Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

jueves, 23 de julio de 2015

¿Cuál fué el primer ejército de la Historia?

Cuando hablamos de la antigua Mesopotamia parece que todo empezó allí. Y seguramente es así en cierto modo, ya que fue en Sumeria donde surgió la escritura, quedando registrados los datos por primera vez en un soporte más duradero de lo que son la palabra y la tradición oral. Gracias a las tablillas de arcilla, decenas de miles, que han llegado hasta nuestros días podemos saber también donde surgió el primer ejército permanente de la Historia.

En una entrada anterior ya comenté cual fue el primer imperio conocido de la Humanidad. Sargón I de Akkad (h. 2350-2295) fue el primer emperador del llamado imperio acadio. De ascendencia humilde, hay una leyenda que afirma que fue abandonado cuando era bebé en un canasto de mimbre para que se lo llevara el río, como el Moisés de la biblia, donde fue recogido, criado y puesto al servicio del rey de Kish, Ur-Zababa, como copero real, Sargón llegaría a tomar el poder de dicha ciudad-estado tras derrocar a su legítimo monarca.


Puede que esta sea la única imagen de Sargón el Grande.




Mesopotamia no era en esa época un estado unificado, sino un conjunto de ciudades independientes que comerciaban, tenían relación y guerreaban entre sí, de vez en cuando. Cada cierto tiempo, había alguna que se sentía más poderosa y conseguía la hegemonía sobre las demás, hasta que le era arrebatada por otra. Y así fue durante cientos de años; puede recordar, en cierto modo, la historia clásica griega, con atenienses, espartanos o tebanos como protagonistas de la misma.

Lo que diferencia a Sargón de los anteriores reyes sumerios, en este punto hay que decir que el no lo era sino que era semita (pueblo de distinta etnia que estaba al norte de Mesopotamia, mientras que los sumerios estaban al sur de la misma), es que no se conformó con el dominio de la región, sino que continuó la expansión hasta alcanzar las actuales Siria, sur de Turquía, Irán..., tomando ciudades milenarias como Ebla, Mari... De este modo, consiguió el poder sobre unas gentes con otras nacionalidades, religiones e idiomas, unificando políticamente el conglomerado, estableciendo un mismo sistema de pesos y medidas, y estimulando el comercio entre todos los países bajo su dominio. En definitiva, fue un verdadero emperador.

¿Y cuál fue la clave de su éxito? Pues fue posiblemente el contar con un ejército permanente. Hay inscripciones en tablillas que hablan de que Sargón sentaba a su mesa a 5.400 hombres, lo que es interpretado que eran los soldados de los que disponía siempre para afrontar sus empresas militares. Aunque nos pueda parecer que era una cantidad pequeña para establecer un dominio sobre extensiones tan grandes, es posible que pudiera disponer también de soldados de leva adicionales, menos experimentados.


En la estela de Naramsín, nieto de Sargón, y último gran monarca de la dinastía.





Para poder mantener esa fuerza estable, muy costosa, y con hombres provenientes de todos los rincones de su imperio, Sargón estableció campañas militares, coincidentes con la fecha de las recogidas de las cosechas, para que los soldados se pudieran cobrar mediante la ancestral forma del saqueo.



Fuentes:

-Historia Universal. Edad Antigua, de Raquel López Melero y otros.
-Documental de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=G-xYgaNqDXU

viernes, 17 de julio de 2015

La luna de miel de un soldado, Yossi Ben Hanan.

¿Qué harías tú si estuvieras disfrutando de tu luna de miel con tu esposa, a miles de kilómetros en un lugar remoto, y alguien te dijera que un ejército enemigo estaba atacando a tu país? Es probable que se te pasara por la cabeza la idea de que nadie te echaría en falta y que había suficientes hombres para entablar la defensa, mientras que tú te harías un poco el despistado para tardar lo máximo posible en cancelar tu permiso de boda y regresar a tus deberes militares. O a lo mejor, actuarías como el protagonista de esta historia, el teniente coronel Yossi Ben Hannan.

Yossi había entregado el mando de su batallón en la Brigada Barak el 4 de septiembre de 1973 y había decidido que su luna de miel no sería nada convencional. De modo que, en compañía de Naty, su flamante esposa, voló al Himalaya. En vísperas de Yom Kippur (el día más sagrado de la religión judía) viajaron en motocicleta hasta la frontera con China. Al regresar a Katmandú para celebrar Yom Kippur, la recepcionista del hotel le dijo: "Usted es de Israel, ¿verdad? Algo está pasando por sus tierras. Tendría que oír las noticias"...

Yossi Ben Hanan.


A las 1as 14:00 horas del 6 de octubre de 1973 los cañones de los sirios en la frontera norte de Israel, y de los egipcios en la del sur, se pusieron de acuerdo para vomitar toneladas de munición sobre las posiciones de las escasas tropas judías, ya que la mayoría de los hombres y mujeres se encontraban de permiso en sus hogares celebrando su más afamada fiesta religiosa. Poco después, siguió la tormenta, esta vez en forma de decenas de miles de soldados y miles de carros de combate que desbordaron la primera línea de defensa, y se afincaron en la península del Sinaí, los egipcios, y en los Altos del Golán, los sirios. Y es en este escenario geográfico donde continuaré el relato.

Para frenar los casi 1400 carros de combate sirios, los israelíes solo contaban con apenas 180, encuadrados en dos brigadas, la 7ª que defendía el norte del Golán, y la Barak, al sur. La desventaja era atroz y solo era cuestión de tiempo de que los blindados judíos fueran desbordados por aquella infernal marea de acero, antes de que llegaran los refuerzos, cuestión que sería un tanto peliaguda ya que Israel es un país pequeño y estrecho, y que puede fácilmente ser partido en dos. No hace falta mucha imaginación para adivinar la lucha épica que estaba a punto de desarrollarse.

Los pocos carros judíos pronto se vieron envueltos en una lucha a ultranza y a quemarropa, cediendo terreno mientras que los sirios avanzaban inexorablemente. Los combates se prolongaron durante la noche del día 6, sin que nadie echara una mano a las agobiadas, y cada vez más mermadas dotaciones de carros. Para más inri, los árabes contaban con visores nocturnos en sus tanques para combatir en la oscuridad, ventaja con la que no contaban los de Israel.


Restos de la batalla en los Altos del Golán.


Al día siguiente, el frente sur del Golán estaba a punto de colapsar, y los sirios estaban a escasos 8 km de la frontera, cuando aparecieron los primeros refuerzos que salvaron por muy poco la batalla, aunque las cosas no eran tan halagüeñas para los defensores del norte, los carros de la 7º brigada blindada, que tuvieron que seguir luchando sin dormir para intentar frenar a los árabes que no cejaban en su empeño. En un lugar, que más tarde sería conocido como el Valle de las Lágrimas, 105 carros judíos tuvieron que enfrentarse a más de 500 sirios, durante 4 días y 3 noches.

Cuando amaneció el día 9, sólo quedaban siete carros y casi sin munición, mientras que el jefe de la 7ª brigada pedía de forma desesperada a sus hombres que resistieran, pero estaban ya al límite de sus fuerzas, y los sirios estaban lanzando un ataque que se adivinaba que sería el definitivo..., pero de repente aparecieron refuerzos, escasos, tan sólo 13 carros, pero suficientes para poder frenar la acometida del enemigo, que empezó a abandonar el lugar, ya cansado del intento de romper un frente que les parecía ya imposible. Despedazados y llameantes, se quedaron los restos de 260 blindados sirios. Gracias a esos refuerzos que llegaron a última hora, los israelíes pudieron salvar una jornada que se antojaba muy difícil, en uno de los combates más épicos que se han dado tras la Segunda Guerra Mundial, y fue gracias, entre muchos otros, a Yossi Ben Hanan, que apenas cuatro días antes se encontraba disfrutando de su luna de miel en Nepal.

Yossi y su esposa, tras recibir la desagradable noticia del ataque sorpresa el día del Yom Kippur, en una carrera contra reloj y utilizando todos los subterfugios posibles, consiguieron coger un avión para regresar a Israel a través de Teherán y Atenas. Desde la capital griega Yossi llamó a su familia para le llevasen el uniforme y el equipo al aeropuerto. Mientras se dirigía velozmente hacia el Golán poco podía imaginar que le darían el mando de lo que quedaba de su antigua brigada. Lo que se encontró fue un puñado de carros reparados a toda prisa, unos hombres con barba de varios días, muertos de sueño de no dormir, algunos quemados y la mayoría ennegrecidos por el humo y las llamas. Era una visión conmovedora y tranquilizadora a la vez. Y con esas escasas fuerzas se dirigió Yossi con sus hombres para salvar a Israel en una de sus batallas más difíciles, mientras Naty se preguntaba con desasosiego si vería regresar con vida al hombre con quién había decidido pasar el resto de su vida.

Por fortuna para ella, si pudo abrazarlo al terminar la guerra, aunque  no tendrían tanta suerte los 2500 soldados judíos que cayeron en el campo de batalla, o los miles de soldados árabes que tan valientemente dejaron sus vidas.


Fuente: La Guerra del Yom Kippur, de Chaim Herzog.





sábado, 4 de julio de 2015

¿Dónde se encuentra el barco más antiguo de España?

En el año 1988 se produjo un gran descubrimiento arqueológico a tan sólo 50 metros de la costa española. En la playa de la Isla, en el puerto de Mazarrón (Murcia), se hallaron los restos de un navío antiguo: la quilla, restos de cuadernas, miles de restos cerámicos fenicios, un escarabeo de plata... Los análisis de carbono-14 hechos en laboratorio confirmaban que la embarcación podían pertenecer al siglo VII a. C., la época en que los fenicios comerciaban por todo el Mediterráneo, incluso en las costas de la Península Ibérica, donde tenían algunas colonias o factorías.

Poco después, en 1994, a escasos metros de donde se produjera el hallazgo anterior, apareció un nuevo barco, con un excelente grado de conservación:





Con 8,15 metros de eslora (el largo), y 2,20 de manga (el ancho), se hundió en el siglo VII a.C., como el barco anterior, con una carga de 2800 kg de litargirio en lingotes, mineral que resulta del proceso de la fabricación de la valiosa plata. Muy cerca del lugar, los arqueólogos hallaron el ancla de la nave, fabricada en madera y hierro, que presume de ser la más antigua del mundo:




El barco sigue en el fondo del mar a la espera de que algún día sea rescatado y llevado al Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena, donde se encuentran todos los hallazgos en relación con los pecios descritos, además de los restos del primer barco. Mientras, los especialistas lo llevan protegiendo para que pueda resistir mientras tanto.

La carga de litargirio del buque denominado Mazarrón II, según los análisis científicos realizados al efecto, procedía de las minas de la zona Mazarrón-Cartagena, por lo que se deduce que el punto de partida sería la misma Mazarrón. El punto final solo se puede especular, pudiendo ser cualquier zona del ámbito comercial fenicio como Ibiza, La Fonteta, o algún punto de la costa andaluza. Lo que parece cierto es que las pequeñas dimensiones del navío, y las escasas provisiones que pudieran llevar, según se deduce de las interpretaciones posteriores de los hallazgos arqueológico-navales, permiten deducir que el viaje previsto no le hubiera permitido llegar a un sitio mucho más alejado.

Aunque no se ha podido recuperar algún tipo de vela, o el resto de algún remo, se piensa que contaría con ambos sistemas de propulsión. Aunque algunos expertos piensan que el barco es fenicio, hay otros que opinan que fue fabricado por los peninsulares de la época, los íberos en cualquier caso, que conocían las técnicas de fabricación de los primeros.

Parece ser que son los barcos hallados en un pecio más antiguos del mundo, aunque no sean los navíos más antiguos rescatados del mundo antiguo. Por ejemplo, a los pies de la famosa pirámide de Keops, se encontró en 1954 un barco funerario que pertenecería al famoso faraón. Su antigüedad se remonta al 2500 a.C., es decir, le supera en casi 2000 años de existencia a los barcos de Mazarrón:


 


Fuentes:


-www.um.es/cepoat/estudiosorientales/.../Estudios_Orientales_n5_32.pdf

-www.mecd.gob.es/fragatamercedes/.../mazarron/Barco-Mazarron-2.pdf

martes, 30 de junio de 2015

El día que un ataque fue anunciado por la radio (Malvinas).

Una de las anécdotas de guerra más curiosas de las que tengo conocimiento, tuvo lugar durante la Guerra de las Malvinas (1982), o de las Falklands, como las llaman los ingleses. Fue justo antes de que comenzara una de las batallas más cruentas de todo el conflicto, y que hizo que el teniente coronel inglés Herbert Jones estallara en cólera, y que amenazara con denunciar a la mismísima primera ministra Margaret Thatcher. La anécdota en sí sucedió el día 27 de mayo.


El teniente coronel paracaidista Herbert Jones.


Un mes antes, el 2 de abril, el mundo se levantó con la noticia de que el ejército argentino había invadido las islas Malvinas, largamente reclamadas y añoradas por los habitantes de Argentina. Los escasos 70 soldados allí acantonados no pudieron hacer mucho para evitarlo y se tuvieron que rendir. Los británicos no iban a permitir tamaña humillación, y constituyeron una poderosa flota con más de cien barcos y miles de infantes para intentar recuperar su prestigio y un trozo de terreno que apenas sabían donde estaba.

El día 21 de mayo, los británicos empezaron a desembarcar en la bahía de San Carlos (isla Soledad). Entre las tropas que pusieron pie a tierra se encontraba el 2º batallón paracaidista, uno de los protagonistas de esta historia, con el bravo teniente coronel Herbert Jones al mando. Después de varios días de consolidación de la cabeza de playa, y de soportar los furiosos y valientes ataques de la aviación argentina, el alto mando le encomendó a Jones la importante tarea de avanzar al sur y afrontar un ataque a una importante posición enemiga, de unos 500 soldados según un informe elaborados por las fuerzas especiales sobre el terreno, de los afamados SAS, llamada Darwin-Goose Green (Pradera del Ganso).

Los británicos contaban con apoyo aéreo y artillero, además de unos 500 soldados de élite muy bien entrenados y recién desembarcados, mientras que los argentinos, que en realidad eran casi el doble, eran, en su mayoría, soldados de reemplazo, que llevaban más de un mes soportando un frío desgarrador y todo tipo de penurias, incluyendo hambre y desnutrición, aunque un alto grado de moral, ya que luchaban por lo que creían que era suyo. Además, tenían ametralladoras, morteros y cañones que les respaldaban.


Soldados argentinos.


Cual sería la sorpresa de los ingleses, que estaban apunto de atacar la posición, cuando encendieron el aparato de radio, sintonizaron el programa World Service de la famosa BBC (radio británica), y escucharon al locutor que orgullosamente decía "...un batallón de paracaidistas está preparado para asaltar Darwin y Goose Green". El teniente coronel Jones no daba crédito a lo que escuchaba, ¡la radio de su propio país estaba diciendo a todo el mundo, y lo que es peor, estaba advirtiendo a los argentinos, de un ataque que se había planeado en el máximo secreto para poder tener más éxito en el mismo! Viéndose, así, traicionado el oficial británico empezó a exclamar, lleno de rabia: -¡Denunciaré a John Nott! (Secretario de Estado para la Defensa), ¡denunciaré a Margaret Thatcher! (Primera Ministro). Su segundo al mando, el comandante Chris Keeble, le aconsejó posponer al ataque, cosa que no sucedió.

Lo siguiente que pasó fue una batalla cruel entre hombres que lucharon por una bandera. Docenas de ingleses y argentinos murieron, entre ellos el teniente coronel Jones, a la cabeza de un ataque, al frente de sus soldados. De una forma tan valiente, el oficial de 42 años perdió la vida, al igual que soldados y oficiales de ambas naciones, que dieron lo mejor de sí mismos por su patria, por su gente...

El teniente coronel Herbert Jones recibió la más alta condecoración que un militar británico puede recibir, la Cruz Victoria, una de las dos que hubo en toda la campaña. La otra la recibió otro paracaidista, el sargento Ian McKay, muerto, igualmente, lanzando un asalto a pecho descubierto en el Monte Longdon, al frente de sus hombres.

¿Cómo se enteraron los de la BBC del ataque en ciernes? ¿Quién tuvo la culpa de que se filtrara la noticia, que casi arruina la operación y que pudo influir en el aumento de muertos por parte de los británicos? ¿Se enteraron los argentinos del mensaje radiofónico?

Pues si, tanto el general argentino Menéndez, al frente de las fuerzas terrestres, como el oficial al mando en Goose Green, el teniente coronel Piaggi, fueron informados del ataque que anunciaba la BBC, pero ninguno pensó que los británicos fueran capaces de tamaña estupidez; al contrario, pensaron que era un farol, y que lo que querían era desviar la atención en otras posibles operaciones que se iban a dirigir a otros puntos de las islas, por lo que no se reforzaron las defensas de Pradera del Ganso.

La filtración fue rastreada posteriormente hasta el 10 de Downing Street, residencia de la primera ministra, donde la ansiedad por retrasmitir noticias sobre el avance británico había primado sobre la seguridad de sus propios soldados. Es decir, cuando los políticos les dieron la información a los servicios informativos, les importó una higa la vida de esos hombres que se jugaban la vida en aquellas remotas y heladas islas, y que habían sido ordenados ir por aquellos que cómodamente seguían el conflicto desde la comodidad y la calidez de sus hogares.


Margaret Thatcher en la puerta del 10 de Downing Street.


La BBC tampoco se comportó de manera muy ética, e hizo caso omiso de las reglas fundamentales relativas a la difusión de información en tiempo de guerra, principalmente aquella que dice que la información que puede ser de utilidad al enemigo o que puede poner en peligro a las tropas propias no debe ser revelada hasta que la situación no haya sido resuelta.



Fuentes:

-Cueste lo que cueste, de Bryan Perrett
-The Falklands War 1982, de Duncan Anderson.




jueves, 25 de junio de 2015

La mala suerte del hermano del "Barón Rojo".

Los soldados que van a luchar en el frente, normalmente, sólo aspiran a seguir vivos cuando ha acabado la lucha, y poder volver a sus hogares. Solo hay algunos que consiguen ser héroes, pero hay unos pocos, muy pocos, que llegan a ser una leyenda. Ese fue el caso de Manfred von Richthofen, mejor conocido por su apodo, el Barón Rojo, llamado así por pilotar un avión de color rojo, comandando una escuadrilla, con cada avión pintado de un llamativo color también, durante la I Guerra Mundial (1914-1918).

Manfred fue el mejor piloto de combate de la contienda, derribando 80 aparatos enemigos, todo un récord sin duda, y cayó, para mayor gloria, un poco antes de que los fuegos de la guerra se apagaran..., pero no voy a hablar de él, sino de alguien que lo conoció muy bien, su hermano Lothar von Richthofen.

Dos años más joven que el afamado héroe, Lothar (1894-1922) comenzó siendo oficial de caballería, en una guerra en la que los jinetes no valían nada ante las ametralladoras, cañones y tanques. Y es que empezaba una nueva época, en la que los caballeros no cabalgaban en hermosos corceles, si no que volaban en toscos aeroplanos. Y así, el joven alemán fue transferido al servicio aéreo del ejército de su país en 1915, en concreto al llamado Jasta 11, que estaba comandado por su hermano. Éste fue el mentor de Lothar, repitiendo las enseñanzas que le trasmitiera a su vez el as de la aviación Boelcke. Cuando el Barón Rojo estaba de permiso, era Lothar el que le sustituía en la jefatura de la escuadrilla, y es que no tardó en demostrar su talento: en el mismo mes en el que ingresó como piloto de combate, marzo de 1917, obtuvo su primera victoria. En el mes siguiente logró 15 más, fue el llamado "abril sangriento".


Lothar von Ritchtofen.


Lothar, además de haber sido enseñado bien por su hermano, se había curtido como observador aéreo, siendo ambos factores fundamentales para obtener la destreza que le permitió ser uno de los mejores ases de toda la guerra. Es cierto que su increíble marca de 40 victorias palidece frente al doble que lograra su amado hermano antes de ser abatido, pero es que hay que tener en cuenta que Lothar von Richthofen fue derribado tres veces en combate, estando muchos meses convaleciente en algún hospital sin poder prestar servicio en el frente. Hay algunos que piensan que fue más eficiente, incluso, que su propio hermano Manfred.

Hay gente que cree en las supersticiones, y otros muchos que no. Yo no sé si Lothar lo era, puede ser que sí, ya que las tres veces que cayó derribado fue un día 13, sin duda un número maldito para los que son supersticiosos. De este modo, el día 13 de mayo de 1917 fue alcanzado por fuego antiaéreo después de su vigésima cuarta victoria. El día siguiente recibió la Orden Pour le Mérite. Apenas seis días antes había derribado al as británico Albert Ball, que posiblemente murió a causa de un accidente más bien.

Después de cinco meses en el hospital, Lothar regresó a los mandos de un avión. El día 13 de febrero de 1918 su avión se estrelló sufriendo graves heridas en la mandíbula y en la cara. Durante el periodo que estuvo convaleciente, unos cuatro meses, tuvo lugar el derribo y muerte del Barón Rojo en combate, para muchos una leyenda, lo que supuso una tragedia que le afectó enormemente.

Herido tras el accidente del día 13 de marzo de 1918. Con un hierro retenedor para su mandíbula rota. Tiene, también, la nariz rota, y la herida de su ojo derecho le seguiría causando problemas al regreso a la acción el verano siguiente.




Lothar regresó una vez más a un frente de batalla que daba ya sus últimos coletazos. Tuvo que seguir combatiendo y logrando más victorias para engrandecer los laureles de su amado país. Fue en este periodo cuando trabó amistad con otro gran piloto, Löwenhardt, con el que colaboró en varias misiones, encontrando una gran afinidad con él y una confianza que no había tenido desde que perdiera a su hermano. El día 13 de agosto, Lothar se levantó con una extraña sensación:

Aquella mañana, cuando me levanté, en seguida me di cuenta de que estábamos a día 13, "tu día de la mala suerte, el día en el que te han herido ya dos veces". No hay que ser supersticioso. Volaré sólo para ahuyentar mis temores. Si hubiera sido otro día, quizá no hubiera despegado, porque debía ocuparme de tres viajes urgentes por carretera. Pero no; hoy debía romper el maleficio del día 13.

Pero el maleficio no se rompió y una bala le alcanzó en la pierna derecha cuando se enfrentaba a una patrulla de aviones norteamericanos. Su avión Fokker cayó varios cientos de metros, mientras que él luchaba para recuperar el control del aparato y la conciencia. Debilitado por la hemorragia, pudo aterrizar como buenamente pudo en el castigado campo de batalla del Somme. La guerra había acabado para Lothar von Richthofen.

Tras el conflicto, contrajo matrimonio con la condesa Doris von Keyserling. La pareja tuvo una hija, pero terminaron divorciándose. Lothar se unió a la Deutsche Luft Reederi como piloto comercial, pero el 4 de julio de 1922 el motor de su aeroplano sufrió un fallo y se estrelló, falleciendo en el accidente. A lo mejor, el 13 no era su número de la mala suerte, a fin de cuentas.


Fuente: El grupo de combate del Barón Rojo, de Greg VanWyngarden.

sábado, 13 de junio de 2015

Fernández de Córdoba, el ataque de un general solo contra un ejército.

Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), el Gran Capitán, ha sido uno de los más grandes generales de todos los tiempos. Fue tal su contribución al arte de la guerra, que esta ya nunca sería igual en los campos de batalla de Europa. Su obra maestra fue la batalla de Cerignola (1503), durante la segunda guerra de Nápoles contra los franceses, donde situó a una infantería armada con arcabuces en primera línea del ejército español, para hacer frente a la temible carga de la caballería acorazada francesa. Nunca nadie había optado a una maniobra tan innovadora: fusileros atrincherados contra jinetes con veloces caballos a la carga, lanza en ristre.

El éxito del Gran Capitán fue de tal magnitud que las cifras de bajas nos dan una idea de lo que pasó en aquella memorable jornada para las armas españolas, que tuvieron apenas 100 hombres entre muertos y heridos, frente a las casi 4000 víctimas mortales entre los soldados galos, contando la flor y nata de la caballería. Anteriormente, durante la guerra de los Cien Años, la caballería francesa había obtenido, también, sonados fracasos, pero ante un arma plenamente medieval, los arcos largos de los ingleses (en batallas como la de Crécy, en 1346, por ejemplo).

A pesar de todo lo dicho, nunca veréis la batalla de Cerignola en ninguno de los diversos libros que se publican del tipo grandes batallas de la Historia, o similares. Pero lo cierto es que España, vamos a llamarla así, fue un gran imperio durante los siglos XVI y XVII, al menos, tanto de ámbito colonial como en el marco continental, uno de los más grandes que haya existido nunca, y como es lo normal en estos casos, tuvo grandes generales y unas tropas excelentes, sin duda dos herramientas fundamentales para que el poder de una nación pueda sobresalir frente a las demás que conforman su ámbito de actuación.

El Gran Capitán.


Así pues, el Gran Capitán fue uno de esos grandes generales que ayudaron a acrecentar la gloria de la Monarquía Hispánica. Pero además, tuvo un descendiente directo, también llamado Gonzalo Fernández de Córdoba (1585-1635), que fue un grandísimo jefe militar, aunque bastante desconocido por desgracia (no voy a ahondar más en la falta de conocimiento de los españoles de su propia historia y de la de sus héroes del pasado). Pues bien, el post de hoy tratará de una anécdota de lo más inverosímil que le ocurrió al general español durante una de las batallas de la llamada guerra de los Treinta Años (1618-1648).

El 6 de mayo de 1622 se produjo uno de tantos enfrentamientos entre los ejércitos español e imperial de un lado, defendiendo la causa católica, como no, y otro protestante, al mando de Federico de Baden-Durlach, en la localidad palatina de Wimpfen. Al mando de los españoles estaba Fernández de Córdoba, y al de los imperiales aliados se encontraba el general Tilly. Sin entretenerme mucho en el desarrollo de la batalla, hubo un momento en el que el general español se puso al mando de una unidad de caballería para atacar al enemigo. Cuando digo que se puso al frente, es que se puso literalmente a la cabeza de sus tropas, algo inverosímil en los tiempos actuales.

Cuando Fernández de Córdoba empezó a atacar sus jinetes le siguieron sin rechistar, como es debido, pero entendieron mal sus órdenes y en vez de acompañarlo en todo su recorrido, empezaron a girar hacia las filas de los españoles disparando sus armas de fuego, haciendo una maniobra que se denomina caracola; dicha acción consiste en eso mismo, en un movimiento curvo cuyo objetivo es acercarse al enemigo, disparar y alejarse del mismo para volver a atacar después. Pues así se hizo, y el resultado de ello fue que el general, en un momento dado, se encontró completamente solo asaltando a todo el ejército protestante...

Este cuadro lo podéis contemplar en el Museo del Prado de Madrid. La "victoria de Fleurus" de Vincenzo Carducci, batalla que venció Gonzalo Fernández de Córdoba a los protestantes.


Los soldados no saldrían de su asombro al ver al valeroso jefe militar atacándoles, sin nada más que un sable y su caballo, cuando ellos eras miles de hombres. Cuando Gonzalo se dio la vuelta para ver si sus soldados le seguían, ya era demasiado tarde y tuvo que rendirse al enemigo. Aunque el despropósito no acabó allí mismo, ya que los protestantes iniciaron un ataque, ¡estando el general español entre sus propias filas!, en lugar de haberlo llevado a buen resguardo a la retaguardia de su ejército.

Cuando las fuerzas llegaron a las filas españolas dispuestas a atacar, en concreto al Tercio Viejo de Nápoles, cuyo jefe era el mismísimo Fernández de Córdoba, éste les gritó y les dijo su nombre, siendo reconocido de inmediato por sus hombres que lo acogieron sin mayores contratiempos, logrando de esta manera escapar el general español de sus captores.

Si queréis saber más sobre esta interesante batalla podéis visitar el magnífico blog, del que he sacado la mayor parte de la información, de Historia militar:

www.gehm.es/edad-moderna/tercios-de-espana-la-batalla-de-wimpfen-i

lunes, 8 de junio de 2015

Nerón, corrupción en la antigua Roma.

Nerón (54-68) ha sido uno de los emperadores romanos más famoso de todos los tiempos, y no por sus bondades precisamente. Dejando aparte su larga lista de asesinatos, hoy centraré la entrada en su política económica, no menos truculenta, que se puede resumir en como arruinar un Estado, con derroches innecesarios, que había heredado con unas arcas bastante saneadas. Y como guinda al pastel, se puede añadir las trampas corruptas que empleó en su tiempo, y que gracias a las investigaciones modernas hemos podido conocer en la actualidad... Pero vayamos poco a poco.

El gran actor Peter Ustinov en su inolvidable interpretación de Nerón, en la película Qvo Vadis? 


Como he dicho en el párrafo anterior, la administración del Imperio funcionaba con regularidad cuando Nerón accedió al trono; la ausencia de guerras ayudaba a ello. Incluso se llegó a plantear la posibilidad de eliminar los impuestos indirectos. Se puede decir incluso que los primeros años del reinado no fueron malos del todo. Pero la cosa cambió cuando Nerón en los años en que Nerón empezó a construir su domus aurea, un palacio cuyos lujos fueron descritos por el historiador Suetonio:

...en su vestíbulo se erigió una estatua colosal de Nerón de 120 pies de altura; la morada era tan amplia que contenía pórticos de 1000 pasos de largo con tres pares de columnas, un estanque de agua semejante a un mar, rodeado de casas como si fueran villas y, además una extensión de campo donde se veían a la vez cultivos, viñedos, pastizales y bosques en los que había gran cantidad de animales domésticos y salvajes de toda especie; en el resto del edificio, todo estaba recubierto de dorados, incrustaciones de piedras preciosas y conchas con perlas; el techo de los comedores estaba hecho con tablillas de marfil con perforaciones para poder difundir desde lo alto sobre los comensales flores o perfumes...

La construcción de esta costosa obra no fue el único derroche en un estado en el que había muchas decenas de miles de personas que vivían en la pobreza:

-Obras monumentales: el proyecto de hacer una piscina desde Miseno al lago Averno, el de la perforación de un canal desde el Averno a Ostia, la remodelación del trazado de la capital del Imperio, tras el célebre incendio de Roma del año 64...

-La celebración de numerosos juegos y espectáculos.

-En el año 66, se procedió en Roma a la entronización de Tiridates como rey de Armenia; se gastaron 800.000 sestercios diarios de los fondos públicos.

Denario de plata.


El resultado de todo ello fue, como no, que las arcas del Estado se vaciaron. Para afrontar tan negro panorama financiero, Nerón acudió a diversos métodos legales, aunque no muy populares: algunos impuestos indirectos se incrementaron, se acudió al uso de la ley de majestad para proceder a la confiscación de los bienes de los condenados, reformas monetarias..., y a alguno que es del todo ilegal...

El denario era una moneda de plata maciza con la que se pagaba a los soldados y funcionarios. Hasta el reinado de Nerón así se funcionaba. Pero ante la alarmante falta de liquidez, el monarca ideó una manera de restarle el metal precioso a la moneda, sustituyéndolo por cobre, de mucho menos valor, y sin que nadie se enterara de la estafa. De esa manera, se podían acuñar un número mayor de monedas. Aunque fuera un monarca absoluto, lo más probables es que si el Pueblo se enterara de la enorme estafa, se alzaría, junto a los soldados del ejército, en rebelión contra la cabeza del Estado, y acabara con él.

Gracias a las investigaciones del profesor Mattew Ponting, en los denarios de la época, y usando un espectómetro de absorción atómica, se ha podido descubrir que las monedas acuñadas por Nerón contenían solo un 80 % de plata, siendo el resto de cobre. El engaño se pudo llevar a cabo y no se tiene constancia de que nadie se enterara de la turbia artimaña de Nerón, que acabaría su vida suicidándose cuando se vio acosado por el Senado que concluyó que había que apartar del trono a tan siniestro personaje.


Fuentes:
-Historia Universal. Roma, de Julio Mangas.
-El siguiente documental (los malos de la Historia: Nerón):



miércoles, 27 de mayo de 2015

Inventos españoles para ir a la guerra (y uno que no lo es).

La historia de España ha estado siempre plagada de guerras. Además de momentos de grandeza militar, y otros de sonados fracasos, los españoles también aprendimos a inventar armas con las que combatir al enemigo. La siguiente lista de ingenios intenta demostrar el genio de unos antepasados míos que, además de valientes en el campo de batalla, sabían poner su inteligencia para crear unos infernales artilugios que podían ayudar a vencer en el campo de batalla.

-El autogiro fue invención del ingeniero Juan de la Cierva, que en 1923 lo hizo volar por primera vez en el aeródromo de Getafe (Madrid). Ese aparato es el precursor del actual helicóptero, indispensable en numerosas tareas bélicas como transporte de tropas y material, de apoyo terrestre, traslado de heridos...

Autogiro de Juan de la Cierva.
 

-En 1888 se botó el submarino inventado por Isaac Peral. Era una nave magnífica, con dos motores eléctricos, con tubo lanzatorpedos, periscopio... y encima funcionaba bien. Por ciertos intereses oscuros el invento sería desechado por la Marina española.

-Apenas un año antes, en 1887, el astillero inglés James and George Thompson sacó adelante un diseño del teniente de navío español Fernando Villaamil. Era un barco capaz de navegar grandes distancias en mar abierto, y cuya función era defender a las grandes unidades de las distintas flotas de los pequeños, peligrosos y maniobreros torpederos. Fue bautizado como Destructor. Desde entonces hasta la actualidad, el destructor es considerado como un tipo de barco fundamental en cualquier marina del mundo, con misiones tan importantes como la de servir de escolta a grandes buques como son los portaaviones.

Fernando Villaamil murió de manera heroica luchando en la batalla de Santiago de Cuba (3 de julio de 1898), como otros tantos héroes olvidados españoles. A bordo del destructor Furor, el tipo de barco que él mismo diseñó, se hundió con el resto de la flota hispana y más de 300 marinos españoles.

-El Cóctel Molotov recibió este nombre en "honor" de Viacheslav Molotov, alto cargo de la Rusia comunista, cuando se produjo la guerra ruso-finesa de 1939. Es un arma casera fácil de fabricar, que consta de distintas sustancias inflamables, como la gasolina, introducidas en una botella de vidrio, con una mecha en la que un simple trapo de tela puede servir de mecha. Poco antes, en la guerra civil española (1936-1939), los republicanos la usaron en su lucha contra el bando nacional. 

-El arcabuz fue una de las primeras armas de fuego fabricadas para que los soldados de infantería de los siglos XV y XVI pudieran luchar mejor contra las últimas cargas de caballería acorazada que se iban a producir en las postrimerías de la Edad Media e inicios de la Edad Moderna. Fue el arma de los afamados tercios españoles, los dueños del campo de batalla europeos en casi dos siglos. Fue un arma fundamental en las victorias del Gran Capitán en Italia, o de los conquistadores de América, por poner solo dos ejemplos. Aunque no se sepa su origen cierto, pudo ser también un arma inventada en la Península Ibérica.

-En la Edad Media, para poder tomar un castillo enemigo, algo realmente difícil, solo había dos maneras fundamentales, o rendirlo por hambre, tras un largo asedio, o tomarlo al asalto, algo realmente costoso en vidas humanas. Si se tomaba esta última opción, había una método que podía ayudar bastante: hacer un largo túnel subterráneo que llegara hasta los cimientos, hacerlos arder y provocar con ello la caída de un lienzo de la muralla, algo que hacía abrir una brecha vital por la que poder introducir una fuerza de infantería en el interior de la fortaleza.

Con la llegada de la pólvora a Europa se cambió la forma de hacerlo: la construcción del túnel se seguía produciendo, pero en vez de hacer una hoguera debajo de los muros, se fabricó una mina terrestre que los hacía explotar, algo sin duda más efectivo. La primera vez que se produjo este hecho fue en el asedio de Málaga (1487), por parte del ejército de los Reyes Católicos, en su lucha contra las últimas fuerzas musulmanas que permanecían en la Península Ibérica.


Galeón.


-El galeón fue el barco español típico de la edad imperial. Un barco a vela, con cañones a bordo para enfrentarse a los navíos enemigos, y con suficiente capacidad para llevar mercancías de un continente a otro. Con este tipo de barco los españoles navegaron por todos los mares del mundo.

-La falcata fue el arma típica de los íberos en la Hispania prerromana. Aníbal, que dispuso de mercenarios peninsulares para luchar en sus campañas italianas, dispuso de bravos guerreros con falcatas. Era una especie de sable, ideal para un jinete que luchaba contra los soldados de a pie. Pero los íberos (ancestros de los actuales españoles) no la inventaron. Parece ser que sus orígenes se encuentran entre las poblaciones antiguas de la región de Illiria (actual Croacia), de donde se expandió a Grecia, sur de Italia y la Península Ibérica.

Entre el ajuar de la Dama de Baza se encuentra una falcata íbera. La hermosa escultura se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid.



Fuentes:

-Histocast.
-Wikipedia.
-Batallas decisivas, de J.F.C. Fuller.
-Breve Historia de los Íberos, de Jesús Bermejo Tirado.





sábado, 9 de mayo de 2015

¿Existió Ben Hur? ¿Y Mesala?

Los actores Charlton Heston y Stephen Boyd protagonizaron en 1959 el conocido film Ben Hur, repetido de manera incansable por la televisión, sobre todo en fechas tan cristianas como la Semana Santa y la Navidad. No puedo disimular mi admiración por la historia que narra, que es una versión adaptada de la novela del escritor norteamericano Lewis Wallace, y publicada en 1880. Wallace es más conocido por haber escrito este libro, que por su carrera de militar, que le llevó a ser general del Ejército de la Unión durante la Guerra Civil Norteamericana; no es mala cosa ser famoso por haber usado la pluma, cuando también se ha usado la espada.

Escena de la película, con Charlton Heston  (Ben Hur) y Stephen Boyd (Mesala) cuando eran todavía amigos.



Una película de 1925, en blanco y negro, ya había adaptado la novela del escritor norteamericano previamente. La historia puede resumirse como el enfrentamiento del judío Ben Hur con el general romano Mesala, amigos de juventud, y encarnizados enemigos tras la venganza producida por este último sobre la familia del anterior, tras la negativa a ayudarle a ocupar Palestina a la causa imperial romana; el fondo de la cuestión es que el odio (el del protagonista) le ayudó a sobrevivir, pero no a vencer a su enemigo, lo que conseguiría, a la postre el amor y el perdón. En definitiva, es una historia muy cristiana.

Ben Hur no es una novela histórica al uso, sino que es una historia que aprovecha un periodo histórico pasado en concreto, la época de Jesucristo, que aparece, por cierto, en la película varias veces y que marca los tiempos de la trama principal (le da agua al protagonista cuando más desesperado estaba, que es testigo, además, de su crucifixión), y que describe un relato de lo más original. Por lo tanto, se puede afirmar que el personaje de Ben Hur no está basado en un modelo real.

¿Y que podemos decir del malvado Mesala?

En el año 2012 se produjo en un la isla de Elba, bastante conocida por Napoleón por haber estado allí durante meses de "vacaciones forzosas" antes de volver a su amada Francia para acabar su obra de guerra y muerte, un hallazgo arqueológico sorprendente: se excavó la mansión de un rico romano que había vivido antes del siglo I d.C., fecha en la que la casa se incendió. La conocida como Villa le Grotte, albergaba un conjunto de esculturas que representaba el mito griego de Níobe, que aparecía en la Metamorfosis de Ovidio. Esto no es baladí, como aclararé un poco después.

Restos de la Villa de Mesala.


Gracias a las inscripciones impresas en unas tinajas de vino, que habían sido halladas en las excavaciones arqueológicas, los investigadores pueden afirmar que la mansión pertenecía a Marco Valerio Mesala Corvino (64 a.C.-8 d.C.). Como Wallace, el escritor de Ben Hur, Mesala fue general y escritor, además de político. Unas veces luchando con los republicanos, y otras siendo amigo del que llegaría a ser el emperador Octavio Augusto, Mesala escaló distintos puestos y llegó a sobrevivir, que no es poco, en un periodo tan convulso de la Historia de Roma, lleno de intrigas y de guerras civiles, que llevaron a la República a convertirse en el Imperio más longevo de la Historia de la Humanidad.

Durante la batalla de Filipos (42 a.C.) estuvo con los republicanos. Después se unió a Marco Antonio, pero al darse cuenta de que Cleopatra le llevaba a la ruina, se pasó al bando de Augusto. En la batalla de Actium, mandaba el centro de la flota, donde se distinguió por su habilidad. Tras la guerra, fue prefecto en Asia Menor, en Roma también; la República ya había dejado de existir, eran los tiempos del Imperio. Parece que se retiró de la vida pública hastiado de la política.

En el plano cultural, restauró algún camino, se construyeron hermosos edificios gracias a su iniciativa, fue amigo de escritores como Ovidio (es momento de recordar lo que dije anteriormente de las estatuas que se habían hallado en su mansión, ya que según algunos eruditos modernos afirman que Ovidio fue el que incitaría a su amigo a decorar su jardín con las esculturas de Níobe), y se rodeó de otros literatos, en lo que es conocido como el "Círculo de Mesala". Así mismo, fue autor de varias obras, aunque la mayoría se hallan perdidas en la actualidad.


Esta parte de la  escultura llamada "Apoteosis de Claudio", es muy probable que hubiera pertenecido al ara funeraria de Mesala. La podéis ver en el Museo del Prado de Madrid. Una razón más para visitar esta gran ciudad de España.


Aunque tuvo una vida bastante plena en lo profesional, no he encontrado nada que lo relacione con el personaje de la novela, si exceptuamos el nombre... Ni siquiera estuvo destinado en Palestina luchando contra la insurgencia de los judíos, aunque si estuvo cerca, en Siria, pero fue combatiendo contra los restos del ejército de Marco Antonio. Cuando Mesala murió (hacia el año 8 d.C.), Jesucristo era apenas un niño. Aún así espero que os haya gustado el post, ya que considero que la historia era interesante de contar.