y, por si fuera poco, tuvieron que afrontar el dolor de tener que soportar la responsabilidad de que miles de jóvenes perdieran la vida en la guerra contra Israel.

·Reflexión final.

Hay una creencia generalizada de que las numerosas victorias israelíes contra sus vecinos árabes han sido fruto de la enorme ayuda prestada, en dinero y en equipo, por los Estados Unidos. Nunca se repara en el hecho de que Rusia apoye de manera masiva a sus aliados árabes, como a Siria, por ejemplo. La Guerra de los Seis Días fue un éxito espectacular de las Fuerzas Armadas judías contra varios ejércitos que, juntos todos ellos, sobrepasaban en mucho el poderío de las armas israelíes. Acciones como el brillante ataque preventivo de la aviación en el primer día de la guerra, y que acabó con un buen número de aparatos en tierra, y que denotan un alto grado de entrenamiento y de eficacia de unos soldados comprometidos por la causa (en este caso la pervivencia de una nación), explican la victoria final del pequeño país de Israel. En su momento de mayor gloria, su arsenal estaba compuesto por una enorme mezcolanza de tanques británicos, franceses, norteamericanos, aviones comprados a Francia, armas portátiles fabricadas en Israel (el subfusil Uzi)..., mientras que los ejércitos árabes seguían la doctrina soviéticas, y eran armados casi totalmente por la gran potencia rival de los Estados Unidos en esos momentos.

Me pregunto entonces si la falsa creencia de que las victorias israelíes se deben exclusivamente al apoyo incondicional de los Estados Unidos (que como he explicado que no se atiende a razón) no se deban al complot perpetrado por Nasser y Hussein en los peores momentos de desesperación ante la derrota frente a Israel en 1967 (y puesto en evidencia de manera magistral por el Mossad), y que sus ecos hayan pervivido hasta nuestros días, y que la opinión general solo le haya llegado una parte de la historia (la cual acusa a británicos y estadounidenses de apoyar con su aviación a la causa sionista), que es la que ha triunfado en el imaginario colectivo.




Fuentes:

-La Guerra de los Seis Días, de Michael B. Oren.
-La Guerra de los Seis Días, de A. J. Barker.
-The Six Day War 1967, de Simon Dunstan.
-Imágenes: Wikipedia.




martes, 14 de febrero de 2017

El presidente estadounidense que se encontró un Bigfoot.

Theodore Roosevelt (1858-1919) ha sido uno de los presidentes más carismáticos que ha gobernado en los Estados Unidos de América. Además de haber sido un valeroso oficial en la guerra contra España (1898), Roosevelt amaba la caza y la vida al aire libre. Así, que no es de extrañar que en una de sus memorables jornadas de caza, por uno de los inmensos bosques de Norteamérica, se diera de bruces con un Bigfoot o Pies Grandes, el mítico ser peludo de aspecto simiesco y de más de dos metros de altura, físicamente parecido al encantador Chewbacca, compañero inseparable de Han Solo de la saga de películas de Star Wars.

Hay versiones que cuentan que incluso el presidente hizo uso de su escopeta de caza y que hirió el gigantesco animal, y hay algunos que aseguran que pudo matarlo, aunque su cadáver se haya perdido para siempre, so pena de que la Ciencia se haya visto privada de una ocasión única para así analizar sus restos y así aclarar de una vez si se trata de un simio gigante o de una especie de ser humano primitivo peludo pariente lejano del Homo Sapiens, que anda vagando de manera solitaria, ajeno a la evolución del hombre moderno actual.


Supuesta imagen de un auténtico Bigfoot.




En realidad, esta historia no deja de ser una leyenda: no esta documentado en ningún sitio que Roosevelt se viera frente a frente con ningún tipo de Bigfoot o Yeti u Hombre de las Nieves. Aunque sí es cierto que se conoce el lugar donde se aloja la semilla del asunto, el sitio de donde procede el sustrato del que creció la historia acerca del encuentro entre un personaje histórico y real, como lo fue el presidente de los Estados Unidos -ni más, ni menos-, y el ser mítico y fantástico que. supuestamente, habita en los recónditos bosques del Tíbet, Siberia o América del Norte, según cuentan miles de testigos, que aseguran haberlo visto.

Roosevelt fue, también, escritor. En una de sus obras, The Wilderness Hunter (1892), nos informa de una historia que le llegó de la mano de un viejo cazador y trampero llamado Bauman. Cuando era joven, el citado Bauman y un amigo suyo llegaron a un paraje que consideraron adecuado para ejercer su oficio, conocido como Salmon River, donde construyeron un campamento para refugiarse, además de colocar trampas para castores en los alrededores. Cuando regresaron para descansar, los amigos se encontraron con los restos de su cabaña esparcidos por el suelo, ya que alguien o algo había destrozado el improvisado asentamiento. Al principio pensaban que el culpable era un oso, pero al descubrir las huellas observaron que el animal en cuestión andaba con solo dos patas.

Cuando llegó la noche el asunto empeoró todavía más: ese ser los acechaba desde la maleza, y pudieron vislumbrar a través de la oscuridad que se trataba de un ser de enormes proporciones. Ellos dispararon su armas y la criatura huyó.


Theodore Roosevelt.




Al amanecer los cazadores fueron a buscar sus trampas, y cuando regresaron se encontraron nuevamente el campamento destrozado, y por la noche el ser les volvió a acechar, además de montar un enorme escándalo en el bosque cercano.

Ambos amigos, y socios, pensaron que no podían aguantar más la situación y decidieron dar por finalizada la expedición comercial, así que a la mañana siguiente, Bauman salió al bosque para recoger las trampas, pero al regresar se encontró el cadáver de su amigo tirado en el suelo del campamento, con el cuello roto y mordido, aunque intacto.

Roosevelt en ningún momento menciona la palabra Bigfoot para referirse a la bestia asesina, aunque esta historia es una de las más memorables del archivo histórico de los encuentros con el mítico ser. Al respecto, hay que tener en cuenta que fue a partir de la década de 1950 cuando se publicaron las primeras fotografías de las supuestas pisadas gigantes de un animal desconocido, que sería bautizado como Pies Grandes o Bigfoot, por lo que es imposible que el futuro presidente de los Estados Unidos usara tal acepción para referirse a la bestia.

Otro rasgo que hay que tener en cuenta de la historia aparecida en The Wilderness Hunter, y que la hace verdaderamente inquietante, es el hecho de presentar a una especie animal inteligente, enorme, que anda a dos patas y que molesta y mata a las personas porque sí, ya que no aprovecha el cadáver para usarlo como alimento. Estos rasgos lo hacen muy distinto de la imagen simpática que se tiene del Bigfoot, que se le ve como a un ser Grande y tímido que huye en cuanto se cruza con algún excursionista o cazador que anda por cualquier gran bosque de Norteamérica o del Tíbet.









sábado, 21 de enero de 2017

Los peores días de Napoleón.

Hay pocos personajes históricos que sean tan famosos como el mismísimo Napoleón Bonaparte (1769-1821). De orígenes humildes, llegó a convertirse en el emperador del gran imperio francés, y en el dueño de Europa. Todas las grandes potencias tuvieron que unirse para derrotar al mítico general. Fue un gran estratega militar, posiblemente el mejor, y fue idolatrado por aquellos hombres a los que mandaba luchar y morir en los innumerables escenarios bélicos en los que participó. En este espacio, mi blog, podría hablar de alguna gesta militar, de Austerlitz por ejemplo, una de sus obras maestras, o de alguno de sus muchos logros políticos, como la creación del Código Civil, o de su interesante vida personal, pero prefiero dar otro enfoque a su figura, ciertamente conocida, para dar relieve a sus fracasos y a sus días de mala suerte, y así dar conocer otra faceta de este auténtico gigante de la Historia. Entonces, y por orden cronológico, y según mi criterio, he escogido algunas de las jornadas más nefastas que tuvo que sufrir en sus propias carnes Bonaparte:

-Siendo Napoleón un simple oficial prometedor, estalló la Revolución francesa, una época de grandes vaivenes políticos, de tumultos y de sangre; aunque también dejó el campo abonado para que algunos, como el joven corso, supieran sacar provecho de la difícil situación. En la primera gran acción militar en la que tuvo ocasión de participar, nuestro ambicioso personaje no iba a desperdiciarla. De este modo, durante al asalto del puerto de Tolón, en manos británicas, Napoleón estaba al mando de la artillería, y gracias al buen uso que hizo de ella se pudo tomar la plaza de forma brillante (el 18 de diciembre de 1793, los ingleses evacuaron el puerto), lo que le dio gran fama y prestigio; en recompensa se le nombró general de brigada, el más joven del ejército con sólo veinticinco años.



Napoleón Bonaparte.



Pero la mala suerte hizo que la fama le llegara en un momento inoportuno. En ese misma ocasión los jacobinos estaban en el poder y Napoleón fue propuesto por Robespierre (nombre asociado a la época del Terror, ya sabéis la época en la que la guillotina cortaba cabezas a diario) para dirigir la artillería del ejército que se iba a enviar a Italia. Pero la caída de los jacobinos llegaría de forma rápida y Napoleón (sin comerlo ni beberlo, como se dice en España) sería denunciado como colaborador de Robespierre en 1794; estuvo preso por un breve período de tiempo, y al quedar libre de le privó del mando militar (fue prácticamente un paria que no era admitido en ningún sitio). En la mente del joven rondó la idea del suicidio (esto se conoce gracias a sus propias cartas).

-Hay un episodio bastante desconocido, aunque bastante mencionado en los espacios de internet dedicados al tema del "misterio", que nos dan una imagen de un Napoleón orgulloso y altanero, pero también de un hombre bastante asustado tras intentar superar una prueba para demostrar su valor. Me estoy refiriendo a un suceso ocurrido durante su campaña de Egipto.

En marzo de 1798, el Directorio aprobó una expedición al mítico país del Nilo, entonces dentro de la órbita del imperio otomano. Acompañado de soldados, y también de científicos, la empresa fue famosa, entre otras cosas, del descubrimiento de la llamada Piedra Rosetta, texto escrito en piedra que sería clave, posteriormente, en el desciframiento de la antigua escritura jeroglífica egipcia. Según se cuenta, estando en el lugar que ocupa la Gran Pirámide de Giza, se propuso pasar la noche en el interior de la misma, sin ninguna compañía.

Cuando amaneció, al día siguiente, surgió de la misma corriendo y con el rostro aterrado. Cuando alguno de sus subordinados le preguntó que le pasaba o que había visto allí dentro, contestó que "aunque te lo dijera no te lo creerías". Al morir, más de veinte años después, Napoleón nunca contaría la experiencia que le había llevado a soportar esa terrible angustia, y se llevaría el secreto a la tumba.



Napoleón en Egipto.



-Antes de abandonar Egipto, al general y esposo de Josefina, le llegaron noticias de que su mujer le estaba siendo infiel. Validando aquella frase de que "el marido es siempre el último en enterarse de la traición", Napoleón fue advertido por uno de sus más leales generales, Junot, y el único que reuniría el valor necesario para afrentar tan terrible experiencia, de que su amada esposa -por entonces estaba muy enamorado de ella- pasaba su tiempo libre con algún amante.

Para empeorar la cuestión, y en perjuicio del orgullo y de la dignidad del corso, fue interceptada una carta que le envió a su hermano José (el que sería rey de España) donde se quejaba amargamente de la traición producida por su mujer. Dicha misiva fue, incluso, publicada por los periódicos de Londres antes de que pudiese llegar a Francia.

Aunque Junot hizo lo que haría un buen amigo en ese caso, Napoleón se lo agradecería no nombrándolo Mariscal de Francia nunca.

-En Julio de 1804, en Bolougne (norte de Francia), durante los preparativos para invadir Inglaterra, pasó un terrible acontecimiento que tiene mucho que ver con el carácter despótico que tenía nuestro protagonista en cuestión. Posiblemente, al acabar el día e irse a dormir, Napoleón, si tenía algo de conciencia, debió de sentirse un imbécil y la persona más miserable del mundo.

Como ya he comentado, en aquella localidad se estaba acumulando un número ingente de hombres y material para una posible invasión a la isla enemiga, cosa que nunca sucedería posteriormente (gracias, entre otras cosas, a la derrota naval de Trafalgar). El día 20 de julio de 1804, Napoleón ordenó hacer una revista imperial de la flotilla allí reunida. Sus almirantes le advirtieron de que no la hiciera, de que había signos evidentes de que se acercaba una galena o tormenta, y que era peligros para los barcos allí reunidos. En un acto de prepotencia injustificado (Napoleón era un maestro de la guerra terrestre, pero no tenía la menor idea de los asuntos náuticos), y desoyendo las sabias advertencias de sus subordinados, se negó a que se pospusiera el asunto y obligó a los almirantes a llevar a cabo el acto castrense. Incluso, el Almirante Bruix, que comandaba la plaza, fue cesado por protestar ante lo que consideraba una orden ciertamente estúpida.



Josefina, la primera mujer de Napoleón.



Entonces, como tristemente pudo comprobar, Napoleón fue testigo de que su poder absoluto no abarcaba el dominar los elementos de la naturaleza, que son más fuertes que cualquier hombre en la tierra, por más países que logre dominar y grande sea su imperio. Así, la tormenta se desató con fiereza y más de 20 embarcaciones atestadas de soldados y marineros, volcando las mismas y siendo lanzadas contra los acantilados mientras los pobres desgraciados gritaban desesperados pidiendo una ayuda que nadie podía ofrecerles. Al acabar la jornada habían muerto ahogados más de 2000 valiosos soldados franceses en un acto inútil y, cabizbajo, el que llegaría a ser emperador de los franceses se retiró a sus aposentos sin decir ni una sola palabra.

-El día 18 de junio se libró la batalla de Waterloo, una de las más famosas e importantes de toda la Historia. Era un enfrentamiento tan decisivo, que Napoleón tenía que poner toda la carne en el asador, y salir victorioso para poder sobrevivir y poder continuar en el poder. Por lo tanto, la noche anterior debería de haber descansado lo suficiente para estar en óptimas condiciones y así dirigir de forma adecuada a sus tropas en cualquier instante. Pero las cosas no sucedieron de esa forma, y Napoleón no pudo conciliar el sueño en esa ocasión y llegó al momento cumbre de su carrera en la peor de las condiciones posibles, y es que la enfermedad acosaba al emperador y no lo dejaba descansar de forma adecuada.

Al despuntar el alba, Napoleón debería de haber atacado de manera implacable a los ingleses y sus aliados, que se encontraban defendiendo sus posiciones en la cresta de una colina, pero no lo hizo. El hecho de que el terreno se encontrara embarrado como consecuencia de una abundante lluvia nocturno, tampoco ayudaba. Lo que sucedió es que el ataque francés se produjo bastante tarde, cosa que le perjudicaría a la postre, ya que a los prusianos les daría tiempo a participar de forma decisiva en el enfrentamiento y, así, desequilibrar el balance de fuerzas de manera decisiva.

La razón por la que Napoleón no pudo dormir la noche anterior a la batalla de Waterloo es que estaba muy enfermo: tenía problemas de pituitaria, hemorroides, problemas estomacales...y solía vomitar por la noche, impidiendo que lograra descansar de manera adecuada. Es posible que debería de haber estado en un hospital en vez de estar salvando a su imperio.

Fuentes:

-Los Grandes Personajes de la Historia, de Canal Historia.
-Trafalgar, se John Terraine.
-Artículo del diario ABC.
-Documental sobre la batalla de Waterloo en You Tube.

Imágenes:

-Wikipedia y diario ABC.

viernes, 16 de diciembre de 2016

María Tudor,¿ Bloody Mary?

A la muerte de Enrique VIII de Inglaterra en 1547, y después de su hijo varón Eduardo VI, ascendió como reina su hija mayor María Tudor (1553-1558), nieta de los Reyes Católicos de España. Con ella se volvía a instaurar el catolicismo como religión oficial, aunque no de manera totalmente pacífica; según dicen los historiadores, María quemó en la hoguera a 273 protestantes que se negaron a convertirse, una cifra terrible, sin duda (nadie debería morir por sus creencias religiosas). De hecho, a María se le conoce en Inglaterra como Bloody Mary, o María la Sanguinaria. Pero realmente, ¿se merece que la hubieran llamado así?

Personalmente, a mí no me gusta hacer juicios de valor sobre nadie. Tampoco creo que los buenos de la Historia sea tan buenos, y los malos tan malos. De lo que si estoy convencido es de que la historiografía hay que revisarla continuamente para acercarnos más a la posible realidad que, muchas veces, está empañada de mitos, leyendas y falsedades interesadas que al final son las llegan a la mayoría de la gente. En fin, y adelantándome a la conclusión final, lo que quiero decir es que María Tudor es una víctima más de lo que es conocido como la Leyenda Negra española, y que afecta a un gran número de personajes históricos hispanos en una época en la que los reyes españoles dominaban una gran parte del mundo, y en la que los poderosos ejércitos peninsulares imponían la voluntad de sus monarcas en los campos de batalla de Europa.



María I Tudor.




Decir que María fue una asesina cruel y despiadada por mandar matar a más de 200 personas (algo terrible, desde luego), cuando hay otros reyes de Inglaterra que han cometido crímenes más atroces, y que no sobrellevan un apodo tan negativo, es algo más que una broma, y me dispongo a demostrarlo con datos y con la bibliografía que siempre pongo al final de las entradas.

El rey Ricardo I de Inglaterra (1189-1199), más conocido con su espléndido sobrenombre Corazón de León, es uno de los personajes medievales más célebres de la Historia europea. Es conocido, sobre todo, por ser un rey-guerrero que marchó a las Cruzadas, y por medirse al no menos mítico Saladino, gran líder musulmán,  en los campos de batalla de Oriente Medio. Lo que no se suele decir en el gran número de películas modernas en la que sale caracterizado es la terrible matanza que ordenó ejecutar cuando cayó la ciudad de Acre a manos de los cruzados (1191).




Ricardo I.
 
 


Tras la conquista de la ciudad hubo una negociación para realizar un intercambio de prisioneros, ya que una buena parte de la población civil estaba en manos de los soldados cristianos. Tras fracasar las negociaciones, Ricardo I dio la orden de asesinar a todos los desafortunados habitantes, incluyendo a mujeres, niños y ancianos inocentes; sólo se perdonó a un puñado de acaudalados ciudadanos que pagaron un suculento rescate. En una carta dirigida al Abad de Clairvaux, el rey inglés admitió los hechos. El cronista Baha´al-Din escribió:

        Los soldados enemigos entonces trajeron a los prisioneros musulmanes... unos 3.000 atados en cuerdas. Entonces, como un solo hombre ellos cargaron y con golpes y estocadas los asesinaron a sangre fría...

Tras el derrocamiento y ejecución del rey Carlos I por parte de las tropas parlamentarias, Oliver Cromwell (1599-1658) tomó el poder en Inglaterra; fue nombrado Lord Protector en 1653. 



Oliver Cromwell.




Irlanda fue dominada por Inglaterra desde la Edad Media. En 1641 los terratenientes y el clero se unieron para librarse del dominio inglés. Al año siguiente se constituyó la Confederación Católica como órgano de gobierno independiente. Los irlandeses asesinaron a muchos colonos de ascendencia inglesa; la chispa de la rebelión se había encendido.

Cromwell desembarcó en las costas irlandesas el 15 de agosto de 1649 al frente de un ejército de 12.000 hombres. El objetivo marcado fue la ciudad de Drogueda, donde había acantonado un regimiento de miles de soldados irlandeses. Tras destrozar las murallas de la ciudad a cañonazos, los soldados ingleses mataron al líder militar de los irlandeses, Arthur Aston, a golpes en la cabeza, con su propia pierna de madera, que habían arrancado previamente. Entonces la moral de los defensores se empezó a resquebrajar.


Enrique VIII.
 
 


Una vez conquistada la plaza, la mayoría de la guarnición y de los sacerdotes católicos fueron masacrados por orden de Cromwell. Cuando un centenar de soldados se hizo fuerte en la iglesia de Saint Peter, los ingleses no perdieron el tiempo en intentar asaltarla y le prendieron fuego con ellos dentro. Las ejecuciones sumarias alcanzaron los 2000 civiles, incluyendo a mujeres y niños, además de unos 2000 soldados; los que no fueron ejecutados serían enviados a las islas Barbados para ser empleados como esclavos.

Esta no sería la única matanza de Cromwell, ya que las escenas se repetirían en distintas localidades de Irlanda, como en Wexford, donde unos 2000 soldados y 1500 civiles serían asesinados y la mayor parte de la ciudad se vería reducida a cenizas. Además, miles de habitantes serían deportados a la parte más occidental y pobre de Irlanda, culminando así el dominio inglés en la isla.

Pero Cromwell no es conocido como Oliver el Sanguinario.

Y para finalizar esta lista negra de dirigentes ingleses he dejado a Enrique VIII de Inglaterra, el padre de María Tudor, uno de los monarcas más sanguinarios y autoritarios de la Europa de la Edad Moderna. Según algunas fuentes las ejecuciones de este rey caprichoso superaron las 70.000, dejando en evidencia a los anteriores personajes.

Enrique tuvo seis esposas, siendo ejecutadas dos de ellas; a Ana Bolena, cuyo crimen fue no darle un heredero varón, si no a una niña, la que sería la futura Isabel I, hermanastra de María Tudor, fue procesada y acusada de adulterio (crimen penado con la muerte en el caso de una reina), tras la presentación de una gran número de pruebas falseadas.

De sus sentencias de muerte no se libraron sus mas leales consejeros, como Tomás Moro, que se opuso al divorcio del rey con Catalina de Aragón, o de Thomas Cromwell, que no supo encontrar una esposa bella y oportuna, políticamente hablando, y que acabó siendo decapitado por un verdugo inexperto.

El monarca inglés fue un auténtico derrochón que llevó al Tesoro al borde de la bancarrota. Para solucionarlo mandó confiscar las tierras de los monasterios católicos, que eran muy ricas y numerosas por cierto, pasando a cuchillo a numerosos monjes. Las tropelías cometidas provocaron la llamada Disolución de los Monasterios y la Peregrinación de Gracia en 1536, en el condado de York. Las tropas del rey fueron despiadadas en la erradicación de los levantamientos, y cuando los focos de resistencia se habían acabado, Enrique no vaciló en ejecutar a más de 200 personas.

Pero no es conocido como Henry Bloody.

A pesar de que la personalidad de Enrique Tudor no desentonaría mucho de las de los antiguos emperadores romanos como Calígula o Nerón, célebres por sus locuras despiadadas, no creo que se tenga la misma percepción negativa acerca del rey inglés. Con respecto a Ricardo Corazón de León, sus hazañas guerreras han prevalecido a sus crueldades, y Oliver Cromwell no es muy conocido realmente. En cambio, María Tudor es vista como una cruel sanguinaria cuando en el siglo que le tocó vivir, matar a otro que no profesara tu misma religión era, por desgracia, moneda corriente en cualquier lugar del mundo.


Fuentes:

-Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán y otros.

-The Third Crusade 1191, de David Nicolle.

-Las 50 grandes masacres de la Historia, de Jesús Hernández.

-Documental: Iconos del poder: la locura del rey Enrique VIII.





domingo, 27 de noviembre de 2016

Mentiras de la historia (II): mentiras vikingas.

La historia de los vikingos es asombrosa y hace que cuando uno la descubre desee ser historiador. Nombres asociados a ellos como drakkars, sagas, razzias..., evocan un pasado glorioso y fascinante. Aunque las batallas sangrientas y los ataques que sirvieron para aterrorizar a la pobre gente que subsistía en aquella época estaban a la orden del día, y sirvieron para acrecentar su fama, no hay que olvidar que aquellos osados hombres del norte también tuvieron una faceta ciertamente atractiva, pero desgraciadamente algo olvidada: la de los descubrimientos oceánicos.

La vida de Erik el Rojo, conocida gracias a las sagas escandinavas, relatos escritos muy posteriormente a los hechos narrados y transmitidos de forma oral, es la de un hombre hecho a sí mismo; la de un vikingo con sus virtudes y defectos y que vivió en una época muy dura si la comparamos con la actual. Noruego de nacimiento, Erik tuvo que abandonar su patria al ser proscrito por cometer unos cuantos delitos. El destino que escogió para pasar su destierro fue Islandia, una isla recién colonizada por los vikingos noruegos: un nuevo hogar para una nueva vida, para una nueva oportunidad.
Pero el destino no iba a dejar descansar a Erik hasta que encontrara su asiento definitivo.

Un buen día, sus esclavos mataron a un granjero, y un pariente de dicho granjero persiguió a los esclavos y los mató, por lo que Erik mató al pariente y su compañero. A causa de esto, tuvo que huir rápidamente para escapar de los familiares de los dos hombres, pero regresó  más tarde para recoger los postes que sostenían el tejado de su casa, que para entonces se encontraban en poder de un hombre al que mató también porque se negó a entregárselos, además de a dos de sus hijos.







Tras la matanza, los islandeses declararon a Erik forajido durante tres años, lo cual quería decir que durante ese tiempo, si alguien lo encontraba en el país podía matarle inmediatamente. Así que otra vez tenía que dejar su hogar, aunque esta vez lo tenía más difícil para asentarse ya que no podía volver a Noruega, su país de nacimiento, porque continuaba siendo proscrito también. La decisión que tomó pasaría a la Historia.

Erik viajó hacia el oeste y descubrió lo que hoy conocemos como Groenlandia, hacia el año 980. Aunque la mayoría de la gente no hayamos estado en esa isla, todos nos hacemos una idea de lo frío y riguroso que es el clima de ese lugar. Pues bien, para captar colonos Erik la bautizó con el nombre de Greenland, es decir, Tierra Verde, como si el lugar fuera un vergel. El caso es que en el año 986 partieron 25 naves desde Islandia con la intención de dar vida a aquellas solitarias tierras, permaneciendo durante unos cinco siglos en dos o tres asentamientos que pudieron albergar unas 3000 personas.

Erik tuvo un hijo llamado Leif Eriksson que también contó una gran mentira.

En otra entrada comenté que el primer europeo que descubrió el continente americano fue un vikingo llamado Biarni Heriolfsson, aunque haya sido Leif Eriksson el que haya recibido todos los honores al respecto. Biarni partió de una nave en busca de su padre, que había acompañado a Eric el Rojo en su viaje de colonización a Groenlandia, y se perdió en medio del océano. Las costas que descubrió, aunque no las pisara, eran las de Canadá. Él pudo por fin llegar a la tierra en donde se encontraba su padre y les contó a todos que había mas sitios que descubrir al oeste, aunque nadie estaba por la labor de emprender una nueva aventura (ya tenían bastante con construir sus casas), excepto un joven con muchas ganas de repetir las hazañas de su padre, me estoy refiriendo a uno de los hijos de Erik el Rojo, el inmortal Leif Eriksson.







Este le compró el barco a Biarni y alquiló los servicios de 35 hombres de su tripulación. Leif llegó a la isla de Terranova hacia el año 1000 y desembarcó en América (es el primer europeo conocido que lo haya hecho y de ahí su merecida fama). Sin saberlo descubrió un nuevo continente. Las ruinas del pequeño poblado que construyó (aunque bellamente reconstruido) hoy puede verse en un lugar llamado L'Anse aux Meadows. Su descubrimiento en 1960 por un matrimonio de noruegos ha sido uno de los descubrimientos más importantes en toda en la Historia de la Arqueología, pero injustamente poco conocido; ¿será porque no había oro en el mismo o es que el hallazgo no fue realizado por algún lord inglés o alguna asociación norteamericana patrocinada por una cadena de televisión?

Cuando Leif quiso captar colonos para el nuevo territorio recurrió al mismo método que había usado su padre en el caso de Groenlandia años atrás: le puso un nombre atractivo. En este caso, a esa parte de América le bautizó como Vinland, o Tierra del Vino, porque según Leif allí crecían uvas silvestres con las que se podía hacer un buen vino. Aunque hubo, al menos, otros cuatro viajes de navegantes nórdicos a esas nuevas tierras, la colonización europea en América no cuajaría hasta que llegaron los españoles casi quinientos años después.

Los investigadores modernos no han hallado nunca restos de esas supuestas uvas en la isla de Terranova, por lo que se ha dudado, y algunos escépticos lo hacen todavía, de la llegada de los vikingos al Nuevo Mundo. ¿Sería una gran mentira hecha por Leif Eriksson para atraer a confiados colonos a aquel desconocido lugar? Puede ser, aunque también hay otras posibles explicaciones que me dispongo a explicar:

-Aunque no hay uvas silvestres en Terranova, si hay bayas pequeñas que parecen uvas pequeñas, y con las que se puede hacer vino.

-En aquellos años el clima era mucho más benigno en esas latitudes por lo que pudo haber otro tipo de vegetación. A partir del año 1300 -más o menos- surgió la llamada Pequeña Edad del Hielo hasta el siglo XIX por la que la temperatura del Planeta bajó hasta helar el río Támesis en invierno y llenó de icebergs las aguas del Atlántico norte.


Fuentes:

-Los barcos vikingos, de Ian Atkinson.
-The Vikings, de R. Chartrand y otros.

jueves, 10 de noviembre de 2016

¿Ha empleado alguna vez el ejército español armas químicas?

Uno de los mayores desastres militares españoles ha sido la batalla de Annual (1921), derrota producida por las tribus rifeñas del norte de Marruecos. Miles de jóvenes murieron por la incompetencia y la mala dirección ejercida por los políticos y generales del momento. La desolación y la humillación ejercida por la acción de aquellos guerreros norteafricanos, que no tuvieron piedad con los moribundos soldados españoles, sirvió de caldo de cultivo para que se tomara la horrible decisión de emplear armas químicas en un campo de batalla maldito para las fuerzas armadas hispánicas.

Hay registrada una conversación telegráfica del 12 de agosto de 1921 entre Eza (ministro de Guerra) y el general Berenguer (Alto comisario en Marruecos), y extraída del libro Historia secreta de Annual, de Juan Pando que dice:


Alto comisario: «—Siempre fui refractario al empleo de los gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición».

Ministro: «—Mi propósito respecto de los gases es instalar ahí (en Melilla) su utilización, quedando a juicio de V. E. la apreciación del uso de los mismos. Nada más se me ocurre, sino despedirme con todo afecto».
 
Alto comisario: «—Créame V. E. que los emplearé, y me despido y pongo a sus órdenes con el mayor afecto»
 
 
Cuadro de John Singer Sargent, que expresa las terribles consecuencias de un ataque químico en los hombres. (Imagen de Wikipedia).
 
 

Los mismos gases, iperita y fosgeno, que habían sido usados con terribles efectos en los campos de batalla de la I Guerra Mundial, llegarían finalmente al norte de África donde los españoles llegarían a usarlos lanzados desde sus aviones de combate. Con una composición basada en el sulfuro de cloroetilo, la iperita generaba un compuesto letal de violentos efectos: destrucción de las mucosas, provocando asfixia y muerte, lesiones graves en la piel y ceguera. Los tratados internacionales que había firmado el rey Alfonso XIII para prohibirlos, una España rabiosa por la derrota se los iba a saltar de pleno.

Contando con la colaboración de Alemania, que ofreció con gusto sus secretos de fabricación, se montó una fábrica en las cercanías de San Martín de la Vega (Madrid) con el nombre de "Alfonso XIII". Cuando fracasó el proyecto se trasladó la fabricación a Melilla. El elemento base (el Diglictol) fue comprado a Alemania de contrabando y, al final, el proyecto gozó de éxito. La guerra química desde los aviones fue una realidad desde 1923 hasta 1926, incluyendo el célebre Desembarco de Alhucemas, y favoreció el final del conflicto con resultado positivo para las armas españolas.


Las bombas de los aviones estaban cargadas con iperita, fosgeno y cloropricina, en depósitos de 50, 25 y 10 kg. Un informe cifrado del general Sanjurjo a Primo de Rivera (dictador en España en ese momento), a diez días de los desembarcos en las playas de Alhucemas, expondría:

Telegrama n.º 215, de 29-VIII-1925. Melilla a Tetuán.
«Según partes diarios que conoce V. E. se tienen noticias del crecido número de rebeldes que han resultado muertos o iperitados a consecuencia último bombardeo, y como confirmación hoy recibo confidencias de que, desde Quilates a Alhucemas, se han encontrado unos 180 hombres ciegos y unos 160 muertos; habiendo manifestado confidentes que toda la arboleda ha quedado quemada, y los indígenas de dicha región han reclamado a Abd el-Krim diciéndole que no pueden seguir más. Aunque estas cifras sean exageradas, la noticia coincide, en el fondo, con las recibidas por conducto de Oficinas de Intervención, lo que demuestra que, aunque las cifras no sean exactas, el hecho es cierto».

 

Fuente: Historia secreta de Annual, de Juan Pando.


viernes, 7 de octubre de 2016

¿Existió el rey Arturo? (V). Ambrosius Aurelianus.

Hay muchas teorías acerca de quien pudo ser la persona real que se esconde detrás del mito del rey Arturo. Quizás, lo más atractivo del antiguo héroe sea la incertidumbre de su misma existencia, o las pistas que nos han dejado las fuentes históricas y arqueológicas, y que nos llevan a descubrir las identidades de los posibles candidatos aspirantes a ser el genuino y auténtico rey Arturo.

De las escasas pistas que nos han llegado tras el paso de los años, hay un escrito que es el más fiable por ser casi contemporáneo de una época en concreto, el siglo VI de nuestra era, en la que pudo existir un héroe llamado Arturo, tan relevante en toda su dimensión que nos han llegado los ecos lejanos de sus hazañas hasta nuestro días, aunque no ha permanecido la certeza de su existencia real. Ese libro en cuestión es De Excidio Britanniae ("Sobre la ruina de Britania"), y fue escrito por un moje llamado Gildas.



La película británica Excalibur (1981), de John Boorman, y protagonizada por Nigel Terry, fallecido recientemente, es posiblemente la mejor adaptación acerca del mito del inmortal rey realizada hasta la fecha.




Nuestro escritor nació a finales del siglo V y murió hacia el 570, poco más o menos en el periodo de tiempo en el que pudo vivir el rey Arturo. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿Gildas escribió sobre un paisano suyo, que fue líder guerrero y héroe nacional en la lucha que se libraba en suelo de la actual Inglaterra contra las hordas invasoras de los sajones y anglos? Si la respuesta hubiera sido afirmativa, el problema automáticamente hubiera sido resuelto.

Si la única fuente casi contemporánea del oscurísimo periodo no dice nada acerca del célebre héroe britano, ¿por qué siguen los investigadores esperanzados en investirlo de realidad? En otras palabras, ¿por qué no se deshecha de una vez la idea de que pudo existir?

En realidad, la obra escrita de Gildas no es una crónica histórica; se trata de un sermón que intenta explicar el porque de los males acontecidos en Britania tras la invasión producida por los anglos y sajones provenientes del Continente: fue por culpa de los pecadores cristianos.

Pero aunque no sea un libro de historia, la obra de Gildas aporta una serie de datos que son vitales para intentar reconstruir, muy parcialmente eso si, aquellos años oscurecidos por la falta de documentación. Además, nos ofrece un nombre clave, la figura de un líder guerrero, un héroe que unió a los britanos en un momento tan delicado como aquel, se trata de Ambrosius Aurelianus.

¿Fue Ambrosius Aurelianus el verdadero rey Arturo? Es posible. A lo mejor fue un pariente suyo; no lo sabemos. Lo que si denota ese nombre es que fue un aristócrata britano-romano que luchó por preservar lo poco que quedaba de la cultura latino-critiana frente a las hordas germánicas que llegaban del otro lado del mar, con sus dioses paganos y sus ritos extraños.

En este punto conviene aclarar de donde procede el nombre de Arturo. La mayoría de los expertos afirman que deriva del latín Artorius. Por lo tanto, si fuera eso cierto, es posible que perteneciera a cierta élite de caballeros britano-romanos que, tal vez, hubieran organizado en torno suyo a una resistencia nacional que hubiera refortificado todos los antiguos reductos en altura de la Edad del Hierro, y que hubieran plantado cara a los invasores.

La arqueología nos brinda este interesante dato, y el hecho de que, durante cincuenta años al menos, los sajones no hubieran avanzado; esto es conocido gracias al estudio de los restos de sus cementerios. La fecha, además, coincide con otra referencia interesante acerca de los escritos de Gildas: hubo una batalla en un lugar conocido como monte Badon, a finales del siglo V, que brindó medio siglo de paz a los habitantes de Britania.

Fue una brillante victoria de los britanos, aunque Gildas no dio a conocer el nombre del líder que comandaba las tropas. No sabemos si fue Ambrosius Aurelianus, no sabemos si fue Arturo... Solo tenemos la certeza de que sí hubo, al menos, un líder que unió a los distintos pueblos britanos en una lucha contra un enemigo común, y ese líder, con un nombre muy latino, no fue otro que el de Ambrosius Aurelianus.



Si queréis saber más sobre el rey Arturo podéis visitar las anteriores entradas de mi blog acerca del personaje:

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../era-ingles-el-rey-arturoarturo-era

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../existio-el-rey-arturo-ii-
lucius.HTML

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../existio-el-rey-arturoiii-riothamus

-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/.../existio-el-rey-arturo-iv-la-piedra-...



Fuentes consultadas:

-Arthur and the anglo-saxon war, de David Nicolle.
-In search of the Dark Ages, de Michael Woods.

Imagen: de YouTube.


viernes, 16 de septiembre de 2016

Mentiras de la Historia (I). La Glorious Revolution.

¿Por qué llaman los británicos revolución a un acontecimiento que fue una invasión holandesa?

Siempre se ha considerado a la invasión normanda de 1066 la última conquista extranjera hecha sobre suelo británico. No voy a ser yo, un humilde servidor, el que valore de manipuladora a la historiografía británica, aunque es evidente la influencia masiva de la misma en las mentes de todos los habitantes del Globo, introducida, mayoritariamente, en forma de grandes producciones cinematográficas hechas por los estudios norteamericanos de Hollywood; todos hemos oído hablar de William Wallace, del rey Enrique VIII... y un largo etcétera de personajes históricos anglosajones como si el resto de los países no tuvieran historia.

Hay un hecho histórico en la Historia Británica que es calificado como la Glorious Revolution (1688-1689), y que supuso la huida del rey católico Jacobo II y la entronización del estatúder holandés Guillermo de Orange, el que sería el rey Guillermo III de Inglaterra.

Antes de que se desarrollaran los acontecimientos, en Inglaterra había un descontento manifiesto de ciertos sectores que veían con preocupación de como un rey católico se sentaba en el trono de Inglaterra, y dictaba leyes que favorecían a los católicos ingleses, siempre marginados por las mismas durante los reinados anteriores. De todas formas, había cierta tranquilidad en los sectores contrarios al rey Jacobo II, ya que era bastante anciano y no se esperaba de él que concibiera un varón que continuara una dinastía católica; en ese caso heredaría el trono su hija María, y el marido de ésta el estatúder de los Países Bajos, Guillermo de Orange, ambos protestantes, y que gozaban de la aprobación del partido de los whigs, entre otros.


Guillermo de Orange desembarca en Torbay (Inglaterra).


Pero la tranquilidad de los anticatólicos se truncó cuando la esposa de Jacobo II, María de Módena, dio a luz a un bebé, varón y bautizado por el rito católico; las conspiraciones empezaron a tomar forma para intentar atajar el problema: el 5 de noviembre, la solución tomó forma en una invasión por parte del ejército holandés de Guillermo de Orange, que apenas encontró oposición entre las tropas inglesas, que tuvo deserciones tan notables como la del duque de Marlborough.

El rey Jacobo II huyó con toda su familia a Francia. Antes de hacerlo arrojó el sello real al río Támesis, aunque unos pescadores lo encontraron a los pocos días. La dinastía de Orange, o sea extranjera, de los Países Bajos, se instauró en Inglaterra; todo fuera por el bien del protestantismo, es decir por una religión que les convenía a los que manejaban los "hilos del poder" en ese momento.

Entonces, todo esto ¿fue una revolución o una invasión extranjera?



Fuente principal: Historia Moderna Universal, de Alfredo Floristán y otros.