Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

jueves, 22 de octubre de 2015

Las otras "Bodas rojas" de la Historia.

Antes de empezar, os invito a que conozcáis la entrada de este blog que trata sobre la famosa Boda roja, de la serie de novelas Canción de hielo y fuego.

Durante la Edad Media, había que pensárselo dos veces antes de aceptar una invitación para comer, sobre todo si era para que asistiera toda la familia, el clan o algún grupo social, ya que era un momento idóneo para que los comensales, contentos de vino y con la panza llena, ofrecieran un blanco fácil para ser eliminados por un anfitrión ambicioso y cruel, que no le importaba pagar la cuenta sí, a cambio, podía eliminar a una gran cantidad de personas que le suponían una gran molestia, o les consideraba tan enemigos que eran dignos de ser traicionados y muertos, incumpliendo así toda norma esencial de hospitalidad e incluso de humanidad.

De todas las historias que voy a narrar, destaca un personaje que, si nos creemos todo lo que dicen las crónicas de él, era especialmente frío y sádico, por encima de todos los demás. Me refiero a Vlad Tepes, la misma persona que inspiró el Drácula de Bram Stoker.

Con la mente de un dictador al uso, Vlad pensaba que lo fundamental era tener a un país controlado y en orden para que las cosas funcionaran lo suficientemente bien, sin importarle lo más mínimo el individuo, cuando lo que estaba en juego era el bien común. Y entonces, de una manera tan sumamente pragmática, ideó la forma de eliminar a los pobres, a los lisiados y a los leprosos (es tan evidente, como es que nadie salvo a él se le ocurre algo tan genial... -que conste que estoy ironizando-). Como toda esa gente no servía para nada, es decir, que no aportaban nada productivo al Estado, y se dedicaban todo el día de modo ocioso a pedir limosna para intentar subsistir, les convocó a un festín.

Tras disfrutar de las viandas y de las bebidas aquellos que no estaban acostumbrados a ello en absoluto, Vlad Tepes, el voivoda de Moldavia, el malvado de la Historia y de las novelas de terror, les hizo una pregunta de lo más inocente, que era que si querían verse libres de preocupaciones y de privaciones. Y, como es natural, los mendigos del reino dijeron al unísono que sí (a ver, a quién le gusta vivir en la miseria y pasando hambre). Ante el asombro de sus vasallos (que a esas alturas ya estarían vacunados de espanto el ver como se las gastaba su jefe), Tepes mandó encerrar a todos los comensales y que le prendieran fuego al edificio donde se había realizado la última comida de los desheredados del reino. Ninguno saldría con vida y Tepes intentó justificar su malvada acción diciendo que la pobreza se podía erradicar eliminando a los pobres.


Vlad Tepes


Ramiro II (1134-1157) fue rey de Aragón. Siendo el hijo menor de Sancho Ramírez, no le quedaba a su alcance sentarse en el trono por lo que siempre anheló hacer carrera en la Iglesia católica, por lo que es conocido con el sobrenombre de el monje. Sin embargo, las circunstancias le hicieron ceñirse la corona, ya que sus dos hermanos mayores habían muerto sin descendencia.

En aquella época había una serie de nobles arrogantes en Aragón que no se comportaban con la debida consideración hacia su monarca. Eran tales los desaires que se permitían a su real persona, que llegaron a causarle un gran enfado (¿posible debilidad de carácter de Ramiro?, puede ser). Como se ve que no tenía gente de valía a su alrededor que le dieran algún buen consejo, el rey recurrió a su antiguo maestro, el abad de San Ponce de Tomeras, que le transmitió la simple idea de que las coles que sobresalen de un huerto deben de ser cortadas para que este quede de manera uniforme. Entonces, Ramiro entendió lo que debía de hacer...

Aunque la historia de todos estos sucesos se escribieron dos siglos después de los hechos reales, y la historia en sí pareciera en varios aspectos legendaria, los eruditos, que han estudiado las fuentes, han visto evidencias que en lo esencial si que pudo ocurrir de manera cierta la historia de la conocida como Campana de Huesca.

Ramiro el monje, siguiendo el consejo de su antiguo mentor, llamó a los díscolos nobles más prominentes del reino, para mostrarles una campana que iba a realizar y, que según sus propias palabras, iba a ser oída en toda Aragón. Entonces, obedientes esta vez a su soberano, aceptaron la invitación intrigados por ver aquel objeto. Lo que no sabían es que les esperaba la muerte a todos ellos.

Uno a uno fueron entrando confiados en la sala real, donde serían descabezados sin piedad. Una vez reunidas sus cabezas, fueron dispuestas haciendo la forma de una campana. Por último, fue llamado el obispo de Huesca, el principal enemigo del rey, que, horrorizado al ver al sangriento panorama, le fue preguntado si la campana estaba completa, a lo que el asustado religioso diría que sí. El rey, antes de mandar descabezarle, le respondió que le faltaba el badajo, y que su cabeza haría esa función.


La Campana de Huesca, de José Casado de Alisal


La vida de Roger de Flor (1266-1305) es digna de novelas y películas de acción. Siciliano de nacimiento, antes de convertirse en comandante de los legendarios almogávares, vería  con sus propios ojos como caía el último bastión de los cruzados, cuando las hordas musulmanas asaltaron la ciudad de San Juan de Acre (1291), ya que como caballero templario tuvo que luchar en favor del cristianismo.

Expulsado de la orden religiosa, se puso al servicio del rey de Aragón, como capitán de los almogávares, participando así en la conquista de Mallorca y Valencia. Más tarde, también participaría en la conquista de la isla de Sicilia, siempre al servicio de los aragoneses.

La compañía de los almogávares, incluido su capitán, Roger de Flor, fue contratada por el emperador de Bizancio, Andrónico II Paleólogo, ya que se veía acosado por un nuevo enemigo que profesaba la religión del Islam; eran los turcos otomanos. Al mando de más de 5000 hombres de la Compañía catalana, Roger de Flor se pondría a luchar de manera efectiva contra el nuevo peligro que se cernía sobre el mundo occidental cristiano, aunque fuera de manera interesada, y bien pagada. Fueron tantos los éxitos de Roger y sus hombres, entre los que se encontraban españoles de todos los rincones de la Península Ibérica o de otras naciones, sobre ejércitos mucho más numerosos, que el emperador bizantino le nombró jefe de la flota y le entregaría, incluso, la mano de su propia sobrina.

Eran buenos tiempos para Roger que, más tarde, vencería de una manera decisiva a los turcos en la región de Cilicia: unos 8000 almogávares aplastaron a cerca de 30.000 otomanos, produciéndoles 18.000 bajas. Fue tal la magnitud de la victoria, que Bizancio pudo respirar tranquila durante unos cuantos años.

El 5 de abril de 1305 fue organizado un banquete para honrar al brillante capitán, al cual asistieron un centenar de destacados almogávares y el mismo Roger de Flor. El hijo del emperador, Miguel IX, lo había organizado todo: el sitio, la comida, la bebida... e incluso la manera en que habían de ser eliminados. No se saben bien las razones por las que se decidió la muerte de quien tanto beneficio había aportado al reino. Puede que Roger quisiera tomar posesión de los territorios que había conquistado, puede que hubiera acumulado demasiado poder, puede que los celos y las envidias hubieran florecido en los corazones de los más prominentes bizantinos de la corte. El caso es que el gran héroe de los almogávares no merecía una muerte tan indigna como a la que fue sometido, aunque ello acrecentara su leyenda.

Lo que siguió después se le conoce como la Venganza catalana, pero eso es otra historia.


Roger de Flor




Para acabar, voy a hablar del mismo personaje con el que empecé, Vlad Tepes. Cuando llegó la Pascua de 1459, no quiso pasar las fiestas solo. Por lo tanto, invitó a los boyardos (nobles) más prominentes a un gran banquete. En el momento cumbre del mismo, cuando todos estaban ya satisfechos con la comilona, les propuso un juego de adivinanzas. Les preguntó que a cuantos voivodas (príncipes o gobernantes) recordaban. Hay que tener en cuenta que los boyardos eran los que promovían su ascenso y su caída; si un príncipe se humillaba a sus intereses lo mantenían en el trono, y si no les seguía el juego simplemente lo eliminaban de la manera más atroz, como hicieron con el padre de Vlad y su hermano (el primero muerto por apaleamiento y el segundo cegado).

Ante la pregunta, los más viejos respondieron que recordaban a unos 30, y los más jóvenes a unos 8, siendo todas unas cifras que indicaban el poco tiempo de gobierno de los distintos voivodas. Después, Vlad Tepes les hizo otra pregunta, que si no les parecían demasiados príncipes, y sin dejarles contestar, les dijo: "es por culpa de vuestra infamia, que lo contamina todo". Se suspendió el festín, se empalaron a los ancianos y sus mujeres, mientras que los más jóvenes fueron condenados a trabajos forzados hasta que sus costosos trajes de Pascua cayeron en harapos. Se confiscaron los territorios de los boyardos ejecutados y fueron concedidos a pequeños nobles y campesinos libres.






Fuentes:

-Drácula, de Ralf-Peter Märtin.
-Wikipedia.





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