Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

viernes, 12 de febrero de 2016

¿Existió Mambrú?

Hay un famosa canción infantil que comienza de esta manera:

Mambrú se fue a la guerra,
qué dolor, qué dolor, que pena,
Mambrú se fue a la guerra,
no se cuando vendrá...

El tiempo pasa y Mambrú sigue sin venir, ni para la Pascua ni para la Trinidad. Finalmente un paje anuncia:

Que Manbrú ya se ha muerto,
¡qué dolor, qué dolor, que entuerto!
que Manbrú ya se ha muerto,
lo llevan a enterrar...

Detrás de esta, aparentemente, intrascendente obra infantil, que casi todo el mundo habrá cantado alguna vez en su vida, se esconde una verdad histórica nada inocente, ya que habla de una guerra de verdad y de una persona totalmente real, pero ¿quién fue Mambrú?


John Churchill, el I duque de Marlborough.


Mambrú es la españolización de Marlborough, es decir, de John Churchill (1650-1722), el primer duque de Marlborough, uno de los mejores generales que ha nacido en las islas británicas, y que fue, además, antepasado directo de Winston Churchill, uno de los políticos más influyentes del siglo XX.

Durante la guerra de Sucesión española (1701-1714), Marlborough estuvo en el bando de los países aliados que luchaba contra el bloque borbónico que lo componían las coronas de Francia y España. Tras una serie de victorias de las tropas al mando del general inglés, se produjo la batalla de Malplaquet (1709), en la que los aliados vencieron una vez más a las tropas francesas. La victoria fue de las llamadas pírricas, ya que los vencedores tuvieron casi el doble de bajas. Además, tras acabar la jornada se corrió el rumor de que Marlborough se encontraba entre los muertos del enfrentamiento. Fue tal el regocijo que produjo la noticia que dio lugar a que compusiera la célebre canción que, a la postre, llegaría a ser una de las más populares entre el público infantil.

Aunque hay otras versiones acerca del origen de Mambrú, si esta fuera la correcta no sería la primera vez que una canción infantil tendría origen en un hecho histórico bien conocido. La que habla del puente de Londres (este puente se va a caer, se va a caer, se ha caído), se compuso tras un ataque vikingo sobre Londres por el caudillo, que luego sería rey y santo, Olaf de Noruega.

Para terminar hablaré sobre la relación del Mambrú histórico con otro personaje real que se convirtió en novelesco gracias a la pluma del gran Alejandro Dumas. Durante el asalto a la ciudad de Maastricht (1673), un joven Marlborough luchó codo con codo con el veterano capitán de los mosqueteros, conde d'Artagnan, que encontraría la muerte en aquella jornada sangrienta.

Es paradójico que ambos personajes sean más conocidos en su faceta de ficción que en su cariz meramente histórico. También es interesante constatar, una vez más, que los mitos suelen sobrevivir a la realidad, aunque esta pueda ser tan interesante, o incluso más, que la anterior.


Fuentes:

-Marlboroug, de Angus Konstam.
-El blog  Bellumartis, sobre Mambrú.
-El blog de Reyes, Dioses y Héroes.


sábado, 23 de enero de 2016

Los Barbarrojas de la historia.

El primer Barbarroja importante de la historia fue el emperador del sacro imperio romano germánico Federico I (1152-1190). El sobrenombre fue debido a que poseía una gran barba pelirroja. Es considerado uno de los monarcas más poderosos de la Edad Media. Sus campañas para someter a las revueltas producidas en las ciudades del norte de Italia empeñaron gran parte de sus energías. Cuando encabezaba las fuerzas cristianas en dirección a Tierra Santa murió mientras se bañaba en un río de la actual Turquía. Se creó un mito en torno a su figura, y se decía de él que en realidad no estaba muerto, sino que dormía en una cueva, y los alemanes esperaban que algún día volviera para seguir reinando.


Federico I.


La llamada operación Barbarroja, llevada a cabo por los ejércitos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, fue así llamada en honor al gran emperador germánico. Es una de las campañas militares más ambiciosas y gigantescas de la historia, y tenía como finalidad el conquistar uno de los imperios más colosales que ha habido nunca sobre la faz de la tierra, la Unión Soviética; es decir, el antiguo imperio ruso. Para llevar a cabo tan magna empresa, Hitler reunió más de tres millones de soldados, más de 3.500 carros de combate, 600.000 caballos, 600.000 vehículos de todo tipo, más de 7.000 piezas de artillería y casi 2.000 aviones de combate; una fuerza realmente impresionante.

Cuando se habla del pirata Barbarroja, no es que se trate de un pirata más de los que hicieron fortuna ejerciendo su actividad en las aguas del Caribe u otro lugar de América. Además, aunque no sea muy conocido, en realidad no se trata de un solo pirata sino de dos, que eran hermanos, eso si no contamos otros dos varones, piratas igualmente, que tuvieron menos éxito y resonancia.

Aruj Barbarroja nació en Lesbos, como sus otros hermanos, y fue hijo de una mujer andalusí (musulmana de la Península Ibérica), motivo que puede explicar el hecho de que se dedicara a llevar de manera clandestina a los musulmanes mudéjares desde España al norte de África. Se alió con el sultán turco, y ejerció la piratería en el Mediterráneo contrarrestando las acciones de la Orden de Malta y el resto de las naciones cristianas. Acabó sus días luchando contra los españoles en Tremecén (1518), siendo muerto por el capitán español García de Timeo que llevó la cabeza del pirata como trofeo a Orán donde fue exhibida a modo de trofeo.


Aruj Barbarroja.


Hayradyn (1475-1546) fue un corsario más importante que el anterior. Llamado Barbarroja también (lo llamaron los italianos así por tener un barba pelirroja), y cuyo nombre real era Hizir Bin Yakup, se hizo vasallo del sultán otomano, y se llegó a convertir en una auténtica pesadilla para las naciones cristianas, como España. Fue tal el prestigio que llegó a alcanzar, que le nombraron almirante de la flota turca. Atacó muchas veces ciudades del levante español, como Cullera, llevándose a parte de la población como esclavos. Al igual que hiciera su hermano, Hayradyn trasladó en barco a millares de musulmanes desde España al norte de África.

La lista de ataques a ciudades e islas del Mediterráneo es inmensa, y tras vencer a la flota de la Liga Santa (España, Venecia y el Papa) en la batalla de Prevenza (1538), se aseguró el dominio turco en el mar hasta la batalla de Lepanto de 1571. Ante la imposibilidad de vencerlo, Carlos I de España quiso nombrarle almirante de la flota, siguiendo la máxima que dice que si no puedes con tu enemigo únete a él. Hayradyn declinó la oferta, y siguió siendo leal al sultán, que le colmó de bienes y de títulos.


Hayradyn Barbarroja.


Se construyó un palacio en el Bósforo y pasó sus últimos días allí en la tranquilidad que le ofrecía su hogar, lejos de los escenarios que le habían convertido en una auténtica leyenda, superando la estela de su hermano.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El gran maestre que fue esclavo: La Valette.

Hay batallas míticas que, aunque no sean muy conocidas, fueron enormemente decisivas para la historia, y plenas de hechos de armas sangrientos con protagonistas valerosos. Una de ellas fue, sin duda, el asedio de Malta de 1565. En una época marcada por el ascenso irresistible del poder turco, que amenazaba con engullir la totalidad del continente europeo, un puñado de caballeros cristianos, de la Orden de Malta, y de otros países como España o Italia, lograron vencer a un ejército enormemente superior dispuesto a conquistar la pequeñísima isla mediterránea, situada al sur de Sicilia.

De todos los soldados valientes que allí lucharon, tanto del bando turco como del cristiano, destacó la figura del gran maestre de la Orden, el anciano de 70 años, Jean Parisot de la Valette, auténtico héroe de la gesta y pilar de la resistencia a ultranza, que ha dado nombre, con todo merecimiento, a la actual capital de la nación maltesa.


Jean Parisot de la Valette.




Nacido en la Provenza francesa en 1494, La Valette tuvo numerosos antepasados que lucharon durante la época de las Cruzadas. Tan claro tenía que su destino iba a ser el ingresar en la Orden de Malta (o de los Hospitalarios, o de Rodas o de San Juan, como también es conocida) que a los 20 años abandonó su casa y su familia para no volver nunca más a verlos.

Aunque tuvo que ver como los caballeros fueron expulsados de la isla de Rodas por los otomanos en 1522, para luego buscar asentamiento en Malta, pudo comprobar antes como cambiaba el rol clásico de caballero montado, por el nuevo de hombres en galeras que hostigaban a los navíos de los infieles. De hecho, La Valette llegó a ser un gran comandante naval, digno de tener su propio buque.

En esa época se le describía como un hombre "bien parecido, alto, sereno, introvertido y políglota; hablaba con fluidez italiano, español, griego y árabe". De una manera más traumática aprendió el turco: en 1541 su galera fue derrotada por el pirata Abdur Rahman Kurst Alí, que le convirtió en un esclavo galeote durante un año. Encadenado desnudo a un banco, remaba entre diez y veinte horas consecutivas, y como único alimento tomaba pan mojado en vino, que metían en la boca de aquel que estuviera a punto de desmayarse. Si un esclavo se desmayaba, era azotado hasta la muerte y, acto seguido, su cuerpo se lanzaba por la borda. Recuperó su libertad en un cambio de rehenes. Esta prueba de fuego forzó al héroe que llegaría a ser.

El ascenso de La Valette fue continuado. Ocupó todos los cargos importantes: gobernador de Trípoli, alguacil de Lango... De él se decía que era capaz de "convertir a un protestante o de regir un reino". En 1557 le nombraron gran maestre de la Orden, aprovechando su cargo para reforzar las defensas de Malta en previsión de un futuro ataque.

Contaba con un eficiente red de espías que, en el otoño de 1564, le permitió conocer los preparativos de un ataque contra la isla. Así pues, pudo llamar a Malta a todos los caballeros de la Orden repartidos por Europa y poner sobre aviso a don García de Toledo, virrey de Sicilia, respecto de los planes del sultán.


Armadura de La Valette.




Al año siguiente se produjo la invasión de Malta. La dirección magistral de La Valette fue decisiva para que los cristianos, muy inferiores en número, pudieran rechazar al invasor. El gran maestre tuvo que tomar decisiones muy duras, como dejar a los defensores del fuerte de San Elmo a su suerte, o volar el puente levadizo que unía la ciudad de Birgu con el fuerte de San Ángel, pero necesarias para ralentizar los avances de los turcos, antes de que llegara la fuerza de socorro española desde Sicilia. Pero a cambio, el anciano militar de 70 compartiría las escasas raciones de comida como si fuera uno más, y lanza en ristre lucharía en primera línea, cuando los turcos penetraban en tromba por las murallas derruidas de Birgu. Sin duda, el ejemplo dado por las acciones del comandante inspirarían a los hombres de malta, y de otros lugares de la cristiandad, para no desfallecer en tan aciagos momentos.




Fuente consultada: La heroica defensa de Malta, de Tim Pickles.




martes, 15 de diciembre de 2015

La historia de un crucero: el general Belgrano

El día 2 de abril de 1982, el viejo crucero argentino general Belgrano se encontraba surcando las heladas aguas del océano Atlántico en algún lugar al sur de las islas Malvinas. Estaba acompañado de dos destructores, uno de ellos armado con los poderosos misiles exocet. La flotilla formaba parte de un plan ambicioso: atacar a la Royal Navy desde varios frentes a la vez. El plan se suspendió, lo que evitó una batalla aeronaval de enormes proporciones, y a todas las unidades navales argentinas se les ordenó que regresaran a puerto seguro, incluido el venerable general Belgrano, que ignoraba que alguien, debajo del agua, le vigilaba y seguía su estela.

El general Belgrano fue un crucero norteamericano botado en 1938, poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, de la que tomaría parte  activa en el frente del Pacífico, luchando contra los buques del imperio japonés. Fue bautizado con el nombre de Phoenix, y en diciembre de 1941 se encontraba anclado en el afamado puerto de Pearl Harbour, junto a docenas de barcos estadounidenses que estaban ajenos al combate, ya que los Estados Unidos todavía no habían entrado en guerra.


El ataque a la base aeronaval de Pearl Harbour de 1941 marcó el inicio de Estados Unidos en la contienda mundial y la primera experiencia bélica del barco protagonista de esta entrada.


El 7 de diciembre de ese año, los japoneses desataron un devastador ataque por sorpresa contra la flota yanqui, logrando hundir varios barcos y dañar otro buen número de ellos, haciendo que los Estados Unidos se involucraran por fin en la contienda mundial. El Phoenix tuvo suerte aquel día ya que no sufrió daños; la fortuna no le acompañaría siempre.

Durante la guerra mundial, el crucero norteamericano estuvo presente en innumerables combates y misiones. Hizo de escolta en varias ocasiones, apoyó diversos desembarcos de tropas, combatió contra baterías costeras, evitó los torpedos lanzados desde algún submarino japonés, luchó contra los temibles kamikazes que se lanzaban de manera suicida contra las cubiertas de los grandes barcos..., e incluso sufrió la explosión de las bombas lanzadas por los aviones nipones, que mataron a varios de sus tripulantes. No se puede decir que el barco hubiera estado ocioso durante los años de la contienda. Para redondear su brillante historial, en la batalla naval de Leyte, una de las más importantes de toda la historia militar, participó de forma activa en los combates del estrecho de Surigao.

En 1982, los grandes barcos de enormes cañones no tenían muchas opciones contra los buques modernos armados con misiles o contra los submarinos de propulsión nuclear, como el Conqueror británico, que detectó al ahora llamado general Belgrano, que se retiraba tras recibir la orden por parte de la superioridad argentina. También es verdad, que si el crucero argentino consiguiera ponerse a una distancia adecuada de cualquier barco de la Royal Navy, aunque fuera un gran portaaeronaves, sus cañones eran lo bastante potentes como para hundirlo, y los británicos lo sabían, por lo que no dudaron en ordenar al submarino que lo rastreaba que lo hundiera.


Fotografía del buque hundiéndose el fatídico 2 de abril de 1982.


Aparte de la polémica que suscitara tal decisión, que no es objetivo de esta entrada (podéis visitar otra que si lo trata), lo que si fue evidente es que el hundimiento de la nave, que produjo la pérdida de 323 tripulantes argentinos, hizo que la Marina argentina no volviera a salir de puerto durante el resto de la guerra. Por lo tanto, su hundimiento constituyó una gran victoria, y marcó, de algún modo, el final de época, la de los grandes barcos blindados y artillados.

Como un soldado veterano más que participa en distintas batallas, el general Belgrano estuvo allí cuando se le necesitó, portando una bandera u otra, pero resignado a batallar cuando se le llamaba, como el viejo militar experimentado en la lucha y en la sangre.


Fuentes consultadas:

-The Falklands War 1982, de Duncan Anderson.
-Wikipedia.




martes, 8 de diciembre de 2015

El primer comando de fuerzas especiales de la historia

Cuando se habla de los SAS, de los SEAL o de la DELTA FORCE, que son solo algunas de las unidades de élite más prestigiosas del mundo, podríamos pensar que es un fenómeno reciente en al ámbito militar. Que el contar con grupos pequeños de soldados, altamente entrenados y especializados, y muy motivados para encarar misiones complicadas, pertenece a la historia contemporánea..., y no es así.

La Biblia contiene un pasaje, dentro del llamado libro de los Jueces, que, interpretado con los ojos de un experto, habla de una operación militar llevada a cabo por un grupo pequeño de soldados escogidos. El suceso aconteció hace más de 3000 años, lo que nos da una idea de que, primero la guerra es tan antigua como el ser humano, y, segundo, de que siempre ha habido distintas clases de soldados dentro de un mismo ejército.


Gedeón seleccionando a los 300 soldados.


Gedeón fue el quinto juez de los que nombra el Antiguo Testamento, además de ser considerado uno de los grandes guerreros del antiguo Israel. Como en aquella época estaban en guerra contra los madianitas, hubo una batalla cerca de un manantial. Según cuenta la Biblia, los madianitas contaban con más de 100.000 soldados, mientras que los judíos eran unos 32.000. Aún así, Gedeón escogió solo a 300 hombres excepcionales y altamente motivados para atacar el campamento del enemigo, oculto por la oscuridad de la noche. Los dividió en tres compañías iguales, y les proporcionó espadas, trompetas, y antorchas ocultas en cántaros. En silencio, aquellos guerreros de élite se introdujeron en el campamento de los madianitas, y tocaron las trompetas y sacaron las antorchas creando el caos en las tiendas donde dormían los soldados enemigos, que creyendo que estaban siendo atacados por un ejército mucho más poderoso, emprendieron la huida, dejando multitud de cadáveres por el camino, a manos de unos soldados mucho menos numerosos peros mucho más concienciados y abnegados hacia el bien de su patria y de los suyos.

Los judíos lograron una gran victoria esa noche y el nombre de Gedeón sirvió para bautizar a una fuerza de comandos especiales, al mando del legendario Orde Wingate, formada para combatir a los ejércitos del Eje en el Próximo Oriente.


Fuente: Serie de televisión Soldados, de la BBC.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Cuando la guardia civil asaltó el Congreso

Uno de los acontecimientos históricos más célebres de la reciente historia de España fue cuando el teniente coronel Antonio Tejero, junto a varias docenas más de agentes de la guardia civil, asaltaron el Congreso de los Diputados, el día 23 de febrero de 1981. La interrupción en la cámara española fue el momento más visible de un intento de golpe de estado, que contaba con la colaboración de altos mandos del ejército, que pareciera querer derrocar una democracia aún tierna, en un país que todavía recordaba una dictadura, la del general Francisco Franco, que había fallecido en 1975, muy reciente aún en el tiempo.


El teniente coronel Antonio Tejero en el Congreso de los Diputados en una imagen icónica del siglo XX español.


Afortunadamente el intento de golpe fracasó, y la monarquía constitucional española, con el rey Juan Carlos I al frente, sobrevivió de manera exitosa a la prueba de fuego que se hizo patente cuando unos pocos guardias civiles, cuerpo policial de innegable lealtad al Estado español, entraron con sus fusiles en mano haciendo que casi todos los diputados en ese momento presente buscaran seguridad debajo de sus asientos habituales.

Si este suceso es bien conocido por la mayoría de los españoles, no lo es tanto el asalto al mismo palacio del congreso español, y teniendo de protagonistas también a un grupo de guardias civiles, casi cien años antes. Fue durante el llamado Golpe de Pavía.

La historia de España en el siglo XIX, esta plagada de pronunciamientos y alzamientos militares, provocados por generales destacados, que hacían y deshacían regímenes políticos, creando una inestabilidad manifiesta que perjudicaba de manera notable la sufrida vida de los habitantes peninsulares de la época. Pareciera que eran los militares de alta graduación los que manejaran los hilos del poder. De esta manera, España tuvo regímenes políticos de lo más variado, y parecía que ninguno funcionaba del todo bien: monarquía absoluta, república, dictadura, monarquía con un rey extranjero, con rey borbónico...

En fin, el diecinueve fue de lo más ajetreado..., y el 3 de enero de 1874 se produjo el anteriormente mencionado Golpe de Pavía, y que acabaría liquidando a la desastrosa I República española, que solo había durado un año. Por entonces el país se desangraba con guerras como la de Cuba o la carlista. Además, el advenimiento de la república trajo consigo la emancipación de distintos territorios peninsulares, produciendo un conflicto militar que intentó con éxito el que las fronteras interiores no se vieran alteradas.

Cuando los diputados se encontraban votando en la cámara española para cesar del gobierno a Castelar, la noticia llegó a los oídos del Capitán General de Madrid, Pavía, que pretendía apoyar a dicho político, y se presentó de manera apresurada con dos compañías de guardias civiles, además de otras unidades militares. Aunque los diputados habían asegurado quedarse en sus escaños cuando se habían enterado de la llegada del general, lo cierto es que huyeron despavoridos ante la presencia de los uniformados en el Congreso de los Diputados.


 


La I República murió de esta manera ese mismo día. Otro general, Serrano, tomó el poder, hasta la llegada del rey borbónico Alfonso XII, que convirtió a la nación en una monarquía parlamentaria.

jueves, 22 de octubre de 2015

Las otras "Bodas rojas" de la Historia.

Antes de empezar, os invito a que conozcáis la entrada de este blog que trata sobre la famosa Boda roja, de la serie de novelas Canción de hielo y fuego.

Durante la Edad Media, había que pensárselo dos veces antes de aceptar una invitación para comer, sobre todo si era para que asistiera toda la familia, el clan o algún grupo social, ya que era un momento idóneo para que los comensales, contentos de vino y con la panza llena, ofrecieran un blanco fácil para ser eliminados por un anfitrión ambicioso y cruel, que no le importaba pagar la cuenta sí, a cambio, podía eliminar a una gran cantidad de personas que le suponían una gran molestia, o les consideraba tan enemigos que eran dignos de ser traicionados y muertos, incumpliendo así toda norma esencial de hospitalidad e incluso de humanidad.

De todas las historias que voy a narrar, destaca un personaje que, si nos creemos todo lo que dicen las crónicas de él, era especialmente frío y sádico, por encima de todos los demás. Me refiero a Vlad Tepes, la misma persona que inspiró el Drácula de Bram Stoker.

Con la mente de un dictador al uso, Vlad pensaba que lo fundamental era tener a un país controlado y en orden para que las cosas funcionaran lo suficientemente bien, sin importarle lo más mínimo el individuo, cuando lo que estaba en juego era el bien común. Y entonces, de una manera tan sumamente pragmática, ideó la forma de eliminar a los pobres, a los lisiados y a los leprosos (es tan evidente, como es que nadie salvo a él se le ocurre algo tan genial... -que conste que estoy ironizando-). Como toda esa gente no servía para nada, es decir, que no aportaban nada productivo al Estado, y se dedicaban todo el día de modo ocioso a pedir limosna para intentar subsistir, les convocó a un festín.

Tras disfrutar de las viandas y de las bebidas aquellos que no estaban acostumbrados a ello en absoluto, Vlad Tepes, el voivoda de Moldavia, el malvado de la Historia y de las novelas de terror, les hizo una pregunta de lo más inocente, que era que si querían verse libres de preocupaciones y de privaciones. Y, como es natural, los mendigos del reino dijeron al unísono que sí (a ver, a quién le gusta vivir en la miseria y pasando hambre). Ante el asombro de sus vasallos (que a esas alturas ya estarían vacunados de espanto el ver como se las gastaba su jefe), Tepes mandó encerrar a todos los comensales y que le prendieran fuego al edificio donde se había realizado la última comida de los desheredados del reino. Ninguno saldría con vida y Tepes intentó justificar su malvada acción diciendo que la pobreza se podía erradicar eliminando a los pobres.


Vlad Tepes


Ramiro II (1134-1157) fue rey de Aragón. Siendo el hijo menor de Sancho Ramírez, no le quedaba a su alcance sentarse en el trono por lo que siempre anheló hacer carrera en la Iglesia católica, por lo que es conocido con el sobrenombre de el monje. Sin embargo, las circunstancias le hicieron ceñirse la corona, ya que sus dos hermanos mayores habían muerto sin descendencia.

En aquella época había una serie de nobles arrogantes en Aragón que no se comportaban con la debida consideración hacia su monarca. Eran tales los desaires que se permitían a su real persona, que llegaron a causarle un gran enfado (¿posible debilidad de carácter de Ramiro?, puede ser). Como se ve que no tenía gente de valía a su alrededor que le dieran algún buen consejo, el rey recurrió a su antiguo maestro, el abad de San Ponce de Tomeras, que le transmitió la simple idea de que las coles que sobresalen de un huerto deben de ser cortadas para que este quede de manera uniforme. Entonces, Ramiro entendió lo que debía de hacer...

Aunque la historia de todos estos sucesos se escribieron dos siglos después de los hechos reales, y la historia en sí pareciera en varios aspectos legendaria, los eruditos, que han estudiado las fuentes, han visto evidencias que en lo esencial si que pudo ocurrir de manera cierta la historia de la conocida como Campana de Huesca.

Ramiro el monje, siguiendo el consejo de su antiguo mentor, llamó a los díscolos nobles más prominentes del reino, para mostrarles una campana que iba a realizar y, que según sus propias palabras, iba a ser oída en toda Aragón. Entonces, obedientes esta vez a su soberano, aceptaron la invitación intrigados por ver aquel objeto. Lo que no sabían es que les esperaba la muerte a todos ellos.

Uno a uno fueron entrando confiados en la sala real, donde serían descabezados sin piedad. Una vez reunidas sus cabezas, fueron dispuestas haciendo la forma de una campana. Por último, fue llamado el obispo de Huesca, el principal enemigo del rey, que, horrorizado al ver al sangriento panorama, le fue preguntado si la campana estaba completa, a lo que el asustado religioso diría que sí. El rey, antes de mandar descabezarle, le respondió que le faltaba el badajo, y que su cabeza haría esa función.


La Campana de Huesca, de José Casado de Alisal


La vida de Roger de Flor (1266-1305) es digna de novelas y películas de acción. Siciliano de nacimiento, antes de convertirse en comandante de los legendarios almogávares, vería  con sus propios ojos como caía el último bastión de los cruzados, cuando las hordas musulmanas asaltaron la ciudad de San Juan de Acre (1291), ya que como caballero templario tuvo que luchar en favor del cristianismo.

Expulsado de la orden religiosa, se puso al servicio del rey de Aragón, como capitán de los almogávares, participando así en la conquista de Mallorca y Valencia. Más tarde, también participaría en la conquista de la isla de Sicilia, siempre al servicio de los aragoneses.

La compañía de los almogávares, incluido su capitán, Roger de Flor, fue contratada por el emperador de Bizancio, Andrónico II Paleólogo, ya que se veía acosado por un nuevo enemigo que profesaba la religión del Islam; eran los turcos otomanos. Al mando de más de 5000 hombres de la Compañía catalana, Roger de Flor se pondría a luchar de manera efectiva contra el nuevo peligro que se cernía sobre el mundo occidental cristiano, aunque fuera de manera interesada, y bien pagada. Fueron tantos los éxitos de Roger y sus hombres, entre los que se encontraban españoles de todos los rincones de la Península Ibérica o de otras naciones, sobre ejércitos mucho más numerosos, que el emperador bizantino le nombró jefe de la flota y le entregaría, incluso, la mano de su propia sobrina.

Eran buenos tiempos para Roger que, más tarde, vencería de una manera decisiva a los turcos en la región de Cilicia: unos 8000 almogávares aplastaron a cerca de 30.000 otomanos, produciéndoles 18.000 bajas. Fue tal la magnitud de la victoria, que Bizancio pudo respirar tranquila durante unos cuantos años.

El 5 de abril de 1305 fue organizado un banquete para honrar al brillante capitán, al cual asistieron un centenar de destacados almogávares y el mismo Roger de Flor. El hijo del emperador, Miguel IX, lo había organizado todo: el sitio, la comida, la bebida... e incluso la manera en que habían de ser eliminados. No se saben bien las razones por las que se decidió la muerte de quien tanto beneficio había aportado al reino. Puede que Roger quisiera tomar posesión de los territorios que había conquistado, puede que hubiera acumulado demasiado poder, puede que los celos y las envidias hubieran florecido en los corazones de los más prominentes bizantinos de la corte. El caso es que el gran héroe de los almogávares no merecía una muerte tan indigna como a la que fue sometido, aunque ello acrecentara su leyenda.

Lo que siguió después se le conoce como la Venganza catalana, pero eso es otra historia.


Roger de Flor




Para acabar, voy a hablar del mismo personaje con el que empecé, Vlad Tepes. Cuando llegó la Pascua de 1459, no quiso pasar las fiestas solo. Por lo tanto, invitó a los boyardos (nobles) más prominentes a un gran banquete. En el momento cumbre del mismo, cuando todos estaban ya satisfechos con la comilona, les propuso un juego de adivinanzas. Les preguntó que a cuantos voivodas (príncipes o gobernantes) recordaban. Hay que tener en cuenta que los boyardos eran los que promovían su ascenso y su caída; si un príncipe se humillaba a sus intereses lo mantenían en el trono, y si no les seguía el juego simplemente lo eliminaban de la manera más atroz, como hicieron con el padre de Vlad y su hermano (el primero muerto por apaleamiento y el segundo cegado).

Ante la pregunta, los más viejos respondieron que recordaban a unos 30, y los más jóvenes a unos 8, siendo todas unas cifras que indicaban el poco tiempo de gobierno de los distintos voivodas. Después, Vlad Tepes les hizo otra pregunta, que si no les parecían demasiados príncipes, y sin dejarles contestar, les dijo: "es por culpa de vuestra infamia, que lo contamina todo". Se suspendió el festín, se empalaron a los ancianos y sus mujeres, mientras que los más jóvenes fueron condenados a trabajos forzados hasta que sus costosos trajes de Pascua cayeron en harapos. Se confiscaron los territorios de los boyardos ejecutados y fueron concedidos a pequeños nobles y campesinos libres.






Fuentes:

-Drácula, de Ralf-Peter Märtin.
-Wikipedia.





miércoles, 30 de septiembre de 2015

¿Quién es el monarca más longevo de la historia?

Últimamente se ha hablado mucho de que la reina Isabel II de Inglaterra ha cumplido más de 63 años en el trono y que, por lo tanto, ha superado la longevidad de la mítica reina Victoria. Es algo muy notable sin duda, aunque es superada, todavía,  por el príncipe Juan II de Liechtenstein que estuvo en el trono de su país durante 71 años. En España, la figura real que estuvo reinando más tiempo fue Felipe V, durante 45 años, aunque Jaime I de Aragón le supera ampliamente con 63 años de reinado, mucho antes de que se unieran las coronas peninsulares en la época de los reyes católicos.

Todas ellas fueron unas carreras muy largas sin duda alguna, aunque hay una figura histórica que reinó durante mucho más tiempo, el faraón Pepi II de Egipto. Si es cierto lo que dice el historiador egipcio Manethón, el monarca  ascendió al trono con 6 años y estuvo en el hasta su muerte con 100 años, lo que nos da un reinado de casi 94 años.

Los egiptólogos discuten, siempre con argumentos razonados, cual fue el periodo exacto en el que Pepi II gobernó el país del Nilo, y aunque la mayoría no acepta la larga extensión que ofrece Manethón, si le dan un periodo de al menos 60 años, una cifra muy sobresaliente, teniendo en cuenta que la calidad de vida en general de ese periodo de la historia tan remoto no se puede comparar, ni lo más mínimo, con los avances en medicina o de conocimiento en general con los que se goza en época reciente.


Los restos de la pirámide de Pepi II en Saqqara.




El largo reinado de Pepi II es una muestra de que los reyes longevos -estoy hablando de las épocas antiguas en donde eran líderes absolutos los monarcas-, no eran beneficiosos para un estado o ciudad, ya que la corona en manos de un niño es débil, al igual que en manos de un anciano el poder real se ve en peligro ante la ambición de los poderosos que lo rodean. En este caso en concreto, y aunque se carezca de suficiente documentación ya que la época es muy remota, al poco de morir el faraón Pepi II, Egipto entró en una época de crisis que es denominada el Primer periodo intermedio, y que puede obedecer a varios motivos -crisis económica tras los excesos que supusieron los grandes gastos invertidos en las colosales construcciones de pirámides, el crecimiento del poder de la nobleza provincial...-, entre los que cabe la debilidad de un rey extraordinariamente anciano.


Fuente principal: Historia Universal. Edad Antigua, de Raquel López Melero y otros.

domingo, 20 de septiembre de 2015

El ataque de París por Ragnar Lothbrok

En el año 845 los daneses quemaron la ciudad de Hamburgo después de navegar por el río Elba. En marzo de ese mismo año, penetraron en la desembocadura del Sena con 120 barcos y ascendieron por sus anchas y profundas aguas hasta llegar a París. El jefe de la expedición fue, según la mayoría de los estudiosos del tema, Ragnar Lothbrok, el héroe de tantas sagas nórdicas, cuyos actos reales fueron oscurecidos por el impacto que produjo su leyenda. Su raid, en el corazón del reino de los francos, fue un suceso sobresaliente y destacado.


Ragnar Lothbrok.


La travesía por el Sena supuso una auténtica tortura para la indefensa población que tuvo que sufrir el saqueo y los ataques, aunque los más perjudicadas, a la postre, fueron las propiedades religiosas y las de los dueños de las prósperas granjas que salpicaban las orillas del gran río galo. Los aldeanos entraban en pánico según llegaban noticias acerca de la flota vikinga que se avecinaba, y huían sin entretenerse en establecer ningún tipo de defensa, ya que no tenían ni el coraje ni la capacidad de organizarse convenientemente; en su marcha transportaban los objetos de valor que podían acarrear con ellos y, en algunos casos, las reliquias y los cuerpos exhumados de sus santos patronos. Por orden del rey franco, Carlos el calvo, los restos de Saint Denis, y otros santos, enterrados en el monasterio del mismo nombre, en los alrededores del oeste de París, estaban entre los objetos sagrados que serían alejados de la amenaza de los paganos.

El rey franco había reunido un ejército de manera apresurada, aunque tenía sus razones para desconfiar de la calidad del mismo, el que una vez fuera una magnífica fuerza combativa, el orgullo de Carlomagno. Sus pasados altos estándares de calidad habían declinado y sus fallos eran notorios. Como León el sabio escribiera en mordaces términos:

...ellos rápidamente entraban en caos si tenían que atacar por los flancos o la retaguardia -algo fácil de realizar- y, además, eran profundamente descuidados y negligentes en el uso de centinelas y en el reconocimiento del terreno... Enseguida se desesperaban si carecían de agua y provisiones, y al poco desertaban dejando atrás sus estandartes. Ellos carecían del respetos de sus comandantes, siendo estos fácil de ser sobornados...

Ante este negro panorama, Carlos el calvo decidió sensatamente retroceder a la salvaguarda que le suponían los muros del monasterio (el de Saint Denis), jurando defenderlo a toda costa. La moral de sus soldados, sin embargo, se hizo añicos al contemplar la ejecución de sus camaradas que habían tenido la desgracia de caer en manos de los daneses. El ahorcamiento de los pobres desgraciados, visto con detalle por los francos desde la otra parte del río, fue cuidadosamente realizada para minar la moral de la tropa franca.

Ragnar no encontró ninguna razón para demorar su ataque sobre las fuerzas del rey Carlos. El 28 de marzo desembarcó en París. Era Pascua y la ciudad, que en otras circunstancias hubiera estado rebosante de trabajadores, se encontraba vacía. A la mañana siguiente, los vikingos ocuparon el monasterio de St Germain-des-Prés, en la orilla sur del Sena, y desde allí le enviaron un mensaje a Carlos el calvo, con la oferta de su pronta marcha a cambio de un suculento rescate.

La situación no era fácil para ambos líderes. El tesoro que esperaba capturar el jefe de los piratas había sido trasladado a un lugar vecino. Si Ragnar enviaba una fuerza suficiente a capturarlo, le esperaba un ejército de francos, atrincherado en el monasterio de Saint Denis, y dispuesto a cumplir la debida revancha, amenazando con hacer fracasar el conjunto de la operación. Sin embargo, sus hombres empezaban a mostrar crecientes signos de estar enfermos. Carlos, por su parte, desconfiaba de sus nobles y de sus soldados. Además, el sector sur del río había sido perdido tras el anterior ataque vikingo y sus hombres, que habían sido dispersados, no pudieron ser reunidos y reorganizados.

Carlos el calvo, por lo tanto, accedió a pagarle un tributo de 7.000 libras de oro y plata, y permitir que los paganos marchasen sin resistencia. A fin de reunir la fabulosa suma se incrementaron los impuestos entre los habitantes del reino de los francos; hicieron falta dos meses para poder reunir el pago. Cuando llegó la fecha de la entrega, los vikingos estaban más que dispuestos para la marcha, ya que la enfermedad -posiblemente disentería-que habían sufrido casi desde el día que el rey accedió a pagarles, los había diezmado de manera atroz. Las calamidades que sufrieron los vikingos antes de partir, fueron vistas por los habitantes de París como un milagro producido ante las numerosas súplicas y rezos realizados por ellos con fervor. De camino a casa, y aún teniendo los barcos repletos de riquezas, Ragnar no perdió el tiempo y siguió saqueando todo lugar que encontraba en su ruta.


Miniatura que representa a Carlos el calvo.


El gobernante supremo en Dinamarca en esa época era Horik, que no quería entrar en conflictos con sus poderosos vecinos del sur, y que se veía en aprietos para dominar a sus nobles. Cuando se enteró de la expedición de Ragnar a París, y del supuesto castigo divino que azotó a sus hombres, el envió con premura un mensaje a su vecino, Luis el germánico, hermano de Carlos el calvo, ofreciendo liberar a todos los cautivos cristianos y restaurar el tesoro robado, en la medida de sus posibilidades. Además, para evitar la propagación de la enfermedad en Dinamarca, y para aplacar la ira del dios de los cristianos -por si acaso-, ordenó que todos los que habían participado en el ataque a París fueran trasladados allí para ser ejecutados.

Ragnar y su familia se autoexiliaron a las islas Órcadas, según parece, donde moriría años después, aunque haya relatos que aseguren que fue capturado por el rey Aella de Northumbria, y arrojado a un pozo de serpientes.

Si queréis saber más sobre Ragnar Lothbrok:


-buceandoenlaleyenda.blogspot.com/2013/.../existio-ragnar-lothbrok.htm...
 
 
 
-Fuente: Alfred the good soldier, de John Peddie.