Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

martes, 30 de junio de 2015

El día que un ataque fue anunciado por la radio (Malvinas).

Una de las anécdotas de guerra más curiosas de las que tengo conocimiento, tuvo lugar durante la Guerra de las Malvinas (1982), o de las Falklands, como las llaman los ingleses. Fue justo antes de que comenzara una de las batallas más cruentas de todo el conflicto, y que hizo que el teniente coronel inglés Herbert Jones estallara en cólera, y que amenazara con denunciar a la mismísima primera ministra Margaret Thatcher. La anécdota en sí sucedió el día 27 de mayo.


El teniente coronel paracaidista Herbert Jones.


Un mes antes, el 2 de abril, el mundo se levantó con la noticia de que el ejército argentino había invadido las islas Malvinas, largamente reclamadas y añoradas por los habitantes de Argentina. Los escasos 70 soldados allí acantonados no pudieron hacer mucho para evitarlo y se tuvieron que rendir. Los británicos no iban a permitir tamaña humillación, y constituyeron una poderosa flota con más de cien barcos y miles de infantes para intentar recuperar su prestigio y un trozo de terreno que apenas sabían donde estaba.

El día 21 de mayo, los británicos empezaron a desembarcar en la bahía de San Carlos (isla Soledad). Entre las tropas que pusieron pie a tierra se encontraba el 2º batallón paracaidista, uno de los protagonistas de esta historia, con el bravo teniente coronel Herbert Jones al mando. Después de varios días de consolidación de la cabeza de playa, y de soportar los furiosos y valientes ataques de la aviación argentina, el alto mando le encomendó a Jones la importante tarea de avanzar al sur y afrontar un ataque a una importante posición enemiga, de unos 500 soldados según un informe elaborados por las fuerzas especiales sobre el terreno, de los afamados SAS, llamada Darwin-Goose Green (Pradera del Ganso).

Los británicos contaban con apoyo aéreo y artillero, además de unos 500 soldados de élite muy bien entrenados y recién desembarcados, mientras que los argentinos, que en realidad eran casi el doble, eran, en su mayoría, soldados de reemplazo, que llevaban más de un mes soportando un frío desgarrador y todo tipo de penurias, incluyendo hambre y desnutrición, aunque un alto grado de moral, ya que luchaban por lo que creían que era suyo. Además, tenían ametralladoras, morteros y cañones que les respaldaban.


Soldados argentinos.


Cual sería la sorpresa de los ingleses, que estaban apunto de atacar la posición, cuando encendieron el aparato de radio, sintonizaron el programa World Service de la famosa BBC (radio británica), y escucharon al locutor que orgullosamente decía "...un batallón de paracaidistas está preparado para asaltar Darwin y Goose Green". El teniente coronel Jones no daba crédito a lo que escuchaba, ¡la radio de su propio país estaba diciendo a todo el mundo, y lo que es peor, estaba advirtiendo a los argentinos, de un ataque que se había planeado en el máximo secreto para poder tener más éxito en el mismo! Viéndose, así, traicionado el oficial británico empezó a exclamar, lleno de rabia: -¡Denunciaré a John Nott! (Secretario de Estado para la Defensa), ¡denunciaré a Margaret Thatcher! (Primera Ministro). Su segundo al mando, el comandante Chris Keeble, le aconsejó posponer al ataque, cosa que no sucedió.

Lo siguiente que pasó fue una batalla cruel entre hombres que lucharon por una bandera. Docenas de ingleses y argentinos murieron, entre ellos el teniente coronel Jones, a la cabeza de un ataque, al frente de sus soldados. De una forma tan valiente, el oficial de 42 años perdió la vida, al igual que soldados y oficiales de ambas naciones, que dieron lo mejor de sí mismos por su patria, por su gente...

El teniente coronel Herbert Jones recibió la más alta condecoración que un militar británico puede recibir, la Cruz Victoria, una de las dos que hubo en toda la campaña. La otra la recibió otro paracaidista, el sargento Ian McKay, muerto, igualmente, lanzando un asalto a pecho descubierto en el Monte Longdon, al frente de sus hombres.

¿Cómo se enteraron los de la BBC del ataque en ciernes? ¿Quién tuvo la culpa de que se filtrara la noticia, que casi arruina la operación y que pudo influir en el aumento de muertos por parte de los británicos? ¿Se enteraron los argentinos del mensaje radiofónico?

Pues si, tanto el general argentino Menéndez, al frente de las fuerzas terrestres, como el oficial al mando en Goose Green, el teniente coronel Piaggi, fueron informados del ataque que anunciaba la BBC, pero ninguno pensó que los británicos fueran capaces de tamaña estupidez; al contrario, pensaron que era un farol, y que lo que querían era desviar la atención en otras posibles operaciones que se iban a dirigir a otros puntos de las islas, por lo que no se reforzaron las defensas de Pradera del Ganso.

La filtración fue rastreada posteriormente hasta el 10 de Downing Street, residencia de la primera ministra, donde la ansiedad por retrasmitir noticias sobre el avance británico había primado sobre la seguridad de sus propios soldados. Es decir, cuando los políticos les dieron la información a los servicios informativos, les importó una higa la vida de esos hombres que se jugaban la vida en aquellas remotas y heladas islas, y que habían sido ordenados ir por aquellos que cómodamente seguían el conflicto desde la comodidad y la calidez de sus hogares.


Margaret Thatcher en la puerta del 10 de Downing Street.


La BBC tampoco se comportó de manera muy ética, e hizo caso omiso de las reglas fundamentales relativas a la difusión de información en tiempo de guerra, principalmente aquella que dice que la información que puede ser de utilidad al enemigo o que puede poner en peligro a las tropas propias no debe ser revelada hasta que la situación no haya sido resuelta.



Fuentes:

-Cueste lo que cueste, de Bryan Perrett
-The Falklands War 1982, de Duncan Anderson.




jueves, 25 de junio de 2015

La mala suerte del hermano del "Barón Rojo".

Los soldados que van a luchar en el frente, normalmente, sólo aspiran a seguir vivos cuando ha acabado la lucha, y poder volver a sus hogares. Solo hay algunos que consiguen ser héroes, pero hay unos pocos, muy pocos, que llegan a ser una leyenda. Ese fue el caso de Manfred von Richthofen, mejor conocido por su apodo, el Barón Rojo, llamado así por pilotar un avión de color rojo, comandando una escuadrilla, con cada avión pintado de un llamativo color también, durante la I Guerra Mundial (1914-1918).

Manfred fue el mejor piloto de combate de la contienda, derribando 80 aparatos enemigos, todo un récord sin duda, y cayó, para mayor gloria, un poco antes de que los fuegos de la guerra se apagaran..., pero no voy a hablar de él, sino de alguien que lo conoció muy bien, su hermano Lothar von Richthofen.

Dos años más joven que el afamado héroe, Lothar (1894-1922) comenzó siendo oficial de caballería, en una guerra en la que los jinetes no valían nada ante las ametralladoras, cañones y tanques. Y es que empezaba una nueva época, en la que los caballeros no cabalgaban en hermosos corceles, si no que volaban en toscos aeroplanos. Y así, el joven alemán fue transferido al servicio aéreo del ejército de su país en 1915, en concreto al llamado Jasta 11, que estaba comandado por su hermano. Éste fue el mentor de Lothar, repitiendo las enseñanzas que le trasmitiera a su vez el as de la aviación Boelcke. Cuando el Barón Rojo estaba de permiso, era Lothar el que le sustituía en la jefatura de la escuadrilla, y es que no tardó en demostrar su talento: en el mismo mes en el que ingresó como piloto de combate, marzo de 1917, obtuvo su primera victoria. En el mes siguiente logró 15 más, fue el llamado "abril sangriento".


Lothar von Ritchtofen.


Lothar, además de haber sido enseñado bien por su hermano, se había curtido como observador aéreo, siendo ambos factores fundamentales para obtener la destreza que le permitió ser uno de los mejores ases de toda la guerra. Es cierto que su increíble marca de 40 victorias palidece frente al doble que lograra su amado hermano antes de ser abatido, pero es que hay que tener en cuenta que Lothar von Richthofen fue derribado tres veces en combate, estando muchos meses convaleciente en algún hospital sin poder prestar servicio en el frente. Hay algunos que piensan que fue más eficiente, incluso, que su propio hermano Manfred.

Hay gente que cree en las supersticiones, y otros muchos que no. Yo no sé si Lothar lo era, puede ser que sí, ya que las tres veces que cayó derribado fue un día 13, sin duda un número maldito para los que son supersticiosos. De este modo, el día 13 de mayo de 1917 fue alcanzado por fuego antiaéreo después de su vigésima cuarta victoria. El día siguiente recibió la Orden Pour le Mérite. Apenas seis días antes había derribado al as británico Albert Ball, que posiblemente murió a causa de un accidente más bien.

Después de cinco meses en el hospital, Lothar regresó a los mandos de un avión. El día 13 de febrero de 1918 su avión se estrelló sufriendo graves heridas en la mandíbula y en la cara. Durante el periodo que estuvo convaleciente, unos cuatro meses, tuvo lugar el derribo y muerte del Barón Rojo en combate, para muchos una leyenda, lo que supuso una tragedia que le afectó enormemente.

Herido tras el accidente del día 13 de marzo de 1918. Con un hierro retenedor para su mandíbula rota. Tiene, también, la nariz rota, y la herida de su ojo derecho le seguiría causando problemas al regreso a la acción el verano siguiente.




Lothar regresó una vez más a un frente de batalla que daba ya sus últimos coletazos. Tuvo que seguir combatiendo y logrando más victorias para engrandecer los laureles de su amado país. Fue en este periodo cuando trabó amistad con otro gran piloto, Löwenhardt, con el que colaboró en varias misiones, encontrando una gran afinidad con él y una confianza que no había tenido desde que perdiera a su hermano. El día 13 de agosto, Lothar se levantó con una extraña sensación:

Aquella mañana, cuando me levanté, en seguida me di cuenta de que estábamos a día 13, "tu día de la mala suerte, el día en el que te han herido ya dos veces". No hay que ser supersticioso. Volaré sólo para ahuyentar mis temores. Si hubiera sido otro día, quizá no hubiera despegado, porque debía ocuparme de tres viajes urgentes por carretera. Pero no; hoy debía romper el maleficio del día 13.

Pero el maleficio no se rompió y una bala le alcanzó en la pierna derecha cuando se enfrentaba a una patrulla de aviones norteamericanos. Su avión Fokker cayó varios cientos de metros, mientras que él luchaba para recuperar el control del aparato y la conciencia. Debilitado por la hemorragia, pudo aterrizar como buenamente pudo en el castigado campo de batalla del Somme. La guerra había acabado para Lothar von Richthofen.

Tras el conflicto, contrajo matrimonio con la condesa Doris von Keyserling. La pareja tuvo una hija, pero terminaron divorciándose. Lothar se unió a la Deutsche Luft Reederi como piloto comercial, pero el 4 de julio de 1922 el motor de su aeroplano sufrió un fallo y se estrelló, falleciendo en el accidente. A lo mejor, el 13 no era su número de la mala suerte, a fin de cuentas.


Fuente: El grupo de combate del Barón Rojo, de Greg VanWyngarden.

sábado, 13 de junio de 2015

Fernández de Córdoba, el ataque de un general solo contra un ejército.

Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), el Gran Capitán, ha sido uno de los más grandes generales de todos los tiempos. Fue tal su contribución al arte de la guerra, que esta ya nunca sería igual en los campos de batalla de Europa. Su obra maestra fue la batalla de Cerignola (1503), durante la segunda guerra de Nápoles contra los franceses, donde situó a una infantería armada con arcabuces en primera línea del ejército español, para hacer frente a la temible carga de la caballería acorazada francesa. Nunca nadie había optado a una maniobra tan innovadora: fusileros atrincherados contra jinetes con veloces caballos a la carga, lanza en ristre.

El éxito del Gran Capitán fue de tal magnitud que las cifras de bajas nos dan una idea de lo que pasó en aquella memorable jornada para las armas españolas, que tuvieron apenas 100 hombres entre muertos y heridos, frente a las casi 4000 víctimas mortales entre los soldados galos, contando la flor y nata de la caballería. Anteriormente, durante la guerra de los Cien Años, la caballería francesa había obtenido, también, sonados fracasos, pero ante un arma plenamente medieval, los arcos largos de los ingleses (en batallas como la de Crécy, en 1346, por ejemplo).

A pesar de todo lo dicho, nunca veréis la batalla de Cerignola en ninguno de los diversos libros que se publican del tipo grandes batallas de la Historia, o similares. Pero lo cierto es que España, vamos a llamarla así, fue un gran imperio durante los siglos XVI y XVII, al menos, tanto de ámbito colonial como en el marco continental, uno de los más grandes que haya existido nunca, y como es lo normal en estos casos, tuvo grandes generales y unas tropas excelentes, sin duda dos herramientas fundamentales para que el poder de una nación pueda sobresalir frente a las demás que conforman su ámbito de actuación.

El Gran Capitán.


Así pues, el Gran Capitán fue uno de esos grandes generales que ayudaron a acrecentar la gloria de la Monarquía Hispánica. Pero además, tuvo un descendiente directo, también llamado Gonzalo Fernández de Córdoba (1585-1635), que fue un grandísimo jefe militar, aunque bastante desconocido por desgracia (no voy a ahondar más en la falta de conocimiento de los españoles de su propia historia y de la de sus héroes del pasado). Pues bien, el post de hoy tratará de una anécdota de lo más inverosímil que le ocurrió al general español durante una de las batallas de la llamada guerra de los Treinta Años (1618-1648).

El 6 de mayo de 1622 se produjo uno de tantos enfrentamientos entre los ejércitos español e imperial de un lado, defendiendo la causa católica, como no, y otro protestante, al mando de Federico de Baden-Durlach, en la localidad palatina de Wimpfen. Al mando de los españoles estaba Fernández de Córdoba, y al de los imperiales aliados se encontraba el general Tilly. Sin entretenerme mucho en el desarrollo de la batalla, hubo un momento en el que el general español se puso al mando de una unidad de caballería para atacar al enemigo. Cuando digo que se puso al frente, es que se puso literalmente a la cabeza de sus tropas, algo inverosímil en los tiempos actuales.

Cuando Fernández de Córdoba empezó a atacar sus jinetes le siguieron sin rechistar, como es debido, pero entendieron mal sus órdenes y en vez de acompañarlo en todo su recorrido, empezaron a girar hacia las filas de los españoles disparando sus armas de fuego, haciendo una maniobra que se denomina caracola; dicha acción consiste en eso mismo, en un movimiento curvo cuyo objetivo es acercarse al enemigo, disparar y alejarse del mismo para volver a atacar después. Pues así se hizo, y el resultado de ello fue que el general, en un momento dado, se encontró completamente solo asaltando a todo el ejército protestante...

Este cuadro lo podéis contemplar en el Museo del Prado de Madrid. La "victoria de Fleurus" de Vincenzo Carducci, batalla que venció Gonzalo Fernández de Córdoba a los protestantes.


Los soldados no saldrían de su asombro al ver al valeroso jefe militar atacándoles, sin nada más que un sable y su caballo, cuando ellos eras miles de hombres. Cuando Gonzalo se dio la vuelta para ver si sus soldados le seguían, ya era demasiado tarde y tuvo que rendirse al enemigo. Aunque el despropósito no acabó allí mismo, ya que los protestantes iniciaron un ataque, ¡estando el general español entre sus propias filas!, en lugar de haberlo llevado a buen resguardo a la retaguardia de su ejército.

Cuando las fuerzas llegaron a las filas españolas dispuestas a atacar, en concreto al Tercio Viejo de Nápoles, cuyo jefe era el mismísimo Fernández de Córdoba, éste les gritó y les dijo su nombre, siendo reconocido de inmediato por sus hombres que lo acogieron sin mayores contratiempos, logrando de esta manera escapar el general español de sus captores.

Si queréis saber más sobre esta interesante batalla podéis visitar el magnífico blog, del que he sacado la mayor parte de la información, de Historia militar:

www.gehm.es/edad-moderna/tercios-de-espana-la-batalla-de-wimpfen-i

lunes, 8 de junio de 2015

Nerón, corrupción en la antigua Roma.

Nerón (54-68) ha sido uno de los emperadores romanos más famoso de todos los tiempos, y no por sus bondades precisamente. Dejando aparte su larga lista de asesinatos, hoy centraré la entrada en su política económica, no menos truculenta, que se puede resumir en como arruinar un Estado, con derroches innecesarios, que había heredado con unas arcas bastante saneadas. Y como guinda al pastel, se puede añadir las trampas corruptas que empleó en su tiempo, y que gracias a las investigaciones modernas hemos podido conocer en la actualidad... Pero vayamos poco a poco.

El gran actor Peter Ustinov en su inolvidable interpretación de Nerón, en la película Qvo Vadis? 


Como he dicho en el párrafo anterior, la administración del Imperio funcionaba con regularidad cuando Nerón accedió al trono; la ausencia de guerras ayudaba a ello. Incluso se llegó a plantear la posibilidad de eliminar los impuestos indirectos. Se puede decir incluso que los primeros años del reinado no fueron malos del todo. Pero la cosa cambió cuando Nerón en los años en que Nerón empezó a construir su domus aurea, un palacio cuyos lujos fueron descritos por el historiador Suetonio:

...en su vestíbulo se erigió una estatua colosal de Nerón de 120 pies de altura; la morada era tan amplia que contenía pórticos de 1000 pasos de largo con tres pares de columnas, un estanque de agua semejante a un mar, rodeado de casas como si fueran villas y, además una extensión de campo donde se veían a la vez cultivos, viñedos, pastizales y bosques en los que había gran cantidad de animales domésticos y salvajes de toda especie; en el resto del edificio, todo estaba recubierto de dorados, incrustaciones de piedras preciosas y conchas con perlas; el techo de los comedores estaba hecho con tablillas de marfil con perforaciones para poder difundir desde lo alto sobre los comensales flores o perfumes...

La construcción de esta costosa obra no fue el único derroche en un estado en el que había muchas decenas de miles de personas que vivían en la pobreza:

-Obras monumentales: el proyecto de hacer una piscina desde Miseno al lago Averno, el de la perforación de un canal desde el Averno a Ostia, la remodelación del trazado de la capital del Imperio, tras el célebre incendio de Roma del año 64...

-La celebración de numerosos juegos y espectáculos.

-En el año 66, se procedió en Roma a la entronización de Tiridates como rey de Armenia; se gastaron 800.000 sestercios diarios de los fondos públicos.

Denario de plata.


El resultado de todo ello fue, como no, que las arcas del Estado se vaciaron. Para afrontar tan negro panorama financiero, Nerón acudió a diversos métodos legales, aunque no muy populares: algunos impuestos indirectos se incrementaron, se acudió al uso de la ley de majestad para proceder a la confiscación de los bienes de los condenados, reformas monetarias..., y a alguno que es del todo ilegal...

El denario era una moneda de plata maciza con la que se pagaba a los soldados y funcionarios. Hasta el reinado de Nerón así se funcionaba. Pero ante la alarmante falta de liquidez, el monarca ideó una manera de restarle el metal precioso a la moneda, sustituyéndolo por cobre, de mucho menos valor, y sin que nadie se enterara de la estafa. De esa manera, se podían acuñar un número mayor de monedas. Aunque fuera un monarca absoluto, lo más probables es que si el Pueblo se enterara de la enorme estafa, se alzaría, junto a los soldados del ejército, en rebelión contra la cabeza del Estado, y acabara con él.

Gracias a las investigaciones del profesor Mattew Ponting, en los denarios de la época, y usando un espectómetro de absorción atómica, se ha podido descubrir que las monedas acuñadas por Nerón contenían solo un 80 % de plata, siendo el resto de cobre. El engaño se pudo llevar a cabo y no se tiene constancia de que nadie se enterara de la turbia artimaña de Nerón, que acabaría su vida suicidándose cuando se vio acosado por el Senado que concluyó que había que apartar del trono a tan siniestro personaje.


Fuentes:
-Historia Universal. Roma, de Julio Mangas.
-El siguiente documental (los malos de la Historia: Nerón):



miércoles, 27 de mayo de 2015

Inventos españoles para ir a la guerra (y uno que no lo es).

La historia de España ha estado siempre plagada de guerras. Además de momentos de grandeza militar, y otros de sonados fracasos, los españoles también aprendimos a inventar armas con las que combatir al enemigo. La siguiente lista de ingenios intenta demostrar el genio de unos antepasados míos que, además de valientes en el campo de batalla, sabían poner su inteligencia para crear unos infernales artilugios que podían ayudar a vencer en el campo de batalla.

-El autogiro fue invención del ingeniero Juan de la Cierva, que en 1923 lo hizo volar por primera vez en el aeródromo de Getafe (Madrid). Ese aparato es el precursor del actual helicóptero, indispensable en numerosas tareas bélicas como transporte de tropas y material, de apoyo terrestre, traslado de heridos...

Autogiro de Juan de la Cierva.
 

-En 1888 se botó el submarino inventado por Isaac Peral. Era una nave magnífica, con dos motores eléctricos, con tubo lanzatorpedos, periscopio... y encima funcionaba bien. Por ciertos intereses oscuros el invento sería desechado por la Marina española.

-Apenas un año antes, en 1887, el astillero inglés James and George Thompson sacó adelante un diseño del teniente de navío español Fernando Villaamil. Era un barco capaz de navegar grandes distancias en mar abierto, y cuya función era defender a las grandes unidades de las distintas flotas de los pequeños, peligrosos y maniobreros torpederos. Fue bautizado como Destructor. Desde entonces hasta la actualidad, el destructor es considerado como un tipo de barco fundamental en cualquier marina del mundo, con misiones tan importantes como la de servir de escolta a grandes buques como son los portaaviones.

Fernando Villaamil murió de manera heroica luchando en la batalla de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898), como otros tantos héroes olvidados españoles. A bordo del destructor Furor, el tipo de barco que él mismo diseñó, se hundió con el resto de la flota hispana y más de 300 marinos españoles.

-El Cóctel Molotov recibió este nombre en "honor" de Viacheslav Molotov, alto cargo de la Rusia comunista, cuando se produjo la guerra ruso-finesa de 1939. Es un arma casera fácil de fabricar, que consta de distintas sustancias inflamables, como la gasolina, introducidas en una botella de vidrio, con una mecha en la que un simple trapo de tela puede servir de mecha. Poco antes, en la guerra civil española (1936-1939), los republicanos la usaron en su lucha contra el bando nacional. 

-El arcabuz fue una de las primeras armas de fuego fabricadas para que los soldados de infantería de los siglos XV y XVI pudieran luchar mejor contra las últimas cargas de caballería acorazada que se iban a producir en las postrimerías de la Edad Media e inicios de la Edad Moderna. Fue el arma de los afamados tercios españoles, los dueños del campo de batalla europeos en casi dos siglos. Fue un arma fundamental en las victorias del Gran Capitán en Italia, o de los conquistadores de América, por poner solo dos ejemplos. Aunque no se sepa su origen cierto, pudo ser también un arma inventada en la Península Ibérica.

-En la Edad Media, para poder tomar un castillo enemigo, algo realmente difícil, solo había dos maneras fundamentales, o rendirlo por hambre, tras un largo asedio, o tomarlo al asalto, algo realmente costoso en vidas humanas. Si se tomaba esta última opción, había una método que podía ayudar bastante: hacer un largo túnel subterráneo que llegara hasta los cimientos, hacerlos arder y provocar con ello la caída de un lienzo de la muralla, algo que hacía abrir una brecha vital por la que poder introducir una fuerza de infantería en el interior de la fortaleza.

Con la llegada de la pólvora a Europa se cambió la forma de hacerlo: la construcción del túnel se seguía produciendo, pero en vez de hacer una hoguera debajo de los muros, se fabricó una mina terrestre que los hacía explotar, algo sin duda más efectivo. La primera vez que se produjo este hecho fue en el asedio de Málaga (1487), por parte del ejército de los Reyes Católicos, en su lucha contra las últimas fuerzas musulmanas que permanecían en la Península Ibérica.


Galeón.


-El galeón fue el barco español típico de la edad imperial. Un barco a vela, con cañones a bordo para enfrentarse a los navíos enemigos, y con suficiente capacidad para llevar mercancías de un continente a otro. Con este tipo de barco los españoles navegaron por todos los mares del mundo.

-La falcata fue el arma típica de los íberos en la Hispania prerromana. Aníbal, que dispuso de mercenarios peninsulares para luchar en sus campañas italianas, dispuso de bravos guerreros con falcatas. Era una especie de sable, ideal para un jinete que luchaba contra los soldados de a pie. Pero los íberos (ancestros de los actuales españoles) no la inventaron. Parece ser que sus orígenes se encuentran entre las poblaciones antiguas de la región de Illiria (actual Croacia), de donde se expandió a Grecia, sur de Italia y la Península Ibérica.

Entre el ajuar de la Dama de Baza se encuentra una falcata íbera. La hermosa escultura se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid.



Fuentes:

-Histocast.
-Wikipedia.
-Batallas decisivas, de J.F.C. Fuller.
-Breve Historia de los Íberos, de Jesús Bermejo Tirado.





sábado, 9 de mayo de 2015

¿Existió Ben Hur? ¿Y Mesala?

Los actores Charlton Heston y Stephen Boyd protagonizaron en 1959 el conocido film Ben Hur, repetido de manera incansable por la televisión, sobre todo en fechas tan cristianas como la Semana Santa y la Navidad. No puedo disimular mi admiración por la historia que narra, que es una versión adaptada de la novela del escritor norteamericano Lewis Wallace, y publicada en 1880. Wallace es más conocido por haber escrito este libro, que por su carrera de militar, que le llevó a ser general del Ejército de la Unión durante la Guerra Civil Norteamericana; no es mala cosa ser famoso por haber usado la pluma, cuando también se ha usado la espada.

Escena de la película, con Charlton Heston  (Ben Hur) y Stephen Boyd (Mesala) cuando eran todavía amigos.



Una película de 1925, en blanco y negro, ya había adaptado la novela del escritor norteamericano previamente. La historia puede resumirse como el enfrentamiento del judío Ben Hur con el general romano Mesala, amigos de juventud, y encarnizados enemigos tras la venganza producida por este último sobre la familia del anterior, tras la negativa a ayudarle a ocupar Palestina a la causa imperial romana; el fondo de la cuestión es que el odio (el del protagonista) le ayudó a sobrevivir, pero no a vencer a su enemigo, lo que conseguiría, a la postre el amor y el perdón. En definitiva, es una historia muy cristiana.

Ben Hur no es una novela histórica al uso, sino que es una historia que aprovecha un periodo histórico pasado en concreto, la época de Jesucristo, que aparece, por cierto, en la película varias veces y que marca los tiempos de la trama principal (le da agua al protagonista cuando más desesperado estaba, que es testigo, además, de su crucifixión), y que describe un relato de lo más original. Por lo tanto, se puede afirmar que el personaje de Ben Hur no está basado en un modelo real.

¿Y que podemos decir del malvado Mesala?

En el año 2012 se produjo en un la isla de Elba, bastante conocida por Napoleón por haber estado allí durante meses de "vacaciones forzosas" antes de volver a su amada Francia para acabar su obra de guerra y muerte, un hallazgo arqueológico sorprendente: se excavó la mansión de un rico romano que había vivido antes del siglo I d.C., fecha en la que la casa se incendió. La conocida como Villa le Grotte, albergaba un conjunto de esculturas que representaba el mito griego de Níobe, que aparecía en la Metamorfosis de Ovidio. Esto no es baladí, como aclararé un poco después.

Restos de la Villa de Mesala.


Gracias a las inscripciones impresas en unas tinajas de vino, que habían sido halladas en las excavaciones arqueológicas, los investigadores pueden afirmar que la mansión pertenecía a Marco Valerio Mesala Corvino (64 a.C.-8 d.C.). Como Wallace, el escritor de Ben Hur, Mesala fue general y escritor, además de político. Unas veces luchando con los republicanos, y otras siendo amigo del que llegaría a ser el emperador Octavio Augusto, Mesala escaló distintos puestos y llegó a sobrevivir, que no es poco, en un periodo tan convulso de la Historia de Roma, lleno de intrigas y de guerras civiles, que llevaron a la República a convertirse en el Imperio más longevo de la Historia de la Humanidad.

Durante la batalla de Filipos (42 a.C.) estuvo con los republicanos. Después se unió a Marco Antonio, pero al darse cuenta de que Cleopatra le llevaba a la ruina, se pasó al bando de Augusto. En la batalla de Actium, mandaba el centro de la flota, donde se distinguió por su habilidad. Tras la guerra, fue prefecto en Asia Menor, en Roma también; la República ya había dejado de existir, eran los tiempos del Imperio. Parece que se retiró de la vida pública hastiado de la política.

En el plano cultural, restauró algún camino, se construyeron hermosos edificios gracias a su iniciativa, fue amigo de escritores como Ovidio (es momento de recordar lo que dije anteriormente de las estatuas que se habían hallado en su mansión, ya que según algunos eruditos modernos afirman que Ovidio fue el que incitaría a su amigo a decorar su jardín con las esculturas de Níobe), y se rodeó de otros literatos, en lo que es conocido como el "Círculo de Mesala". Así mismo, fue autor de varias obras, aunque la mayoría se hallan perdidas en la actualidad.


Esta parte de la  escultura llamada "Apoteosis de Claudio", es muy probable que hubiera pertenecido al ara funeraria de Mesala. La podéis ver en el Museo del Prado de Madrid. Una razón más para visitar esta gran ciudad de España.


Aunque tuvo una vida bastante plena en lo profesional, no he encontrado nada que lo relacione con el personaje de la novela, si exceptuamos el nombre... Ni siquiera estuvo destinado en Palestina luchando contra la insurgencia de los judíos, aunque si estuvo cerca, en Siria, pero fue combatiendo contra los restos del ejército de Marco Antonio. Cuando Mesala murió (hacia el año 8 d.C.), Jesucristo era apenas un niño. Aún así espero que os haya gustado el post, ya que considero que la historia era interesante de contar.


viernes, 1 de mayo de 2015

Los aviones-cizalla del Sinaí.

De todas las misiones aéreas que se han producido en todas las guerras desde que aparecieron los aviones de combate, hay una que destaca por ser de lo menos ortodoxa. El escenario fue la península del Sinaí, y la fecha elegida el 29 de octubre de 1956. El conflicto, no creo que sea muy recordado, es llamado la guerra del Sinaí o la Crisis de Suez, y fue motivado por la decisión del presidente egipcio, más bien dictador, Nasser, por nacionalizar dicho canal y arrebatárselo a los franceses y británicos. La reacción de estos no se hizo esperar que, junto a los israelíes, lanzaron un ataque fulminante que acabaría destruyendo el débil ejército egipcio en unos pocos días. La decidida intervención de la ONU acabó con la guerra, y Nasser hizo creer a su pueblo que la derrota militar no significaba nada en comparación con la victoria política que suponía la retirada de las fuerzas extranjeras; los egipcios, que adoraban a su líder, por cierto, le creyeron sin dudarlo un momento.

Resumiendo mucho, estos fueron los acontecientos en los que se enmarcan la historia que voy a explicar a continuación. A una escuadrilla aérea israelí de aviones P-51 Mustang de hélices, veteranos de la Segunda Guerra Mundial (en los años 50 del pasado siglo se empezaron a introducir los aviones a reacción, que llegaban a alcanzar la velocidad del sonido), le encomendaron la tarea de inutilizar unos cables telefónicos que enlazaban las comunicaciones de las fuerzas egipcias acantonadas en el Sinaí con el Estado Mayor que estaba al otro lado del Canal de Suez, en el mismo Egipto. Dicha unidad recibía el nombre de Caballos Salvajes.



No conozco la razón de porque no se pensó la opción de ametrallar o bombardear dichas instalaciones, pero me imagino que sería por la dificultad de encarar dichos blancos con el armamento convencional de esta época o por que no se quería llamar mucho la atención. El caso es que era necesario borrar del mapa dichos cables ya que el primer golpe de la guerra los iban a lanzar los soldados judios, mediante el lanzamiento de una fuerza paracaidista en el paso de Mitla, y era necesario que esa información no llegara de forma inmediata a las Altas Esferas egipcias.

El día en cuestión salieron dos parejas de Mustang de las bases aéreas israelíes, con los pilotos Livne, Amitai, Krassenstein y Zeitlin a los mandos de dichos aparatos. A los aviones se les habían añadido unos artilugios que podían incorporar unos cables largos que actuarían de cizallas cortadoras de hilos telefónicos; los ensayos secretos realizados previamente habían producido diversos resultados. La misión iba a se arriesgada, pero era vital que saliera bien para que el resultado de la campaña fuera favorable para Israel: la victoria dependía de la actuación de cuatro pilotos con aviones de una guerra que había acabado hacía más de 10 años. En cambio, los egipcios contaban en sus filas con cazas Mig-15, lo último en tecnología soviética, aparatos que alcanzaban la velocidad del sonido (más de 1000 km/hora), muy por encima de los 320 km/h que lograban superar los viejos Mutang israelíes, cargados con los cables cortadores.

Los P-51 alcanzaron los objetivos a la hora prevista (los paracaidistas todavía no habían saltado sobre Mitla), pero habían perdido los cables por el camino. Como buenos soldados que eran, y con iniciativa, pensaron que no había que tirar la toalla, e idearon un Plan B sobre la marcha: ¡cortarían los cables con las hélices de sus viejos aparatos! Como no habían ensayado el plan previamente, no conocían como iba a afectar el impacto de los cables sobre sus aviones, lo que era un riesgo muy importante para ellos. Pero no lo dudaron y encararon sus objetivos con decisión. Tras diversas maniobras se lanzaron sobre las instalaciones telefónicas y las desbarataron, dejando incomunicadas a las tropas egipcias del Sinaí las primeras vitales horas, durante las cuales las tropas judías se lanzaban al ataque.

Cierto es que los egipcios se dieron cuenta del corte de sus comunicaciones, y empezaron a usar circuitos alternativos, como la radio, pero a posteriori, cuando las primeras batallas ya se habían producido, con resultado satisfactorio para Israel.

Este ejemplo de buen hacer, sumado al ingenio y la iniciativa de unos pilotos, supusieron un factor importante en la vistoria final. Los P-51 siguieron luchando el resto de la campaña, apoyando con eficacia las operaciones terrestres, aunque su baja velocidad los hacía un fácil blanco para las modernas defensas antiaéreas de los árabes, que se cobraron un alto peaje de 9 Mustangs derribados.
En resumidas cuentas, es evidente que el Estado de Israel le debe mucho a este venerable avión de la Segunda Guerra Mundial.


-Fuente consultada: Héroes, de David Eshel.

jueves, 16 de abril de 2015

Gandhi, los defectos de un gran hombre.

Mahatma Gandhi (1869-1948) no necesita grandes presentaciones, ya que es un personaje de lo más conocido. Icónico y admirado, no sin razón, por todo aquel que cree que los problemas de tipo político se pueden solucionar de una forma distinta, sin usar la violencia.

¿Quien no ha oído el término "huelga de hambre"? Es un método muy radical usado por gente muy desesperada que intenta conseguir algún tipo de reivindicación, que la considera de justicia, en la que el individuo, o un grupo de personas, dejan de alimentarse hasta conseguir un objetivo. Pues bien, fue Gandhi el primero en usar dicho método.

La resistencia pasiva, la no violencia, el manifestarse y aguantar estoicamente la represión policial y militar sin querer responder ante ella... Todo fue empleado por Gandhi, primero en Sudáfrica, que fue su primer campo de batalla, donde quiso conseguir que los emigrantes indios tuvieran los mismos derechos que el resto de la población, y después en la India, su propio país, que se hallaba en manos del gobierno británico.



Gandhi fue el artífice de la independencia india, sin levantar un solo arma, sin incitar a nadie a que lo hiciera. Si vemos las terribles cifras de pérdidas humanas producidas en las guerras de la independencia de países como Argelia o Vietnam (un millón de muertos juntados en ambas guerras), por poner solo dos ejemplos, ante el colonialismo de Francia, no nos queda más remedio que poner en valor las soluciones pacíficas del pequeño y escuálido personaje.

Mohandas Karamchand Gandhi, en realidad se llamaba así, fue encarcelado varias veces. Ante el monopolio impuesto por los británicos en la industria de la sal, un producto fundamental para la conservación de los alimentos, Gandhi inició una marcha de casi 300 km hasta el océano Índico, con multitud de seguidores, que le llevó varios días de camino. Fue un gesto simbólico que incitaba al resto de la población a no consumir algo vendido por los ingleses, y a obtenerlo de forma gratuita en el mar.

Gandhi fue asesinado por un nacionalista indio en 1948. Antes de fallecer pudo cumplir su sueño de ver a su nación libre del dominio de una potencia extranjera. Cuando la independencia se hizo efectiva, las comunidades musulmana e hindú se empezaron a atacar entre ellas, degenerando en una violencia que produjo unas 500.000 víctimas mortales. Profundamente entristecido, Mohandas se declaró en huelga de hambre. Era tan grande su figura, y tal el prestigio que irradiaba en toda la población, que las luchas cesaron.  Aunque merezca todo el respeto y devoción, no sólo del país que le vio nacer, si no del resto de la humanidad, no se pueden pasar por alto sus contradicciones como ser humano que fue:

-Su mujer, Kasturba, murió estando en la cárcel, estando presa junto a Gandhi. Contrajo una enfermedad que derivó en neumonía. Los médicos estaban dispuestos a inyectarle penicilina, medicina que le hubiera salvado la vida. Gandhi se negó a que una aguja profanara el cuerpo sagrado de su esposa.

-En cierta ocasión, se presentaron ante él unas mujeres indias que habían  sido violadas por unos hombres musulmanes. Gandhi les sugirió que se suicidaran para que los violadores sintieran remordimientos y no volvieran a cometer el mismo delito.

-Muy entregado al pueblo, aunque descuidado en el cuidado de sus hijos, Gandhi tuvo que ver como uno de sus vástagos se entregaba a la bebida y a la prostitución. Él siguió entregado a la causa que perseguía.



Fuentes consultadas:
-Potcast de Onda Campus Radio dedicado a Gandhi.
-Documental de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=cxZDoT72oP4
-Wikipedia.



jueves, 9 de abril de 2015

El otro "milagro alemán".

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial Alemania estaba tan devastada militar y económicamente que pareciera que no se iba a recuperar en muchos años. En tan sólo unos 20 años se convirtió en una de las locomotoras en la economía europea, es lo que se conoce como el "milagro alemán".

Un poco antes, en octubre de 1929 se hundieron los índices bursátiles de Nueva York, produciéndose el famoso Crac de la Bolsa, convirtiéndose en el inicio de una de las mayores catástrofes económicas de toda la Historia. La crisis pasó de Estados Unidos, la primera potencia económica de ese momento, al resto del mundo. Al centro de Europa también llegó.

Como es bien sabido, Alemania fue también protagonista del primer conflicto mundial de 1914 a 1918. Aquella guerra acabó liquidando hasta 4 imperios, el ruso, el alemán, el austro-húngaro y el otomano. Alemania, que la empezó siendo una gran potencia militar y económica, acabó vencida y hundida su economía. Las enormes compensaciones que debía pagar a las naciones ganadoras ralentizaron su recuperación. Mientras el crédito llegaba de Estados Unidos y de Inglaterra, la economía alemana se pudo mantener a flote..., hasta que sucedió la catástrofe: la Bolsa norteamericana quebró un famoso Jueves Negro.


Imagen de la Bolsa de Nueva York.


En el país germano dejaron de llegar los dólares del otro lada del Atlántico, y la situación se volvió insoportable. El hambre y el paro sacudieron la nación; se calcula que el paro se elevó en 1933 hasta los seis millones de alemanes, es decir, un 40% de la población activa!

Como se había quedado sin colonias tras la Gran Guerra, Alemania no se pudo apoyar en ellas para afrontar la crisis, como así hicieron los británicos. Tampoco contaba el gobierno con liquidez para emprender grandes intervenciones en la economía, como las efectuadas por el gobierno norteamericano. Para empeorar las cosas, los nazis se auparon al poder.

No es plan de ponerse a defender a un gobierno tan nefasto y asesino como aquel, pero lograron una especie de milagro en la economía alemana ya que vencieron la crisis y redujeron el paro hasta el 0 % en sólo unos pocos de años, hasta 1939, justo antes de que comenzara la siguiente guerra mundial. Entre otras reformas realizadas fue la de devaluar los salarios (no existían sindicatos que opusieran mucha resistencia), hacer muchas obras publicas y generar una economía de tipo armamentístico que adelantaba la atmósfera de la guerra en ciernes, autarquía respecto al exterior, absorción del paro con la inversión estatal...

La pena es que la recuperación económica alemana de los años 30 del siglo pasado no acabara en nada bueno...


Fuente: El Crac de 1929, de Historia 16.