Buceando en la leyenda

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sábado, 31 de agosto de 2013

Los soldados que nunca se rendían: Baler y Japón.

En el año 1898 estalló la llamada guerra hispano-americana. El nuevo imperio "yanqui" ambicionaba los escasos restos del viejo imperio español, ya caduco. Aunque los soldados y marinos españoles ofrecieron una valiente resistencia, no pudieron hacer gran cosa contra el poderío americano, apoyado por los insurgentes cubanos y filipinos. En este país asiático, en un lugar llamado Baler, en la isla de Luzón, se vivió un último episodio dramático que puso el colofón a la guerra que acabó con los vestigios del antiguo imperio donde nunca se ponía el sol.

Al estallar la guerra, fue enviado a la población de Baler un destacamento de 54 soldados españoles al mando del capitán De Las Morenas. Los soldados tagalos (filipinos) no tardaron en asediarlos (se contaban a cientos). Los hispanos se refugiaron en la iglesia, que estaba muy sólidamente construida (las inclemencias del tiempo obligaban a ello), y desde ese santo lugar resistieron todos los ataques que eran constantes. Como el asedio duró meses, los alimentos empezaron a escasear, y los defensores tuvieron que comer ratas y lagartos, entre otros "manjares". En cierta ocasión se atrevieron a salir de caza, pero tuvieron que hacerlo de manera que no fueran ellos los cazados por los soldados filipinos. A la falta de alimentos y a los ataques sin cuartel de los enemigos, se sumaron las epidemias de ber-iberi y de disentería que acabaron con la vida de varios soldados y del capitán de la guarnición española, que fue sustituido por el teniente Cerezo.

Aún así, los españoles aguantaron bien el asedio, de manera que no se enteraron de que el gobierno de su país se había rendido y que había firmado la paz con los Estados Unidos. Esto sucedió el 13 de agosto de 1898; España renunció a Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, justo donde se encontraba Baler. Es decir, que estaban defendiendo una iglesia que ya no les pertenecía. Muchos soldados fueron repatriados, mientras que en Baler se seguía luchando. Desde Manila, la capital de Filipinas, se enviaron emisarios para que se rindiera la guarnición asediada, pero el teniente Cerezo pensaba que era una trampa, para hacerles salir y matarlos de esa manera. Incluso, un destacamento de soldados americanos, pertenecientes al buque Yorktown, quiso salvar a los soldados españoles, pero fracasaron y murieron en el intento.

Por fin, le entrega un oficial español un periódico al teniente al mando, que lo leyó y se quedó convencido de que la guerra, efectivamente, ya había terminado. El 2 de junio de 1899, 33 soldados hispanos se rindieron y salieron de Baler desfilando militarmente, vestidos con los harapos en los que se habían convertido sus uniformes.

No sólo, el honor y el deber fueron determinantes para que los españoles resistieran durante 337 días un asedio en condiciones tan duras. Hay que tener en cuenta que si algún soldado desertaba y era sorprendido podía ser fusilado. De hecho, hubo dos casos de fusilamiento en el tiempo que duró el cerco y las privaciones.


 
 
Años después, tras la II Guerra Mundial, muchos soldados japoneses se vieron aislados en una multitud de islas del océano Pacífico sin enterarse de que la guerra había acabado. Algunos incluso murieron luchando contra las autoridades locales muchos años después de darse por terminado el conflicto, como el cabo Shimada que fue abatido por soldados filipinos en Lubang.
 
Otro superviviente fue Bunzō Minagawa que vivió oculto en Guam desde 1944 hasta mayo de 1960. Es decir que estuvo viviendo completamente sólo en aquel paraje, obedeciendo las órdenes de su emperador que le había enviado a la guerra, durante más de 15 años. Pero aún así, el no tiene el récord de permanencia en una isla del Pacífico aislado del mundo exterior pensando que la guerra no había terminado. Ese triste récord lo tienen el teniente Onoda y un tal Nakamura que fueron descubiertos en 1974. Todo un récord de supervivencia. Algunos de ellos incluso vieron morir a algunos compañeros suyos que habían compartido su fatal destino.
 
 
 
Shoichi Yokoi apareció en la selva de Guam en 1972.  
 
 
Con este post inauguro una nueva sección que he titulado "Historias paralelas", que relaciona hechos históricos que guardan cierta relación. En este caso en concreto, he puesto en paralelo dos ejemplos de valor y lealtad de los soldados de dos naciones en concreto (pero cuyo ejemplo se puede extrapolar a cualquier nación del mundo), que lucharon en unas guerras que habían iniciado otros, pero que combatieron aún así con determinación y acatando unas órdenes, pensando que era lo mejor para su país y sus familias.
 


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