Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿Quién fue la "dama del candil"?

Es el año 1854, en el hospital de campaña británico de Escutari, en la península de Crimea. La guerra lleva meses provocando muertes y heridos sin cesar. Ha caído la noche y los médicos se han ido a dormir. Es entonces cuando Florence Nightingale inicia sus habituales rondas nocturnas, recorriendo los enormes pasillos (algunos dicen que andaba 6 km diarios), atestados de soldados heridos, con un candil en la mano atendiendo y cuidando, con cariño y la mayor diligencia, a cuantos lo necesitaran. Su sola imagen servía de consuelo a aquellos desdichados hombres, por otra parte acostumbrados a la dureza de sus mandos y a las penalidades de la guerra, al comprobar que había alguien que se preocupaba sinceramente de ellos. Se dice, que algunos besaban la sombra de su imagen que producía la luz de su lámpara.

El trabajo de Florence no pasaría desapercibida a los periodistas que cubrían la guerra de Crimea (1853-1856), y que contribuyeron de forma decisiva a la mitificación de la enfermera británica. Florence dirigió a un grupo de enfermeras durante el conflicto, ocupando un puesto oficial en el ejército británico; nunca antes, ninguna mujer había tenido una tarea de esa magnitud. Además, su estancia en Crimea no iba a ser un mero trámite, ya que ella lucharía con todas sus fuerzas para que la sanidad en los hospitales, y los cuidados a los heridos en la batalla, mejoraran y se tomaran más en serio. Como se comprobó al finalizar la guerra de Crimea, las cifras eran de lo más reveladoras. Hubo 4.000 muertos británicos en acción, una cifra sin duda alta, pero es que hubo 16.000 muertos por enfermedad, cuatro veces más.



Florence Nightingale nació en 1820, en el seno de una familia acomodada. Ella y su hermana tuvieron una educación esmerada, de la que se ocupó personalmente su padre. El destino final para Florence era el matrimonio y tener muchos hijos, no se esperaba más de ella. El mundo laboral estaba reservado a los varones. Pero Florence tenía energías para mucho más. No le faltaron pretendientes que le podían asegurar una vida cómoda y plena de eventos sociales, pero la vocación de ayuda al prójimo no le abandonó nunca. Hasta su llegada a Crimea, la oposición de sus padres a que fuera enfermera fue constante; en esa época, las mujeres de baja condición social eran las que ejercían ese tipo de profesión. Cuando tenía 17 años, sufrió una especie de experiencia mística, que le hizo conducir su vida al cuidado de los demás, como la gran enfermera que llegaría a ser. Después de ella, la disciplina de la enfermería ya no volvería a ser igual.

Cuando contaba 30 años de edad, fue a Kaiserworth donde aprendió el oficio. En los siguientes años, ya  estando en Inglaterra y Europa, complementó su educación en distintos hospitales. En 1853 visitó el hospital de Lariboisière, en París, donde pudo tomar apuntes del diseño del mismo, construido para recibir la luz y el aire fresco; esos factores podían hacer disminuir la mortalidad. Poco antes de su participación en el conflicto de Crimea, consiguió su primer empleo como directora de un sanatorio para señoras de la alta sociedad.


 

Cuando se desplazó al hospital que acogía heridos británicos, no paró de trabajar para mejorar las condiciones de los pacientes. Además, su primera medida fue la someter a sus enfermeras a la autoridad de los médicos, demostrando así gran habilidad para encontrar la concordia orientad a la lucha por el beneficio de los heridos. En poco más de un mes, había logrado mejorar el mantenimiento de las salas, ropa de cama, prendas de ropa, mejor comida; supervisó la asistencia a los pacientes, escribió las cartas de los soldados a sus familias, organizó un sistema para enviar dinero... En Inglaterra, el ciudadano medio vio con agrado los esfuerzos de aquella gran mujer. Incluso, su buena gestión le hizo ganar el respeto y la admiración de la reina Victoria de Inglaterra.

Cuando acabó la guerra, luchó para que las enseñanzas aprendidas en relación con la sanidad no quedaran en el olvido. Y hubo muchas, como por ejemplo que se les enseñara a los soldados y a los médicos a hacer las cosas mejor en cuestión de salud. Como Florence conocía muy bien los sistemas estadísticos, los aplicó de manera ejemplar y demostró como poder combatir la mortalidad en los hospitales de campaña aplicando, por ejemplo, medidas higiénicas.

De la escuela que instituyó en Inglaterra, salieron docenas de nuevas enfermeras, que a su vez enseñarían a otras tantas, a distintas naciones para que el esfuerzo de Florence persistiera. Hoy en día se le reconoce a Florence Nightingale como la primera enfermera moderna de la historia. Y yo añadiría, que pocos seres humanos han sido tan extraordinarios como lo fue aquella gran mujer.

martes, 16 de septiembre de 2014

Señales en el cielo (IV): El milagro de Empel.

En la larga guerra de los 80 años, librada entre el imperio español y los territorios que más tarde serían conocidos como Holanda, aconteció un hecho insólito como pocos, que los españoles calificaron de milagro, mientras que otros opinaban que la suerte había acompañado a las tropas hispanas de haber escapado de una derrota cierta.

En 1585, a los tercios españoles (el tercio era la unidad característica española de esa época) les encomendaron tomar la isla de Bommel, un territorio de escaso valor. Por lo tanto, unos 4.000 soldados al mando del maestre de campo don Francisco de Bobadilla, cumplieron con su deber y arrebataron dicha posición a los rebeldes holandeses. La reacción de estos no se hizo esperar: un flota de 200 buques, al mando del conde de Holac, fue enviada con la intención de hacerles pasarlo muy mal a los españoles. Así, cuando llegaron a la altura de la villa de Bommel, destrozaron dos diques de contención, lo que hizo que las aguas subieran rápidamente, y los españoles quedara aislados en un, cada vez más decreciente, islote de tierra.


Los tercios españoles en acción.


Antes de morir ahogados, los españoles tuvieron que huir al lugar más alto del lugar, el monte Empel, encontrando la salvación, aunque fuera de manera puntual, ya que se quedaban al alcance de las armas de fuego de las armas enemigas. Al poco, los hispanos empezaron a ser bombardeados sin piedad, y se prepararon para afrontar su apocalíptico final, aunque la llegada de la noche los salvó.

Bobadilla logró enviar mensajes de socorro, uno de los cuales llegó a su superior, el conde de Mansfeld, que ideó un plan, demasiado osado, para liberar a los españoles. Dicho intento de socorro nunca pudo ser llevado a cabo, ya que los holandeses pudieron seguir tomando algunas posiciones españolas. Estos se desesperaban al comprobar que el cerco no iba a cejar, ya que los holandeses no iban a permitir que su presa se soltara de sus garras.

En la mañana del 7 de diciembre parecía que todo estaba sentenciado para los españoles cuando un soldado, tras ponerse a excavar en la tierra, encontró una tabla pintada, donde aparecía la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción. Enseguida, los devotos cristianos empezaron a rezar, implorando a la madre de Dios, para que los salvara de un aciago final. Tras acabar con sus rezos, los españoles se reunieron para discutir sobre la posibilidad de atacar, de una forma desesperada, a los navíos holandeses que les tenían encerrados en aquella ratonera. Otros, más pesimistas, especulaban con la idea del suicidio colectivo.

Entonces, en la noche del 7 al 8, fue cuando se produjo el "milagro de Empel". Fue cuando Dios se puso de parte de los españoles, como más tarde dirían los holandeses. En ese momento, un viento helado congeló las aguas del río Mosa. Los holandeses, temerosos de que sus barcos quedaran encallados en el hielo, lo que significaba que tenían que luchar con los enrabietados soldados españoles, hartos ya de las penalidades que habían tenido que sufrir, huyeron del lugar a gran velocidad sin llegar a luchar.

A partir de entonces, la Virgen de la Inmaculada Concepción se convirtió en la patrona de los tercios españoles. A ella le achacaron que convirtiera una derrota inevitable en una milagrosa victoria para España.


Bibliografía:

-Tercios de Flandes, de Juan Giménez Martín.
-ABC, Historia militar de España.






viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Existió Beowulf?

Beowulf es un poema escrito en lengua anglosajona, no se sabe muy bien cuando. Trata sobre las hazañas de un héroe escandinavo del siglo VI d.C., aunque el que lo escribió lo adaptó al mundo cristiano, ya que en esa época Inglaterra había dejado de ser pagana. Como ocurre en tantas ocasiones, la tradición oral había ayudado a que sobreviviera la historia de Beowulf, y el hecho de conservar la obra en texto escrito ha hecho posible que haya llegado hasta nuestros días, aunque no sepamos muy bien lo que hay de verdad oculta entre sus versos, y ni siquiera conozcamos si realmente existió alguna vez alguien llamado Beowulf.

Aparte de eso, lo que si parece evidente, es que el mundo del héroe si era real, además de que muchos de los personajes que protagonizan la trama tengan una base histórica cierta.


La película de 2007 "Beowulf", dirigida por Robert Zemeckis.
 


En resumen, Beowulf era el sobrino del rey de los gautas (en la actual Suecia del sur), que cruzó el mar hasta Dinamarca, para ayudar al rey Hrothgar. En su gran salón, llamado Heorot, donde se reunían sus guerreros para beber, cantar y celebrar su camadería, había llegado de imprevisto un monstruo llamado Grendel, haciendo una matanza generalizada y devorando carne humana. El rey, desde su trono, tuvo que ver con impotencia como iban cayendo sus hombres sin que nada pudieran hacer ante la bestia. Los ataques continuaron durante 12 largos años.

La tarea de Beowulf, en un principio, era la de matar aquel diabólico ser. Y así lo hizo, pero lo que no se esperaba nadie es que tenía una madre todavía más letal y mortífera, que también hizo de las suyas en el salón del rey. Así que, al héroe gauta, no le quedó más remedio que marchar a la guarida de la bestia, en el fondo de un lago rodeado de monstruos, para intentar acabar con el trabajo que había comenzado. Finalmente, salió victorioso del encuentro, y volvió a su país convertido en una gran celebridad.

Evidentemente, nunca existieron esos seres monstruosos, Grendel y su madre, pero si que el rey Hrothgar es un personaje que aparece en otras fuentes escritas, como en las sagas escandinavas y en la Gesta Danorum, por lo que su historicidad tiene sólidos argumentos. Con respecto a la búsqueda arqueológica, todavía no se ha encontrado ninguna prueba de que existiera su gran salón Heorot, aunque es posible que sea alguno de los que se ha localizado en la actual Dinamarca; en las cercanías de los restos de alguno se han encontrado enterrados objetos valiosos que indican que pudieran pertenecer a algún rey poderoso, como Hrothgar.

Continuando con la historia descrita en el poema, nos encontramos al héroe regresando a su patria. Junto a su tío, el rey Hygelac, parte en una expedición al territorio de los francos, en la que resulta muerto el soberano de los gautas. Esta parte del poema de Beowulf es corroborado con el relato del cronista del siglo VI, Gregorio de Tours. Por lo tanto, nos encontramos otra vez con una certeza histórica en una obra literaria, donde se pasean los héroes y los monstruos.

El hijo del rey caído, Heardred, es coronado, tras rechazar Beowulf la oferta de ser rey. Entonces, una vez en Suecia, se produce una gran batalla entre los suinones y los gautas en la superficie helada de un gran lago, la del lago Vänern, donde cientos de guerreros se enfrentan en un episodio que vuelve a estar registrado en otros anales históricos. Es más, algunos de los personajes que están relacionados con la misma, están también contrastados por las excavaciones arqueológicas y por las crónicas antiguas. Tras el enfrentamiento, el rey Heardred perdió la vida, y fue entonces cuando Beowulf llegó a ser rey.


Ilustración de la novela de "El Hobbit", sin duda influenciada por "Beowulf".


Después de gobernar durante un largo periodo de tiempo, Beowulf ya es un anciano que ha perdido las ganas de pelear. Pero entonces, desde la oscuridad de su cueva, repleta de tesoros de oro, apareció un enorme dragón que empezó a devastar su reino. Al cansado héroe gauta, no le quedó más remedio que marchar a la guarida de la bestia para acabar con ella. No iba solo, ya que sus mejores guerreros iban con él, además de su joven sobrino inexperto, llamado Wiglaf, que a la postre resultaría ser el que valerosamente le ayudaría en el enfrentamiento con el dragón. En el combate último con la bestia, Beowulf encontraría la forma de matarla, aunque le costara la vida finalmente.

Hay costumbres aparecidas en la obra que luego han sido corroboradas por los descubrimientos arqueológicos. Cuando se describe como eran enterrados los guerreros caídos, con sus tesoros como ajuar y luego quemados en piras funerarias, se ven los paralelismos con, por ejemplo, los restos encontrados en las excavaciones llevadas a cabo en Sutoon Hoo, Inglaterra, donde se hallaron en 1939 los restos de un enterramiento del siglo VII, casi de la misma época que se refleja en el poema, de un noble o rey poderoso sajón, con todo su ajuar de armas, objetos de oro y otros valiosos, en el interior de un barco, cuyas maderas ya se habían descompuesto.

En resumen, Beowulf es una obra literaria que ha despertado la imaginación de los lectores durante siglos, y que todavía lo hace, y constituye, a la vez, un documento histórico que es un espejo donde asomarse para contemplar un mundo antiguo, cuando los héroes eran grandes guerreros que salvaban su pueblo de los peligros que le acechaban; un mundo mítico pagano, que se acababa con la venida del cristianismo, aunque seguiría dando coletazos, me refiero a la posterior era vikinga, que estaba por llegar.

Si el mundo que refleja el poema era real, y aparecen personajes auténticos, ¿hay alguna prueba de que Beowulf existiera alguna vez? La respuesta, por desgracia, es que no la hay. Las sagas mencionan a algunos personajes con un nombre parecido, aunque no aportan ningún dato histórico concreto del que poder establecer ninguna conexión. La única posibilidad de encontrar al héroe queda, como en tantas ocasiones, en que la arqueología de con los restos de alguien que pueda ser identificado como tal. En el sur de Suecia hay cientos de túmulos aún sin excavar, y quien sabe, tal vez alguno sea de Beowulf.



Fuente principal: Wikipedia.

viernes, 29 de agosto de 2014

El peor arqueólogo de la historia, Giuseppe Ferlini.

Giuseppe Ferlini (1747-1870) era un médico italiano que se convirtió en arqueólogo. Huyó del hogar a los 18 años de edad, y partir de entonces su vida fue una completa aventura. Como médico se enroló en el ejército albanés, y, posteriormente, en el griego, donde participaría en la guerra de la independencia contra los turcos.

En 1829 llegó a Egipto, donde ejercería de sanitario en las fuerzas armadas de Mehmet Alí, el fundador del Egipto moderno. Cuatro años después, fue trasladado a Jartum, donde se ganó la simpatía del gobernador de Sudán, Curshid. Desde entonces comenzaría a participar en expediciones, empezando en Nubia superior. El pensamiento de encontrar tesoros egipcios le llegaría a rondar en su cabeza.

Se asoció con un comerciante albanés, Antonio Stefani. Por fin, en agosto de 1834 se inició un viaje que le llevaría a la ciudad de Meroe, cerca de la sexta catarata del Nilo, la capital del antiguo reino de Kush, que había gobernado el país del Alto Nilo desde el 400 a.C. hasta el 300 d.C. En ese lugar, Fréderíc Caillaurd había descubierto docenas de pirámides, y Ferlini "estaba dispuesto a todo" para intentar conseguir los secretos que albergaban en su interior.


Pirámides de Meroe. Las pirámides destrozadas contrastan con la silueta de la que parece no haber sido dañada por los hombres de Ferlini.


No perdió el tiempo, y una vez que llegó al lugar empezó a desenterrar un templo cubierto con jeroglíficos en las paredes, pero enseguida perdió el interés por el edificio. Entonces, centró su atención en las pequeñas pirámides que se erigían en la antigua urbe. Quiso acceder al interior de las más pequeñas, pero estaban sólidamente "selladas" y era muy difícil hacerlo. Así que el italiano no tuvo ningún escrúpulo en usar dinamita para solventar el problema. Una a una fueron demolidas, aunque no halló tesoro alguno en ninguna de ellos. Me refiero a oro, que es lo que buscaba el codicioso de Ferlini, no a la riqueza artística que albergaban los edificios, y que se perdería de manera irreversible por la locura del sujeto que lideraba la expedición.

Después, se dirigió a la más grande de todas. Destrozó la parte superior de la misma, y accedió a ella. Encontró un rico sarcófago vacío, objetos preciosos..., las pertenencias de una dama de alto rango. Cuando los nativos del lugar se enteraron de lo que estaba ocurriendo, se acercaron a miles al lugar. Toda la expedición tuvo que huir a toda prisa con sus más preciadas pertenencias; el tesoro fue sacado del país para no volver nunca más.

Hoy día se puede ver en los museos de Mónaco y Berlín. También, se pueden visitar los restos destrozados que dejó el equipo de arqueólogos dirigido por el "impresentable" italiano. Aunque no era una época en la que la Arqueología moderna se hubiera establecido, no hay razón ninguna para destrozar un patrimonio artístico con el fin de conseguir otros objetos igualmente artísticos, aunque sean de oro.


Fuente consultada: Wikipedia.



viernes, 22 de agosto de 2014

La animalada de la carga de Balaclava.

La famosa carga de la Brigada Ligera en Balaclava (25 de octubre de 1854), digna de protagonizar películas y de inspirar algún célebre poema, tuvo lugar en el marco de la Guerra de Crimea (1854-1856). Sin detenerme demasiado en los movimientos tácticos de la batalla, sin duda muy interesantes, se puede decir que el ataque británico a una batería rusa de artillería, situada  en el fondo de un valle fuertemente defendido, y que contaba además con más cañones en los laterales del mismo, se produjo por una serie concatenada de errores que llevaron a la realización de la "gloriosa carga de caballería". En su sano juicio, ningún general hubiera mandado atacar dicha posición con tan sólo una unidad de 678 jinetes. De hecho, un militar ruso, tras contemplar atónito dicho ataque, le preguntó a un prisionero inglés sobre el tipo de bebida alcohólica de la que habían abusado para realizar tal acción.

Una vez realizada la misión, y tras dejar perplejos a propios y extraños, los restos de la brigada retrocedieron a las líneas amigas. Tan sólo regresaron 195 hombres. En cambio, de los pobres caballos, que nada entendían de la locura que poseían a los jinetes que los montaban, se perdieron unos 500 en total, bien muertos en el fragor de la batalla, o bien sacrificados por sufrir heridas irreversibles.


La carga de la Brigada Ligera en Balaclava.
 

Además de la participación de hombres y caballos, la carga de la Brigada Ligera contó con la activa colaboración de otro animal, que era la mascota del 8º de Húsares, que nunca dejaba de seguir a sus dueños, ni siquiera en los momentos de máximo peligro; su lealtad y su amistad era así de espléndida. Se trataba de un terrier de pelo duro llamado Jemmy.

Como en tantas ocasiones, como en las batallas del río Alma o en Inkerman, Jemmy participaría en el ataque, aunque su actuación sea un tanto desconocida. Su lealtad sería puesta a prueba y, una vez más, no defraudó y estuvo hasta el final... De hecho fue herido, ya que en su cuello se incrustaron trozos de metralla procedentes de algún cañón o rifle.

Felizmente, Jemmy se repuso y regresó a Inglaterra tras finalizar el conflicto. Su inmensa y desinteresada lealtad no pasaría desapercibida. El coronel de Salis le puso un collar con cinco broches: uno por su participación en la batalla de Alma, otro por la de Balaclava, uno más por la de Inkerman, otro por la de Sebastopol y uno más por estar en la India central. Hoy en día, el collar se encuentra colgado en un comedor de oficiales de algún cuartel militar del Reino Unido.


Fotografía antigua de la Guerra de Crimea y una, más actual, de la tortuga Timothy, la última superviviente del conflicto con diferencia.


Mientras se producía la carga de la Brigada Ligera, en la seguridad de un barco de la Royal Navy, el HMS Queen, esperaba de manera tranquila y paciente otro animal famoso de los que participarían en la Guerra de Crimea. Era la tortuga Timothy, la mascota de dicho navío. Aunque parezca increíble, dicha criatura murió hace poco, en el año 2004, a la edad de 160 o 165 años, no se sabe bien su edad. Tras pasar 40 años en la Armada británica, se "jubiló" en 1892, pasando a vivir en un lugar más confortable, en el castillo de Powderham, de unos condes parientes del capitán Everard, el comandante del navío donde había "prestado sus servicios" la tortuga Timothy. Como anécdota final comentaré que nunca le cambiaron el nombre al animal, aunque luego se supiera que, en realidad, era hembra.


Fuentes consultadas:

-Cueste lo que cueste, de Bryan Perrett.
-El blog 1/4 de ambiente.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿Existió Moby Dick?

La novela de la gran ballena blanca fue publicada en 1851, y fue escrita por el autor neoyorquino Herman Melville (1819-1891). Moby Dick es una de las obras cumbre de la literatura universal. Lo que no es tan conocido es que el autor se inspiró en una historia totalmente certera, y es que alguna vez hubo un gran animal de esas características que vagaba por el mar, hundiendo barcos y siendo perseguida por los balleneros mas osados intentando capturarla.

En 1819 partía de Nantucket (estado de Massachusetts) un ballenero norteamericano, el Essex. Cuando los tripulantes se hallaban en la labor de intentar cazar alguna ballena en el Pacífico sur, y estando en las embarcaciones menores por lo tanto, el buque, de 238 toneladas, fue embestido por un enorme cachalote blanco que lo hundió. Los marineros del mismo se salvaron, aunque sufrirían un auténtico calvario antes de ser rescatados, tras el incidente con el cetáceo, algunos de ellos, ya que el resto habían servido de alimento a los supervivientes.


 


Por aquella fecha y por aquellos parajes existía un gran cachalote albino que era famoso entre los balleneros. Aquel extraordinario animal había volcado un sinfín de pequeñas embarcaciones. En 1810 fue visto por primera vez cerca de la isla Mocha, en Chile, y pudo sobrevivir sin problemas al primer embate por el intento de su captura. Sería el primero de una larga lista. El animal en cuestión era llamado Mocha Dick, y parece ser que fue el que hundió al desafortunado buque.

El explorador Jeremiah N. Reynolds publicó su relato titulado "Mocha Dick: o la ballena blanca del Pacífico: Una hoja de un periódico manuscrito" en 1839. Dicho trabajo puede que fuera la fuente de inspiración de Melville, que por otro lado, había trabajado en un barco ballenero en su juventud. En la historia de Reynolds se cuenta de lo astuto que era el animal cuando se enfrentaba a los intentos de captura, o de que era capaz de levantar el cuerpo entero fuera del agua. Finalmente, en 1838, Mocha Dick fue capturado cuando intentaba salvar a otra hembra de su especie y a sus crías.



miércoles, 6 de agosto de 2014

¿Porqué fue Luis VII a las Cruzadas?

Luis VII de Francia fue coronado antes de que su padre, el rey Luis VI, falleciera. La tradición de los primeros Capeto de asociar a sus hijos al trono era la manera de evitar las luchas por el poder que se solían producir al morir los monarcas. En esa época el rey de Francia era, en realidad, un señor feudal más entre otros que, teóricamente, estaban el servicio del monarca. En la práctica, había nobles con más tierras y más poder. Las tornas cambiaron un poco cuando Luis se casó con la bella heredera de Aquitania, la famosa Leonor, e incorporó sus extensos dominios a la corona. Entonces, su poder patrimonial aumentó considerablemente, aunque la situación no iba a durar mucho.

Los testimonios de la época nos hablan de que Luis era un hombre piadoso, con un carácter muy distinto a la de la alegre Leonor, entusiasta del amor cortés y de los torneos de caballeros. Cuando se puso en marcha la Segunda Cruzada, Leonor se incorporó a ella, no pudiendo oponerse a ello su enamorado esposo. La empresa fue un fracaso, al igual que el matrimonio de los dos jóvenes, que fue anulado al poco de regresar a Francia. Tal vez tuviera que ver en algo la supuesta relación que Leonor tuvo con su tío, Raimundo de Poitiers. Según nos cuenta el historiador de la época, Guillermo de Tiro: "al contrario de lo que era esperable de su dignidad real, Leonor renegó de sus votos matrimoniales y fue infiel a su marido".


Luis VII de Francia.


No está claro si la infidelidad fue consumada. La realidad fue que Leonor se divorció y encontró un nuevo marido, el que sería el rey de Inglaterra Enrique II. Además, el territorio de Aquitania pasaba de Luis a Enrique, desequilibrando la balanza de poder. Fue tan vasto el dominio del nuevo esposo de Leonor, que pasaría ha llamarse el Imperio anglo-angevino.


Leonor de Aquitania.


Ahora bien, ¿cuál fue la razón por la que Luis VII se fuera a las Cruzadas? En una época en la que los matrimonios eran de conveniencia y se hacían sin amor, en las que las alianzas eran para obtener más poder, en la que los reyes carecían de escrúpulos para conseguir sus objetivos..., es difícil encontrar motivaciones un tanto, digámoslo así, más honestas para realizar alguna acción.

En 1442 ocurrió algo terrible en la vida de Luis que le hizo estremecer. Algo de que le hizo arrepentirse en lo más profundo, y por la que emprendió toda una cruzada para encontrar algo de consuelo y poder expiar sus tormentos. En ese fatídico año, estaba en guerra con el conde de Champaña. A 140 km del este de París, había un castillo que las tropas del rey de Francia habían tomado. Tras la lucha le prendieron fuego. Las llamas, sin control, se extendieron a una iglesia vecina, donde se habían refugiado los civiles que huían de la bestia de la guerra. En cambio, se encontraron con la muerte y la desolación. No era su intención, pero Luis tuvo que soportar la carga de ver los cuerpos de 1300 personas inocentes totalmente calcinadas.

Parece ser que esa fue la verdadera razón por la que emprendió su cruzada.


Bibliografía consultada:

-La formación de Francia, de Isaac Asimov.
-Desastre en Damasco, de David Nicolle.
-Wikipedia.

viernes, 1 de agosto de 2014

¿Existió el halcón maltés?

El halcón maltés es una película estadounidense de 1941, dirigida por John Houston e interpretada, entre otros, por Humphrey Bogart. La cinta está basada en una novela del escritor Dashiell Hammett que se titula de igual manera. Además de ser una de las grandes películas de todos los tiempos, es considerada la primera del llamado género del cine negro.

La película comienza con un texto introductorio que reza así: "En 1539 los caballeros templarios (hospitalarios más bien) de Malta pagaron un tributo a Carlos V de España (en verdad era Carlos I de España, y V de Alemania), al enviarle un halcón de oro incrustado, desde las garras hasta el pico, con las joyas mas extrañas. Pero los piratas capturaron la galera llevándose el objeto de incalculable valor, y el destino del halcón maltés es una incógnita a día de hoy."


Cartel de la película de 1941.


El inicio del film es sin duda prometedor. Ahora bien, mi misión en este blog es la de averiguar la verdad histórica que hay detrás de esta gran obra, inspirada en la Historia. Para ello vamos a comenzar aclarando quienes fueron los caballeros de Malta. Estos procedían de una de las órdenes más importantes de las que participaron en las llamadas Cruzadas, la del Hospital o de San Juan. Además de combatir a los musulmanes en Tierra Santa, su labor era la de cuidar a los enfermos y la de proteger a los peregrinos. Cuando los estados cruzados colapsaron de una manera definitiva, los hospitalarios se instalaron en la isla de Rodas, donde construyeron una magnífica fortaleza. Desde dicha base de operaciones pudieron proteger los convoyes de barcos cristianos y hostigar a los navíos turcos que surcaban los alrededores de la isla griega.

Las cosas iban bien hasta que en 1522 los otomanos, que estaban llegando a la cima de su inmenso poder, en su empeño por dominar el mar Mediterráneo, decidieron acabar con la espina que suponía un tener una isla en manos de cristianos en una zona tan próxima a su imperio. De esta manera, el sultán otomano, Solimán el Magnífico, envió una gran flota para conquistar la isla. Tras un asedio de seis meses los caballeros decidieron rendirse. El trato a los vencidos fue magnánimo: se les permitió llevarse sus sagradas reliquias, estandartes y armas en sus naves.

Tras la retirada de su base de operaciones, los caballeros de San Juan buscaron un sitio donde instalarse, pero ninguna nación cristiana quiso acogerlos o cederles algún territorio donde poder asentarse. De un lado a otro del Mediterráneo vagaron sin rumbo fijo hasta que el emperador Carlos V se avino a cederles un lugar para que echaran raíces, les cedió la posesión de la isla de Malta, a cambio de un precio más que simbólico: cada año los ahora caballeros de Malta tendrían que enviarles un halcón maltés, un ave entrenada para la caza de cetrería, como símbolo de vasallaje a su autoridad.

De hecho, los caballeros eran prácticamente independientes del poder del Emperador, no así de los dictados del Papa, ya que seguían siendo una orden religiosa.

El ave fue entregada a los reyes españoles sucesores de Carlos V, hasta el año 1798, en el que Malta fue tomada por las tropas de Napoleón, que expulsó a los caballeros que, una vez más, tuvieron que buscar un "nuevo hogar".


Reunión de la orden de Malta en la actualidad. Atrás quedaron las gestas militares, ya que en el presente se ocupan de labores benéficas.


Y esta es la verdadera historia del halcón maltés, hecho de carne, hueso y plumas, y no de oro y joyas como lo presentaba la película de Bogart, por otra parte genial.

Bibliografía consultada:

-La heroica defensa de Malta, de Tom Pickles.
-Wikipedia.

martes, 8 de julio de 2014

Alejandro Magno, la crueldad del vencedor.

En el verano del año 356 a.C., nació un niño que iba a cambiar el mundo para siempre. Admirado por muchos, el héroe por antonomasia de los amantes de la historia, la apasionante vida de Alejandro Magno ha inspirado a docenas de generales y gobernantes, entre muchos otros, durante cientos de años tras su muerte. Tras la muerte de su padre, el gran Filipo II, le sucedió en el trono de Macedonia cuando apenas tenía 20 años. Tras sofocar diversos intentos por desestabilizar el status quo en Grecia, partió hacia oriente, para conquistar el inmenso imperio persa, proeza que lograría alcanzar en los siguientes años. Como era poco para él, aún continuó con la conquista llegando a la India. Cuando se encontraba de regreso, murió supuestamente de enfermedad, con tan sólo 32 años de edad, después de haber conquistado el mayor imperio que la historia hubiera conocido hasta entonces.

Alejandro Magno y Filipo II, en la película de 2004 dirigida por Oliver Stone.


·Alejandro Magno como villano. Aunque no hay pruebas que lo impliquen directamente, Alejandro siempre será sospechoso de haber participado en el complot de la muerte de su padre. Filipo había contraído matrimonio, poco antes de morir, con una joven noble macedonia, por lo que su nueva posible descendencia podría desplazarlo en la sucesión al trono. Además, los preparativos por parte de Filipo para conquistar Asia estaban ya en marcha: Parmenión había sido enviado con un ejército a Asia Menor en calidad de avanzadilla. En el año 336 a.C., cuando se celebraba la boda de su hija, Filipo II de Macedonia fue apuñalado hasta morir por Pausanias, que , a su vez, fue muerto a manos de los soldados macedonios. Alejandro fue enseguida proclamado como sucesor de una manera muy oportuna, demasiado oportuna. Algunos piensan que la mano de su madre, Olimpia, pudo estar detrás del magnicidio. Tampoco hay indicios que la puedan incriminar, aunque la sospecha sobre su autoría siempre señalará en su dirección.

Antes de iniciar sus campañas asiáticas, el nuevo rey tuvo que solucionar las distintas rebeliones que había surgido tras su ascenso al trono. Así, marchó hacia Tebas para sofocar su intento de dinamitar la unión que había surgido tras el Congreso de Corinto, cuando Filipo todavía estaba vivo; el resultado de aquel fue el de construir un ejército compuesto de efectivos de las distintas ciudades-estado griegas, y bajo la dirección del rey macedonio, con el objetivo de destruir el imperio persa, vengando, de esa manera, antiguas agresiones pasadas. Tras arrasar Tebas, Alejandro ordenó que 30.000 supervivientes, entre ellos muchas mujeres y niños, fueran vendidos como esclavos. La ciudad fue completamente arrasada, excepto los templos. Los que habían conseguido huir, fueron declarados fuera de la ley. Esta fue la primera acción importante llevada a cabo por el nuevo líder que había surgido en Grecia, y releja a las claras la poca compasión que iba a ejercer con los que se resistían a su autoridad.

Cuando las cosas se habían tranquilizado en su "propia casa", entonces marchó hacia Asia. Paralela a la campaña militar, hizo otra llena de propaganda, repleta de gestos simbólicos, encaminada a demostrar su categoría de héroe, y su presunta descendencia con respecto a los "dioses"; en esto último tuvo mucha culpa su madre, que desde bien pequeño le había inculcado que Alejandro era descendiente del dios Zeus. Así, visitó Troya, donde ofrecería sus armas a cambio de un escudo sagrado de la Guerra de Troya. Otros de sus objetivos marcados en su ruta de conquista, que le hicieron desviarse de una manera poco provechosa, fueron su visita a Gordio, para desatar el famoso nudo, ya que había un profecía que anunciaba que el que lograra tal hazaña sería dueño de Asia. Finalmente, su cita con la inmortalidad le llevó al oasis de Siwa, donde el entendió "a su manera" que el sacerdote egipcio del lugar le había llamado "hijo de Zeus".


Alejandro Magno en un mosaico de Pompeya.


La primera batalla importante que ganó frente a los persas fue la del río Gránico (334). En aquella ocasión casi perdió la vida, ya que en el fragor de la batalla, cuando Alejandro combatía cuerpo a cuerpo contra los sátrapas (gobernadores de provincia persas y generales) Resaces y Espitríades, uno de los hombres de confianza del macedonio, Clito el Negro, jefe del escuadrón real, tuvo que intervenir para salvarle la vida. Aunque hay varias versiones del suceso, voy a referirme a la que narra el historiador Arriano. Según el mismo, Alejandro, tras acometer contra el sátrapa Mitríades, al que derribó, recibió un golpe del otro sátrapa, Resaces, a quien, sin embargo, logró matar con su lanza, que rompió en el envite. Pero el golpe propinado por Resaces partió el casco de Alejandro, que quedó aturdido y momentáneamente vulnerable. Fue entonces cuando un tercer sátrapa, Espitrídates, levantó el brazo para descargar su espada sobre el rey macedonio, asestándole así un golpe fatal. En el último momento irrumpió Clito, cortando el brazo agresor, salvándole la vida así a Alejandro. Más adelante me referiré al pago que recibiría Clito por su oportuna intervención.

Cuando la caballería persa fue puesta en fuga, quedó la infantería sin posibilidad de escapatoria. Se trataba de un magnífico cuerpo de unos 5000 hoplitas griegos mercenarios. Como no tenían nada que hacer frente a las fuerzas de Alejandro, le ofrecieron un trato: cambiar de bando. En un principio, al macedonio le venían muy bien unos refuerzos tan notables, debido a que una empresa tan ambiciosa, como la conquista del gigantesco Imperio Persa, requería de todas las fuerzas que se pudieran disponer. Pero el resultado final fue más dramático. No se sabe la razón, puede que por orgullo, puede que se viera traicionado por otros griegos, pero Alejandro Magno dio la orden de rodear y atacar a la falange enemiga. Muchos fueron masacrados, y los que quedaron vivos, unos 2000, fueron llevados encadenados a Macedonia para trabajar como siervos. Puede que algún afortunado huyera de tan triste destino oculto tras las montañas de cadáveres, que se quedarían pudriéndose lejos de su amada patria, aunque es algo que nunca se sabrá.

Tras una nueva victoria frente a los persas en Issos, se dirigió a Tiro para intentar tomarla. La empresa le llevó siete largos meses de asedios, y muchos cientos de bajas en el intento. La frustración del macedonio por la tardanza se reflejó en el asalto final: dejó rienda suelta a la matanza producida en el interior de la ciudad llevada a cabo por sus hombres. Además, los supervivientes tirios (la mayoría eran civiles) y otros extranjeros que allí se encontraban (por negocios o por otras cuestiones), unos 30.000 en total, fueron vendidos como esclavos, excepto a unos peregrinos cartaginenses que se encontraban refugiados en el templo de Melcart. Previamente, había crucificado a 2.000 soldados.


El imperio de Alejandro.


El objetivo siguiente fue la ciudad de Gaza, que, estando a las órdenes del gobernador Batis, ofreció una heroica resistencia. Cuando finalmente cayó la ciudad, el rey macedonio se entrevistó con el dirigente depuesto. Parece ser que algo no le gustó a Alejandro, que no se inclinara ente él o su mirada desafiante, y ordenó que Batis recibiera un castigo ejemplar: fue atado de pies a un carro y fue arrastrado por todas las calles de la ciudad, para que todos los habitantes pudieran contemplar el terrible espectáculo. Tarde o temprano, el gobernador moriría tras los golpes recibidos sobre todas las partes de su anatomía, que estaría temiblemente magullada, quedando su cuerpo inerte hasta que alguien parara la macabra cabalgada de los caballos, que poca culpa tendrían de los delirios de aquel que había ordenado tal atrocidad: el mismo que se creía hijo de un dios. El destino del resto de la población no fue mucho mejor: los que no fueron asesinados fueron vendidos como esclavos. Estos hechos sucedieron en el año 332.

Al igual que su padre, el hijo tuvo graves problemas con los excesos con el consumo de bebidas alcohólicas. Tanto es así, que por culpa de una borrachera mandaría quemar los magníficos edificios de Persépolis, la suntuosa residencia real de los soberanos persas. En otra ocasión, mataría con sus propias manos a Clito, el mismo que la había salvado la vida en combate unos años antes. En esta muerte tendría que ver mucho el hecho de que Alejandro quería instaurar el culto a su persona como un dios, algo que no veían con buenos ojos los griegos de la época, además del consumo desmedido de vino.

Cuando se descubrieron varios complots contra su vida, a Alejandro no le "tembló la mano" cuando ordenó la muerte de un general tan leal y útil como había sido Parmenión, además de al hijo de éste, Filotas. No fueron los únicos en sufrir la ira del rey. En el caso de Parmenión, no había evidencias de que hubiera intrigado en ninguna conspiración.

Cuando Alejandro decidió dar por terminada su campaña de conquista, dividió sus fuerzas en tres grupos para el viaje de regreso. Uno de ellos, en el que viajaba él mismo, tuvo que atravesar las cálidas arenas del desierto de Gedrosia. Aquella opción le costó miles de muertes al ejército macedónico. Sin duda, fue una opción mucho más que controvertida.


Alejandro a punto de ser atacado en el fragor del combate.


·Justificando al villano. Si Alejandro fuera un personaje actual, no quedaría más remedio que calificarlo de sádico, asesino, psicópata, entre otras muchas cosas. Pero no podemos caer en la trampa en juzgarlo con ojos de alguien del siglo XXI, ya que en la época en la que vivió la vida era totalmente distinta a la actual; entre otras cosas, no existía el Derecho internacional, no había un organismo como la O.N.U., los derechos humanos...  En definitiva, los actos crueles de los dirigentes quedaban impunes, a manos que la situación diera un vuelco, y que los vencidos se convirtieran en vencedores, y cumplieran debida venganza. Me explico. La conquista del Imperio Persa por parte de Alejandro fue, en gran medida, consecuencia de los intentos frustrados por parte de los persas en el siglo V por conquistar Grecia (véase las Guerra Médicas), y que tanto sufrimiento llevó a los griegos. De la misma manera, el incendio por parte de Alejandro de Persépolis, pudo tener como última razón, el que los persas quemaran la Acrópolis ateniense en el marco de las citadas Guerras Médicas.

Los actos de crueldad sobre la población civil, incluyendo a mujeres y niños, de destrucción de ciudades, de muerte de inocentes, de venta de esclavos de población no combatiente..., llevados a cabo en Tebas, Gaza, Tiro..., sirvieron para que otros muchas ciudades griegas o del Imperio Persa, se plegaran a los deseos del conquistador, y que le abrieran las puertas, evitando así la muerte de miles o decenas de miles de personas inocentes. Aunque sea cruel decirlo, las decisiones de castigo evitaban mucho más dolor. En cierto modo, cuando los norteamericanos, en el marco de la II Guerra Mundial, lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima o Nagasaki (1945), matando a cientos de miles de japoneses, la mayoría de ellos mujeres, niños y ancianos, que no estaban capacitados para combatir, evitaron a la larga una prolongación de la guerra, que podía haber matados a millones de personas.

Por último, diré que la información ofrecida por las fuentes históricas siempre ha de ser cuestionable. Las versiones ofrecidas por los distintos historiadores antiguos difieren en algunos matices, y desconocemos el punto de vista de los persas, por ejemplo, lo que nos podría iluminar un poco mejor nuestro conocimiento de aquellos años. De esta manera, hay episodios de crueldad, supuestamente cometidos por Alejandro, que sólo son ofrecidos por un único historiador de los varios que escribieron sobre el macedonio. Así, el episodio relatado sobre la ejecución del gobernador de Gaza, Batis, es descrito por el historiador romano Quinto Curcio, autor del s. I d.C. (escribió más de 400 años después de la vida y muerte de Alejandro), y nadie más. Si fuera poco, cuando expone como es ejecutado el gobernador, atado por los pies y tirado por un carro, nos recuerda bastante la descripción de un episodio de la Ilíada: cuando Aquiles ordenó que se atara el cadáver de Héctor a un carro, a los pies de las murallas de Troya.

La prueba final de que sus políticas fueron efectivas, aunque duras, fue que su imperio se mantuvo firme mientras estuvo vivo. Cuando murió, se derrumbó como un castillo de naipes.


Bibliografía consultada:

-Historia de la Grecia Antigua, de Juan José Sayas Abengochea.
-La conquista de Asia, de Jonh Warry.
-El Gránico, la forja de un mito, de Michael Thompson.
-Wikipedia.