Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Por qué llamaron a un jefe comanche Camisa de Hierro?

En el año 1858 se produjo una gran batalla entre los comanches y los Texas rangers. El jefe de los indómitos indios era llamado Camisa de Hierro, ya que portaba algo que provenía de los antiguos colonos españoles, un objeto que parecía darle cierta resistencia ante las balas, lo que le hacía ser un tanto invulnerable a los disparos de fuego, o eso al menos se decía. El encuentro mortal se produjo en las cercanías del río Canadian.

Al mando de los tejanos se encontraba el capitán John Salmon "Rip" Ford. El sobrenombre de Rip también es curioso. En la guerra entre Méjico y los Estados Unidos (1846-1848), John Salmon había escrito numerosas cartas a las familias desoladas de los rangers caídos; en cada misiva acababa con la leyenda "Descanse en Paz", pero como el número de cartas aumentaba, lo acortó a "R.I.P" (abreviatura de "Requiescat in pace", descanse en paz en latín; o también, "Rest in peace" en inglés).

Fotografía del capitán ranger John Salmon "Rip" Ford, vencedor de "Chaqueta de Hierro".


El combate se produjo cuando las fuerzas de "Rip" Ford (213 hombres en total) se adentraron  en el corazón de la Comanchería durante la primavera de 1858. Junto a los curtidos rangers se encontraban los bravos guerreros tonkawas, comandados por su jefe Plácido; estos indios eran enemigos ancestrales de los comanches. El jefe de éstos, el mencionado "Chaqueta de Hierro", era un poderoso hechicero que sus guerreros creían que tenía el poder de desviar las balas con su pecho.

La unidad de Ford cargó con decisión y venció de manera contundente. Los comanches se retiraron, dejando al menos 76 cadáveres en el campo, entre ellos su propio jefe. De la fuerza de los rangers, sólo se contaron dos muertos.

Muchos piensan que la chaqueta de hierro que portaba el jefe comanche era, en realidad, una vieja cota de malla española que había conseguido, no se sabe como. Dicha cota quedó destrozada con las balas de los tejanos disparadas al bravo jefe indio.



Bibliografía: Texas Rangers, de Stephen Hardin.

sábado, 27 de septiembre de 2014

¿Existió "el Cid"? ¿Venció en alguna batalla estando muerto?

Rodrigo Díaz de Vivar (C. 1048-1099), "el Cid", fue una figura genuinamente histórica y fundamental en la época de la Reconquista. Su vida y milagros están atestiguados en varias fuentes históricas, tanto cristianas, como la Historia Roderici y el Carmen Campidoctoris, como musulmanas, un escrito del autor Ibn Alquama (perdido pero reflejado en otras obras cristianas posteriores) y otro de Ibn Bassam. La primera mencionada, la Historia Roderici, es una biografía bastante fiel y compuesta de manera casi contemporánea a su vida, lo que la hace ser de extraordinario valor historiográfico.

La historia del Cid es la de un guerrero que, una vez desterrado por orden de su rey, Alfonso VI de Castilla, y privado de todos sus bienes, emprende la tarea, junto a su familia y sus hombres de armas, de ganarse a sangre y espada su propio reino. De esta manera,  Rodrigo se hizo dueño de su  propio destino y de unas tierras, con capital en Valencia, arrebatándoselas a los musulmanes.


Escultura de el Cid en Burgos.


Uno de los momentos cumbres de su carrera, fue cuando tuvo que enfrentarse con sus hombres en la batalla de Cuarte a un ejército procedente del norte de África, compuesto de temibles guerreros almorávides, fundamentalistas musulmanes, venidos para ocupar toda la península Ibérica,  y venciéndolo de una manera aplastante.

Si hacen falta más pruebas para demostrar su existencia, la firma del héroe castellano se ha conservado en un diploma de dotación a la Catedral de Valencia de 1098:


Además, sus restos y los de su mujer se hallan en la actualidad en la Catedral de Burgos, debajo de una lápida de mármol rojo:



La leyenda dice que el Cid venció en una batalla a los moros tras ser muerto: ataron su cadáver a la montura de un caballo, de tal forma que pareciera que lo montara. Los soldados enemigos al pensar que había muerto en el anterior combate, huyeron despavoridos al ver en el campo de batalla a un guerrero que parecía que nada podía acabar con él.

No hay ninguna fuente histórica que mencione este legendario episodio. Pero si hay un base que pueda explicar la maravillosa historia. Tras la muerte de Rodrigo, según parece no fue en combate, su cadáver fue embalsamado y expuesto en el trono. Esta costumbre proviene de los ritos funerarios romanos. Es posible que la imaginación popular se ocupara de convertir un ritual funerario en una fantástica anécdota.


Fuente principal: El Cid. La espada de la Reconquista, de José I. Lago y Manuel G. Pérez.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿Quién fue la "dama del candil"?

Es el año 1854, en el hospital de campaña británico de Escutari, en la península de Crimea. La guerra lleva meses provocando muertes y heridos sin cesar. Ha caído la noche y los médicos se han ido a dormir. Es entonces cuando Florence Nightingale inicia sus habituales rondas nocturnas, recorriendo los enormes pasillos (algunos dicen que andaba 6 km diarios), atestados de soldados heridos, con un candil en la mano atendiendo y cuidando, con cariño y la mayor diligencia, a cuantos lo necesitaran. Su sola imagen servía de consuelo a aquellos desdichados hombres, por otra parte acostumbrados a la dureza de sus mandos y a las penalidades de la guerra, al comprobar que había alguien que se preocupaba sinceramente de ellos. Se dice, que algunos besaban la sombra de su imagen que producía la luz de su lámpara.

El trabajo de Florence no pasaría desapercibida a los periodistas que cubrían la guerra de Crimea (1853-1856), y que contribuyeron de forma decisiva a la mitificación de la enfermera británica. Florence dirigió a un grupo de enfermeras durante el conflicto, ocupando un puesto oficial en el ejército británico; nunca antes, ninguna mujer había tenido una tarea de esa magnitud. Además, su estancia en Crimea no iba a ser un mero trámite, ya que ella lucharía con todas sus fuerzas para que la sanidad en los hospitales, y los cuidados a los heridos en la batalla, mejoraran y se tomaran más en serio. Como se comprobó al finalizar la guerra de Crimea, las cifras eran de lo más reveladoras. Hubo 4.000 muertos británicos en acción, una cifra sin duda alta, pero es que hubo 16.000 muertos por enfermedad, cuatro veces más.



Florence Nightingale nació en 1820, en el seno de una familia acomodada. Ella y su hermana tuvieron una educación esmerada, de la que se ocupó personalmente su padre. El destino final para Florence era el matrimonio y tener muchos hijos, no se esperaba más de ella. El mundo laboral estaba reservado a los varones. Pero Florence tenía energías para mucho más. No le faltaron pretendientes que le podían asegurar una vida cómoda y plena de eventos sociales, pero la vocación de ayuda al prójimo no le abandonó nunca. Hasta su llegada a Crimea, la oposición de sus padres a que fuera enfermera fue constante; en esa época, las mujeres de baja condición social eran las que ejercían ese tipo de profesión. Cuando tenía 17 años, sufrió una especie de experiencia mística, que le hizo conducir su vida al cuidado de los demás, como la gran enfermera que llegaría a ser. Después de ella, la disciplina de la enfermería ya no volvería a ser igual.

Cuando contaba 30 años de edad, fue a Kaiserworth donde aprendió el oficio. En los siguientes años, ya  estando en Inglaterra y Europa, complementó su educación en distintos hospitales. En 1853 visitó el hospital de Lariboisière, en París, donde pudo tomar apuntes del diseño del mismo, construido para recibir la luz y el aire fresco; esos factores podían hacer disminuir la mortalidad. Poco antes de su participación en el conflicto de Crimea, consiguió su primer empleo como directora de un sanatorio para señoras de la alta sociedad.


 

Cuando se desplazó al hospital que acogía heridos británicos, no paró de trabajar para mejorar las condiciones de los pacientes. Además, su primera medida fue la someter a sus enfermeras a la autoridad de los médicos, demostrando así gran habilidad para encontrar la concordia orientad a la lucha por el beneficio de los heridos. En poco más de un mes, había logrado mejorar el mantenimiento de las salas, ropa de cama, prendas de ropa, mejor comida; supervisó la asistencia a los pacientes, escribió las cartas de los soldados a sus familias, organizó un sistema para enviar dinero... En Inglaterra, el ciudadano medio vio con agrado los esfuerzos de aquella gran mujer. Incluso, su buena gestión le hizo ganar el respeto y la admiración de la reina Victoria de Inglaterra.

Cuando acabó la guerra, luchó para que las enseñanzas aprendidas en relación con la sanidad no quedaran en el olvido. Y hubo muchas, como por ejemplo que se les enseñara a los soldados y a los médicos a hacer las cosas mejor en cuestión de salud. Como Florence conocía muy bien los sistemas estadísticos, los aplicó de manera ejemplar y demostró como poder combatir la mortalidad en los hospitales de campaña aplicando, por ejemplo, medidas higiénicas.

De la escuela que instituyó en Inglaterra, salieron docenas de nuevas enfermeras, que a su vez enseñarían a otras tantas, a distintas naciones para que el esfuerzo de Florence persistiera. Hoy en día se le reconoce a Florence Nightingale como la primera enfermera moderna de la historia. Y yo añadiría, que pocos seres humanos han sido tan extraordinarios como lo fue aquella gran mujer.

martes, 16 de septiembre de 2014

Señales en el cielo (IV): El milagro de Empel.

En la larga guerra de los 80 años, librada entre el imperio español y los territorios que más tarde serían conocidos como Holanda, aconteció un hecho insólito como pocos, que los españoles calificaron de milagro, mientras que otros opinaban que la suerte había acompañado a las tropas hispanas de haber escapado de una derrota cierta.

En 1585, a los tercios españoles (el tercio era la unidad característica española de esa época) les encomendaron tomar la isla de Bommel, un territorio de escaso valor. Por lo tanto, unos 4.000 soldados al mando del maestre de campo don Francisco de Bobadilla, cumplieron con su deber y arrebataron dicha posición a los rebeldes holandeses. La reacción de estos no se hizo esperar: un flota de 200 buques, al mando del conde de Holac, fue enviada con la intención de hacerles pasarlo muy mal a los españoles. Así, cuando llegaron a la altura de la villa de Bommel, destrozaron dos diques de contención, lo que hizo que las aguas subieran rápidamente, y los españoles quedara aislados en un, cada vez más decreciente, islote de tierra.


Los tercios españoles en acción.


Antes de morir ahogados, los españoles tuvieron que huir al lugar más alto del lugar, el monte Empel, encontrando la salvación, aunque fuera de manera puntual, ya que se quedaban al alcance de las armas de fuego de las armas enemigas. Al poco, los hispanos empezaron a ser bombardeados sin piedad, y se prepararon para afrontar su apocalíptico final, aunque la llegada de la noche los salvó.

Bobadilla logró enviar mensajes de socorro, uno de los cuales llegó a su superior, el conde de Mansfeld, que ideó un plan, demasiado osado, para liberar a los españoles. Dicho intento de socorro nunca pudo ser llevado a cabo, ya que los holandeses pudieron seguir tomando algunas posiciones españolas. Estos se desesperaban al comprobar que el cerco no iba a cejar, ya que los holandeses no iban a permitir que su presa se soltara de sus garras.

En la mañana del 7 de diciembre parecía que todo estaba sentenciado para los españoles cuando un soldado, tras ponerse a excavar en la tierra, encontró una tabla pintada, donde aparecía la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción. Enseguida, los devotos cristianos empezaron a rezar, implorando a la madre de Dios, para que los salvara de un aciago final. Tras acabar con sus rezos, los españoles se reunieron para discutir sobre la posibilidad de atacar, de una forma desesperada, a los navíos holandeses que les tenían encerrados en aquella ratonera. Otros, más pesimistas, especulaban con la idea del suicidio colectivo.

Entonces, en la noche del 7 al 8, fue cuando se produjo el "milagro de Empel". Fue cuando Dios se puso de parte de los españoles, como más tarde dirían los holandeses. En ese momento, un viento helado congeló las aguas del río Mosa. Los holandeses, temerosos de que sus barcos quedaran encallados en el hielo, lo que significaba que tenían que luchar con los enrabietados soldados españoles, hartos ya de las penalidades que habían tenido que sufrir, huyeron del lugar a gran velocidad sin llegar a luchar.

A partir de entonces, la Virgen de la Inmaculada Concepción se convirtió en la patrona de los tercios españoles. A ella le achacaron que convirtiera una derrota inevitable en una milagrosa victoria para España.


Bibliografía:

-Tercios de Flandes, de Juan Giménez Martín.
-ABC, Historia militar de España.






viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Existió Beowulf?

Beowulf es un poema escrito en lengua anglosajona, no se sabe muy bien cuando. Trata sobre las hazañas de un héroe escandinavo del siglo VI d.C., aunque el que lo escribió lo adaptó al mundo cristiano, ya que en esa época Inglaterra había dejado de ser pagana. Como ocurre en tantas ocasiones, la tradición oral había ayudado a que sobreviviera la historia de Beowulf, y el hecho de conservar la obra en texto escrito ha hecho posible que haya llegado hasta nuestros días, aunque no sepamos muy bien lo que hay de verdad oculta entre sus versos, y ni siquiera conozcamos si realmente existió alguna vez alguien llamado Beowulf.

Aparte de eso, lo que si parece evidente, es que el mundo del héroe si era real, además de que muchos de los personajes que protagonizan la trama tengan una base histórica cierta.


La película de 2007 "Beowulf", dirigida por Robert Zemeckis.
 


En resumen, Beowulf era el sobrino del rey de los gautas (en la actual Suecia del sur), que cruzó el mar hasta Dinamarca, para ayudar al rey Hrothgar. En su gran salón, llamado Heorot, donde se reunían sus guerreros para beber, cantar y celebrar su camadería, había llegado de imprevisto un monstruo llamado Grendel, haciendo una matanza generalizada y devorando carne humana. El rey, desde su trono, tuvo que ver con impotencia como iban cayendo sus hombres sin que nada pudieran hacer ante la bestia. Los ataques continuaron durante 12 largos años.

La tarea de Beowulf, en un principio, era la de matar aquel diabólico ser. Y así lo hizo, pero lo que no se esperaba nadie es que tenía una madre todavía más letal y mortífera, que también hizo de las suyas en el salón del rey. Así que, al héroe gauta, no le quedó más remedio que marchar a la guarida de la bestia, en el fondo de un lago rodeado de monstruos, para intentar acabar con el trabajo que había comenzado. Finalmente, salió victorioso del encuentro, y volvió a su país convertido en una gran celebridad.

Evidentemente, nunca existieron esos seres monstruosos, Grendel y su madre, pero si que el rey Hrothgar es un personaje que aparece en otras fuentes escritas, como en las sagas escandinavas y en la Gesta Danorum, por lo que su historicidad tiene sólidos argumentos. Con respecto a la búsqueda arqueológica, todavía no se ha encontrado ninguna prueba de que existiera su gran salón Heorot, aunque es posible que sea alguno de los que se ha localizado en la actual Dinamarca; en las cercanías de los restos de alguno se han encontrado enterrados objetos valiosos que indican que pudieran pertenecer a algún rey poderoso, como Hrothgar.

Continuando con la historia descrita en el poema, nos encontramos al héroe regresando a su patria. Junto a su tío, el rey Hygelac, parte en una expedición al territorio de los francos, en la que resulta muerto el soberano de los gautas. Esta parte del poema de Beowulf es corroborado con el relato del cronista del siglo VI, Gregorio de Tours. Por lo tanto, nos encontramos otra vez con una certeza histórica en una obra literaria, donde se pasean los héroes y los monstruos.

El hijo del rey caído, Heardred, es coronado, tras rechazar Beowulf la oferta de ser rey. Entonces, una vez en Suecia, se produce una gran batalla entre los suinones y los gautas en la superficie helada de un gran lago, la del lago Vänern, donde cientos de guerreros se enfrentan en un episodio que vuelve a estar registrado en otros anales históricos. Es más, algunos de los personajes que están relacionados con la misma, están también contrastados por las excavaciones arqueológicas y por las crónicas antiguas. Tras el enfrentamiento, el rey Heardred perdió la vida, y fue entonces cuando Beowulf llegó a ser rey.


Ilustración de la novela de "El Hobbit", sin duda influenciada por "Beowulf".


Después de gobernar durante un largo periodo de tiempo, Beowulf ya es un anciano que ha perdido las ganas de pelear. Pero entonces, desde la oscuridad de su cueva, repleta de tesoros de oro, apareció un enorme dragón que empezó a devastar su reino. Al cansado héroe gauta, no le quedó más remedio que marchar a la guarida de la bestia para acabar con ella. No iba solo, ya que sus mejores guerreros iban con él, además de su joven sobrino inexperto, llamado Wiglaf, que a la postre resultaría ser el que valerosamente le ayudaría en el enfrentamiento con el dragón. En el combate último con la bestia, Beowulf encontraría la forma de matarla, aunque le costara la vida finalmente.

Hay costumbres aparecidas en la obra que luego han sido corroboradas por los descubrimientos arqueológicos. Cuando se describe como eran enterrados los guerreros caídos, con sus tesoros como ajuar y luego quemados en piras funerarias, se ven los paralelismos con, por ejemplo, los restos encontrados en las excavaciones llevadas a cabo en Sutoon Hoo, Inglaterra, donde se hallaron en 1939 los restos de un enterramiento del siglo VII, casi de la misma época que se refleja en el poema, de un noble o rey poderoso sajón, con todo su ajuar de armas, objetos de oro y otros valiosos, en el interior de un barco, cuyas maderas ya se habían descompuesto.

En resumen, Beowulf es una obra literaria que ha despertado la imaginación de los lectores durante siglos, y que todavía lo hace, y constituye, a la vez, un documento histórico que es un espejo donde asomarse para contemplar un mundo antiguo, cuando los héroes eran grandes guerreros que salvaban su pueblo de los peligros que le acechaban; un mundo mítico pagano, que se acababa con la venida del cristianismo, aunque seguiría dando coletazos, me refiero a la posterior era vikinga, que estaba por llegar.

Si el mundo que refleja el poema era real, y aparecen personajes auténticos, ¿hay alguna prueba de que Beowulf existiera alguna vez? La respuesta, por desgracia, es que no la hay. Las sagas mencionan a algunos personajes con un nombre parecido, aunque no aportan ningún dato histórico concreto del que poder establecer ninguna conexión. La única posibilidad de encontrar al héroe queda, como en tantas ocasiones, en que la arqueología de con los restos de alguien que pueda ser identificado como tal. En el sur de Suecia hay cientos de túmulos aún sin excavar, y quien sabe, tal vez alguno sea de Beowulf.



Fuente principal: Wikipedia.

viernes, 29 de agosto de 2014

El peor arqueólogo de la historia, Giuseppe Ferlini.

Giuseppe Ferlini (1747-1870) era un médico italiano que se convirtió en arqueólogo. Huyó del hogar a los 18 años de edad, y partir de entonces su vida fue una completa aventura. Como médico se enroló en el ejército albanés, y, posteriormente, en el griego, donde participaría en la guerra de la independencia contra los turcos.

En 1829 llegó a Egipto, donde ejercería de sanitario en las fuerzas armadas de Mehmet Alí, el fundador del Egipto moderno. Cuatro años después, fue trasladado a Jartum, donde se ganó la simpatía del gobernador de Sudán, Curshid. Desde entonces comenzaría a participar en expediciones, empezando en Nubia superior. El pensamiento de encontrar tesoros egipcios le llegaría a rondar en su cabeza.

Se asoció con un comerciante albanés, Antonio Stefani. Por fin, en agosto de 1834 se inició un viaje que le llevaría a la ciudad de Meroe, cerca de la sexta catarata del Nilo, la capital del antiguo reino de Kush, que había gobernado el país del Alto Nilo desde el 400 a.C. hasta el 300 d.C. En ese lugar, Fréderíc Caillaurd había descubierto docenas de pirámides, y Ferlini "estaba dispuesto a todo" para intentar conseguir los secretos que albergaban en su interior.


Pirámides de Meroe. Las pirámides destrozadas contrastan con la silueta de la que parece no haber sido dañada por los hombres de Ferlini.


No perdió el tiempo, y una vez que llegó al lugar empezó a desenterrar un templo cubierto con jeroglíficos en las paredes, pero enseguida perdió el interés por el edificio. Entonces, centró su atención en las pequeñas pirámides que se erigían en la antigua urbe. Quiso acceder al interior de las más pequeñas, pero estaban sólidamente "selladas" y era muy difícil hacerlo. Así que el italiano no tuvo ningún escrúpulo en usar dinamita para solventar el problema. Una a una fueron demolidas, aunque no halló tesoro alguno en ninguna de ellos. Me refiero a oro, que es lo que buscaba el codicioso de Ferlini, no a la riqueza artística que albergaban los edificios, y que se perdería de manera irreversible por la locura del sujeto que lideraba la expedición.

Después, se dirigió a la más grande de todas. Destrozó la parte superior de la misma, y accedió a ella. Encontró un rico sarcófago vacío, objetos preciosos..., las pertenencias de una dama de alto rango. Cuando los nativos del lugar se enteraron de lo que estaba ocurriendo, se acercaron a miles al lugar. Toda la expedición tuvo que huir a toda prisa con sus más preciadas pertenencias; el tesoro fue sacado del país para no volver nunca más.

Hoy día se puede ver en los museos de Mónaco y Berlín. También, se pueden visitar los restos destrozados que dejó el equipo de arqueólogos dirigido por el "impresentable" italiano. Aunque no era una época en la que la Arqueología moderna se hubiera establecido, no hay razón ninguna para destrozar un patrimonio artístico con el fin de conseguir otros objetos igualmente artísticos, aunque sean de oro.


Fuente consultada: Wikipedia.



viernes, 22 de agosto de 2014

La animalada de la carga de Balaclava.

La famosa carga de la Brigada Ligera en Balaclava (25 de octubre de 1854), digna de protagonizar películas y de inspirar algún célebre poema, tuvo lugar en el marco de la Guerra de Crimea (1854-1856). Sin detenerme demasiado en los movimientos tácticos de la batalla, sin duda muy interesantes, se puede decir que el ataque británico a una batería rusa de artillería, situada  en el fondo de un valle fuertemente defendido, y que contaba además con más cañones en los laterales del mismo, se produjo por una serie concatenada de errores que llevaron a la realización de la "gloriosa carga de caballería". En su sano juicio, ningún general hubiera mandado atacar dicha posición con tan sólo una unidad de 678 jinetes. De hecho, un militar ruso, tras contemplar atónito dicho ataque, le preguntó a un prisionero inglés sobre el tipo de bebida alcohólica de la que habían abusado para realizar tal acción.

Una vez realizada la misión, y tras dejar perplejos a propios y extraños, los restos de la brigada retrocedieron a las líneas amigas. Tan sólo regresaron 195 hombres. En cambio, de los pobres caballos, que nada entendían de la locura que poseían a los jinetes que los montaban, se perdieron unos 500 en total, bien muertos en el fragor de la batalla, o bien sacrificados por sufrir heridas irreversibles.


La carga de la Brigada Ligera en Balaclava.
 

Además de la participación de hombres y caballos, la carga de la Brigada Ligera contó con la activa colaboración de otro animal, que era la mascota del 8º de Húsares, que nunca dejaba de seguir a sus dueños, ni siquiera en los momentos de máximo peligro; su lealtad y su amistad era así de espléndida. Se trataba de un terrier de pelo duro llamado Jemmy.

Como en tantas ocasiones, como en las batallas del río Alma o en Inkerman, Jemmy participaría en el ataque, aunque su actuación sea un tanto desconocida. Su lealtad sería puesta a prueba y, una vez más, no defraudó y estuvo hasta el final... De hecho fue herido, ya que en su cuello se incrustaron trozos de metralla procedentes de algún cañón o rifle.

Felizmente, Jemmy se repuso y regresó a Inglaterra tras finalizar el conflicto. Su inmensa y desinteresada lealtad no pasaría desapercibida. El coronel de Salis le puso un collar con cinco broches: uno por su participación en la batalla de Alma, otro por la de Balaclava, uno más por la de Inkerman, otro por la de Sebastopol y uno más por estar en la India central. Hoy en día, el collar se encuentra colgado en un comedor de oficiales de algún cuartel militar del Reino Unido.


Fotografía antigua de la Guerra de Crimea y una, más actual, de la tortuga Timothy, la última superviviente del conflicto con diferencia.


Mientras se producía la carga de la Brigada Ligera, en la seguridad de un barco de la Royal Navy, el HMS Queen, esperaba de manera tranquila y paciente otro animal famoso de los que participarían en la Guerra de Crimea. Era la tortuga Timothy, la mascota de dicho navío. Aunque parezca increíble, dicha criatura murió hace poco, en el año 2004, a la edad de 160 o 165 años, no se sabe bien su edad. Tras pasar 40 años en la Armada británica, se "jubiló" en 1892, pasando a vivir en un lugar más confortable, en el castillo de Powderham, de unos condes parientes del capitán Everard, el comandante del navío donde había "prestado sus servicios" la tortuga Timothy. Como anécdota final comentaré que nunca le cambiaron el nombre al animal, aunque luego se supiera que, en realidad, era hembra.


Fuentes consultadas:

-Cueste lo que cueste, de Bryan Perrett.
-El blog 1/4 de ambiente.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿Existió Moby Dick?

La novela de la gran ballena blanca fue publicada en 1851, y fue escrita por el autor neoyorquino Herman Melville (1819-1891). Moby Dick es una de las obras cumbre de la literatura universal. Lo que no es tan conocido es que el autor se inspiró en una historia totalmente certera, y es que alguna vez hubo un gran animal de esas características que vagaba por el mar, hundiendo barcos y siendo perseguida por los balleneros mas osados intentando capturarla.

En 1819 partía de Nantucket (estado de Massachusetts) un ballenero norteamericano, el Essex. Cuando los tripulantes se hallaban en la labor de intentar cazar alguna ballena en el Pacífico sur, y estando en las embarcaciones menores por lo tanto, el buque, de 238 toneladas, fue embestido por un enorme cachalote blanco que lo hundió. Los marineros del mismo se salvaron, aunque sufrirían un auténtico calvario antes de ser rescatados, tras el incidente con el cetáceo, algunos de ellos, ya que el resto habían servido de alimento a los supervivientes.


 


Por aquella fecha y por aquellos parajes existía un gran cachalote albino que era famoso entre los balleneros. Aquel extraordinario animal había volcado un sinfín de pequeñas embarcaciones. En 1810 fue visto por primera vez cerca de la isla Mocha, en Chile, y pudo sobrevivir sin problemas al primer embate por el intento de su captura. Sería el primero de una larga lista. El animal en cuestión era llamado Mocha Dick, y parece ser que fue el que hundió al desafortunado buque.

El explorador Jeremiah N. Reynolds publicó su relato titulado "Mocha Dick: o la ballena blanca del Pacífico: Una hoja de un periódico manuscrito" en 1839. Dicho trabajo puede que fuera la fuente de inspiración de Melville, que por otro lado, había trabajado en un barco ballenero en su juventud. En la historia de Reynolds se cuenta de lo astuto que era el animal cuando se enfrentaba a los intentos de captura, o de que era capaz de levantar el cuerpo entero fuera del agua. Finalmente, en 1838, Mocha Dick fue capturado cuando intentaba salvar a otra hembra de su especie y a sus crías.



miércoles, 6 de agosto de 2014

¿Porqué fue Luis VII a las Cruzadas?

Luis VII de Francia fue coronado antes de que su padre, el rey Luis VI, falleciera. La tradición de los primeros Capeto de asociar a sus hijos al trono era la manera de evitar las luchas por el poder que se solían producir al morir los monarcas. En esa época el rey de Francia era, en realidad, un señor feudal más entre otros que, teóricamente, estaban el servicio del monarca. En la práctica, había nobles con más tierras y más poder. Las tornas cambiaron un poco cuando Luis se casó con la bella heredera de Aquitania, la famosa Leonor, e incorporó sus extensos dominios a la corona. Entonces, su poder patrimonial aumentó considerablemente, aunque la situación no iba a durar mucho.

Los testimonios de la época nos hablan de que Luis era un hombre piadoso, con un carácter muy distinto a la de la alegre Leonor, entusiasta del amor cortés y de los torneos de caballeros. Cuando se puso en marcha la Segunda Cruzada, Leonor se incorporó a ella, no pudiendo oponerse a ello su enamorado esposo. La empresa fue un fracaso, al igual que el matrimonio de los dos jóvenes, que fue anulado al poco de regresar a Francia. Tal vez tuviera que ver en algo la supuesta relación que Leonor tuvo con su tío, Raimundo de Poitiers. Según nos cuenta el historiador de la época, Guillermo de Tiro: "al contrario de lo que era esperable de su dignidad real, Leonor renegó de sus votos matrimoniales y fue infiel a su marido".


Luis VII de Francia.


No está claro si la infidelidad fue consumada. La realidad fue que Leonor se divorció y encontró un nuevo marido, el que sería el rey de Inglaterra Enrique II. Además, el territorio de Aquitania pasaba de Luis a Enrique, desequilibrando la balanza de poder. Fue tan vasto el dominio del nuevo esposo de Leonor, que pasaría ha llamarse el Imperio anglo-angevino.


Leonor de Aquitania.


Ahora bien, ¿cuál fue la razón por la que Luis VII se fuera a las Cruzadas? En una época en la que los matrimonios eran de conveniencia y se hacían sin amor, en las que las alianzas eran para obtener más poder, en la que los reyes carecían de escrúpulos para conseguir sus objetivos..., es difícil encontrar motivaciones un tanto, digámoslo así, más honestas para realizar alguna acción.

En 1442 ocurrió algo terrible en la vida de Luis que le hizo estremecer. Algo de que le hizo arrepentirse en lo más profundo, y por la que emprendió toda una cruzada para encontrar algo de consuelo y poder expiar sus tormentos. En ese fatídico año, estaba en guerra con el conde de Champaña. A 140 km del este de París, había un castillo que las tropas del rey de Francia habían tomado. Tras la lucha le prendieron fuego. Las llamas, sin control, se extendieron a una iglesia vecina, donde se habían refugiado los civiles que huían de la bestia de la guerra. En cambio, se encontraron con la muerte y la desolación. No era su intención, pero Luis tuvo que soportar la carga de ver los cuerpos de 1300 personas inocentes totalmente calcinadas.

Parece ser que esa fue la verdadera razón por la que emprendió su cruzada.


Bibliografía consultada:

-La formación de Francia, de Isaac Asimov.
-Desastre en Damasco, de David Nicolle.
-Wikipedia.