Buceando en la leyenda

Buceando en la leyenda

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Existió Robinson Crusoe?

La novela sobre la vida de el náufrago llamado Robinson Crusoe, fue publicada en el año 1719. El argumento de la obra nos cuenta como un marinero de Oxford sobrevive en una isla tropical durante 28 años. Alejado de la civilización, descubre que no está sólo en aquel paraje: sus indeseables vecinos son una tribu caníbal. El protagonista, que bastante tenía ya con intentar no morir de hambre, logró rescatar a un prisionero de la tribu enemiga, al que llamaría "Viernes". Juntos sobrevivirían hasta lograr ser rescatados después de una larga temporada en aquel lugar tan paradisíaco, si hubiera estado de vacaciones, claro.




Este libro está considerada como la primera novela inglesa, pero ¿está inspirada en algún personaje real? ¿Daniel Defoe conocía la historia de alguna persona que hubiera sobrevivido durante años en alguna isla deshabitada? La respuesta es sí.




El mapa pertenece a la llamada isla del Pacífico de Robinson, en el archipiélago de Juan Fernández, que se encuentra cerca, y que pertenece a Chile. Durante cuatro años y cuatro meses, estuvo viviendo allí en soledad un marinero escocés llamado Alexander Selkirk.

Alexander nació en Escocia en 1676. Era hijo de un zapatero y curtidor (lo que aprendió de su padre en la niñez le sería muy útil después cuando estuvo de náufrago). En 1703 se embarcó en el Cinque Ports, con la misión de hostigar a los barcos enemigos (en esa época Inglaterra estaba en guerra con España). Después de varias acciones, su barco llegó a la isla Más a Tierra (la actual isla Robinson), y Selkirk le instó al capitán del buque a que lo reparara, porque estaba en muy mal estado. Después de una acalorada discusión, Alexander fue obligado a quedarse en tierra, mientras sus compañeros zarpaban: y así empezó la leyenda.




Al principio comía todo lo que podía encontrar en la isla (marisco...). Después descubrió que en el interior habitan una especie de cabras que le proporcionaron carne y leche. Construyó un par de cabañas, y domesticó a un gato salvaje para que le protegiera de las ratas por la noche. Cuando se le acabó la pólvora, tuvo que empezar a cazar con un cuchillo. En un par de ocasiones vinieron barcos españoles a la isla, pero tuvo que esconderse para no ser localizado; una vez, unos marineros se pusieron a orinar en el mismo árbol en el que se encontraba Selkirk escondido en la parte superior. A diferencia de la que ocurrió en la novela, aquí el protagonista vivió completamente sólo durante los años que duraron su estancia en la isla. Le sirvió de consuelo la lectura de un libro que llevaba consigo: la Biblia.

Por fin, en 1709, fue rescatado y llegado a Inglaterra donde consiguió fama y fortuna, pero tras tantos años en la más completa soledad, el cambio a la civilización no fue fácil, y Selkirk volvió a hacer lo que mejor sabía: navegar. Se embarcó nuevamente y murió durante la travesía en 1721, cuando la novela de Daniel Defoe ya había sido publicada hacía dos años y, mucho antes, de que dicha obra se convirtiera en uno de los tres libros más leídos de todos los tiempos, junto al Quijote y la Biblia.

Pero la historia de Selkirk, ¿fue la única inspiración de Defoe?, ¿o hubo alguien más?

Parece ser cuando Daniel Defoe estuvo viviendo una temporada en España oyó hablar sobre cierto marinero llamado Pedro Serrano. Su historia la recoge el Inca Garcilaso de la Vega, escritor peruano nacido en Cuzco.




El autor comenta que la historia se la contó un tal Garci Sánchez de Figueroa, que conoció a Pedro Serrano en persona, que decía que en un viaje de Cartagena a La Habana se hundió el barco en el que viajaba el marino. Serrano desembarcó en la que se conoce como isla Serrana (se le puso el nombre en su honor). Estaba despoblada e inhabitable, de hecho, no contaba con ninguna fuente de agua dulce. Apenas había vegetación y, como era un arenal, no había lugar donde resguardarse de las inclemencias del tiempo. Y, aún así, aquel desdichado sobrevivió durante siete largos años.

Al principio se alimentaba de pequeños moluscos y otros pequeños animales a los que ingería sin cocinar. Cuando empezaban a llegar tortugas a la playa, les daba la vuelta y las mataba, bebiéndose su sangre para suplir la falta de agua. Afortunadamente, en esas latitudes suele llover, cosa que le salvó la vida, pero se las ingenió para hacer depósitos de agua, con los caparazones de las tortugas.

Cuando llevaba tres años en el lugar, apareció un nuevo náufrago, que seguramente era español también, pero del que no sabemos su nombre, y que se convirtió en compañero de Pedro Serrano en aquel paraje. El pobre desgraciado aguantó durante cuatro años hasta que pudo ser rescatado, pero murió durante la travesía que le llevaba a casa. Fue un héroe anónimo, uno más de los que la historia se ha olvidado. En cambio, cuando Pedro Serrano llegó de vuelta a España se convirtió en una celebridad, y viajó por toda Europa divulgando sus aventuras a la alta sociedad. Incluso, llegó a conocer al emperador Carlos V, que le concedió una pensión.

Independientemente, de que si Defoe se inspiró en la vida de uno o de otro, o de los dos, o de otros náufragos, la historia de Robinson Crusoe es la de un hombre que lucha contra los elementos, la soledad, la naturaleza salvaje. Y es en los momentos difíciles, cuando el ser humano demuestra su grandeza, su inteligencia y su habilidad. El hombre acaba sometiendo a la naturaleza pero, también, aprende a respetarla y a amarla, porque sabe que no puede vivir sin ella.

Por cierto, ¿sabéis como acabó el barco que dejó a Alexander Selkirk en aquella isla desierta, en la que pasó más de cuatro años abandonado, y al que no quiso embarcar porque decía que había que repararlo? Pues naufragó antes de llegar a la costa de la actual Colombia, después de dejar al escocés "más tirado que una colilla".



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