Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

miércoles, 6 de abril de 2016

¿Quién fue el arquitecto que se convirtió en un dios?

Si hablamos del antiguo Egipto nos sonarán los nombre de algunos dioses e, incluso, de algunos faraones. Los que han permanecido en el anonimato son los grandes artistas que dieron a la posteridad las magníficas obras de arte que han llegado hasta nuestros días, para que las disfrutemos todos al contemplarlas.

La razón de que los artesanos-artistas faraónicos y arquitectos antiguos permanezcan en el anonimato es debido a que los egipcios no creaban obras de arte, sino piezas destinadas a lugares de enterramiento que, se suponía, iban a quedar selladas para toda la eternidad. Sin embargo hay dos excepciones (se trata de personajes con el título de "supervisor de todos los trabajos del rey"): Hemiunu y de Imhotep.

Este último fue el responsable de la construcción del complejo funerario del faraón Zóser (2686-2667 a.C.), del que destaca la pirámide escalonada, el eslabón intermedio entre la mastaba (las primeras edificaciones de carácter funerario) y las pirámides. También diseñaría la pirámide de Sejemjet, que nunca llegaría a terminarse. La pirámide escalonada se interpreta como una escalera que permite al faraón subir hasta el cielo.


Estatuilla de Imhotep sentado, época tardía, Museo del Louvre (Imagen de Wikipedia). El casco que cubre su cabeza es una evidente referencia a Ptah, y el papiro que reposa en sus rodillas, evoca sus inmensos conocimientos y su condición de patrono de los escribas.


Imhotep (2690-2610) fue un personaje que disfrutó de una posición de privilegio en la corte, pues desempeñó cargos importantes en todos los campos: artístico, religioso (sumo sacerdote de Heliópolis) y administrativo. Su fama fue tal que durante la Baja Época llegó a ser deificado, en parte por su notable catadura cultural y moral, convirtiéndose en un dios sanador y de la medicina, siendo, anteriormente, considerado el patrón de los escribas y la personificación misma de la sabiduría. Esta nueva condición se aprecia especialmente en el Canon de Turín, donde Imhotep aparece como "hijo de Ptah", el dios menfita sabio y docto por antonomasia.

Si vamos al fondo de la cuestión, podríamos considerar a Imhotep como una especie de Hombre del Renacimiento, es decir, alguien que dominaba diversos campos del conocimiento, ya que su vida la consagró al estudio y a la creación; fue sabio, médico (posiblemente fuera el padre de la medicina egipcia), astrónomo y primer arquitecto conocido.


Complejo funerario de Saqqara (Imagen de Wikipedia).



Bibliografía:

-Egipto, de Alessia Fassone y Enrico Ferraris.
-Los primeros faraones, de National Geographic.

domingo, 3 de abril de 2016

¿Qué general francés está enterrado en El Escorial?

Louis-Joseph, duque de Vendôme (1654-1712) fue uno de los mariscales franceses más capaces de la época en la que le tocó vivir, el reinado de Luis XIV. Además de ser un notable militar, era descendiente directo del primer rey Borbón que se sentó en el trono de Francia; era tataranieto de Enrique IV (el que dijo lo de "París bien vale una misa"), eso sí ilegítimo.

La lista de batallas en las que luchó es bastante considerable. Las que ganó fueron muchas, aunque también perdió algunas, como la de Oudernade (1708), ante el mismísimo Marlborough, siendo su mando entorpecido en todo momento por el joven e inexperto duque de Borgoña, nieto de Luis XIV, que fue con el que tuvo que compartir la dirección de las fuerzas galas.


El duque de Vendôme. (Imagen de Wikipedia)


Entró de servicio en el ejército siendo muy joven, con tan sólo 18 años, distinguiéndose por su valor y coraje, llegando al cargo de mariscal en 1702. El proceder de tan noble linaje, aunque sea de forma ilegítima como ya he dicho antes, explica el hecho de que tuviera unos primos tan relevantes, como lo fue Eugenio de Saboya, uno de los generales más laureados de su época. El caso es que tuvo lugar una batalla en Italia, la de Cassano (1705), durante la guerra de Sucesión española (1701-1714) en la que ambos primos tuvieron ocasión de medir su talento al dirigir los ejércitos a los que ambos pertenecían, siendo vencedor el galo. Poco después, a Vendôme lo trasladan al frente de Flandes, y los franceses fueron expulsados de suelo italiano.

Otro de sus ilustres primos, el que llegaría a ser Felipe V, el primer rey Borbón español, le requirió para luchar junto a él en el litigio que se estaba librando en el solar hispano; en la guerra de Sucesión española se combatía por colocar en el trono a un rey Habsburgo o a un Borbón, y Vendôme luchaba con estos últimos. Sus victorias en las batallas de Brihuega y Villaviciosa (1710) fueron decisivas para que su primo se alzara con la corona española.


Palacio de El Escorial. Lugar de enterramiento de reyes, infantes y del mariscal Vendôme. (Imagen de Wikipedia).


La ironía del destino quiso que un hombre que venciera a tantos adversarios en los campos de batalla de media Europa, encontrara la muerte de una forma bastante absurda: estando en Vinaroz (provincia de Castellón, España), se organizó un festín en la que se sirvió abundante marisco y el general abusó de los langostinos, falleciendo poco después. Hoy reposan sus restos en el Panteón de Infantes del Palacio de El Escorial, en Madrid, junto a los de tantos hijos e hijas de los que han sido reyes de España. No se merece menos consideración aquel que tanto servicio dio a los Borbones en su momento, gracias a su buena dirección en las batallas de la Guerra de Sucesión española.



Fuentes:
-Wikipedia (en inglés).
-Marlborough, de Angus Konstam.






viernes, 12 de febrero de 2016

¿Existió Mambrú?

Hay un famosa canción infantil que comienza de esta manera:

Mambrú se fue a la guerra,
qué dolor, qué dolor, que pena,
Mambrú se fue a la guerra,
no se cuando vendrá...

El tiempo pasa y Mambrú sigue sin venir, ni para la Pascua ni para la Trinidad. Finalmente un paje anuncia:

Que Manbrú ya se ha muerto,
¡qué dolor, qué dolor, que entuerto!
que Manbrú ya se ha muerto,
lo llevan a enterrar...

Detrás de esta, aparentemente, intrascendente obra infantil, que casi todo el mundo habrá cantado alguna vez en su vida, se esconde una verdad histórica nada inocente, ya que habla de una guerra de verdad y de una persona totalmente real, pero ¿quién fue Mambrú?


John Churchill, el I duque de Marlborough.


Mambrú es la españolización de Marlborough, es decir, de John Churchill (1650-1722), el primer duque de Marlborough, uno de los mejores generales que ha nacido en las islas británicas, y que fue, además, antepasado directo de Winston Churchill, uno de los políticos más influyentes del siglo XX.

Durante la guerra de Sucesión española (1701-1714), Marlborough estuvo en el bando de los países aliados que luchaba contra el bloque borbónico que lo componían las coronas de Francia y España. Tras una serie de victorias de las tropas al mando del general inglés, se produjo la batalla de Malplaquet (1709), en la que los aliados vencieron una vez más a las tropas francesas. La victoria fue de las llamadas pírricas, ya que los vencedores tuvieron casi el doble de bajas. Además, tras acabar la jornada se corrió el rumor de que Marlborough se encontraba entre los muertos del enfrentamiento. Fue tal el regocijo que produjo la noticia que dio lugar a que compusiera la célebre canción que, a la postre, llegaría a ser una de las más populares entre el público infantil.

Aunque hay otras versiones acerca del origen de Mambrú, si esta fuera la correcta no sería la primera vez que una canción infantil tendría origen en un hecho histórico bien conocido. La que habla del puente de Londres (este puente se va a caer, se va a caer, se ha caído), se compuso tras un ataque vikingo sobre Londres por el caudillo, que luego sería rey y santo, Olaf de Noruega.

Para terminar hablaré sobre la relación del Mambrú histórico con otro personaje real que se convirtió en novelesco gracias a la pluma del gran Alejandro Dumas. Durante el asalto a la ciudad de Maastricht (1673), un joven Marlborough luchó codo con codo con el veterano capitán de los mosqueteros, conde d'Artagnan, que encontraría la muerte en aquella jornada sangrienta.

Es paradójico que ambos personajes sean más conocidos en su faceta de ficción que en su cariz meramente histórico. También es interesante constatar, una vez más, que los mitos suelen sobrevivir a la realidad, aunque esta pueda ser tan interesante, o incluso más, que la anterior.


Fuentes:

-Marlboroug, de Angus Konstam.
-El blog  Bellumartis, sobre Mambrú.
-El blog de Reyes, Dioses y Héroes.


sábado, 23 de enero de 2016

Los Barbarrojas de la historia.

El primer Barbarroja importante de la historia fue el emperador del sacro imperio romano germánico Federico I (1152-1190). El sobrenombre fue debido a que poseía una gran barba pelirroja. Es considerado uno de los monarcas más poderosos de la Edad Media. Sus campañas para someter a las revueltas producidas en las ciudades del norte de Italia empeñaron gran parte de sus energías. Cuando encabezaba las fuerzas cristianas en dirección a Tierra Santa murió mientras se bañaba en un río de la actual Turquía. Se creó un mito en torno a su figura, y se decía de él que en realidad no estaba muerto, sino que dormía en una cueva, y los alemanes esperaban que algún día volviera para seguir reinando.


Federico I.


La llamada operación Barbarroja, llevada a cabo por los ejércitos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, fue así llamada en honor al gran emperador germánico. Es una de las campañas militares más ambiciosas y gigantescas de la historia, y tenía como finalidad el conquistar uno de los imperios más colosales que ha habido nunca sobre la faz de la tierra, la Unión Soviética; es decir, el antiguo imperio ruso. Para llevar a cabo tan magna empresa, Hitler reunió más de tres millones de soldados, más de 3.500 carros de combate, 600.000 caballos, 600.000 vehículos de todo tipo, más de 7.000 piezas de artillería y casi 2.000 aviones de combate; una fuerza realmente impresionante.

Cuando se habla del pirata Barbarroja, no es que se trate de un pirata más de los que hicieron fortuna ejerciendo su actividad en las aguas del Caribe u otro lugar de América. Además, aunque no sea muy conocido, en realidad no se trata de un solo pirata sino de dos, que eran hermanos, eso si no contamos otros dos varones, piratas igualmente, que tuvieron menos éxito y resonancia.

Aruj Barbarroja nació en Lesbos, como sus otros hermanos, y fue hijo de una mujer andalusí (musulmana de la Península Ibérica), motivo que puede explicar el hecho de que se dedicara a llevar de manera clandestina a los musulmanes mudéjares desde España al norte de África. Se alió con el sultán turco, y ejerció la piratería en el Mediterráneo contrarrestando las acciones de la Orden de Malta y el resto de las naciones cristianas. Acabó sus días luchando contra los españoles en Tremecén (1518), siendo muerto por el capitán español García de Timeo que llevó la cabeza del pirata como trofeo a Orán donde fue exhibida a modo de trofeo.


Aruj Barbarroja.


Hayradyn (1475-1546) fue un corsario más importante que el anterior. Llamado Barbarroja también (lo llamaron los italianos así por tener un barba pelirroja), y cuyo nombre real era Hizir Bin Yakup, se hizo vasallo del sultán otomano, y se llegó a convertir en una auténtica pesadilla para las naciones cristianas, como España. Fue tal el prestigio que llegó a alcanzar, que le nombraron almirante de la flota turca. Atacó muchas veces ciudades del levante español, como Cullera, llevándose a parte de la población como esclavos. Al igual que hiciera su hermano, Hayradyn trasladó en barco a millares de musulmanes desde España al norte de África.

La lista de ataques a ciudades e islas del Mediterráneo es inmensa, y tras vencer a la flota de la Liga Santa (España, Venecia y el Papa) en la batalla de Prevenza (1538), se aseguró el dominio turco en el mar hasta la batalla de Lepanto de 1571. Ante la imposibilidad de vencerlo, Carlos I de España quiso nombrarle almirante de la flota, siguiendo la máxima que dice que si no puedes con tu enemigo únete a él. Hayradyn declinó la oferta, y siguió siendo leal al sultán, que le colmó de bienes y de títulos.


Hayradyn Barbarroja.


Se construyó un palacio en el Bósforo y pasó sus últimos días allí en la tranquilidad que le ofrecía su hogar, lejos de los escenarios que le habían convertido en una auténtica leyenda, superando la estela de su hermano.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El gran maestre que fue esclavo: La Valette.

Hay batallas míticas que, aunque no sean muy conocidas, fueron enormemente decisivas para la historia, y plenas de hechos de armas sangrientos con protagonistas valerosos. Una de ellas fue, sin duda, el asedio de Malta de 1565. En una época marcada por el ascenso irresistible del poder turco, que amenazaba con engullir la totalidad del continente europeo, un puñado de caballeros cristianos, de la Orden de Malta, y de otros países como España o Italia, lograron vencer a un ejército enormemente superior dispuesto a conquistar la pequeñísima isla mediterránea, situada al sur de Sicilia.

De todos los soldados valientes que allí lucharon, tanto del bando turco como del cristiano, destacó la figura del gran maestre de la Orden, el anciano de 70 años, Jean Parisot de la Valette, auténtico héroe de la gesta y pilar de la resistencia a ultranza, que ha dado nombre, con todo merecimiento, a la actual capital de la nación maltesa.


Jean Parisot de la Valette.




Nacido en la Provenza francesa en 1494, La Valette tuvo numerosos antepasados que lucharon durante la época de las Cruzadas. Tan claro tenía que su destino iba a ser el ingresar en la Orden de Malta (o de los Hospitalarios, o de Rodas o de San Juan, como también es conocida) que a los 20 años abandonó su casa y su familia para no volver nunca más a verlos.

Aunque tuvo que ver como los caballeros fueron expulsados de la isla de Rodas por los otomanos en 1522, para luego buscar asentamiento en Malta, pudo comprobar antes como cambiaba el rol clásico de caballero montado, por el nuevo de hombres en galeras que hostigaban a los navíos de los infieles. De hecho, La Valette llegó a ser un gran comandante naval, digno de tener su propio buque.

En esa época se le describía como un hombre "bien parecido, alto, sereno, introvertido y políglota; hablaba con fluidez italiano, español, griego y árabe". De una manera más traumática aprendió el turco: en 1541 su galera fue derrotada por el pirata Abdur Rahman Kurst Alí, que le convirtió en un esclavo galeote durante un año. Encadenado desnudo a un banco, remaba entre diez y veinte horas consecutivas, y como único alimento tomaba pan mojado en vino, que metían en la boca de aquel que estuviera a punto de desmayarse. Si un esclavo se desmayaba, era azotado hasta la muerte y, acto seguido, su cuerpo se lanzaba por la borda. Recuperó su libertad en un cambio de rehenes. Esta prueba de fuego forzó al héroe que llegaría a ser.

El ascenso de La Valette fue continuado. Ocupó todos los cargos importantes: gobernador de Trípoli, alguacil de Lango... De él se decía que era capaz de "convertir a un protestante o de regir un reino". En 1557 le nombraron gran maestre de la Orden, aprovechando su cargo para reforzar las defensas de Malta en previsión de un futuro ataque.

Contaba con un eficiente red de espías que, en el otoño de 1564, le permitió conocer los preparativos de un ataque contra la isla. Así pues, pudo llamar a Malta a todos los caballeros de la Orden repartidos por Europa y poner sobre aviso a don García de Toledo, virrey de Sicilia, respecto de los planes del sultán.


Armadura de La Valette.




Al año siguiente se produjo la invasión de Malta. La dirección magistral de La Valette fue decisiva para que los cristianos, muy inferiores en número, pudieran rechazar al invasor. El gran maestre tuvo que tomar decisiones muy duras, como dejar a los defensores del fuerte de San Elmo a su suerte, o volar el puente levadizo que unía la ciudad de Birgu con el fuerte de San Ángel, pero necesarias para ralentizar los avances de los turcos, antes de que llegara la fuerza de socorro española desde Sicilia. Pero a cambio, el anciano militar de 70 compartiría las escasas raciones de comida como si fuera uno más, y lanza en ristre lucharía en primera línea, cuando los turcos penetraban en tromba por las murallas derruidas de Birgu. Sin duda, el ejemplo dado por las acciones del comandante inspirarían a los hombres de malta, y de otros lugares de la cristiandad, para no desfallecer en tan aciagos momentos.




Fuente consultada: La heroica defensa de Malta, de Tim Pickles.




martes, 15 de diciembre de 2015

La historia de un crucero: el general Belgrano

El día 2 de abril de 1982, el viejo crucero argentino general Belgrano se encontraba surcando las heladas aguas del océano Atlántico en algún lugar al sur de las islas Malvinas. Estaba acompañado de dos destructores, uno de ellos armado con los poderosos misiles exocet. La flotilla formaba parte de un plan ambicioso: atacar a la Royal Navy desde varios frentes a la vez. El plan se suspendió, lo que evitó una batalla aeronaval de enormes proporciones, y a todas las unidades navales argentinas se les ordenó que regresaran a puerto seguro, incluido el venerable general Belgrano, que ignoraba que alguien, debajo del agua, le vigilaba y seguía su estela.

El general Belgrano fue un crucero norteamericano botado en 1938, poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, de la que tomaría parte  activa en el frente del Pacífico, luchando contra los buques del imperio japonés. Fue bautizado con el nombre de Phoenix, y en diciembre de 1941 se encontraba anclado en el afamado puerto de Pearl Harbour, junto a docenas de barcos estadounidenses que estaban ajenos al combate, ya que los Estados Unidos todavía no habían entrado en guerra.


El ataque a la base aeronaval de Pearl Harbour de 1941 marcó el inicio de Estados Unidos en la contienda mundial y la primera experiencia bélica del barco protagonista de esta entrada.


El 7 de diciembre de ese año, los japoneses desataron un devastador ataque por sorpresa contra la flota yanqui, logrando hundir varios barcos y dañar otro buen número de ellos, haciendo que los Estados Unidos se involucraran por fin en la contienda mundial. El Phoenix tuvo suerte aquel día ya que no sufrió daños; la fortuna no le acompañaría siempre.

Durante la guerra mundial, el crucero norteamericano estuvo presente en innumerables combates y misiones. Hizo de escolta en varias ocasiones, apoyó diversos desembarcos de tropas, combatió contra baterías costeras, evitó los torpedos lanzados desde algún submarino japonés, luchó contra los temibles kamikazes que se lanzaban de manera suicida contra las cubiertas de los grandes barcos..., e incluso sufrió la explosión de las bombas lanzadas por los aviones nipones, que mataron a varios de sus tripulantes. No se puede decir que el barco hubiera estado ocioso durante los años de la contienda. Para redondear su brillante historial, en la batalla naval de Leyte, una de las más importantes de toda la historia militar, participó de forma activa en los combates del estrecho de Surigao.

En 1982, los grandes barcos de enormes cañones no tenían muchas opciones contra los buques modernos armados con misiles o contra los submarinos de propulsión nuclear, como el Conqueror británico, que detectó al ahora llamado general Belgrano, que se retiraba tras recibir la orden por parte de la superioridad argentina. También es verdad, que si el crucero argentino consiguiera ponerse a una distancia adecuada de cualquier barco de la Royal Navy, aunque fuera un gran portaaeronaves, sus cañones eran lo bastante potentes como para hundirlo, y los británicos lo sabían, por lo que no dudaron en ordenar al submarino que lo rastreaba que lo hundiera.


Fotografía del buque hundiéndose el fatídico 2 de abril de 1982.


Aparte de la polémica que suscitara tal decisión, que no es objetivo de esta entrada (podéis visitar otra que si lo trata), lo que si fue evidente es que el hundimiento de la nave, que produjo la pérdida de 323 tripulantes argentinos, hizo que la Marina argentina no volviera a salir de puerto durante el resto de la guerra. Por lo tanto, su hundimiento constituyó una gran victoria, y marcó, de algún modo, el final de época, la de los grandes barcos blindados y artillados.

Como un soldado veterano más que participa en distintas batallas, el general Belgrano estuvo allí cuando se le necesitó, portando una bandera u otra, pero resignado a batallar cuando se le llamaba, como el viejo militar experimentado en la lucha y en la sangre.


Fuentes consultadas:

-The Falklands War 1982, de Duncan Anderson.
-Wikipedia.




martes, 8 de diciembre de 2015

El primer comando de fuerzas especiales de la historia

Cuando se habla de los SAS, de los SEAL o de la DELTA FORCE, que son solo algunas de las unidades de élite más prestigiosas del mundo, podríamos pensar que es un fenómeno reciente en al ámbito militar. Que el contar con grupos pequeños de soldados, altamente entrenados y especializados, y muy motivados para encarar misiones complicadas, pertenece a la historia contemporánea..., y no es así.

La Biblia contiene un pasaje, dentro del llamado libro de los Jueces, que, interpretado con los ojos de un experto, habla de una operación militar llevada a cabo por un grupo pequeño de soldados escogidos. El suceso aconteció hace más de 3000 años, lo que nos da una idea de que, primero la guerra es tan antigua como el ser humano, y, segundo, de que siempre ha habido distintas clases de soldados dentro de un mismo ejército.


Gedeón seleccionando a los 300 soldados.


Gedeón fue el quinto juez de los que nombra el Antiguo Testamento, además de ser considerado uno de los grandes guerreros del antiguo Israel. Como en aquella época estaban en guerra contra los madianitas, hubo una batalla cerca de un manantial. Según cuenta la Biblia, los madianitas contaban con más de 100.000 soldados, mientras que los judíos eran unos 32.000. Aún así, Gedeón escogió solo a 300 hombres excepcionales y altamente motivados para atacar el campamento del enemigo, oculto por la oscuridad de la noche. Los dividió en tres compañías iguales, y les proporcionó espadas, trompetas, y antorchas ocultas en cántaros. En silencio, aquellos guerreros de élite se introdujeron en el campamento de los madianitas, y tocaron las trompetas y sacaron las antorchas creando el caos en las tiendas donde dormían los soldados enemigos, que creyendo que estaban siendo atacados por un ejército mucho más poderoso, emprendieron la huida, dejando multitud de cadáveres por el camino, a manos de unos soldados mucho menos numerosos peros mucho más concienciados y abnegados hacia el bien de su patria y de los suyos.

Los judíos lograron una gran victoria esa noche y el nombre de Gedeón sirvió para bautizar a una fuerza de comandos especiales, al mando del legendario Orde Wingate, formada para combatir a los ejércitos del Eje en el Próximo Oriente.


Fuente: Serie de televisión Soldados, de la BBC.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Cuando la guardia civil asaltó el Congreso

Uno de los acontecimientos históricos más célebres de la reciente historia de España fue cuando el teniente coronel Antonio Tejero, junto a varias docenas más de agentes de la guardia civil, asaltaron el Congreso de los Diputados, el día 23 de febrero de 1981. La interrupción en la cámara española fue el momento más visible de un intento de golpe de estado, que contaba con la colaboración de altos mandos del ejército, que pareciera querer derrocar una democracia aún tierna, en un país que todavía recordaba una dictadura, la del general Francisco Franco, que había fallecido en 1975, muy reciente aún en el tiempo.


El teniente coronel Antonio Tejero en el Congreso de los Diputados en una imagen icónica del siglo XX español.


Afortunadamente el intento de golpe fracasó, y la monarquía constitucional española, con el rey Juan Carlos I al frente, sobrevivió de manera exitosa a la prueba de fuego que se hizo patente cuando unos pocos guardias civiles, cuerpo policial de innegable lealtad al Estado español, entraron con sus fusiles en mano haciendo que casi todos los diputados en ese momento presente buscaran seguridad debajo de sus asientos habituales.

Si este suceso es bien conocido por la mayoría de los españoles, no lo es tanto el asalto al mismo palacio del congreso español, y teniendo de protagonistas también a un grupo de guardias civiles, casi cien años antes. Fue durante el llamado Golpe de Pavía.

La historia de España en el siglo XIX, esta plagada de pronunciamientos y alzamientos militares, provocados por generales destacados, que hacían y deshacían regímenes políticos, creando una inestabilidad manifiesta que perjudicaba de manera notable la sufrida vida de los habitantes peninsulares de la época. Pareciera que eran los militares de alta graduación los que manejaran los hilos del poder. De esta manera, España tuvo regímenes políticos de lo más variado, y parecía que ninguno funcionaba del todo bien: monarquía absoluta, república, dictadura, monarquía con un rey extranjero, con rey borbónico...

En fin, el diecinueve fue de lo más ajetreado..., y el 3 de enero de 1874 se produjo el anteriormente mencionado Golpe de Pavía, y que acabaría liquidando a la desastrosa I República española, que solo había durado un año. Por entonces el país se desangraba con guerras como la de Cuba o la carlista. Además, el advenimiento de la república trajo consigo la emancipación de distintos territorios peninsulares, produciendo un conflicto militar que intentó con éxito el que las fronteras interiores no se vieran alteradas.

Cuando los diputados se encontraban votando en la cámara española para cesar del gobierno a Castelar, la noticia llegó a los oídos del Capitán General de Madrid, Pavía, que pretendía apoyar a dicho político, y se presentó de manera apresurada con dos compañías de guardias civiles, además de otras unidades militares. Aunque los diputados habían asegurado quedarse en sus escaños cuando se habían enterado de la llegada del general, lo cierto es que huyeron despavoridos ante la presencia de los uniformados en el Congreso de los Diputados.


 


La I República murió de esta manera ese mismo día. Otro general, Serrano, tomó el poder, hasta la llegada del rey borbónico Alfonso XII, que convirtió a la nación en una monarquía parlamentaria.

jueves, 22 de octubre de 2015

Las otras "Bodas rojas" de la Historia.

Antes de empezar, os invito a que conozcáis la entrada de este blog que trata sobre la famosa Boda roja, de la serie de novelas Canción de hielo y fuego.

Durante la Edad Media, había que pensárselo dos veces antes de aceptar una invitación para comer, sobre todo si era para que asistiera toda la familia, el clan o algún grupo social, ya que era un momento idóneo para que los comensales, contentos de vino y con la panza llena, ofrecieran un blanco fácil para ser eliminados por un anfitrión ambicioso y cruel, que no le importaba pagar la cuenta sí, a cambio, podía eliminar a una gran cantidad de personas que le suponían una gran molestia, o les consideraba tan enemigos que eran dignos de ser traicionados y muertos, incumpliendo así toda norma esencial de hospitalidad e incluso de humanidad.

De todas las historias que voy a narrar, destaca un personaje que, si nos creemos todo lo que dicen las crónicas de él, era especialmente frío y sádico, por encima de todos los demás. Me refiero a Vlad Tepes, la misma persona que inspiró el Drácula de Bram Stoker.

Con la mente de un dictador al uso, Vlad pensaba que lo fundamental era tener a un país controlado y en orden para que las cosas funcionaran lo suficientemente bien, sin importarle lo más mínimo el individuo, cuando lo que estaba en juego era el bien común. Y entonces, de una manera tan sumamente pragmática, ideó la forma de eliminar a los pobres, a los lisiados y a los leprosos (es tan evidente, como es que nadie salvo a él se le ocurre algo tan genial... -que conste que estoy ironizando-). Como toda esa gente no servía para nada, es decir, que no aportaban nada productivo al Estado, y se dedicaban todo el día de modo ocioso a pedir limosna para intentar subsistir, les convocó a un festín.

Tras disfrutar de las viandas y de las bebidas aquellos que no estaban acostumbrados a ello en absoluto, Vlad Tepes, el voivoda de Moldavia, el malvado de la Historia y de las novelas de terror, les hizo una pregunta de lo más inocente, que era que si querían verse libres de preocupaciones y de privaciones. Y, como es natural, los mendigos del reino dijeron al unísono que sí (a ver, a quién le gusta vivir en la miseria y pasando hambre). Ante el asombro de sus vasallos (que a esas alturas ya estarían vacunados de espanto el ver como se las gastaba su jefe), Tepes mandó encerrar a todos los comensales y que le prendieran fuego al edificio donde se había realizado la última comida de los desheredados del reino. Ninguno saldría con vida y Tepes intentó justificar su malvada acción diciendo que la pobreza se podía erradicar eliminando a los pobres.


Vlad Tepes


Ramiro II (1134-1157) fue rey de Aragón. Siendo el hijo menor de Sancho Ramírez, no le quedaba a su alcance sentarse en el trono por lo que siempre anheló hacer carrera en la Iglesia católica, por lo que es conocido con el sobrenombre de el monje. Sin embargo, las circunstancias le hicieron ceñirse la corona, ya que sus dos hermanos mayores habían muerto sin descendencia.

En aquella época había una serie de nobles arrogantes en Aragón que no se comportaban con la debida consideración hacia su monarca. Eran tales los desaires que se permitían a su real persona, que llegaron a causarle un gran enfado (¿posible debilidad de carácter de Ramiro?, puede ser). Como se ve que no tenía gente de valía a su alrededor que le dieran algún buen consejo, el rey recurrió a su antiguo maestro, el abad de San Ponce de Tomeras, que le transmitió la simple idea de que las coles que sobresalen de un huerto deben de ser cortadas para que este quede de manera uniforme. Entonces, Ramiro entendió lo que debía de hacer...

Aunque la historia de todos estos sucesos se escribieron dos siglos después de los hechos reales, y la historia en sí pareciera en varios aspectos legendaria, los eruditos, que han estudiado las fuentes, han visto evidencias que en lo esencial si que pudo ocurrir de manera cierta la historia de la conocida como Campana de Huesca.

Ramiro el monje, siguiendo el consejo de su antiguo mentor, llamó a los díscolos nobles más prominentes del reino, para mostrarles una campana que iba a realizar y, que según sus propias palabras, iba a ser oída en toda Aragón. Entonces, obedientes esta vez a su soberano, aceptaron la invitación intrigados por ver aquel objeto. Lo que no sabían es que les esperaba la muerte a todos ellos.

Uno a uno fueron entrando confiados en la sala real, donde serían descabezados sin piedad. Una vez reunidas sus cabezas, fueron dispuestas haciendo la forma de una campana. Por último, fue llamado el obispo de Huesca, el principal enemigo del rey, que, horrorizado al ver al sangriento panorama, le fue preguntado si la campana estaba completa, a lo que el asustado religioso diría que sí. El rey, antes de mandar descabezarle, le respondió que le faltaba el badajo, y que su cabeza haría esa función.


La Campana de Huesca, de José Casado de Alisal


La vida de Roger de Flor (1266-1305) es digna de novelas y películas de acción. Siciliano de nacimiento, antes de convertirse en comandante de los legendarios almogávares, vería  con sus propios ojos como caía el último bastión de los cruzados, cuando las hordas musulmanas asaltaron la ciudad de San Juan de Acre (1291), ya que como caballero templario tuvo que luchar en favor del cristianismo.

Expulsado de la orden religiosa, se puso al servicio del rey de Aragón, como capitán de los almogávares, participando así en la conquista de Mallorca y Valencia. Más tarde, también participaría en la conquista de la isla de Sicilia, siempre al servicio de los aragoneses.

La compañía de los almogávares, incluido su capitán, Roger de Flor, fue contratada por el emperador de Bizancio, Andrónico II Paleólogo, ya que se veía acosado por un nuevo enemigo que profesaba la religión del Islam; eran los turcos otomanos. Al mando de más de 5000 hombres de la Compañía catalana, Roger de Flor se pondría a luchar de manera efectiva contra el nuevo peligro que se cernía sobre el mundo occidental cristiano, aunque fuera de manera interesada, y bien pagada. Fueron tantos los éxitos de Roger y sus hombres, entre los que se encontraban españoles de todos los rincones de la Península Ibérica o de otras naciones, sobre ejércitos mucho más numerosos, que el emperador bizantino le nombró jefe de la flota y le entregaría, incluso, la mano de su propia sobrina.

Eran buenos tiempos para Roger que, más tarde, vencería de una manera decisiva a los turcos en la región de Cilicia: unos 8000 almogávares aplastaron a cerca de 30.000 otomanos, produciéndoles 18.000 bajas. Fue tal la magnitud de la victoria, que Bizancio pudo respirar tranquila durante unos cuantos años.

El 5 de abril de 1305 fue organizado un banquete para honrar al brillante capitán, al cual asistieron un centenar de destacados almogávares y el mismo Roger de Flor. El hijo del emperador, Miguel IX, lo había organizado todo: el sitio, la comida, la bebida... e incluso la manera en que habían de ser eliminados. No se saben bien las razones por las que se decidió la muerte de quien tanto beneficio había aportado al reino. Puede que Roger quisiera tomar posesión de los territorios que había conquistado, puede que hubiera acumulado demasiado poder, puede que los celos y las envidias hubieran florecido en los corazones de los más prominentes bizantinos de la corte. El caso es que el gran héroe de los almogávares no merecía una muerte tan indigna como a la que fue sometido, aunque ello acrecentara su leyenda.

Lo que siguió después se le conoce como la Venganza catalana, pero eso es otra historia.


Roger de Flor




Para acabar, voy a hablar del mismo personaje con el que empecé, Vlad Tepes. Cuando llegó la Pascua de 1459, no quiso pasar las fiestas solo. Por lo tanto, invitó a los boyardos (nobles) más prominentes a un gran banquete. En el momento cumbre del mismo, cuando todos estaban ya satisfechos con la comilona, les propuso un juego de adivinanzas. Les preguntó que a cuantos voivodas (príncipes o gobernantes) recordaban. Hay que tener en cuenta que los boyardos eran los que promovían su ascenso y su caída; si un príncipe se humillaba a sus intereses lo mantenían en el trono, y si no les seguía el juego simplemente lo eliminaban de la manera más atroz, como hicieron con el padre de Vlad y su hermano (el primero muerto por apaleamiento y el segundo cegado).

Ante la pregunta, los más viejos respondieron que recordaban a unos 30, y los más jóvenes a unos 8, siendo todas unas cifras que indicaban el poco tiempo de gobierno de los distintos voivodas. Después, Vlad Tepes les hizo otra pregunta, que si no les parecían demasiados príncipes, y sin dejarles contestar, les dijo: "es por culpa de vuestra infamia, que lo contamina todo". Se suspendió el festín, se empalaron a los ancianos y sus mujeres, mientras que los más jóvenes fueron condenados a trabajos forzados hasta que sus costosos trajes de Pascua cayeron en harapos. Se confiscaron los territorios de los boyardos ejecutados y fueron concedidos a pequeños nobles y campesinos libres.






Fuentes:

-Drácula, de Ralf-Peter Märtin.
-Wikipedia.